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El Papa se equivocó

Ene 19 2018

Por Marco Antonio Velásquez* – Cooperativa.cl

Después de tres días de febril actividad, el Papa se ha despedido del pueblo chileno. Su paso por esta tierra ha dejado intensas emociones que algunos atesorarán por mucho tiempo con gratitud infinita, mientras otros intentarán reponerse de frustraciones. Así y todo, mientras la emocionalidad sigue activa, es prematuro hacer una evaluación serena de un innegable acontecimiento, que fue nacional y mundial.

En la era de las comunicaciones, no es correcto analizar adhesiones o disensos a partir de números ni de concurrencias. Lo cierto es que todos, creyentes y no creyentes, participaron en una amplia variedad de formas en la visita del Papa. Desde la presencia personal, hasta la frenética interacción en las redes sociales giraron en torno a las acciones y omisiones de Francisco.

Aun así, después de 22 viajes del Papa fuera de Italia, donde Francisco ha desplegado las más variadas virtudes humanas, que lo distinguen por su liderazgo y destacadas condiciones de pastor cercano y carismático, donde la improvisación e incisividad de su mensaje siempre dejan rumiando la conciencia ajena, en Chile fue distinto. Algo parecía inhibir ese cúmulo de virtudes.

En la inminencia de su arribo a Santiago, estallaba, con características de escándalo, una carta del mismo Papa que revelaba su reparo convencido que justificaba la renuncia del obispo Barros. Aquel documento hacía presagiar un escenario muy incómodo para su autor, porque lo obligaba a validar una contradicción que era necesario explicar.

Ya en Chile, quedó en evidencia un férreo cerco de seguridad, que logró sortear con escasas posibilidades. El papamóvil quedó en desuso y su paso raudo por avenidas despejadas, dejaban en evidencia elevados temores por la integridad del Papa. Un exceso injustificado ciertamente.

Con la memoria viva, puesta en la historia, cada encuentro del Papa fue recordando aquella otra visita ocurrida hace casi 31 años, cuyas comparaciones parecían revelar una desconcertante paradoja.

Aún así, los mensajes de Francisco al pueblo chileno fueron contundentes, desde ese momento significativo y emocionante en La Moneda, cuando expresó su dolor y vergüenza por las víctimas de los abusos del clero. Así también, su llamado a la unidad, a lucha por la justicia, por el respeto a los pueblos originarios, a la no violencia activa, a amar a la patria, a respetar al migrante, a dignificar la vida de los privados de libertad y un largo etcétera.

Sin embargo, junto al protagonismo de Francisco durante su visita, se interpuso también otro, que se personificó en el obispo Barros. En efecto, el sensible tema de los abusos del clero, cometidos en Chile, se convertía en el sensor moral de la visita del Papa. Claro, porque desde la denuncia de las víctimas de Karadima, hace ochos años, se acumuló en Chile una necesidad imperiosa de justicia, convirtiéndose ésto en una exigencia ética que cuestiona todo el discurso eclesial.

Esto fue sistemáticamente advertido antes de la visita, pero también desoído, una vez más, por los consejeros de Francisco.

Las incomodidades de la presencia de Barros, en los diferentes actos litúrgicos, terminaron por catalizar esa indignación respetuosa que clamaba al Papa respuestas concretas. La prensa local e internacional, sensibilizada por la realidad eclesial y social afectada por tan deleznables crímenes, se hizo sentir con fuerza.

Y así, una periodista chilena, al término de la visita del Papa a Chile, consiguió en Iquique la revelación más desoladora que podía esperarse del sucesor de Pedro, respecto del obispo Barros: “No hay una sola prueba en contra. Todo es calumnia.”

Aquella frase se convirtió en un verdadero mazazo a la conciencia de un pueblo que tiene una profunda raíz cristiana, y la necesidad de reencontrarse con esos grandes valores, porque abunda la sed de Dios.

Aquella frase pontificia, no sólo representaba una sólida defensa a un hombre que se ha convertido en factor de división y dolor, sino y sobre todo, en una grave revictimización de los mártires de Karadima, porque el Papa acusaba de calumnia a víctimas inocentes.

Así como, mientras el Papa visitaba la tumba de san Alberto Hurtado, Mariano Puga era consultado por la prensa respecto del obispo Barros, tajante y molesto dijo, “el Papa se equivocó”, hoy es posible concluir con dolor, que en Chile, el esperado Francisco, cometió una falta grave que espera urgente reparación.

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*Ingeniero Agrónomo y magíster en Economía Agraria en la PUC. Prestó servicios pastorales ad honorem en la Iglesia de Santiago, como Coordinador General del Área Laicado del Arzobispado, coordinador pastoral de la Unidad El Carmen de Huechuraba, además de formador y catequista. 

 

Anexo:

Papa Francisco defiende a Barros: «No hay una sola prueba en contra de él, sólo hay calumnias»

Autor: Cooperativa.cl

«El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí hablaré», dijo el pontífice.

El obispo de Osorno es sindicado como encubridor de los abusos sexuales del cura Fernando Karadima.

El papa Francisco defendió este jueves al cuestionado obispo Juan Barros, sindicado como encubridor de los abusos sexuales de Fernando Karadima, asegurando que no existen pruebas contra el líder de la Diócesis de Osorno

«El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra. Todo es calumnia, ¿está claro?», aseguró el pontífice en conversación con varios medios de comunicación.

Se trata de la primera vez durante su visita a Chile que Jorge Bergoglio comenta la situación de Barros, quien ha sido protagonista durante toda la estadía de Francisco en el país y participando en las misas masivas del Parque O’Higgins en Santiagoaeródromo Maquehue en Temuco y Playa Lobito en Iquique pese a las presión periodística y ciudadana.

Incluso, son varios los sacerdotes que públicamente han señalado que la presencia de Barros en la visita papal les molesta e incluso los «violenta», y admiten que la controversia «opaca» la fuerza del mensaje de Bergoglio.

Duras críticas de denunciantes de Karadima

Las declaraciones del papa Francisco generó la inmediata reacción de los denunciantes del caso Karadima.

Juan Carlos Cruz, a través de su cuenta de Twitter, criticó que el papa pidiera pruebas: «Como si uno hubiese podido sacarse una selfie o foto mientras Karadima me abusaba a mi u otros con Juan Barros parado al lado viéndolo todo».

«Estas personas desde arriba están locos y el papa habla de reparación a las víctimas. Seguimos igual y su perdón sigue siendo vacío», dijo, recordando la petición pública de perdón que hizo el jefe del Estado vaticano el martes, en el Palacio de La Moneda.

Como si uno hubiese podido sacarse una selfie o foto mientras Karadima me abusaba a mi u otros con Juan Barros parado al lado viéndolo todo. Estas personas desde arriba están locos y @Pontifex_es habla de reparación a las víctimas. Seguimos igual y su perdón sigue siendo vacío. https://t.co/IHWDJUqCie

— Juan Carlos Cruz Ch. (@jccruzchellew) 18 de enero de 2018

Mientras que José Andrés Murillo expresó que «esto ya se puso personal… Francisco, date cuenta de que nuestra lucha es contra el abuso… Benedicto, te necesitamos ahora».

Esto ya se puso personal… Francisco, date cuenta de que nuestra lucha es contra el abuso… Benedicto, te necesitamos ahora.

— José Andrés Murillo (@JosAndrsMurillo) 18 de enero de 2018

A su vez, James Hamilton usó la red social para compartir una imagen de «los obispos y su líder»: Karadima junto a Horacio Valenzuela, Juan Barros, Andrés Arteaga y Tomislav Koljatic, los obispos que formó.

Los obispos y su líder pic.twitter.com/ZrYSO2rrsT

— James Hamilton (@YverYactuar) 18 de enero de 2018

Más temprano, al llegar a Iquique, el obispo de Osorno dijo que el pontífice le ha expresado «palabras de ánimo, apoyo y cariño».

Barros también fue defendido públicamente por el cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, quien dijo que su situación «es una polémica inventada y que no tiene fundamento».

Cabe recordar que existe una carta de 2015 -pero conocida recién la semana pasada- donde Francisco expresaba preocupación por el tema Osorno y revelaba un plan para darle a Barros y a otros obispos cuestionados un periodo sabático.

 

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