General

Todos británicos

Abr 4 2017

Víctor Lapuente Giné – El País

La desilusión con Europa va más allá de la crisis económica

En lugar de europeizar a Reino Unido, los europeos nos hemos vuelto más británicos. Ya sea por un euroescepticismo sano o por un nacionalismo enfermo, Bruselas ha dejado de ser el hada madrina para convertirse en la bruja de todos los cuentos. Y para salvar a Europa de la hoguera, debemos entender que la sociedad europea se ha vuelto menos creyente, o menos crédula. Más anglosajona.

Desde su entrada en 1973, los británicos han sido los menos comunitarios. A los dos años, ya habían convocado un referéndum sobre la permanencia y cuestionado el producto estrella de Bruselas: la política agraria común. Incluso en los mejores tiempos han sido pocos los británicos con una visión positiva de la Unión Europea. El Brexit no debería sorprender.

Lo que sí es llamativo es que, en la última década, el resto nos hayamos acercado tanto a los británicos. En Italia la opinión favorable a la UE ha caído del 78% al 58%; en Francia, del 69% al 38%; y en España, del 80% al 47% (Pew Research Center). La desilusión con Europa va más allá de la crisis económica. Pues, tras un leve repunte en 2013-2015, el apoyo a las instituciones europeas ha vuelto a descender.

Apenas la mitad de los europeos las aprueban. Y el porcentaje de quienes reclaman la devolución de poderes a los Gobiernos nacionales dobla al de partidarios de más transferencias a las instituciones europeas.

Con estos mimbres, es difícil construir más Europa. Pero sí podemos moldear una mejor Europa. Para ello, las élites políticas europeas deben comprender que el euroescepticismo no es una fabricación de políticos populistas que engañan a los votantes, sino una corriente social de fondo. Desconfiamos de las autoridades que no responden de sus acciones. Lo que no es un principio reaccionario, sino la base del pensamiento político anglosajón.

La salida de Reino Unido puede alumbrar una nueva Europa formada por constelaciones de países que se unen “a la carta” para proyectos definidos (euro, mercado único, Schengen) con responsables claros. Una Europa menos espectacular pero más flexible.

Cuando los británicos se van, el pragmatismo anglosajón puede entrar en Europa.4 ABR 2017

Anexo :

Estados Unidos, Europa, ‘brexit’

LUIS MARÍA ANSON* – El Mundo

Entre Europa y Estados Unidos, el Reino Unido ha elegido a la nación americana. Washington siempre miró con algún recelo a la Unión Europea, pero cuando fue adelante la moneda única se le pusieron los pelos de punta. La cabellera cardada y gualda de Donald Trump podría ser un símbolo.

«Estados Unidos -me decía el fin de semana un viejo compañero de Associated Press- gasta el 14% de su PIB en Defensa para mantener la pax americana en todo el mundo, lo que favorece especialmente a Europa. Cuando hay guerras coyunturales, además del dinero, Estados Unidos pone los muertos. Y resulta que Alemania ha pretendido convertir el euro en la moneda alternativa del dólar». Inglaterra, por supuesto, se alineó con Estados Unidos y no se incorporó al euro. Cuando algunos países productores de petróleo quisieron fijar el precio internacional en la nueva moneda europea, Londres se manifestó en contra de la maniobra. No aceptó que se desdeñara la moneda americana y dejó bien claro que sus intereses esenciales estaban al lado de Washington. Aparte del entendimiento profundo entre la CIA y el Intelligence Service, Estados Unidos solo cuenta de hecho, cuando emprende alguna aventura militar como la guerra de Irak, con Gran Bretaña, que mantiene unas Fuerzas Armadas operativas, una Marina todavía ejemplar y una eficaz aviación.

Liderada por una Alemania poderosa, la Unión Europea pasó de ser aliada sumisa de Estados Unidos a competir en el ámbito económico. Los ingleses no se sumaron a la política de Merkel y se decidieron abiertamente por América. Se multiplicaron las campañas, generosamente financiadas, para convencer a la opinión pública británica de las ventajas que tenía abandonar Europa. Tomó cuerpo el brexit y bien por la torpeza de Cameron, bien por acuerdos subterráneos enmascarados, se planteó un disparatado referéndum en el que Gran Bretaña se plegó a los intereses de Estados Unidos. A Londres le gustaría conservar su relación privilegiada con Europa y forcejeará para mantenerla, pero los hilos de la alta política han tupido la tela de araña que les ha convertido en el gran aliado de Estados Unidos en el mundo.

Alemania está dispuesta a afrontar la situación y potenciar a la Europa Unida frente a la China en ebullición, la India emergente, el Japón consolidado y la fuerza colosal de los Estados Unidos de América. Con el brexit, Europa ha perdido una batalla crucial pero no la guerra. La imagen europea se ha deteriorado internacionalmente y, además, los grandes países del viejo continente tendrán que rascarse el bolsillo y financiar, entre otros sectores, el gasto militar. Donald Trump ya ha anunciado época de rebajas en la OTAN.

Son muchos los británicos que consideran preferible para el Reino Unido la integración en Europa. Pero han sido más los que no quieren fragilizar la alianza histórica con Estados Unidos. En Inglaterra no se olvida la sangre derramada por los estadounidenses en las dos guerras mundiales. En el pacto con Estados Unidos la cosa no puede estar más clara desde el punto de vista militar. Económicamente, al menos por ahora, también. La Inglaterra sabia prefiere ser cola del león americano que cabeza del ratón europeo.04/04/2017

*Luis María Anson, de la Real Academia Española.

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