Europa: El Aquarius toca la puerta

Editorial – La Jornada

La crítica travesía del buque humanitario Aquarius, al que recientemente los gobiernos de Malta e Italia le negaron autorización para atracar, a pesar de que llevaba a bordo a 629 migrantes africanos rescatados en el Mediterráneo y que se encuentran en condiciones deplorables, parece encaminarse a una solución luego de que el nuevo gobierno español, que encabeza Pedro Sánchez, ordenó a las autoridades portuarias de Valencia que permitan el arribo de la embarcación.

Si no surgen nuevos contratiempos, el próximo fin de semana el barco, operado por la organización no gubernamental Médicos Sin Fronteras, llegará a tierras de España, en donde se decidirá, caso por caso, si ese país acepta a los pasajeros en condición de refugiados.

El episodio ha puesto en evidencia la brutalidad xenofóbica de las autoridades maltesas e italianas, las cuales hicieron caso omiso de la difícil circunstancia en la que se encuentra el barco, sin víveres suficientes para alimentar a sus pasajeros, muchos de los cuales fueron previamente rescatados de naufragios, y entre los cuales hay siete mujeres embarazadas, 129 menores de edad no acompañados y 12 niños pequeños.

Adicionalmente, el caso ha detonado una crisis en el seno de la Unión Europea por la falta de consensos entre sus gobiernos integrantes acerca de las estrategias ante el masivo flujo migratorio procedente de África y Medio Oriente. La situación del Aquarius derivó incluso en un fuerte encontronazo diplomático entre París y Roma. Ante la negativa del gobierno italiano de permitir el ingreso de la embarcación, el presidente francés, Emmanuel Macron, acusó a las autoridades del país vecino de cinismo y falta de responsabilidad, en tanto que el líder de la organización política gobernante La República en Marcha, Gabriel Attal, calificó de repugnante la postura italiana. El asunto provocó incluso la suspensión de un encuentro bilateral de ministros.

Más allá de esa confrontación, es claro que el arribo al poder de coaliciones con componentes de ultraderecha en varios países –la misma Italia, para empezar– ha deteriorado notablemente la de por sí restrictiva política europea de asilo a refugiados.

El año pasado unos 172 mil llegaron a naciones integrantes de la UE, una cifra minúscula si se le compara con los casi cuatro millones de desplazados que se encuentran en Turquía y el millón y medio de sirios que han buscado refugio en Líbano. Por otra parte, es innegable la responsabilidad que diversos gobiernos de Europa occidental (Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania) han tenido en la gestación de conflictos como los de Afganistán, Libia y Siria, los cuales han provocado el desplazamiento de poblaciones enteras y han convertido en masivo el éxodo de personas del norte de África hacia las costas europeas a través del Mediterráneo. Es inadmisible que ahora las autoridades del Viejo Continente pretendan recibir a cuentagotas a los desplazados o, peor aún, que pretendan dejarlos abandonados en alta mar. En ese contexto, el gesto del nuevo gobierno español ante el drama del Aquarius marca un referente positivo que debiera ser replicado por los otros países europeos. 14.06.18

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Anexo:

El ‘Aquarius’ y la izquierda

Jorge Galindo –El País

El Ejecutivo de Pedro Sánchez se enfrenta a la pregunta de qué es y qué puede ser la izquierda hoy día

En cuestiones relacionadas con la migración, los partidos socialdemócratas se enfrentan a un dilema en el que la que sería su posición ideológica natural choca con las percepciones de su base tradicional de votantes. La izquierda internacionalista está, en teoría, a favor de las fronteras abiertas y de la solidaridad entre trabajadores. Pero la llegada de migrantes suele provocar un mayor rechazo entre los segmentos de población de más edad, así como entre la clase obrera nativa.

Para el PSOE, por ejemplo, estos electorados son hoy claves. No es de extrañar, por tanto, que el porcentaje de votantes socialistas que considera “excesivo” el número de inmigrantes en España sea del 29%, mientras que entre los de Unidos Podemos no alcanzan ni el 14%: votantes más jóvenes, más urbanos, de mayor poder adquisitivo. Y son el doble los morados a favor de acoger solicitantes de asilo sin restricción alguna: 33% frente al 15% socialista.

Teniendo en cuenta este dilema, hay dos maneras de leer la decisión del Gobierno de Sánchez de acoger a los rescatados por el Aquarius. La lectura moral es que ha hecho lo que consideraba correcto a pesar de sus costes electorales. La estratégica indica que dichos costes también tendrán su contrapartida positiva entre votantes de izquierdas que una vez se fueron hacia Podemos.

Aunque estas dos visiones parezcan excluyentes entre sí, la verdad es que no tienen por qué serlo. La socialdemocracia nació como una herramienta, un pegamento que permitiría a la izquierda ganar elecciones. Una de las cuestiones fundamentales de nuestro tiempo es si ese pegamento aún funciona o ya no sirve. Si un partido puede reconstruir una coalición de profesores, obreras, becarios y jubiladas a base de combinar apertura (de fronteras, mentes, mercados) y redistribución. O si, por el contrario, debe escoger entre lo uno y lo otro.

El Ejecutivo de Pedro Sánchez, como todos los demás Gobiernos socialdemócratas europeos, se enfrenta en definitiva a la pregunta de qué es y qué puede ser la izquierda hoy día. La acogida de los emigrantes del Aquarius es solo una primera prueba de las muchas que vendrán.14.06.18

 

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