Inquietante deriva austriaca


Editorial – El País

Viena se ha sumado al frente de mano dura contra la inmigración y propone externalizar las peticiones de asilo

El Ejecutivo conservador de Austria, que gobierna en coalición con la ultraderecha, se ha sumado al frente europeo de la política de mano dura contra la inmigración y el asilo. La crisis abierta en la UE por esta cuestión a raíz de los cambios registrados en Alemania e Italia ha sido recibida en Viena como un espaldarazo a su restrictiva, insolidaria y antieuropea visión del fenómeno.

Días antes del Consejo Europeo de finales de junio, los ministros del Interior de Italia, Alemania y Austria coordinaron su acción. Poco después, Viena, presidenta de turno de la UE, daba su apoyo a las intransigentes posiciones del grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia). El resultado es que Austria, veterano y rico miembro de la Unión, amenaza con colaborar activamente en el entierro de principios fundamentales de la UE y en dinamitar el espacio Schengen. La decisión alemana de controlar su frontera sur permite a Viena, ha dicho el canciller, Sebastian Kurz, “tomar medidas para evitar consecuencias negativas para Austria y para su gente”. Kurz propone a sus socios europeos deslocalizar de la Unión toda petición de asilo y ha alertado de la ideología liberticida y violenta a la que son sensibles, afirma, muchos extranjeros.

El país que acogió con los brazos abiertos a miles de refugiados sirios en 2015 ha dado un giro radical que preocupa hondamente en Bruselas e inquieta incluso en el Partido Popular Europeo, al que pertenece Kurz. Pero lo cierto es que la deriva austriaca se produce en una Europa mucho más tolerante que hace un par de décadas con la xenofobia y los ataques a los derechos humanos. Entonces, la mera posibilidad de que el ultraderechista Partido de la Libertad (FPÖ) de Jörg Haider entrase en el Gobierno motivó sanciones diplomáticas contra Austria. Hoy, esa misma formación está en el poder aplicando sus inaceptables criterios.

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Cómo vencer al populismo

Xavier Vidal-FolchEl País

Los Gobiernos ultras son minoría en la UE, si bien ruidosa y peligrosa

Políticos e intelectuales lloran como plañideras ante el ascenso e impacto del populismo en Europa. Deberían afinar el diagnóstico, perimetrar el fenómeno. Y explorar recetas contra el mal.

EE UU consagró el populismo al elegir contra pronóstico a Donald Trump (noviembre 2016). Las distintas elecciones europeas derrotan desde entonces a sus secuaces (si no estaban ya en el poder, como en Hungría o la presidencia checa) rebajando sus esplendorosas expectativas demoscópicas: salvo en Italia. Perdieron en Austria (presidenciales), en Holanda, en Francia, en Alemania.

Así que los Gobiernos ultras son minoría en la UE, si bien ruidosa y peligrosa. Tan o más insidioso es el entreno que han adquirido en condicionar a los Ejecutivos convencionales. A través de una perseverante penetración por los intersticios de la gobernanza regional (Lombardía, Flandes, Baviera).

O por vía directa enroscándose al cuello de la democracia cristiana templada: se dejó asfixiar el (ya dispuesto) petimetre austriaco en las legislativas de octubre; lo ha cortocircuitado, por ahora, la canciller alemana ante el acoso bávaro.

La eficacia del veneno del nuevo populismo es enraizar su técnica de respuestas fáciles (e idiotas) en el viejo odre del nacionalismo tribal: así en el Este como en las viejas e inquietantes cervecerías de Múnich. Lo peor ama lo peor.

Pero no está escrito que los antisistema deban triunfar aunque a la derecha le tiemblen las piernas y a la socialdemocracia le falte riego sanguíneo.

Hay recetas capaces de parar a la ultraderecha y reducir su relevancia. Donde los demócratas se han agrupado, explícitamente (gran coalición alemana) o en sordina (Holanda) dificultan su ascenso. Donde los líderes han hecho campaña europeísta —el presidente austriaco Alexander Van der Bellen, el francés Emmanuel Macron— se imponen: “Se puede ganar con un mensaje proeuropeo”, entonó el primero al vencer a las encuestas.

Donde el centroderecha blinda su perfil liberal y encapsula el contagioso virus de la ultraderecha, le raciona el oxígeno (media Escandinavia). Donde la ciudadanía presiona por mejores y más rápidas respuestas domésticas y europeas a los problemas existentes (Portugal), el ultrismo o capota o no llega a comparecer.