General

La xenofobia envenena a Europa

Jun 26 2018

Por Diego López Garrido*

España debe volver al liderazgo de la UE y apoyar políticas de solidaridad bien dotadas

El miedo al diferente (y al pobre) ha prendido desafortunadamente en muchos ciudadanos y ciudadanas europeos, alimentado por partidos directa y simultáneamente nacionalistas, xenófobos y antieuropeos. Los vemos a lo largo y a lo ancho de la Unión. En países tan relevantes como Italia, Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia o Austria. Precisamente cuando el aumento significativo de inmigración hacia Europa que se produjo en 2015 ha decrecido de modo ostensible. Pero únicamente puede resolverse esta crisis política si hay una solución europea. Es el desafío que tiene el Consejo del 28 y 29 de junio.

A nuestro juicio, no habrá solución si las decisiones no se apoyan en los valores que se proclaman en los Tratados: respeto a la dignidad y los derechos humanos de todas las personas, derechos de las minorías, no discriminación y tolerancia. Valores y principios que los 28 Estados miembros se han comprometido a sostener y cumplir. El Consejo Europeo tiene que dejar claro que pondrá todos los medios personales y materiales para impedir que miles de seres humanos mueran en el Mare Nostrum (cerca de mil en lo que va de año).

Hay formas de proteger los derechos de quienes se encaminan a Europa desde África o desde Oriente Próximo, y evitar los riesgos de abusos, violaciones y vejaciones —sobre todo a niños y mujeres— a manos de las mafias dueñas de los itinerarios migratorios, particularmente en el Mediterráneo. Es lo que las ONG llaman vías legales y seguras, es decir, visados humanitarios, o visados que se puedan dar en los consulados en los países de origen o de tránsito, como así se prevé en nuestra Ley de Asilo.

No habrá solución si las decisiones no se apoyan en los valores que se proclaman en los Tratados

Es un método mucho más adecuado que la última idea surgida del entorno del Consejo, que consiste en crear “plataformas regionales de desembarco” o campamentos de identificación a situar en países terceros —no se sabe cuáles— para conseguir que los inmigrantes no lleguen a tocar las fronteras europeas. Se emula así a EE UU. Es la externalización del asilo y el subarriendo de fronteras y de campos de refugiados; lo que se inició con Turquía, un país no seguro para estos. Lo han criticado las ONG que trabajan en este ámbito (CEAR en España). Es una fórmula que no soluciona nada y que daría más espacio a las mafias de la explotación.

Un valor nuclear de la Unión, sin el cual no se hubiera construido, es la solidaridad. Los inmigrantes no llegan solo a un país europeo; llegan a la frontera exterior de la Unión. La solidaridad es la base de la necesaria reubicación de inmigrantes y solicitantes de asilo, para aligerar la carga de países como España, Italia, Grecia o incluso Alemania. Y es también la base de las necesarias cuotas de reasentamiento de centenares de miles hacinados en campos de refugiados, que se parecen bastante a campos de concentración, en Jordania, Líbano, Túnez o Turquía. Es asimismo la solidaridad lo que debe llevar a aceptar una reasignación de la responsabilidad de examinar y tramitar las solicitudes de asilo que ahora recaen prioritariamente en los Estados del sur de Europa. Habría que acordar en el Consejo Europeo este principio cuando la carga de un Estado llegara a un cierto límite difícil de asumir.

Por último, los acuerdos del Consejo no serán creíbles sin fondos suficientes. La Comisión ha propuesto una subida importante hasta los 34.900 millones de euros. Pero está desequilibrada. Tres cuartas partes van dirigidas a políticas de seguridad y retornos, y solo una cuarta parte a acogida y protección. El Consejo Europeo debería equilibrarlo.

Desearíamos que estas propuestas fueran sustentadas por el Gobierno español en Bruselas. Es un momento adecuado, más que nunca, para que España —después de la justa y acertada decisión sobre el Aquarius— entre con fuerza en el liderazgo de la Unión. España debe aprovechar el Brexit y la euroescéptica política de Italia para volver a formar parte del grupo de grandes países dirigentes de la Unión. Qué mejor oportunidad que una coyuntura en la que la Unión se juega su propia supervivencia y su esencia de líder mundial de los derechos, del Estado de derecho y de la democracia, frente al venenoso virus de la xenofobia y del racismo que está contaminando a Europa y a su proyecto de convivencia.

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* Diego López Garrido es presidente del Consejo de Asuntos Europeos de la Fundación Alternativas. En sección Tribuna, de El País, 26.06.18

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Anexo:

El sur de Europa liderará el diálogo con los países de origen de los inmigrantes

Javier Casqueiro / Ana Carbajosa – El País

Merkel apoya que España y las naciones más afectadas por esta crisis migratoria encabecen las negociaciones y reciban más ayuda europea

La respuesta europea ante la nueva crisis migratoria se va perfilando con más detalles y propuestas en vísperas de la relevante reunión del Consejo Europeo que se celebrará este jueves y viernes en Bruselas. La canciller alemana Angela Merkel ha respaldado este martes en Berlín, tras un desayuno de trabajo con el presidente español, Pedro Sánchez, que los países más experimentados y con más conocimiento y tradición a la hora de negociar acuerdos con las naciones de origen de los inmigrantes que llegan a Europa sean los que establezcan esos contactos pero en nombre de toda la Unión Europea. Y también ha afirmado que apoya que ahora España reciba más ayudas de la UE para encarar la oleada actual de inmigración como antes se le facilitó a Grecia.

A cambio, Sánchez se ha mostrado dispuesto a apoyar a Merkel en su lucha contra los movimientos de refugiados dentro de la UE. El Gobierno de Berlín se tambalea debido a las diferencias entre los socios del Ejecutivo sobre cómo atajar la llegada a Alemania de demandantes de asilo de otros países de la Unión. Madrid y Berlín concretarán «en los proximos días» su cooperación en el terreno de las llamadas «migraciones secundarias».

El presidente Pedro Sánchez ha mostrado en Berlín su apoyo al acuerdo que Berlín y París alcanzaron hace una semana en el palacio de Meseberg, cerca de la capital alemana. En él los líderes europeos acordaron la creación de un presupuesto europeo así como avanzar en la llamada unión bancaria. Ambas medidas aspiran a reforzar al zona euro ante posibles crisis venideras. “Apoyamos de manera entusiasta el acuerdo de Meseberg”, ha dicho Sánchez. “Hay que reconocer el paso adelante que han dado el Gobierno alemán y el francés en la integración económica”, ha añadido.

Preguntado por el Lifeline, el barco de una ONG alemana y de bandera holandesa que se encuentra desde el pasado jueves en el Mediterráneo central a la deriva y con 230 migrantes a bordo, Sánchez ha defendido que debe encontrarse una solución común europea. A diferencia de lo sucedido con el Aquarius, España no se ha ofrecido ahora para acoger el navío que se encuentra en las proximidades de Malta. “España es un país solidario, pero lo importante es encontrar una respuesta común europea a un desafío común”, ha dicho Sánchez.

Tanto Merkel como Sánchez están viviendo de manera intensa, en sus países y en el conjunto de la UE, las consecuencias de esta nueva afluencia masiva de inmigrantes a las costas europeas. Este primer encuentro bilateral, en el que Merkel ha otorgado a Sánchez todos los honores de la primera visita de un mandatario extranjero, se ha concentrado sobre todo en buscar salidas urgentes a este callejón migratorio del que Europa en su conjunto no parece saber cómo salir. Merkel y el presidente francés, Enmanuel Macron, concertaron la semana pasada algunas ideas como la de los centros cerrados o controlados en territorio europeo que luego Sánchez suscribió el sábado en París. Pero sobre todo el objetivo es fijar una respuesta conjunta y con una «dimensión exterior europea» a este gran desafío. Tras verse con Merkel durante una hora, Sánchez ha recordado que España es un país fronterizo que está recibiendo un 64% más de inmigrantes que en 2017 y que ya entonces acogió un 100% más que en 2016. Y lo hizo para subrayar que desde su llegada a La Moncloa, hace apenas dos semanas y en especial tras la actuación de rescate del buque Aquarius, «España está arrimando el hombro, ayudando, siendo responsable y sin levantar la voz, ni elevar ningún decibelio y con enormes dosis de responsabilidad». El dirigente español no ha mencionado a Italia ni a su presidente o ministro del Interior, que tantos problemas está poniendo para concertar una salida conjunta a esta crisis, pero la alusión ha resultado bastante evidente.

El presidente Sánchez ha usado así el precedente del Aquarius y el comportamiento de España para destacar que acudirá a la cumbre europea de Bruselas «con una actitud constructiva, integradora y propositiva conscientes de que la única manera de responder de forma eficaz es con una respuesta común de la Unión Europea».

Merkel ha recogido las cifras del problema de las llegadas de inmigrantes ahora para España aportadas por Sánchez para señalar que desde Europa se tiene que establecer contactos con países como Libia, Marruecos y Senegal, como territorios de origen de esas salidas, «para repartirnos la responsa bilidad entre los jefes de Estado». Y fue ahí cuando ha anticipado la idea de que esas conversaciones se tienen que especializar para que las establezcan los jefes de Gobierno europeos, dijo uno o dos, «en nombre de los demás colegas de la Unión Europea».

Sánchez ha recogido esa oferta de Merkel de reforzar más el diálogo existente entre algunas naciones ribereñas europeas con esos países de origen, algo que España ha puesto en práctica hace años con Marruecos, Mauritania y Senegal, y ha explicado que ahora se tendría que aplicar por parte de los que «tradicionalmente han tenido una relación más fluida y de conocimiento de los problemas»,  ha añadido que le parecía una idea «extraordinaria». Y se ofreció a «liderar» ese diálogo en representación de toda la UE.

La visita de Sánchez se produce en un momento de alta tensión en la política interna alemana. La coalición de Gobierno de Merkel amenaza con partirse como consecuencia del pulso migratorio que la CSU, el partido aliado bávaro, ha lanzado contra la canciller alemana. Horst Seehofer, ministro de Interior, Construcción y Patria y líder de la CSU, amenaza con cerrar las fronteras a partir del próximo fin de semana si la canciller no logra hasta entonces dar con una solución europea para reducir al legada de demandantes de asilo a Alemania.

Ante la escasa probabilidad de que los Estados miembros alcancen un acuerdo migratorio en el consejo europeo del próximo jueves y viernes en Bruselas, Merkel trata de tejer antes pactos bilaterales con los socios europeos. Esos pactos permitirían a Berlín enviar de vuelta refugiados que hubieran solicitado asilo en otro país de la UE, en cumplimiento del reglamento de Dublín.

“En cuanto a la migración interior [los movimientos de extranjeros dentro de la UE], España es muy consciente del debate en la sociedad alemana”, ha dicho Sánchez en alusión a la necesidad de Merkel de tener que ofrecer pactos migratorios tangibles a sus socios bávaros. “Hemos hablado de movimientos secundarios y trabajaremos con la canciller y el Gobierno alemán en este asunto”, detallo Sánchez. “Vamos a concretar la Alemania ha recibido cerca de un millón y medio de solicitudes de asilo desde 2015, cuando se produjo el pico de llegadas. Muchos de esos refugiados llegan a Alemania después de haber solicitado asilo en otro país de la UE. El año pasado, el Gobierno solicitó el regreso de hasta 64.000 demandantes de asilo a otros países de la UE. La amenaza de Seehofer consiste en impedir el paso en la frontera a aquellas personas que hubieran solicitado asilo en otro país europeo; una medida que violaría la legislación internacional y que la canciller aspira a reemplazar por acuerdos bilaterales, trilaterales y multilaterales.cooperación en los próximos días”, ha adelantado la canciller.

 

 

 

 

 

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