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¿Puede salvar la FIFA un príncipe que sintoniza con la gente común?

Feb 22 2016

Por José Ramos-Horta*

La crisis en la que se ha sumido la FIFA en el transcurso del año pasado me preocupa profundamente y la importancia de la elección Presidencial de la FIFA el 26 de febrero del año en curso no se debe subestimar.

Como un gran adepto, considero que la FIFA ha faltado a su obligación de proteger la práctica mundial de fútbol, que para hacerlo, tiene el mandato de hacerlo de cinco confederaciones de todo el mundo y de 209 asociaciones nacionales. Como guardián del juego, la FIFA tiene la obligación de proteger la integridad del deporte para los millones de admiradores del fútbol.

Una FIFA irresponsable ha puesto el juego en riesgo total. Ha decepcionado a sus adeptos.

Me viene a la memoria el peso que llevaba sobre los hombros como ex servidor público y guardián de la importante tarea de la construcción del funcionamiento y bases institucionales duraderas para la gente de mi país. Entiendo el inmenso desafío que tiene por delante la FIFA.

Con un largo y bien documentado rastro de prácticas de corrupción que continúan apareciendo hoy en día, es desalentador pero no sorprendente, que en el transcurso de las últimas semanas surgiese una teoría creíble, de que la próxima elección para Presidente de la FIFA no será más una mera fachada para acuerdos a puerta cerrada precocinados entre los de la vieja guardia de la FIFA. Hay demasiados esqueletos en el armario para arriesgar a que la sangre nueva tome las riendas.

Algunos están pidiendo que se ponga de rodillas a toda la organización, para limpiar la podredumbre, debido a que eventualmente, no habría quedado ni una sola voz creíble y sin mancha. Yo habría estado de acuerdo con ellos, porque no encontré uno solo.

La persona singular que se ha dedicado a esta causa auténticamente y sin descanso, es el príncipe Ali bin al Hussein, Presidente de la Asociación de Fútbol de Jordania. Él es el único candidato que abrió la puerta a todos los candidatos a participar en esta elección.

Cuando nadie era capaz de desafiar el status quo o hablar de una reforma seria en la FIFA, el príncipe Ali lo hizo y en las últimas elecciones de mayo se presentó contra el presidente, Joseph Blatter, como el candidato de la reforma.Sólo la política solapada le impidió ganar, a pesar de que recibió 73 votos.Incluso después de que Joseph Blatter, renunció abriendo la puerta para que Michel Platini se candidatease, el único dispuesto a enfrentarle fue el príncipe Ali.

Tal fuerza contra las arraigadas superpotencias del fútbol, confirma el compromiso inquebrantable de Ali para cambiar a favor de la reforma, la transparencia, la buena gestión y el fortalecimiento de las Asociaciones Nacionales de los países en desarrollo.

El próximo martes, volverá a intentar ser elegido para instalar un liderazgo creíble en el interior de la institución FIFA. De ninguna manera una presidencia del príncipe Ali será capaz de cambiar de la noche a la mañana la práctica de lo que es una tela potente y arraigada. El clientelismo adoptado por Joseph Blatter, que no debería tener cabida en la gestión organizacional moderna de la institución, incluso requerirá un cambio generacional. Pero un joven y honorable líder, interviniendo con una clara visión podría empezar a llevar a una de las organizaciones deportivas más importantes del mundo al Siglo XXI.

Felicito la iniciativa del príncipe Ali, de establecer un Grupo de Supervisión de la FIFA compuesta por individuos altamente prominentes procedentes de la política, los negocios y el deporte, dirigidos por el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, para ayudar a orientar el proceso de reforma de la FIFA.

Él encabeza un grupo de voces que entienden el impacto transformador del fútbol en los individuos y en las sociedades. En nuestros tiempos difíciles, el fútbol une a las comunidades, fomenta los valores sociales necesarios de la perseverancia y la disciplina, el trabajo en equipo y la igualdad. El fútbol tiene el poder de crear unidad a partir de la división, alegría de la tristeza y trae un buen respiro a vidas agobiadas por problemas.

Doy mi apoyo al príncipe Ali para la presidencia de la FIFA porque él cree que el fútbol no pertenece solo a nuestra generación. Al igual que otros tesoros culturales, no somos más que los guardianes de un juego que ha pertenecido a un sinnúmero de generaciones pasadas y que pertenecerá a muchas más en el futuro de nuestro planeta. Las próximas generaciones tienen el derecho a heredar un juego global digno de respeto. La correcta decisión sobre el liderazgo que se tome el 26 de febrero hará mucho para avanzar hacia ese ideal. Una incorrecta crearía una regresión adicional.

*José Ramos-Horta Premio Nobel de la Paz 1996. Ex presidente, ex primer ministro y ex canciller de Timor Oriental.

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