General

El listón de los derechos humanos

Jul 27 2017

Lluís Bassets* –  El País

Los derechos humanos están desapareciendo de la política exterior de Estados Unidos. La vigilancia internacional desaparece de la política exterior de EE UU

Primero, los malos propósitos: expulsar inmigrantes, prohibir la entrada de musulmanes, denegar derechos a las minorías sexuales o abolir el sistema de salud universal. Luego, los hechos, que afortunadamente todavía tropiezan con resistencias, Estado de derecho y división de poderes, de forma que los malos propósitos no siempre se convierten en realidad, como demuestran la acción de la justicia contra los decretos de Donald Trump o la obstaculización del Congreso a las pretensiones de abolición de la reforma sanitaria de Obama.

En todo caso, el mal está hecho, porque las pésimas intenciones terminan ellas solas produciendo sus efectos. Aunque el programa no termine cumpliéndose todo entero, el amedrentamiento ya se ha producido. El círculo vicioso de angustia e inseguridad se traduce al menos en discriminaciones y violencia en la vida cotidiana por parte de los agentes de la autoridad y de la gente corriente incluso.

Descontando el desorden geopolítico, hasta aquí bastaría para que esta presidencia suscitara la máxima preocupación. Pero luego está el mal ejemplo que cunde y se expande. Cuando el presidente del país más rico y poderoso del mundo transita por estos oscuros caminos, son muchos los que se sienten autorizados también a transitarlos o ven avaladas sus peores prácticas más o menos disimuladas hasta ahora. Aunque Trump sea un adicto de las noticias falsas, hay que reconocerle su sinceridad moral: le gustan los déspotas e incluso los criminales. Su presidencia rinde homenaje a Putin, Xi Jinping, Rodrigo Duterte, Abdelfatá Al Sisi, Erdogan, Orbán o Salman bin Abdulaziz, a los que avala y en los que se inspira. Da mal ejemplo pero también lo toma.

En consonancia con la presidencia, los derechos humanos están desapareciendo de la política exterior de Estados Unidos, prácticamente en manos de la Casa Blanca y de la familia Trump. El departamento de Estado verá recortado un 30% su presupuesto, las embajadas y cargos más estratégicos están todavía por cubrir y al frente hay un secretario de Estado como Rex Tillerson, formado en la implacable escuela de la industria petrolera, tan proclive a mirar hacia otro lado cuando se trata de extraer crudo donde rigen dictaduras corruptas. Cuando viaja a Moscú o a Riad, por ejemplo, no incurre en los sentimentalismos de sus predecesores, que procuraban entrevistarse con militantes de derechos humanos y se interesaban por los encarcelados.

Se entiende perfectamente, por tanto, la vergonzosa desatención internacional a la muerte, en condiciones que suscitan la sospecha de un asesinato de Estado, del disidente chino y premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo. George W. Bush y sus neocons buscaron en la destrucción de los budas de Bamiyan y en el burka los argumentos morales para reforzar la intervención en Afganistán en 2001 en represalia por los atentados del 11-S. Donald Trump ha encontrado en cambio razones materiales para mantener al Ejército estadounidense en el país afgano y continuar la guerra más larga, 16 años ya, librada por su país: su enorme riqueza mineral, que quiere explotar y convertir en objeto de sus deals, esos acuerdos económicos provechosos para todos.

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*Director adjunto de El País. Licenciado en Filosofía y Letras y en Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. 

 

Anexo:

La respuesta de Chelsea Manning al veto de Donald Trump a los transgéneros en el Ejército

Infobae – Argentina

La ex soldado, que cambió su identidad sexual mientras estaba en prisión por las filtraciones de WikiLeaks, calificó de «cobardía» la decisión tomada por el presidente estadounidense

La decisión de Donald Trump de no permitir el ingreso de personas transgénero en el Ejército estadounidense causó duras críticas entre activistas LGBT y expertos en asuntos militares, entre los que se destacó Chelsea Manning, la ex soldado cuya condena por filtrar información clasificada a WikiLeaks fue reducida por Barack Obama.

«¿Las Fuerzas Armadas más grandes, más fuertes y más caras del planeta se lamentan entonces por unos pocos trans, pero financian los F-35? Esto suena a cobardía», reaccionó Chelsea Manning en Twitter, comparando el costo de la integración de los transexuales en el Ejército con los del avión de combate F-35, el programa más caro de la historia militar estadounidense, que tiene un costo estimado en 400.000 millones de dólares.

Sus mensajes no fueron bien recibidos por los seguidores de Trump. Ryan Fournier, líder de un grupo estudiantil en apoyo al presidente, le espetó: «Los militares no están para pagar tratamientos como hicieron con la traidora Chelsea Manning. Están para proteger el país». A ello, la ex soldado respondió: «Ellos ya no protegen nuestro país. Necesitamos desmantelar el inflado estado militar antes que destruya a todos».

En su anuncio, Trump había manifestado entre los argumentos que el ingreso de transexuales acarreaba un alto costo económico y una «disrupción» en las Fuerzas Armadas.

El argumento de los gastos médicos que supone un cambio de sexo de los reclutas es puesto en cuestión por un estudio del centro de reflexión RAND. Esa investigación lo calcula en 2,4 millones a 8,4 millones de dólares por año en un presupuesto total del Pentágono de más de 500.000 millones en 2016.

Según el departamento de Defensa estadounidense, hay entre 2.500 y 7.000 transexuales entre los 1,3 millones de militares en actividad. La organización defensora de los derechos humanos Human Rights Campaign estima que la cifra está más cerca de los 15.000. Se trata de militares que declararon su orientación luego de su integración en las Fuerzas Armadas, como la propia Manning. Su futuro no ha sido aclarado por la Administración Trump.

Otras reacciones

«Veámonos frente a frente y dime que no soy digna» (de servir en el ejército), desafió a Trump la ex Navy Seal Kristin Beck, condecorada por su valentía y herida en combate, que se declaró transexual tras 20 años en la unidad de élite de las fuerzas especiales de los Estados Unidos.

Por su parte, el senador republicano John McCain, quien sirvió en la guerra de Vietnam, manifestó: «Todo estadounidense que cumpla con los estándares actuales sobre el plan médico y la preparación debe continuar sirviendo».

El Pentágono parece haber sido tomado por sorpresa con este anuncio, en momentos en que su titular, Jim Mattis, se encuentra de vacaciones. «Daremos instrucciones en breve», comentó escuetamente su vocero, el capitán Jeff Davis, remitiendo todas las dudas a la Casa Blanca. 27 de julio de 2017 

 

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