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La Italia donde nada no es lo que no parece

Mar 1 2018

Jorge Marirrodriga  – El País

Todo es lo mismo y nada es igual de cara a las elecciones italianas del domingo

Ocho de mayo de 2001. En el programa Porta a Porta de la televisión italiana —un debate casi siempre político en prime time—, Silvio Berlusconi firma teatralmente sobre una mesa de despacho de madera su contrato con los italianos,una serie de ambiciosas promesas electorales entre las que destaca la lucha contra el desempleo. Junto a él, el presentador, Bruno Vespa, recibe con una sonrisa de oreja a oreja profusas explicaciones de lo que va a ser la piedra angular de Gobierno del empresario y político. Vespa ya es un veterano periodista que ha conseguido convertir su programa en uno de los más vistos e influyentes de la televisión transalpina.

Pero los tiempos han cambiado. Italia está viviendo una nueva etapa.

Catorce de febrero de 2018. En el programa Porta a Porta de la televisión italiana —sigue siendo un debate casi siempre político y sigue en prime time—, Silvio Berlusconi firma teatralmente, sobre la que nos cuentan es la misma mesa de despacho de madera, su contrato con los italianos. Ahora lo rebautiza pacto de San Valentín. ¿Esto es un avance? De nuevo, una serie de ambiciosas promesas electorales entre las que destaca la lucha contra el desempleo. Junto a él, el presentador, Bruno Vespa, recibe con una sonrisa de oreja a oreja —algo rígida, fruto tal vez no solo por la edad sino por posibles intervenciones estéticas— profusas explicaciones de lo que va a ser la piedra angular de Gobierno del empresario y político. Hace tiempo que Vespa superó el grado de veteranísimo periodista. Bromea con Berlusconi sobre implantes capilares. Entre los dos suman 155 años.

Berlusconi se presenta como el favorito para vencer en las elecciones del próximo domingo y gobernar Italia. En realidad ni es el favorito ni se presenta oficialmente, ni podrá gobernar nada nominalmente. Pero para él esto no es un problema. Afirma que su inhabilitación política durará apenas un año más y luego volverá al escritorio. Al de verdad. Las elecciones probablemente las ganará el Movimiento 5 Estrellas, de tendencia contra todo, incluyendo ellos mismos. En los noventa, las elecciones las ganaba un partido con nombre de grito en el fútbol —Forza Italia—; el domingo le toca a uno con denominación de autocar de lujo.

Pero Berlusconi tiene una ventaja para ganar en escaños. Él, un patriota, va aliado con la Liga Norte, formación que se inventa una nación con origen medieval, que opina que el Estado italiano oprime, que Roma roba y que los del norte son más cultos y sofisticados que los demás. Tampoco esto es un problema, porque el líder leghista, Matteo Salvini, jura en público lealtad a 60 millones de italianos y para que no haya dudas saca un rosario y cita “los sagrados Evangelios”. Divorciado, tiene hijos con dos mujeres y aparece a veces en las revistas del corazón por sus romances. El arzobispo de Milán, Mario Delpini, le pide en público que se relaje y no utilice la religión en sus mítines. Le cae la del pulpo… a Delpini.

Berlusconi saldrá beneficiado de una reforma electoral impulsada por el centroizquierda que gobierna pero está hundida en el ánimo y en las encuestas. Claro que el proyecto inicial de reforma, impulsado por el más centroizquierdista de todos, Matteo Renzi, daba todavía más poder al vencedor. En Roma nieva y Eugenio Scalfari reconoce que tal vez sea mejor que gane Berlusconi. Vespa sonríe. 1 MAR 2018

 

 

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