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Un informe desnuda el bulo de El País sobre la ‘injerencia rusa’ en Cataluña

Abr 26 2018

RT en Español

El documento, que ha sido enviado al comité del Parlamento británico sobre ‘noticias falsas’, contiene evidencias de que el diario español El País hizo «interpretaciones erróneas» de datos para acusar a medios rusos de alentar el independentismo catalán.

Interpretaciones erróneas, información inexacta y una «metodología de investigación ineficiente» se hallan en la base de las ‘fake news’ sobre la supuesta ‘injerencia rusa’ en el desafío independentista en Cataluña.

Esta es la conclusión a la que ha llegado M.C. McGrath, director de la organización ‘Transparency Toolkit’, en un informe enviado al comité del Parlamento británico sobre ‘noticias falsas’.

En particular, el documento rebate los datos presentados en la sesión del Comité del pasado 19 de diciembre por el director adjunto de El País, David Alandete; Francisco de Borja Lasheras, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores; y Mira Milosevich-Juaristi, del Real Instituto Elcano, que intentaron demostrar que Rusia alentó una campaña de desinformación en redes sociales durante el referendo en Cataluña.

Según el informe, que se encuentra disponible en la página web del Parlamento británico, las conclusiones mostradas por Alandete y compañía fueron «excepcionalmente engañosas», enumerándose las patas cojas de sus respectivas intervenciones: metodología dudosa; análisis sesgado; exageración de la influencia de ‘bots’ y ‘trolls’; conclusiones superfluas de datos «de fuentes cuestionables»; y sobredimensión de la influencia de medios rusos como RT y Sputnik, y del fundador de WikiLeaks, Julian Assange.

«Errores atroces»

«David Alandete, el autor de las historias de El País, cometió errores atroces en su análisis, que resultan en una tergiversación seria», reza el informe de McGrath.

Para ejemplificar la inexactitud de los datos presentados por El País, se cita la afirmación de que el 59% de los perfiles de Twitter que siguen a Assange son falsos. «Esta afirmación es completamente inexacta […] Julian Assange solo comenzó a tuitear el 14 de febrero de 2017, pero los datos de auditoría de Twitter datan del 12 de febrero de 2014, tres años antes de que se tuiteara algo en la cuenta», precisa el informe.

De hecho, una auditoría realizada en noviembre del año pasado con la herramienta TwitterAudit reveló que el 92% de los seguidores de Assange son reales, lo que reduce a apenas un 8% las cuentas falsas, un número «relativamente bajo» si se tiene en cuenta que entre el 9% y el 15% de los perfiles en esa red social son ‘bots’, indica McGrath.

Cuando el mismo análisis recae sobre El País, el número de perfiles falsos se ubica en un 25% de sus seguidores. Sin embargo, aclara el experto, «un alto porcentaje de seguidores falsos no es algo inusual», como tampoco es una señal inequívoca de que una cuenta «está involucrada en una actividad maliciosa».

«En el mejor de los casos, El País interpretó la información de manera errónea y superficial, mostrándose incapaces de realizar análisis precisos, utilizando incluso las herramientas de análisis digital más básicas. En el peor de los casos, usaron información obsoleta y análisis descuidados para engañar a sus lectores», reza el informe.

«Sin comparación»

Más allá de los datos erróneos e interpretaciones inexactas, otro de los vicios que presentan los «análisis» de El País, según el director de ‘Transparency Toolkit’, es «la falta de una metodología rigurosa», ya que muchas de las afirmaciones sobre la divulgación de noticias en Internet se hacen sin citas de estudios que respalden sus suposiciones.

En un artículo de ese medio español llegó a considerarse «sospechoso» que un tuit de Assange sobre Cataluña se propagara rápidamente, lo que fue atribuido a «la intervención de ‘bots'». En este sentido, el especialista aclara que la propagación de un tuit tiene que ver con factores más complejos que las cuentas falsas y que, en el caso de Assange, ese comportamiento no resulta anómalo: «Los tuits más populares de Assange reciben regularmente 3 o 4 millones de impresiones, entre 4 y 6 veces más que el tuit que, según El País, debió haber sido amplificado por ‘bots».

Un análisis más detallado muestra que menos de 8 de cada 1.000 cuentas que vieron el tuit de Assange lo retuitearon. Es más, la mayoría solo le dio ‘me gusta’, un fenómeno poco usual para los ‘bots’. El investigador agrega que la tasa de retuits es proporcional al número de seguidores del fundador de WikiLeaks, que en ese momento tenía alrededor de 374.000.

Análisis sesgado

McGrath también hace énfasis en el sesgo de El País para analizar el comportamiento de los supuestos ‘bots’ y ‘trolls’ que promovían el independentismo catalán, ya que el periódico español no usó el mismo rasero para medir las cuentas falsas que alentaban mensajes en contra de la consulta soberanista.

Uno de los casos emblemáticos es el de la cuenta @marilena_madrid, en la que se tuiteó una información del diario ABC que enfatizaba «la falta de legitimidad de Puigdemont con las instituciones de la Unión Europea». Ese tuit tuvo más de 15.000 retuits y apenas 99 ‘me gusta’, y buena parte de las cuentas que replicaron ese mensaje parecían ser ‘trolls’. ¿El indicio? Tenían nombres de usuarios aleatorios como @M9ycMppdvp5AhJb, @hdLrUNkGitXyghQ y @fQq96ayN3rikTw, y muchas están actualmente suspendidas de Twitter.

Sin embargo, el experto admite que la falta de herramientas para estudiar con rigor la actuación de los ‘bots’ le impide discernir si se trató de una sola persona que orquestó la estrategia, un plan de ABC para ampliar su influencia en redes sociales a través de ‘bots’, o «una campaña de propaganda patrocinada por el Estado».

«Este caso ejemplifica los peligros del análisis unilateral. Para llegar a una evaluación creíble del impacto de los mensajes difundidos por ‘bots’ y ‘trolls’ sospechosos en torno a la crisis de la independencia catalana, los investigadores deben analizar a fondo los mensajes pro-independencia y anticatalanes», continúa el informe.

Exageración y fuentes dudosas

El especialista también cuestiona que las informaciones de Elcano y El País se escandalicen por las «proporciones inusuales» de cuentas que retuitean información de medios como RT y Sputnik, y sugieran que esto es la evidencia de «los intentos de promover la propaganda del Kremlin».

Frente a las informaciones que apuntan a una campaña orquestada, las explicaciones más sencillas son bastante menos espectaculares. Basado en el famoso tuit de Assange sobre Cataluña, McGrath tomó una muestra de 23.418 retuits y observó que el 0,45% de las cuentas eran de Venezuela, y el 2,1% de Rusia, lo que se corresponde a las proporciones de la población mundial: 1,92% de Rusia y 0,42% de Venezuela, según el World Factbook de la CIA. La abrumadora mayoría de los perfiles que replicó el mensaje del fundador de Wikileaks era de EE.UU.

Aunque el investigador reconoce que medios como RT y Sputnik tuvieron altas proporciones de retuits sobre Cataluña en cuentas de Venezuela, especialmente en sus versiones en español, no considera que sean una prueba de los intentos de expandir «propaganda rusa», sino, simplemente, un factor «indicativo del interés general» en ese tema, especialmente después de que el presidente Nicolás Maduro criticara la negativa de España a permitir el referendo soberanista, cuando el gobierno español había sido el principal impulsor de una consulta similar planteada por la oposición venezolana.

Por otro lado, lamentó que El País utilizara Hamilton 68 para sustentar sus reportes, ya que esa herramienta ha sido severamente cuestionada por su «metodología secreta» y la opacidad en su funcionamiento. «Al igual que muchos otros periodistas, Alandete parece haber llegado a conclusiones cuestionables sobre la base de un análisis fortuito de los datos de Hamilton 68», reza el informe.

¿Quién nombra a Assange?

En la comparecencia ante el Parlamento británico, Alandete aseguró que cualquier cosa que digan Assange y Snowden son «una cita y un titular» para RT y Sputnik. Sin embargo, los números que arrojan los análisis de ‘Transparency Toolkit’ dicen lo contrario.

Mediante el uso de Media Cloud se demostró que los medios rusos mencionaron al fundador de WikiLeaks muy pocas veces en sus informaciones sobre Cataluña: de los 596 artículos publicados por RT y Sputnik entre el 1 de septiembre y el 8 de diciembre del año pasado, apenas 17 nombran a Assange, es decir, el 2,85%. Además, la mayoría de las referencias «se centraron en algunos hechos y comentarios aislados».

A modo de comparación, cabe destacar que en ese mismo período El País nombró a Assange en 22 informaciones o, lo que es lo mismo, muchas más veces que Sputnik y RT juntos.

Tras este análisis, McGrath concluye que todas las denuncias sobre ‘fake news’ publicadas en medios deben ser investigadas con más rigor antes de ser publicadas o presentadas ante los cuerpos legislativos porque, de lo contrario, «pueden sacarse conclusiones imprecisas accidentalmente» o servir de sustento para «acusaciones infundadas» con el objetivo de «respaldar argumentos políticos».

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Anexo:

La UE renuncia a legislar sobre noticias falsas y pide «estimular el periodismo de calidad»

Carlos del Castillo – eldiario.es

–Bruselas da la espalda a la idea de promover un mayor control del discurso y propone soluciones colaborativas al problema de la desinformación

–Se compromete a apoyar a los especialistas cazabulos, pide un «Código de prácticas sobre desinformación» a las redes sociales y medidas para favorecer el «ojo crítico»  de los ciudadanos con los contenidos

–Sobre la injerencia extranjera en las elecciones, se limita a pedir a los estados «aumentar la resiliencia» de los procesos electorales

La UE no impulsará ningún tipo de ley o regulación específica sobre noticias falsas o desinformación a nivel comunitario. Lo ha confirmado este jueves la Comisión Europea, que en lugar de ello ha hecho una serie de propuestas basadas en la colaboración entre los diferentes actores afectados para combatir este problema. De esta forma, llama las plataformas digitales a  establecer un «Código de prácticas sobre desinformación», se compromete a trabajar para fortalecer  la red europea de verificadores de noticias o  cazabulos y pide la «alfabetización» de los ciudadanos sobre la realidad del panorama mediático, buscando que se aproximen a él con «ojo crítico».

«La Comisión pide a los Estados miembros aumentar su apoyo al periodismo de calidad para asegurar un entorno mediático plural, diverso y sostenible», reafirma el Ejecutivo comunitario en su comunicado. Sobre la desinformación en periodos electorales, Bruselas se propone «apoyar» a los Estados miembros para «asegurar la resiliencia de las elecciones» y su capacidad para salir airosos de las «cada vez más complejas ciberamenazas».

Hasta tres comisarios (encargados de Mercado Único Digital, de Seguridad y de Economía y Sociedad digitales) se han involucrado en la decisión de promover una salida al problema de la desinformación basada en fortalecer los derechos fundamentales. La UE ha dado la espalda a la posibilidad de promover una mayor regulación de los medios de comunicación o su discurso, posibilidad por la que han abogado determinados sectores políticos y mediáticos españoles y europeos, favorables a aumentar la vigilancia gubernamental sobre las noticias.

Académicos, organizaciones por la libertad de información y asociaciones y sindicatos de periodistas denunciaron los peligros que derivaban de este extremo, al dar pie a establecer una censura del discurso disidente. Este martes, el Washington Post informaba de que ya se han dado varios casos en los que las unidades dedicadas a identificar propaganda rusa de EEUU y la UE han listado como «desinformación» publicaciones que, tras la denuncia de sus respectivos editores, han retirado de la lista alegando que fueron incluidas por «problemas de traducción».

El pasado mes de marzo, el grupo de expertos multidisciplinar convocado por la UE para elaborar un informe que delimitara la amenaza de la desinformación y las posibles respuestas ante ella aconsejó a Bruselas «no legislar en caliente». En el texto con las conclusiones del grupo, en el que participó Maldito Bulo, alertaron de que la desinformación es un proceso complejo que aún no ha sido desentrañado. Por ello, pidieron a las plataformas digitales y redes sociales que compartieran más información sobre cómo ésta se reproduce. A los políticos les aconsejaron no usar el término fake news por la asociación que este produce con el periodismo.

La UE ha seguido estas recomendaciones. Ramus Kleis Nielsen, director del Instituto Reuters de investigación (Universidad de Oxford) y miembro de aquel grupo, ha agradecido a los comisarios su posicionamiento. «Ahora las partes interesadas tienen que dar un paso al frente, y las autoridades públicas, invertir en esfuerzos independientes», ha manifestado.

Con el ojo puesto en las plataformas digitales

«La confianza online es fácil de romper pero difícil de reconstruir», ha manifestado el vicepresidente de la Comisión y encargado de la cartera de Mercado Único Digital, Andrus Ansip. «Las plataformas en línea tienen un papel importante que desempeñar en la lucha contra las campañas de desinformación organizadas por personas y países que pretenden amenazar nuestra democracia», ha aseverado.

En su paquete de medidas, Bruselas ha dado las órdenes más detalladas a las redes sociales. En «Código de prácticas sobre desinformación» les insta a hacer más transparentes sus algoritmos y permitir la fiscalización de su funcionamiento por parte de terceros, estipular métodos para asegurar la transparencia del contenido patrocinado («en particular la propaganda política») o reducir los beneficios que los proveedores de información obtienen a través de sus plataformas.

También las reconoce como vía clave en el proceso informativo. Por ello les solicita que «faciliten a los usuarios el descubrimiento y acceso a nuevas fuentes de noticias que representen puntos de vista alternativos» y que «permitan a los cazabulos, investigadores y autoridades públicas monitorizar la desinformación online». 26/04/2018 –

 

 

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