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A la debilitada May, el ‘Brexit’ se le atraganta

Jul 12 2017

EDITORIAL – EL PAÍS

Las negociaciones sobre el Brexit entre el Reino Unido y la UE debieran concluir en un plazo máximo de dos años. Sin embargo, cada vez hay más dudas de que sea posible llegar a algún tipo de acuerdo. Entre otras razones porque la debilidad extrema del Gobierno de Theresa May le impide definir una estrategia y mantener una interlocución fluida con Bruselas. Desbordada por la situación, en un gesto del todo inusual la premier pidió ayer ayuda a los laboristas para poder avanzar. May sabe que con el único apoyo de los diputados norirlandeses del DUP difícilmente puede encarar la negociación con los Veintisiete.

Corbyn, el líder de la oposición, se apresuró a negar su apoyo a la primera ministra, a la que acusó de haberse quedado sin ideas. Aunque lo cierto es que en las propias filas del laborismo el Brexit levanta ampollas, porque la formación está partida entre quienes aspiran a un Brexit suave y quienes creen que conviene uno más duro, mientras Corbyn mantiene una ambigüedad calculada. Por si fuera poco, otros muchos laboristas vieron en su gran resultado en las legislativas la oportunidad para revertir el Brexit. Todo produce una indefinición que, sumada a la amenaza de que el Reino Unido tenga que volver a las urnas, hace casi imposible negociar nada con Bruselas.

Los Veintisiete están en una posición de fuerza y, como es lógico, mantienen sus líneas rojas. La Eurocámara, igual que hizo el Consejo, rechaza la propuesta sobre ciudadanía de May. Será uno de los temas centrales de la entrevista que mantendrá la premier con el Rey de España durante el viaje de Estado a Londres que hoy comienza. Boris Johnson criticaba ayer la «factura exorbitante» que la UE impone a Londres. La realidad es que los británicos empiezan a darse cuenta de que el Brexit es una peligrosa y triste frivolidad.

ANEXO:

Brexit: nadie vota para ser más pobre

Jorge Bezares – Público.es

Cuando Theresa May convocó a mediados de abril elecciones para principios de junio estaba convencida de que las ganaría cómodamente y podría afrontar la negociación de un Brexit duro con la UE sin resistencia interna.

Por entonces, el Partido Laborista estaba a veinte puntos de los tories, y Jeremy Corbyn era tratado por la mayoría de la prensa británica como un viejo dinosaurio izquierdista abocado a empeorar los resultados de su predecesor, Ed Miliband.

Con una campaña centrada casi exclusivamente en Brexit, May alcanzó el 42% de los votos cosechados en los comicios anteriores. Pero no contaba con que el Partido Laborista, gracias principalmente a voto joven y antibrexit, iba a llegar al 40%, diez puntos por encima del resultado de Miliband.

Ni que decir tiene que May, aunque ha logrado aferrarse al Downing Street merced a un acuerdo con el Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte -a costa, eso sí, de poner en peligro la paz en el Ulster-, es políticamente hablando un cadáver andante.

De hecho, no es descartable que el secretario del Tesoro, Philip Hammond, partidario de un Brexit blando tras cuantificar la salida de la UE en 140.000 millones de euros, se haga con las riendas del Gobierno y del Partido Conservador en el congreso que los tories celebrarán el primer fin de semana de octubre.

Los pretorianos conservadores, con Graham Brady, presidente del Comité de 1922 que gestiona el liderazgo del Partido Conservador, puede estar trabajando ya en esta opción.

Hammond, que ya advirtió públicamente que la economía debe estar por encima de todo en las negociaciones del Brexit, puede ir más allá e implementar en un segundo referéndum –la pregunta estará relacionada sobre las condiciones de la salida- su convencimiento de que “nadie vota para ser más pobre”.

En definitiva, el futuro de los tories pasa por desinflar el Brexit de la mano de Hammond hasta dejarlo en una pesada broma de la democracia.~

Y el del Partido Laborista de Corbyn, también debería transcurrir por la misma senda. Una vez que haya entendido que el reagrupamiento del voto de la izquierda que ha logrado tiene mucho que ver con la reacción de los más jóvenes contra el Brexit, el viejo político izquierdista no tendrá más remedio que abandonar la ambigüedad y la tibieza que mostró en la campaña del referéndum, y apelar, si acaso, al famoso artículo 50 del Tratado de Lisboa pero para volver a entrar en la UE.

 

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