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Bolivia-Chile: Una herida que tarda en cicatrizar

Abr 1 2016

Artículos de Samuel Fernández Illanes*, La Tercera, Chile y Editorial del diario – Opinión.com, Bolivia

Estimados lectores : Sobre el antiguo diferendo Bolivia-Chile, les ofrecemos versiones divulgadas en sendos países con ocasión de la celebración anual en Bolivia del Día del Mar, una conmemoración que en cada 23 de marzo se recuerda la pérdida en favor de Chile del departamento del Litoral a causa de la Guerra del Pacífico, que entre 1879 y 1883, Bolivia y Perú aliados enfrentaron a Chile.

Saludos cordiales, El Editor de OtherNews

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Ahora El Silala

Samuel Fernández Illanes* – La Tercera, Chile

El Día del Mar en Bolivia siempre es motivo de ataques a Chile. Acusaciones reivindicatorias por su aspiración al Pacífico; críticas a todo lo que nuestras autoridades digan o hagan; recuento de apoyos reales o no a su causa; y estado del pleito ante la Corte de La Haya. Lo habitual. Pero esta vez el objetivo cambió y retomó el caso del río Silala. Uno muy pequeño que nace de variadas fuentes en Bolivia y escurre naturalmente hacia Chile, lo que niegan. Su volumen es escaso, pero se trata de una zona tan desértica que toda agua es valiosa. No es la primera vez que presenta problemas, ya que de tanto en tanto es levantado por nuestros vecinos como un tema no resuelto. En 1908 se logró un acuerdo, luego del Tratado de Límites de 1904, que desestiman. Las reglas son conocidas para los recursos hídricos compartidos por un rio internacional, que nace en un país y prosigue a otro. Es decir, el país aguas arriba tiene derecho a la utilización efectiva del recurso hasta un 50%; si no lo hace, le corresponde al país aguas abajo, salvo acuerdo especial al respecto.

Nadie discute tales derechos donde el río se origina, a menos que lo desvíe o consuma en su totalidad, privando de todo acceso al que sigue. No sólo sería contra las normas, sino un claro caso de mala vecindad, inamistoso, sobre todo si se habla tanto de la integración entre los países de nuestra región. Pero estamos frente a Bolivia que ya lo ha demostrado con el gas –“ni una molécula para Chile”-, sus continuos reclamos y denuncias alegando indemnizaciones multimillonarias; además del pleito pendiente por el acceso al mar. Definitivamente no hay como entenderse, ni menos entablar conversaciones bajo presión. El Silala integró los llamados 13 puntos que fueron negociados hace un tiempo, logrando un pre-acuerdo; los mismos que Bolivia determinó cancelar, al no abordarse la cesión de nuestra soberanía al Pacífico. Ahora vuelve a amenazar con otro juicio, ante la propia Corte de La Haya.

Por nuestra parte se expresó que también podríamos demandar al respecto, y si el tema se judicializa, nos defenderíamos legalmente, aunque tampoco se explicitó cómo y cuándo. Se crea otra controversia que se materializaría, paralela a la aspiración marítima. O simplemente es una declaración acorde con la celebración del día del mar, aunque ahora sea un río. Todo indica que puede ser el preludio de un nuevo diferendo por el Silala, o el recurrente sobre otro río, el Lauca.

Nos ha sorprendido Evo, una vez más, con su búsqueda de todo lo que pueda molestar a Chile, en conocimiento de que sólo reaccionamos y nunca accionamos primero. Y que nuestra respuesta tradicional será que defenderemos nuestro territorio y soberanía en su integridad. Por cierto, han vuelto a levantarse opiniones contra el Pacto de Bogotá y de desprestigio a la Corte. Esperables ante los resultados logrados y la situación que enfrentamos. Si hubiéramos alcanzado triunfos, nada de ello tendría asidero. Pero no ha sido así, y se busca algún mecanismo que impida a Bolivia, o a otros, demandarnos ante dicho Tribunal; argumentando que es tan simple como denunciar el Pacto, que confiere jurisdicción anticipada desde 1948 a los países que lo ratificaron, para solucionar todas las controversias jurídicas ante la Corte. No es el único procedimiento acordado en el Pacto, pero el que ha utilizado Bolivia en el caso pendiente, e invocar otra vez.

Ojalá fuera tan sencillo retirarnos del Pacto y desentendernos automáticamente de la Corte y sus fallos de inmediato. A riesgo de que no sea grato reiterarlo a pesar de posiciones contrarias, sin pretender polemizar, pues toda posición jurídica es discutible, lamentablemente estimo no es así ni conviene. Dentro del año de la denuncia, se podrían activar controversias y demandas que serían acogidas. Prescindir de la Corte, tampoco procedería, al integrar Chile las Naciones Unidas y ser uno de sus órganos principales. Igual se puede acudir al Estatuto de la Corte y entablar un juicio. No hacer caso de ningún pleito, ni defendernos, regalaríamos sus sentencias que, seguramente nos serían contrarias. Desestimarlas, lo que podríamos como estado soberano, sería evaluado negativamente por los demás; aunque algunos países poderosos lo han hecho, sin ser desacatos propiamente tales, por haber solucionado los asuntos por otros medios. Ello no ha sucedido con Bolivia, y nos dejaría desafiando el sistema legal imperante.

El mismo que tanto invocamos para que nuestros tratados de frontera sean cumplidos, como el de 1904; o para que los innumerables acuerdos que Chile ha suscrito con la mayoría de los países, sobre comercio, inversiones, créditos, tecnología, internet, comunicaciones, compra de mercaderías y tantas otras materias necesarias, se apliquen. Es decir, acudiríamos al derecho que los ampara sólo cuando nos beneficia, negándolo si no sucede. Sería ilógico y perderíamos la seguridad jurídica que los hace exigibles. Muchos mecanismos legales de solución de conflictos en variados campos de relación internacional, que funcionan normalmente y nos protegen, quedarían debilitados al perder buena parte de nuestra confiabilidad. A imposibilidad de otros (los hemos intentado todos con Bolivia, sin éxito), el acudir a la Corte no tiene toda la responsabilidad de sus resultados. Se va a tribunales sabiendo que es posible ganar o perder, por extraños que sean sus fallos ni obtenerse todo lo buscado. Es más eficiente revisar y reforzar nuestra defensa ante la Corte que ignorarla o confrontarla. En especial nuestra acción exterior, potenciando los derechos que nos pertenecen, procesales o de fondo, en los diferendos. Esperemos que el Silala no se transforme en otro asunto en que sólo nos defendemos. Por qué no, también tenemos el derecho a demandar, y utilizar el Pacto. 27 marzo 2014.

*Abogado y diplomático chileno . Académico Derecho U. Central, Embajador (r), ex representante de Chile ante la UNESCO

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En el Día del Mar, juicios van y juicios vienen

Editorial – Opinión.com, Bolivia

En el Día del Mar, el Presidente habló poco, en realidad leyó. Nada habitual en él dar cortos discursos y menos leerlos, salvo que sean cifras. Pero lo hizo para anunciar que instruyó a la Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima (Diremar), el estudio de la posibilidad de asumir la defensa internacional de las aguas del manantial Silala, que son aprovechadas “unilateral e ilícitamente” por Chile.

Se trata de un anuncio similar al que hiciera en 2011 cuando dijo que presentaría ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya una demanda contra Chile para reclamar una salida soberana al Océano Pacífico. La diferencia es que ya existe tal demanda en este momento en ese tribunal.

Desde el vecino país, el canciller chileno, Heraldo Muñoz, respondió: “Chile también puede iniciar acciones judiciales contra Bolivia en las instancias internacionales”.

Las aguas del Silala, que según Chile deben ser consideradas como de curso continuo y, por tanto, para aprovechamiento internacional y, según Bolivia, provenientes de un manantial de uso únicamente boliviano, formaron parte de la agenda bilateral desde 2006, sin que hasta ahora se hubiese podido llegar a un acuerdo definitivo entre los dos países. Y se tendrá que recordar que, durante la primera gestión de la presidenta Michelle Bachelet, Chile quería pagar un porcentaje por el uso de esas aguas; sin embargo, el Comité Cívico Potosinista (Comcipo) se opuso.

Mientras de ambos lados se amenazan con más procesos jurídicos, las autoridades chilenas han andado últimamente en afanes de influir en la opinión pública mediante un video y declaraciones de su Canciller para hacer creer a la población que, en realidad, las y los bolivianos sí tienen acceso al mar y que, por tanto, no existe problema alguno entre Chile y Bolivia. De creer en esta versión, lo primero que tendrían que pensar los televidentes es que, si ven a algún político boliviano (en este caso al presidente Evo Morales) atacar verbalmente a Chile, es porque está loco, puesto que de otro modo no se entendería que viviendo tan bien en suelo chileno y con todos los accesos del mundo, alguien deba quejarse de un asunto tan antiguo como lo es el Tratado de 1904.

Eso no es poca cosa si se observa los movimientos chilenos en el pasado, en los que siempre pesó mucho la opinión de las y los ciudadanos, sobre todo de aquellos conservadores que no querían ni oír hablar de algún asunto pendiente con Bolivia. Una vez más, ahora apelan a esa opinión pública para decirle que todo anda bien, ningún problema al frente. ¡Ah! Si alguien lo creara, en todo caso no serían ellos porque lo único que hacen es tratar muy bien a los bolivianos. Así, el mensaje queda completo.

Es evidente cuán nervioso está el Gobierno chileno porque la demanda boliviana ante La Haya lo agarra, además, en un momento de poca popularidad de la presidenta Bachelet, cuyos escándalos familiares protagonizados por su hijo y nuera no han hecho más que restarle apoyo en los últimos meses.

Por tanto, este no es el mejor de los escenarios para Chile y sus autoridades lo saben, las que, además, deben presentar hasta el 26 de julio la contramemoria a la demanda que interpuso Bolivia en 2013 para exigir una salida soberana al mar. Al respecto, el Canciller chileno dijo: “Estamos muy tranquilos, el trabajo avanza muy bien y estamos seguros de que tendremos un documento contundente».

De este lado, las y los bolivianos parecen bastante confiados en que la actual estrategia marítima boliviana en verdad funcionará. Según una encuesta de la empresa Equipos Mori para El Deber, un 64 por ciento de los entrevistados cree que Bolivia recuperará parte de la costa que se perdió contra Chile.

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