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Castigo a Merkel

Mar 14 2016

Editorial – El País

El populismo antiinmigración avanza en las elecciones regionales alemanas

La severa derrota de la canciller alemana Angela Merkel y el salto adelante del partido antiinmigración y euroescéptico en las elecciones regionales celebradas ayer traduce el terremoto político causado por la crisis de los refugiados. Se trata de una pésima noticia, para Alemania y para el resto de Europa.

El golpe recibido —que, en parte, afecta también a los socialdemócratas del SPD— tiene que ver con la mala gestión de la crisis, pero es sobre todo un ejemplo perfecto de cómo el discurso populista encuentra un gran caladero de votos en el malestar ciudadano.

Aunque con resultados diferentes para cada formación en los tres lander donde se celebraron los comicios, el partido que más rédito ha obtenido es la extrema derecha antieuropeísta y xenófoba de Alternativa para Alemania (AfD). En el Estado oriental de Sajonia-Anhalt logró unos resultados sin precedentes para una fuerza de este tipo en Alemania; en los otros dos Estados en juego —Baden-Württemberg y Renania-Palatinado— consiguió un notable respaldo, mucho mayor del previsto en los sondeos.

Alemania —que ha recibido más de un millón de refugiados desde que empezó la crisis— es la locomotora de la economía europea y un pilar insustituible en el proyecto que ha garantizado la paz en el continente. Por ello, el que crezca entre su opinión pública la tesis de que Europa es una rémora para el bienestar alemán y que los extranjeros tienen la culpa de las dificultades debe preocupar a todo el arco democrático europeo. Para los políticos alemanes se trata de un aviso imposible de ignorar con vistas a las legislativas que deben celebrarse en 2017: ya existe, a semejanza de lo que ocurre en otros países europeos, una fuerza política de signo populista con fuerza suficiente como para condicionar una agenda de gobierno.

Merkel ha visto cómo su formación, la Unión Cristianodemócrata (CDU), ha experimentado un drástico descenso de apoyos en Baden-Württemberg, uno de sus feudos tradicionales; además, en Renania-Palatinado, su candidata estrella, Julia Klöckner, ha cosechado un rotundo fracaso, quedando por detrás de los rivales socialdemócratas del SPD. Tampoco estos tienen grandes motivos de celebración: se salvan en Renania, pero en las otras dos regiones en liza obtienen resultados por debajo del 13%. A destacar, por último, el éxito del Partido Verde, primera fuerza en Baden-Württemberg.

Se abre en Alemania un escenario complicado. En el nuevo tablero político, la canciller Merkel y sus aliados socialdemócratas del gobierno de coalición en Berlín deben enfrentarse a la mayor crisis humanitaria que vive Europa tras la II Guerra Mundial. Que lo hagan sin ceder en la agenda básica sobre la inmigración será posible solo en la medida en que, desde Bruselas y los países miembros de la UE, haya un verdadero esfuerzo solidario para poner en pie una política eficaz que gestione esta crisis.

Anexo:

El ascenso populista golpea a Merkel y a los socialdemócratas alemanes

La crisis de refugiados impulsa al partido antiinmigración AfD, que en dos Estados supera al SPD

Luis Doncel, El PaísBerlín

Los 12,7 millones de alemanes llamados el domingo a las urnas en unas elecciones regionales dieron un sonoro toque de atención a la canciller Angela Merkel y a sus socios de Gobierno. El malestar social ante la llegada masiva de refugiados impulsa a los populistas de derechas de Alternativa para Alemania (AfD), que confirman su capacidad para sacudir el sistema político. La humillación es enorme para los socialdemócratas, que en dos de los tres Estados en juego quedan por detrás de AfD. Tras estos resultados, las críticas internas a Merkel y el nerviosismo en las filas democristianas crecerán a un año de las elecciones nacionales.

Alemania acaba de vivir un terremoto político que afecta a todos los partidos. Merkel, que se había esforzado, por ofrecer “una cara amable” a los refugiados que huyen de la guerra o la persecución, ha sido penalizada. Excepto algunos éxitos atribuibles sobre todo a motivos personales, el único gran vencedor es AfD. Se rompe así la excepcionalidad alemana, que a diferencia de sus países vecinos no contaba con una fuerza populista antiinmigración que condicionara la agenda política.

La derrota de la Unión Cristianodemócrata (CDU) no admite paliativos. Hace unos meses, las huestes de Merkel tenían todo a su favor para recuperar los Estados de Baden-Wurtemberg y Renania-Palatinado. En ambos han fracasado; y cada una de las dos derrotas duele por motivos distintos. La primera, porque este rico y poblado land había sido durante 58 años un feudo conservador. Los Verdes, que llegaron al poder en 2011 impulsados por la catástrofe de Fukushima, confirman ahora su fuerza allí y desplazan a la CDU como primera fuerza. El fracaso en Renania-Palatinado es aún más sorprendente. La candidata democristiana, Julia Klöckner, era una de las figuras con más proyección del partido y hace tiempo que daba por descontada la victoria.

Pero el millón de refugiados llegados el año pasado a Alemania han cambiado las reglas de juego. A Merkel solo le queda el consuelo de que los dos derrotados de su partido habían marcado distancias con su política migratoria. Y, paradójicamente, los dos vencedores —un verde y una socialdemócrata— habían defendido la gestión de la crisis de la canciller con mucho más convencimiento que los democristianos. Así, los votantes han premiado en estos dos Estados a los líderes más proasilo; y han castigado a los que parecían distanciarse de la canciller por motivos electoralistas.

Los resultados anticipan futuras turbulencias en la CDU. Sus hermanos bávaros de la CSU, que en los últimos meses han ejercido de oposición dentro del Gobierno, no tardaron en reaccionar, y ya exigen un cambio de política.

Nadie espera que estos comicios tengan un efecto equivalente a los de 2005. Entonces, una derrota regional impulsó al canciller Gerhard Schröder a adelantar las elecciones nacionales, lo que a la postre supuso el fin de su Gobierno y el inicio de la era Merkel. Todo apunta a que la líder aguantará. Pero el golpe sufrido promete convertir en un calvario el año y medio que queda de legislatura.

Los Verdes, por primera vez los más votados

Al margen de los populistas xenófobos, la noche de ayer deja dos claros vencedores. El primero es Winfried Kretschmann, el presidente de Baden-Wurtemberg que hace cinco años se convirtió en el primer político verde en liderar un Estado federal. Este representante del ala conservadora de los ecologistas logra ahora otro récord: colocar a su partido por primera vez como el más votado en un land.

La segunda triunfadora es la socialdemócrata Malu Dreyer. Con su éxito en Renania-Palatinado evita a su partido la catástrofe total. Los dos líderes, afectados también por el terremoto político en Alemania, lo tendrán difícil para formar Gobierno y es probable que no les quede otra opción que acabar en una coalición.

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