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México-Turquía: un eje peligroso para el periodismo

Ago 28 2017

Opinión de Rosario G. Gómez  – El País

La embestida contra la libertad de prensa ha hermanado tristemente a ambos países

Amenazar al periodista, secuestrarlo, encarcelarlo, incitarle a la autocensura, colgarle la etiqueta de “terrorista” y obligarle al exilio son técnicas habituales empleadas por los países que desprecian la libertad de expresión. Turquía las aplica de manera ejemplar para apagar la voz de los medios de comunicación críticos. La persecución del Gobierno de Erdogan a cualquier argüidor ha sido continua desde el intento de golpe de Estado de hace un año. Los abusos cometidos contra la libertad de prensa alcanzan cotas espectaculares: de un plumazo, se han cerrado dos centenares de medios y los periodistas independientes ven impotentes cómo les son retiradas las acreditaciones para ejercer la profesión, cómo se les anula el pasaporte sin una justificación o cómo les son confiscados sus bienes.

En su embestida contra la libertad de prensa, Turquía se ha hermanado tristemente con México. En el país latinoamericano, los periodistas son secuestrados, torturados y acribillados a balazos. Desde el comienzo del año, las bandas de narcotraficantes, los paramilitares o los sicarios han asesinado a nueve comunicadores. La hostilidad hacia el oficio alcanza también niveles insospechados. Las organizaciones dedicadas a promover y defender el derecho a la libertad de expresión no dan abasto. Calculan que cada 15 horas es agredido un informador mexicano.

México es el primer país del mundo no envuelto en un conflicto armado (como es el caso de Siria y Afganistán) en el que más periodistas mueren violentamente en el ejercicio de su profesión. Un oficio arriesgado, como demuestra el hecho de que desde el año 2000 más de un centenar han sido víctimas de la violencia infinita. Veracruz, donde trabajaba, hasta que fue balaceado la semana pasada, el veterano reportero Cándido Ríos (la novena víctima mortal en lo que va de año), es un Estado especialmente letal.

En el 90% de los casos, estos crímenes siguen sin ser castigados, lo que multiplica el dramatismo y la sensación de impunidad. El miedo se ha apoderado de todo un colectivo. Y, según la organización Artículo 19, que vela por la libertad de prensa, el MIEDO (Medios, Impunidad, Estado, Democracia, Opacidad) es lo que define el estado de la sociedad. Los periodistas mexicanos han solicitado al Gobierno más medios y recursos para garantizar su seguridad, pero la espiral de sangre y violencia se antoja inabarcable.

Tampoco las medidas represivas de Turquía contra la prensa parecen tener fin. La semana pasada, el régimen de Erdogan ordenó —por decreto, como ya es costumbre— el cierre de otros dos periódicos prokurdos. Así se cercena un poco más el pluralismo en un país que, amparado en la lucha contra el terrorismo, aniquila a los medios de comunicación y encarcela a los periodistas que se atreven a publicar hasta la más suave catilinaria contra la figura de un presidente incuestionable. 28.08.17

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De la misma autora, en junio de 2017: La ‘ley mordaza’ y la nueva Inquisición

Las multas por enfrentamientos de ciudadanos con las fuerzas de seguridad superan los 13,5 millones de euros

La Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como ley mordaza, ha resultado ser una eficaz máquina de recaudar dinero. La norma, que nació hace dos años para frenar la oleada de movilizaciones que ocupaban la calle y cercaban las sedes de las instituciones, ha impuesto hasta final de 2016 más de 39.000 sanciones por enfrentamientos y desplantes de los ciudadanos hacia las fuerzas de seguridad. Traducido a euros, han sumado 13,5 millones. Faltar al respeto a la autoridad o desobedecer a la policía configuran el grueso de los expedientes. Una parte nada despreciable (26.688 euros) corresponde a multas por grabar actuaciones policiales y difundir sus imágenes.

Si hay un sector que desde el principio alertó de los efectos de la ley mordaza, ese fue el de la prensa. Muchos periodistas los han sufrido en carne propia. Tres ejemplos: una redactora de Catalunya Ràdio fue sancionada con 601 euros por “desobediencia a agentes de la autoridad” en febrero de 2016 durante la cobertura de la declaración del expresidente de la Generalitat Jordi Pujol. Otra periodista de Canal#0 recibió idéntica multa por cubrir una cacerolada de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca ante la sede del PP de Madrid, desobedeciendo a la policía y declinando identificarse. Un fotógrafo de la revista Argia fue multado por subir a Twitter imágenes de la detención de la activista Naroa Ariznabarreta.

La lista es larga y, aunque algunas sanciones han sido anuladas, al amparo de la ley mordaza se han castigado conductas rocambolescas, como la queja expresada en las redes sociales porque un vehículo de la policía estaba mal aparcado, o llamar “escaqueados” a agentes locales de Tenerife. El colmo fue la denuncia a una mujer por lucir un bolso con la cara de un gato y las siglas ACAB (“All Cats Are Beautiful” (todos los gatos son hermosos), acrónimo que también hace referencia a “All Cops Are Bastards” (todos los policías son unos bastardos).

Bajo una supuesta falta de respeto a la policía se han lanzado obuses contra la libertad de expresión. Lo mismo ocurre cuando se apela a los sentimientos religiosos. Daniel Cristian Serrano, jienense de 23 años, puso su cara en una fotografía del Cristo Despojado y ese fotomontaje lo subió a Instagram, lo que provocó la inmediata denuncia de la Hermandad de la Amargura de Jaén. La fiscalía considera que la imagen virtual es un “escarnio” y avala la “indignación” que ha causado en la hermandad por el “manifiesto desprecio y mofa hacia la cofradía” con el fin de “ofender los sentimientos religiosos”. Como en tiempos de la Inquisición, Serrano irá al banquillo si nadie lo remedia.

Utilizando esta vara de medir, algunos podrían considerar un oprobio el cuadro que cuelga en la iglesia de San Andrés de Madrid que representa a san Isidro con la cara del exalcalde José María Álvarez del Manzano. Lo pintó José Gabriel Astudillo, político del PP. La fiscalía no ha dicho nada; y eso que el lienzo que retrata a santa María de la Cabeza, esposa de san Isidro, está inspirado en María Eulalia Miró, esposa a su vez de Álvarez del Manzano. Dos por el precio de uno.

 

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