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«¿Cómo hago para visitar el Norte?»: las dos Coreas realmente quieren entenderse

Abr 27 2018

Por Daniel Iriarte – El Confidencial, España

Los presidentes de las dos Coreas se encuentran por primera vez en once años, como paso previo a la futura reunión entre Kim Jong-un y Donald Trump. La voluntad de acercamiento es mutua

«¿Cómo hago para visitar el Norte?», ha dicho el presidente surcoreano Moon Jae-in. «¿Por qué no cruzas al Norte ahora mismo?», le ha respondido el norcoreano Kim Jong-un. Y los dos líderes, cogidos del brazo, han cruzado la línea de demarcación y han paseado por Corea del Norte durante unos momentos, antes de regresar a la Zona de Seguridad Conjunta en la que se celebra el encuentro.

Es un ejemplo del clima amistoso en el que se transcurre este momento histórico: este viernes, los presidentes de las dos Coreas se han reunido por primera vez en once años, en la tercera cumbre intercoreana de la historia. Kim y Moon jamás se habían visto las caras: los protagonistas de los anteriores encuentros, en 2000 y 2007, fueron el padre del primero, Kim Jong-il, y los antecesores del segundo, los liberales Kim Dae-jung y Roh-Tae-woo. Pero la diferencia más importante no es esa, sino la atmósfera en la que se celebra: el acercamiento precede a un año de máxima tensión en el que, por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad del estallido de una guerra parecía la opción más probable.

El encuentro precede al que mantendrá Kim con el presidente estadounidense Donald Trump, previsto para el próximo mes de mayo (de hecho, los enviados surcoreanos tuvieron que convencer a un Trump entusiasmado de que era imprescindible esperar a la celebración de esta otra reunión). Pero a diferencia de aquel, cuyo resultado es mucho más incierto y volátil, en este otro hay una coincidencia de intereses entre ambas partes y un deseo de que todo vaya bien, al menos a la hora de sentar las bases de una futura cooperación.

“La cumbre intercoreana es como el movimiento de apertura en el ajedrez. Cómo lo juegas establece los posibles movimientos que vienen después. Así que la importancia de esta cumbre yace principalmente en qué ambiente crea y qué expectativas refuerza hacia el próximo movimiento, que es la cumbre Trump-Kim”, ha explicado Mintaro Oba, un exdiplomático estadounidense que trabajó en la política hacia Corea del Norte, al diario The Guardian. “Para Moon, la cumbre tiene valor porque dificulta que EEUU o Corea del Norte puedan escalar la tensión, y le da influencia para presionar a ambos países hacia su propio objetivo final: un acuerdo general EEUU-Corea del Norte. Para Kim, es una forma de aumentar sus opciones, poniendo presión en Estados Unidos para que negocie con él en sus términos, y convenciendo al mundo de que actúa de buena fe de forma que la culpa de futuros reveses recaiga sobre EEUU y no sobre Corea del Norte”, asegura.

Moon y Kim se han encontrado en la llamada Zona de Seguridad Conjunta (JSA), una franja de 800 metros de longitud y 400 metros de profundidad situada en medio de la ​Zona Desmilitarizada (ZDM) de cuatro kilómetros que marca la frontera entre ambos países. Kim también ha cruzado a pie la línea de demarcación militar que divide las dos Coreas, un gesto de gran simbolismo: ha sido la primera vez que un presidente norcoreano pisa el sur, puesto que las dos cumbres anteriores tuvieron lugar en Pyongyang.

Gestos de buena voluntad

“Del principio al final de la jornada, cada detalle se ha medido al milímetro, en algunos casos literalmente, como el de la mesa que se empleará en la sala de reunión. El mueble es ovalado para reducir entre los participantes ‘la distancia psicológica’ que genera la división de la península, y en su parte central mide exactamente 2.018 milímetros de ancho, para simbolizar el año de la histórica cita”, relata Andrés Sánchez Braun en un análisis para la agencia EFE, en el que detalla el cuidado con el que los diplomáticos de ambos países han tratado cada elemento de una visita en la que todos se juegan mucho.

La buena voluntad, especialmente por parte del Gobierno de Moon, es apreciable en otros gestos, como la decisión, a principios de esta semana, de acallar los altavoces que emitían propaganda y música surcoreana hacia el norte, con la intención de hacer dudar a los soldados norcoreanos de la versión ofrecida por sus líderes y, con suerte, persuadirles de desertar. “Queremos reducir la tensión militar entre las dos Coreas y desarrollar una atmósfera pacífica durante la cumbre. Esperamos que esta decisión lleve a que las dos Coreas cesen en sus críticas y propaganda mutuas y contribuyan a crear paz y un nuevo comienzo”, afirmó el portavoz Choi Hoi-hyun.

Los altavoces, activos desde la guerra de Corea, fueron desconectados en 2004 como parte de un acuerdo entre los dos países, pero se reactivaron en 2015 a causa de un incidente con minas antipersona que hirieron gravemente a dos soldados surcoreanos en la Zona Desmilitarizada. Poco después fueron apagados de nuevo, pero la antecesora de Moon, Park Geun-hye, ordenó restablecerlos en 2016 tras el test norcoreano de una bomba de hidrógeno.

Asimismo, Seúl anunció a mediados de abril su intención de firmar un acuerdo de paz definitivo, que ponga fin a la guerra de Corea de 1950-53, cerrada con un armisticio pero no con un tratado. Y aunque muchos expertos son escépticos sobre su viabilidad inmediata -un acuerdo de estas características conllevará larguísimas negociaciones, por lo que ningún observador informado espera que sea ése el resultado de esta cumbre intercoreana-, supone un importante paso adelante.

Margen para el entendimiento

“Lo llamen como quieran, declaración de paz, acuerdo de paz, incluso tratado de paz, no significa que vayamos a despertarnos mañana y Corea esté en paz. Es importante, pero está integrado en un proceso”, señala John Delury, profesor asociado de Estudios Chinos en la Universidad Yonsei de Seúl. “[Pero] imagino que las dos Coreas pueden hacer algo por su cuenta para declarar su propio compromiso con la paz”, ha declarado al diario New York Times.

Pero tal vez el elemento donde hay un mayor margen para el acercamiento sea la celebración de reencuentros entre familiares de ambos lados, separados tras la guerra. Durante las dos últimas décadas han tenido lugar una veintena de estas reuniones, de varios días de duración, si bien no se ha llevado a cabo ninguna desde 2015, coincidiendo con la escalada de tensión. La cuestión es personalmente importante para Moon, cuyos padres, originarios de la localidad norteña de Hamhung, acabaron en el sur huyendo de los combates. El propio Moon acompañó a su madre en un emotivo reencuentro con su hermana en 2004. Ambas partes han indicado que el reestablecimiento de estas reuniones podría producirse muy pronto.

Para Corea del Sur, el triunfo de la diplomacia es una necesidad absoluta, puesto que la alternativa -un conflicto bélico en la península coreana- tendría un coste inasumible para el país, empezando por la destrucción de Seúl. Y con un gabinete estadounidense cada vez más belicista, tras la entrada de dos halcones como el Secretario de Estado Mike Pompeo y el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton, la urgencia es mayor que nunca.

Por parte norcoreana también se han producido importantes concesiones, como la aceptación de un encuentro sin precondiciones tanto con Moon como con Kim o la cancelación de todas las pruebas nucleares y de misiles. Y según el mandatario surcoreano, Pyongyang está dispuesta a iniciar un proceso de desnuclearización incluso sin que EEUU retire a sus tropas del sur, el escollo que muchos analistas consideraban el más espinoso a la hora de lograr un acuerdo sostenible. Aunque se desconoce si Kim y Trump se refieren a lo mismo cuando hablan de “desnuclearización”, la voluntad de entendimiento, a día de hoy, parece innegable. Y, a diferencia de lo que sucederá en mayo, los presidentes de las dos Coreas no necesitan traductor para entenderse mutuamente.

Anexo:

La hora de la paz en Corea

Análisis de Jesús Torquemada – RADIO TELEVISIÓN VASCA

Es absurdo que la generación actual tenga que seguir pagando el precio de lo que hicieron sus bisabuelos en la guerra de las dos Coreas (1950-1953).

Esta vez sí hay esperanzas de que termine por fin la ridícula situación en la que viven las dos Coreas. 65 años después de terminar la guerra entre ellas, todavía no han sido capaces de firmar un tratado de paz. La cumbre entre Kim y Moon puede ser la ocasión perfecta. Moon Jae-in ganó las elecciones de Corea del Sur prometiendo un acercamiento a Corea del Norte.

Kim Jong-un quiere modernizar la economía de Corea del Norte y para eso necesita que le sean levantadas las sanciones internacionales, en las que está participando incluso China, su principal aliado. Para que se le levanten las sanciones, Kim tiene que eliminar, o al menos reducir, su arsenal de armas nucleares. Ya ha demostrado que tiene bombas atómicas y misiles capaces de lanzarlas. Con eso, podría defenderse de un eventual ataque exterior.

Los dos líderes quieren la paz, y también la quieren todos los países asiáticos, hartos de un conflicto eterno que les pone en peligro a ellos. Por lo tanto, el momento es propicio para que las dos Coreas se olviden por fin, que ya es hora, de la guerra que duró de 1950 a 1953.

 

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