General

Trump: 97 días de retrocesos y derrotas

Abr 27 2017

Eduardo Ibarra Aguirre – ALAI

En la antesala de cumplir los primeros 100 días de su gobierno, el próximo 29, Donald Trump abrió claramente la puerta para postergar hasta septiembre la negociación para definir el financiamiento para construir el muro en la frontera con México, en razón del decidido rechazo de los legisladores demócratas y algunos republicanos –todos los pertenecientes a ambos partidos en los cuatro estados de la franja fronteriza–, para incluir una partida en el presupuesto federal que está por aprobarse.

De no producirse el acuerdo parlamentario dejaría a la administración de Donald John en la parálisis, fenómeno que no se da desde 2013, cuando durante 17 días trabajó sin recursos el gobierno de Barack Obama, salvo los estrictamente indispensables para brindar los servicios básicos.

Reaccionario, troglodita y todo lo que usted quiera y mande, pero no hay borracho que trague lumbre y tampoco presidente estadunidense que no pueda eludir su afamado y contradictorio empecinamiento en disponer de 1 400 millones de dólares para el financiamiento de un muro que podría costar entre 8 000 y 70 000 millones de dólares, a riesgo de llegar a la fiesta nacional del sábado –la que juraba Trump que no le interesaba y ahora hace preparativos febriles en todo el país–, sin presupuesto federal para el ejercicio gubernamental que arranca el día 29.

Los hombres más pensantes del muy conservador grupo gobernante de Estados Unidos aconsejaron, seguramente, al magnate inmobiliario como preferible hacer un reculamiento antes que correr el costoso riesgo de la parálisis presupuestal, cuando sigue todavía bajo el apoyo ciudadano a su gobierno y persona, a pesar del ligero repunte logrado con el bombardeo a la base aérea de Siria, el estallido de la más poderosa bomba no nuclear estadunidense en el aún invadido Afganistán y los peligrosos amagos militares contra Pyongyang.

Ligero repunte del respaldo ciudadano que no debiera engolosinar al nuevo administrador institucional del imperio (inexistente para el converso Jorge German Castañeda) y derivar de allí que las aventuras bélicas son el camino para ganar más adeptos domésticos y estimular el crecimiento de la economía estadunidense sobre la base del poderoso y muy influyente poder fáctico, conocido como complejo militar-industrial.

El revés de Trump ante el Congreso, así sea de carácter temporal, se suma a la incapacidad política y jurídica para vencer judicialmente las resistencias a la persecución contra trabajadores migrantes de origen musulmán. Metió reversa en su pretensión de obligar a México a pagar la construcción del muro. Cambió sus posturas hostiles hacia China, obligado porque la necesita para disuadir a Kim Jong-un que no impulse su programa nuclear; así como con la Organización del Tratado del Atlántico Norte a la que ninguneaba y obligaría a sostener su gasto militar. Y ni siquiera pudo someter a votación en el Capitolio su iniciativa para demoler el programa de seguridad social construido por Barack Hussein.

Por supuesto que el mitómano y demagogo estadunidense sigue ufanándose que hizo más que cualquiera de sus predecesores en sus primeros 100 días en la Oficina Oval, además de promover las marcas comerciales de su abucheada hija Ivanka. Mas el centenar de días está sellado por serias derrotas y retrocesos.

Algunos de sus críticos estiman que el “empantanamiento interno” en que se encuentra su gobierno, lo describe mejor, justo cuando entró a una de las semanas más difíciles de su tiempo en la Casa Blanca.

Anexo:

Una rebaja fiscal que incrementará el déficit público

EDITORIAL – El Mundo

Donald Trump presentó ayer una histórica rebaja de impuestos en Estados Unidos de la que nadie sabe las consecuencias que puede tener para la economía del país. Y eso no es nada tranquilizador. La última gran reducción fiscal en ese país fue en 1986, durante el mandato de Ronald Reagan. Eran los tiempos del nuevo liberalismo y, aunque los menores impuestos incrementaron el crecimiento económico, el déficit y la deuda pública se dispararon. Muchos analistas creen que en esta ocasión puede incrementarse ese riesgo porque la reducción impositiva es mucho mayor que entonces.

Las medidas concretadas ayer por el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, está en la línea de la política fiscal del Partido Republicano. De hecho, el líder de la mayoría en el Congreso, Paul Ryan, afirmó que está «de acuerdo con el 80% de las medidas y el restante 20% es negociable». Pero los republicanos son unos fervientes defensores del equilibrio presupuestario, por lo que no está claro que la reforma al completo pase el trámite en el Senado, donde el Partido Republicano tiene una exigua mayoría.

La medida estrella es la rebaja del 35% al 15% del Impuesto de Sociedades. Estados Unidos tiene una de las tasas más alta entre los países desarrollados y con esa fortísima reducción se colocará entre los de menor fiscalidad. Irlanda, por ejemplo, lo tiene en el 12,5%. La medida se aplicará por igual a las grandes corporaciones y a las pequeñas empresas. Además, Trump quiere rebajar hasta el 10% el tipo cobrado por la repatriación de beneficios generados en el extranjero, algo que facilitará que compañías como Apple, Google o Amazon paguen más en el país. Siempre que lo consideren oportuno. En cuanto al impuesto de la renta, Trump va a duplicar las deducciones y reducirá los tramos, lo que beneficiará más a las rentas bajas. Analistas lo han visto como un intento de volver a congraciarse con sus votantes, ahora que al cumplir 100 días de mandato su popularidad se encuentra por los suelos.

Como primera potencia mundial, hay que analizar las repercusiones que tienen las decisiones económicas de EEUU en el resto del mundo. Esta rebaja de impuestos va a dejar más dinero en manos de los ciudadanos, por lo que se estimulará el consumo. Ello supone, a pesar de las trabas proteccionistas de Trump, una mayor demanda de productos que estimulará las importaciones al país. Pero a la vez, el aumento de la actividad en EEUU acelerará la subida de tipos de interés por parte de la Reserva Federal, lo que afectará también al tipo de cambio del dólar respecto a otras monedas.

Una economía funciona mejor con impuestos bajos, que dejen en los ciudadanos más dinero en sus bolsillos para ahorrar y consumir y a las empresas recursos para invertir. Pero un Gobierno responsable tiene que mirar también por mantener el nivel de los servicios públicos y el equilibrio presupuestario. Trump ha anunciado una rebaja de impuestos que puede suponer una merma de ingresos al Estado de cuatro billones de dólares en 10 años. Si a ello se suma el billón de gastos anunciados en infraestructuras y el incremento del 10% anual del gasto militar, será muy difícil recomponer unas cuentas públicas que tienen un déficit público creciente y una deuda de 106% del PIB.

 

admin