General

Desalinización como alternativa a las crisis hídricas

Mar 22 2018

Por Doug Brown*

El agua limpia todavía es una quimera para más de 300 millones de personas en África

TAMPA, Estados Unidos, 22 mar 2018 (IPS) – En el Día Internacional del Agua, el acceso universal al líquido vital sigue siendo un privilegio, cuando debería ser un derecho. Para 2030, la demanda superará el suministro en 40 por ciento, pronostican especialistas.

Los mares y océanos constituyen más de 97 por ciento de los recursos hídricos del planeta, y la mitad de la población mundial vive a no más de 63 kilómetros de una fuente de agua y, sin embargo, sufrimos una crisis hídrica tras otra.

La frustración es mayor por el hecho de que en la actualidad existen soluciones capaces de mejorar nuestros problemas relaciones a ese recurso.

De la grave escasez de agua en la sudafricana Ciudad del Cabo, donde las reservas existentes solo alcanzan para 90 días, a los bien documentados problemas en la ciudad de Flint, en el estado estadounidense de Michigan, donde el sistema de distribución obsoleto distribuyó agua con plomo a la población, está claro que deben tomarse medidas para garantizar el actual suministro de agua potable, no solo para beber, sino para preservar el tejido social.

Dependemos de agua limpia para producir alimentos, electricidad, automóviles, vestimenta y una variedad de otras cosas sin las cuales es difícil vivir.

De hecho, aun sin contar la irrigación, menos de cinco por ciento del agua purificada se usa para el consumo, la mayoría del suministro se usa para lavar, tirar la cisterna y en la industria.

Durante siglos, los pueblos rezaron para que lloviera y para acopiar el agua, pero eso ya no es una opción. Simplemente, no alcanza. Y encima, la lluvia es impredecible, puede haber o no. Pero con el ilimitado suministro de agua que hay en el océano, hay una opción viable: la desalinización.

En el siglo XVIII, los barcos tenían sus propias plantas de desalinización para garantizar el suministro de agua dulce en altamar. Entonces, se hervía el agua de mar y luego se la condensaba. El líquido que se obtenía no tenía casi sal, y la salmuera resultante se eliminaba.

El avance de la tecnología en relación con la ósmosis inversa en la década de los años 60, permitió que esa forma de purificar el agua estuviera más fácilmente disponible.

En la actualidad, más de 18.000 plantas de desalinización operan en 150 países, y el proceso requiere de 80 por ciento menos de energía de lo que se necesitaba hace 20 años.

Según la Asociación Internacional del Agua, la energía necesaria para producir el volumen de líquido que consumirá un hogar en un año a partir del agua salada es menor a la que consume el refrigerador de la familia.

También tenemos que analizar los sistemas de distribución.

Como se hizo evidente en Flint, la mayoría de los sistemas de tuberías subterráneas están en mal estado y pueden generar contaminación por plomo y otras toxinas.

Se usan desinfectantes para controlar el crecimiento de bacterias, pero también plantean un problema para la salud, elevan el riesgo de cáncer y le dan un gusto feo al agua.

La sabiduría convencional indicaría que necesitamos arreglar la infraestructura, pero hay otra opción: la purificación en el punto de uso (PDU).

Como normalmente solo cinco por ciento del agua en el sistema de distribución se usa para beber, es mucho más eficiente usar la filtración en el PDU para purificar el agua en el punto en que se va a consumir.

Además, la filtración en el PDU es mucho más amigable con el ambiente que la distribución de agua purificada, del plástico utilizado en los bidones a las emisiones de gases invernadero de los camiones de los proveedores, el punto de uso elimina esas cuestiones y purifica sólo lo que se necesita, cuando se necesita.

Por último, todavía debemos subrayar la conservación y la utilización de los suministros de agua de forma más consciente y eficiente.

Pero solo con la conservación y la reutilización no se evitarán las crisis hídricas en el mundo. La desalinización y los sistemas de puntos de uso deben complementar la conservación.

Con la tecnología disponible en la actualidad, nunca debería haber escasez de agua, en particular cuando la industria puede trabajar asociada a los gobiernos locales, estaduales y federales para ayudar a suministrar agua potable.

A modo de ejemplo, la industria minera es un promotor económico clave en América del Sur y depende enormemente del agua limpia para operar las minas.

El crecimiento poblacional e industrial agregaron una presión mayor al suministro natural de agua limpia, lo que llevó a una escasez que enfrentó a industrias, gobiernos y ciudadanos entre si.

En Chile, en vez de agregar presión sobre el limitado recurso, la compañía minera Caserones optó por llevar agua de mar desalinizada a su mina, además de ofrecérsela a la población local de Caldera, lo que le permitió crear un recurso crucial para la comunidad.

Como sociedad, nuestro objetivo debería ser que cada ser humano tenga acceso al líquido vital. Ya no es sostenible, desde el punto de vista ambiental, social o civil, que la industria dependa de que las municipalidades cubran sus necesidades hídricas.

La diversificación de nuestro suministro de agua es necesaria para llevar la ilimitada agua de los océanos y mares a nuestras mesas y negocios, y garantizar agua dulce para todos.

———————-

*Doug Brown es el director general de AquaVenture Holdings (NYSE: WAAS), proveedora multinacional de soluciones para la purificación de agua.

 

Anexo:

La sequía permanente

Santiago Martín Barajas*

En las últimas semanas ha llovido bastante en toda la Península Ibérica, habiendo subido sensiblemente el nivel de los embalses, aunque todavía seguimos varios puntos por debajo de la media de los últimos diez años, para esta misma semana. Todavía nos faltan en los embalses varios miles de hectómetros cúbicos de agua almacenada para alcanzar los valores medios de años anteriores.

2017 fue un año seco, en el que llovió un 29% por debajo de la media. A pesar de ello, se regaron los cultivos sin ningún tipo de limitación, llegando al final del año hidrológico con los embalses a tan sólo un tercio de su capacidad. Hace tan sólo un mes, el agua embalsada se situaba 23 puntos por debajo de la media de los últimos 10 años para la misma semana. Y si no hubiesen llegado las lluvias de las últimas semanas, muy posiblemente se abrían producido este verano restricciones al abastecimiento en bastantes poblaciones, incluyendo algunas ciudades importantes.

Sin embargo, nuestro país cuenta actualmente con 1.225 grandes embalses, siendo el quinto país del mundo con más infraestructuras de este tipo, y el primero de la Unión Europea. ¿Cómo es posible, con esa extensa red de embalses, que tan sólo un año de sequía nos haya llevado a una situación que podría haber acabado siendo crítica? Es debido a dos motivos principales: por una parte, los recursos hídricos disponibles se han visto reducidos en un 20% en los últimos 25 años, por la subida de las temperaturas que se está produciendo a causa del cambio climático. Es decir, para mismo nivel de lluvias, el volumen de agua aprovechable es un 20% menor.

En segundo lugar, se debe al espectacular crecimiento que se han producido de las demandas en los últimos veinte años. Este crecimiento ha tenido lugar especialmente en el regadío, habiendo crecido la superficie regada en el conjunto del país del orden de un 21% en los últimos 20 años. Según el INE, en 2015, el regadío suponía el 84,3% del consumo total de agua, pero si tenemos en cuenta los retornos (el agua que después de ser utilizada vuelve a los cauces, y que puede volverse a utilizar), nos encontramos con que el consumo real del regadío asciende al 93% del total. Ello es debido a que el retorno del abastecimiento urbano supera el 80%, mientras que el porcentaje de agua que después de utilizarse en el regadío vuelve a los cauces, apenas llega al 10%, porcentaje que sigue bajando a causa de la modernización del regadío que se está produciendo en los últimos años.

En definitiva, se podría afirmar que el agua, conforme llega a los embalses, se deriva al regadío. Los embalses, que se construyeron para almacenar el agua y poder utilizarla en los periodos secos, casi funcionan ya como meras estaciones de transferencia de agua. El agua, según se recoge, se consume en los campos de cultivo. De hecho, podría decirse que, con el agua, en nuestro país cada vez “se vive más al día”. Ello nos conduce irremediablemente a una situación de sequía crónica o permanente, en la que cualquier periodo de sequía propio de nuestras latitudes, podría llevar a nuestro país a una situación de auténtico colapso hídrico. No olvidemos que en décadas anteriores hemos sufrido sequías mucho más agudas y extensas en el tiempo, que la de 2017.

A pesar de ello, algunos sectores políticos y económicos ya se están apresurando a afirmar que la sequía ha acabado, lo cual no es cierto, con el fin de evitar que se establezcan este verano restricciones al regadío.

Desde Ecologistas en Acción consideramos que las instituciones deberían aprender del “susto” que ha dado la escasez de lluvias de 2017, y adoptar todas las medidas necesarias para garantizar plenamente los caudales ambientales en nuestros ríos y el abastecimiento a las poblaciones, lo que pasa necesariamente por limitar sustancialmente el agua derivada a los regadíos, y por reducir la superficie actualmente regada en el país, que actualmente supera ya las cuatro millones de hectáreas.

Sería deseable que este 22 de marzo, Día Mundial del Agua, funcionase a modo de punto de inflexión, y los responsables de la gestión de los recursos hídricos, anunciasen ya importantes restricciones al regadío para este próximo verano, de cara a garantizar plenamente para los meses siguientes, otros usos y funciones más esenciales (ambientales y abastecimiento a poblaciones).

Deberían tener en cuenta que vendrán nuevas sequías, y que algunas serán más agudas y extensas que la de 2017, pues así es nuestro clima. Y que lluvias providenciales como las de las últimas semanas, que nos han salvado de sufrir un colapso hídrico este verano, es posible que en otras futuras sequías tarden mucho más en producirse.

——————————-

* Santiago Martín Barajas es Coordinador del área de Agua de Ecologistas en Acción. En Público.es , 22.03.18

admin