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Trump y el cambio de rol de los medios

Jul 6 2017

Opinión de VICENTE LOZANO – El Mundo

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha cruzado muchas líneas rojas desde que está en el cargo. Una de ellas es el uso indiscriminado de su cuenta personal de Twitter para dirigir a los ciudadanos sus mensajes políticos. Y como es un impulsivo -que no es lo mismo que irreflexivo- lo que se salen son exabruptos como los que nos deleita muchos días. Sobre todo contra la prensa. El último y grave episodio ha sido esa recreación en vídeo en la que el propio Trump golpea sin piedad a un hombre que lleva como cabeza el logotipo de la CNN, una de sus bestias negras mediáticas.

Decía un ex senador republicano, ahora financiero en un gran banco mundial, que estuvo de paso por España hace unas semanas que una de los asuntos más urgentes que tenía la política norteamericana era «quitarle al niño su juguetito». Toda la razón. Pero merece la pena reflexionar sobre lo que hay detrás de que todo un presidente de EEUU pueda tener en vilo a medio mundo cuando pilla su móvil.

Trump tiene 33,2 millones de seguidores en Twitter. Muchos serán falsos, pero es lo de menos. Es el segundo presidente de EEUU que tiene la posibilidad de dirigirse como quiera y cuando quiera a los norteamericanos. Eso supone un cambio radical en las relaciones entre el poder y la sociedad. Los medios hemos perdido el monopolio de la información en las relaciones entre los políticos, las empresas, etcétera, y los ciudadanos, con todo lo que ello supone. Es un cambio radical y revolucionario.

Antes de internet, los canales por los que circulaba la información estaban definidos y en manos de pocos: una cadena de televisión, una emisora de radio o un periódico tenían un dueño, con unos intereses empresariales concretos, que basaba su estrategia de comunicación en función de esos intereses. Ese emisor se comunicaba con miles o millones de receptores, sin que éstos tuvieran apenas capacidad de respuesta. Hablo en pasado, exagerando, como si estuviéramos en otra época. Todavía no ha llegado el cambio definitivo, pero cada vez estamos más cerca de ese nuevo modelo de negocio en la información, que lo habrá. Seguro.

Con internet, esos poderes, que antes dependían de los medios para difundir sus mensajes, tienen acceso directo a los ciudadanos. No necesitan al intermediario cualificado y profesional -esto es muy importante- que ofrece a la sociedad una información estructurada y clasificada. El Instituto Reuters de la Universidad de Oxford ha publicado su informe anual Digital News Report (www.digitalnewsreport.org). Es el estudio más completo que se hace en Europa sobre las tendencias de consumo de noticias en internet. El análisis en España lo realiza la Universidad de Navarra (www.digitalnewsreport.es) y éstas son tres de las conclusiones del estudio realizado en nuestro país:

-El uso de las redes sociales como fuente primaria de acceso a la información ha pasado del 35% al 41% en los últimos dos años. El 53% de los menores de 35 años accede a las noticias directamente desde esas redes sociales.

-El 32% -el 26% el año pasado- de los españoles ya lee, comparte o comenta noticias en WhatsApp, y el 26% en YouTube.

-Entre los menores de 45 años el móvil es el canal preferido para informarse para uno de cada dos ciudadanos.

El asunto -para muchos grave- es que las redes sociales y los servicios de mensajería no sólo difunden contenidos informativos de los medios de comunicación como tradicionalmente los conocemos. Allí hay de todo y sin control. Desde Trump hasta Hasél, pasando por el ‘Washington Post’ o EL MUNDO. Todos revueltos.  6 jul. 2017

Anexo:

Narcisistas nucleares

Opinión de José I. Torreblanca  – El País

Los perfiles psicológicos de Donald Trump y Kim Jong-un son –por decirlo educadamente– inquietantes

Corea del Norte acaba de ensayar un misil, dicen, capaz de alcanzar la costa estadounidense. Y pronto logrará miniaturizar las cabezas nucleares que ya tiene para montarlas en dichos misiles. Entonces, nos advierten, habrá una guerra, que no sabemos si será solo convencional o también incluirá un pavoroso intercambio nuclear.

Las decisiones que evitarán o desencadenarán esa guerra, que casi con toda seguridad (ya ocurrió en el pasado) acabaría involucrando a China de una manera u otra, van a ser tomadas por dos líderes, Donald Trump y Kim Jong-un, cuyos perfiles psicológicos son —por decirlo educadamente— inquietantes.

Del primero, lo mejor que se puede decir es que es el líder peor preparado para desempeñar el puesto de comandante en jefe que uno querría tener en este momento crucial. Esa es, sin embargo, una descripción sumamente benévola para los que piensan que Trump no es solo un ignorante sino un peligroso narcisista incapaz de controlar sus emociones, algo especialmente contraindicado cuando hay armas nucleares por medio.

Del segundo, lo mejor que podemos decir es que no sabemos absolutamente nada. Preside una monarquía totalitaria tan hermética hacia fuera como salvaje y sangrienta hacia dentro. Pero desconocemos por completo si detrás de ese personaje histriónico hay una mente fría y calculadora capaz de manejar una crisis de forma racional o un líder inestable y emocionalmente inseguro que enviará a sus enemigos señales erróneas e interpretará erróneamente las que reciba.

¿Por qué la resolución de esta crisis es tan compleja como peligrosa? A medida que los tiempos y las opciones se vayan estrechando, Trump y Kim Jong-un tendrán que decidir a quién tienen enfrente: a (otro) ignorante que desconoce cómo ha llegado allí y qué hacer para sobrevivir, a (otro) peligroso narciso con el que tener sumo cuidado o a (otro) actor racional tirándose un peligroso farol nuclear. Los ignorantes podrían, con algo de ayuda de sus equipos y la mediación china, negociar y pactar, los narcisos se perderían en su laberinto interior y seguramente irían a la guerra y los jugadores de póquer podrían calcular mal sus apuestas. Pronto sabremos quién hay al mando.   6 JUL 2017

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