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El califato, más cerca

Feb 18 2016

Por: Lluís Bassets –EL PAÍS

Si cae Raqqa, la capital del califato, Sirte puede ser la alternativa. Libia, después de Siria. En línea recta, a 1.200 kilómetros de Roma en vez de 2.400.

Hay indicios de que los dirigentes del califato terrorista tienen la vista puesta en la ciudad donde nació Gadafi, actual feudo donde ya están implantados. Es más intenso que nunca el tráfico de combatientes en dirección a Libia, a donde los reclutadores dirigen las nuevas levas, entre otras razones por las crecientes dificultades para llegar a Siria desde Turquía. También hay un incremento de la acción terrorista, con ataques a instalaciones petrolíferas, en busca de fuentes de financiación.

La Libia actual, con dos parlamentos que se disputan la legitimidad, uno en Trípoli y otro en Tobruk, y fragmentada entre clanes tribales, es un paraíso para los grupos y bandas armadas. Desde la caída de Gadafi, en verano de 2011, se ha convertido en un auténtico hub bélico, que ha diseminado armas y combatientes por todo el vecindario. Cuenta con la golosina del petróleo, recurso básico para la financiación del ISIS. Y cuenta también con el efecto intimidatorio de una amenaza más próxima, no tan solo para la realización de atentados en Europa sino también para utilizar sus costas para el tráfico de personas.

Dos factores contribuyen a la idea de una mudanza del califato. La eventualidad de un desenlace de la guerra siria tras el giro en favor de Bachar El Asad gracias a la intervención rusa y los avances hacia un gobierno de unidad libio patrocinados por Naciones Unidas. Ambos factores son igualmente inciertos. La consolidación del régimen alauita situaría al ISIS en el punto de mira de un mayor número de sus adversarios, distraídos ahora en las contradicciones que les dividen; pero no es seguro que las obturara totalmente, sobre todo a la vista del enconamiento entre Turquía y los kurdos. A su vez, la formación del Gobierno de unidad libio, acordada ya en diciembre en Marruecos, está sometida a constantes dilaciones por falta de aprobación por parte de uno de los dos parlamentos implicados.

La peor desgracia sería que el califato terrorista se adelantara con la mudanza a la instalación de un gobierno legítimo y reconocido en Trípoli. Libia necesita formar y entrenar unas nuevas fuerzas de seguridad, controlar las fronteras terrestres –para evitar la infiltración de terroristas y el tráfico de armas– y navales –para evitar el tráfico de personas–, y erradicar el núcleo del ISIS, tarea para la que probablemente no bastan la aviación y los drones. Esto no sucederá sin una implicación de Estados Unidos y Europa que puede incluir fuerzas terrestres, lo peor de lo peor para la opinión occidental tratándose de guerras.

En caso contrario, conocemos las consecuencias: el califato, más cerca. A mitad de distancia desde donde está ahora hasta Roma, la ciudad amenazada por el ISIS a través de su revista Daqib, con esa portada de su cuarto número en la que vemos la plaza de San Pedro con la bandera negra islámica ondeando en la cima del obelisco.

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