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Europa a Turquía: Tome mis iraquíes y deme algunos sirios

Mar 9 2016

Análisis de Baher Kamal

MADRID, mar 2016 (IPS) – En otra violación de las leyes internacionales y sus propios valores humanos, 28 países europeos acaban de acordar con Turquía abrir un nuevo “bazar” de refugiados, esta vez utilizando el viejo sistema de trueque: iraquíes y afganos a cambio de sirios y algo de dinero.

Los gobernantes de los 28 estados miembros de la Unión Europea (UE) se reunieron el lunes 7 en Bruselas con el primer ministro de Turquía, Ahmet Davutoğlu, para negociar un nuevo arreglo para los refugiados.

Según el borrador de este acuerdo, la UE enviara de vuelta a Turquía a todos los refugiados iraquíes y afganos que hubieran llegado o pudieran llegar a sus territorios desde los campos de refugiados de ese país, a cambio de llevarse algunos de los cientos de miles de sirios que están atrapados allí.

Este intercambio de seres humanos incluye el pago a Ankara de 3.000 millones de euros en tres años -que se añaden a otros 3.000 millones de euros (3. 300 millones de dólares) ofrecidos a Turquía noviembre-, y la promesa de facilitar la entrada de ciudadanos turcos al bloque, aderezado con la retórica habitual de considerar un posible ingreso de Turquía al club europeo.

Satisfecho al parecer con el nuevo acuerdo, Davutoğlu se comprometió a abordar el drama del tráfico ilegal e personas.

“Con estas nuevas propuestas, nuestro objetivo es rescatar a los refugiados, disuadir a los que abusan y explotan su situación, y encontrar una nueva era en las relaciones entre Turquía y la UE”, afirmó.

No suena mal a los oídos, tanto europeos como turcos, de no ser por la flagrante ausencia del factor de derechos humanos.

Ningún lugar a donde ir

Actualmente, los refugiados que huyen de los conflictos armados en Afganistán e Iraq -dos países que fueron invadidos por coaliciones militares encabezadas por Estados Unidos y países europeos- representan menos de un tercio de todos los que se dirigen a Europa escapándose de las guerras en curso en el llamado “Gran Medio Oriente”.

IPS habló con un exfuncionario de la Agencia Española de Cooperación Internacional, que depende del Ministerio de Asuntos Exteriores. “Europa ha ido traicionando sus propios valores fundamentales por el tratamiento del drama humano de los refugiados en un estilo tan mercantilista”, dijo bajo condición de anonimato.

“Nosotros (los europeos) vamos a todas partes criticando y denunciando la falta de democracia y derechos humanos en tantos otros países… Ahora estos mismos países pueden perfectamente culparnos por nuestra hipocresía flagrante… todo esto es una vergüenza”, agregó.
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La decisión de la UE de abrir esta nuevo “bazar” de refugiados culmina una serie de medidas contradictorias que sus 28 países miembros han ido tomando desde el pasado verano boreal.

Presionado aparentemente por la conmoción de la imagen del cadáver de Aylan, el niño sirio de tres años, que las olas arrojaron en la costa de Turquía, en un primer momento, el bloque europeo optó por lanzar una especie de subasta humanitaria a través del cual los estados miembros acogerían a cerca de un millón de refugiados. Alemania obtuvo el mayor lote.

También acordaron pagar a cada estado miembro unos 6.000 euros por cada refugiado acogido.

Pese a ello, los 28 países de la UE han aceptado a menos de 500 refugiados en sus territorios durante los últimos seis meses.

Mientras tanto, al flujo de 4,5 millones de sirios, que en su mayoría sobreviven en un estado de agonía en precarios campos improvisados en Líbano, Jordania y Turquía, se sumaron casi un cuarto de millón de iraquíes y afganos que huyen de largos años de derramamiento de sangre en esos países, herencia de la invasión militar.

Turquía alberga en la actualidad a alrededor de tres millones de refugiados, de los cuales unos 360.000 sirios solicitaron asilo en países de la UE el año pasado.

En este contexto, casi un millón de refugiados han estado navegando durante los últimos nueve meses desde Turquía a Grecia a bordo frágiles embarcaciones y a merced de traficantes de seres humanos, con la esperanza de continuar hacia otros estados europeos.

Se estima que hasta 2.000 refugiados llegan a las costas griegas todos los días, la mayoría de ellos de Siria, así como Irak y Afganistán.

No hay necesidad de comentar las trágicas escenas de cadáveres de los refugiados flotando en las aguas del mar Mediterráneo, ni las imágenes de los bebés que se aferran a sus madres, de los niños que lloran de miedo a lo desconocido, por no hablar de los huérfanos abandonados en las orillas después de que sus padres se ahogaron en sus intentos de cruzar las aguas turbulentas.

Todo el mundo ha estado observando estas tragedias todos los días en sus televisores.

¿Qué pasó con los innumerables tratados internacionales sobre derechos humanos, los derechos de asilo, de los refugiados, de los migrantes y de los niños que los europeos han ido promoviendo y defendiendo? ¿Se trata solo de propuestas para sus discursos públicos?
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Anexo:

Giro peligroso

EDITORIAL EL PAÍS, 9 MAR 2016

El acuerdo con Turquía sobre refugiados plantea dudas de su legalidad y eficacia

En un inesperado giro en la crisis de los refugiados, la UE ha alcanzado un acuerdo con Turquía que prevé devolver a suelo turco a todos los inmigrantes que lleguen a Grecia de forma ilegal, incluidos los sirios que huyen de la guerra, sin distinguir entre migrantes económicos y refugiados con derecho a asilo. La propuesta tomó por sorpresa a la mayor parte de los jefes de Estado, lo que revela la improvisación con la que fue negociada bajo la batuta de la canciller alemana, Angela Merkel. El acuerdo supone un cambio de imprevisibles consecuencias y es fruto de la impotencia de la UE para acordar la gestión conjunta del derecho de asilo y la desesperada urgencia de frenar la avalancha de refugiados que se espera con la llegada del buen tiempo.

A la espera de conocer los detalles, que se fijarán en una nueva cumbre la próxima semana, lo acordado plantea graves interrogantes sobre su legalidad y eficacia. Como ha advertido Naciones Unidas, el pacto puede contravenir no solo los tratados internacionales sobre refugiados, sino la propia normativa comunitaria, particularmente la Convención Europea de los Derechos Humanos. Aunque su propósito sea disuadir a los migrantes de emprender peligrosas travesías en manos de traficantes sin escrúpulos, lo cierto es que consagra una especie de devolución masiva que puede vulnerar derechos fundamentales.

Según lo acordado, la UE podrá devolver a Turquía a todos los migrantes que lleguen de forma ilegal a las costas griegas, pero se compromete a recibir de forma legal un número igual de refugiados de entre los 2,7 millones que se encuentran en territorio turco. Aparte de que es previsible que los flujos que ahora llegan a Grecia se desplacen hacia Italia o incluso España, el acuerdo deja en manos de Turquía la llave de cerrar o abrir la espita hacia Grecia según le convenga para sus intereses nacionales, que aparecen claramente reflejados en el texto. Turquía ha exigido a cambio de retener refugiados la total exención de visados para viajar a la UE para 75 millones de turcos, y avanzar en el proceso de adhesión; logra así una poderosa arma de negociación justo cuando el país se aleja de forma evidente de los requisitos que se exigen para formar parte del club. La deriva que ha seguido el régimen de Erdogan convierte la separación de poderes en una ficción y vulnera derechos fundamentales como la libertad de expresión y el derecho a la defensa.

El vuelco que ha dado la UE contiene un peligroso mensaje: el de que se puede transigir con los derechos fundamentales y los principios morales si se obtiene un beneficio a cambio. El camino que ha llevado a este triste acuerdo puede actuar como un corrosivo de largo alcance para el futuro de la Unión. A nadie se le escapa que se ha llegado a este dramático punto porque la UE ha sido incapaz de alcanzar un pacto sobre el reparto de refugiados y, lo que es peor, ha sido incapaz de evitar que diferentes países incumplan los acuerdos adoptados y tomen decisiones unilaterales que han echado por tierra el Tratado de Schengen. Se ha demostrado que es posible incumplir leyes y acuerdos sin que ocurra nada. Es un grave precedente para futuras crisis.

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