Trump fuerza una reunión extraordinaria de la OTAN con nuevos ataques a sus aliados


Lucía Abellán y  Miguel González – El País

El líder estadounidense reprocha a Alemania y a España que no gasten lo suficiente

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha alterado la agenda de la cumbre de la OTAN este jueves para volver a lanzar reproches a sus aliados por lo que entiende como gasto militar insuficiente. Trump ha interrumpido una reunión que celebraban los 29 jefes de Estado y de Gobierno aliados con Ucrania y Georgia para retomar el único asunto que merece su atención en la Alianza: la inversión en defensa. El líder norteamericano ha interpelado directamente a la canciller alemana, Angela Merkel —se dirigía a ella como “tú, Angela”— y ha mencionado también a otros países, entre ellos España, Francia y Bélgica, según explican fuentes diplomáticas.

Los aliados estaban gratamente sorprendidos de que la cena del miércoles por la noche hubiese transcurrido con mucha más armonía de lo esperado. El magnate estadounidense se comportó, con mensajes relativamente sobrios y explicaciones sobre sus tratos con Corea del Norte. Pero con la llegada de la segunda sesión de la cumbre, casi íntegramente dedicada a las relaciones con los socios de la Alianza, Trump ha vuelto a su papel de agitador.

Después de que Merkel y el presidente francés, Emmanuel Macron, hubiesen intervenido ya para hablar del asunto sobre la mesa, la relación con Ucrania y Georgia, el magnate estadounidense ha empleado su turno para retomar el asunto del gasto. Los ataques contra sus aliados han durado aproximadamente 20 minutos. Pero cuando el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha comprobado que el debate se deslizaba por esa pendiente, completamente ajena a la agenda de hoy, ha pedido a ucranios y georgianos que abandonasen la sala y se han quedado solos los mandatarios aliados, con algún otro alto cargo (en el caso español ha sido la ministra de Defensa, Margarita Robles).

Quien sí ha podido responder al líder estadounidense ha sido el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que ha optado por un tono más conciliador que el de Trump, según las fuentes consultadas. Sánchez ha argumentado que España cumple sus compromisos con la Alianza en las tres vertientes: dinero, equipos militares y contribución a misiones.

Tras toda la arenga antigermana, el presidente ha acabado acercándose a Merkel a darle un beso. La actitud del líder estadounidense desconcierta enormemente a las autoridades alemanas, que optan por no entrar en la despectiva retórica trumpiana.

Antes incluso de que concluyera la cumbre, el dirigente norteamericano ha comparecido ante la prensa para ofrecer su particular visión de estos encuentros, “dos días realmente increíbles” tras los cuales “la OTAN es una máquina puesta a punto en la que la gente paga más que nunca”. Trump ha asegurado que los aliados se habían comprometido a respetar el 2% del PIB dedicado a gasto militar al que prometieron tender en 2024 y que, “en última instancia, el 4% será la cifra correcta”. Tanto Stoltenberg como el resto de líderes han evitado hacer suya esta cifra, que Trump ha presentado como compromiso de futuro.

Pérdidas y ganancias

Más allá de esa concreción, Trump se ha enredado en la cuenta de pérdidas y ganancias que tanto cultiva. “La OTAN ayuda más a Europa que a Estados Unidos, pero también es útil para nosotros”, ha declarado, una afirmación que echa por tierra toda la relación trasatlántica construida tras la Segunda Guerra Mundial. Y como si aún representara intereses empresariales, se ha permitido decir que “Estados Unidos fabrica de largo los mejores equipos militares del mundo”.

Preguntado sobre si había amenazado con retirar a Estados Unidos de la organización, ha preferido coquetear con el equívoco: “Seguramente podría hacerlo, pero es innecesario. Porque la gente [por los gobernantes] se ha comprometido hoy más que nunca. Stoltenberg me lo ha agradecido y todos los que estaban en la habitación también”. Con mensajes que mezclaban continuamente lo cómico y lo grotesco, Trump ha llegado a felicitar a Stoltenberg “por su fantástico trabajo” y ha añadido: “Ahora acabamos de darle una extensión de su contrato”.

El responsable de la OTAN ha acabado defendiendo que la organización ha ganado fuerza y unidad tras estas discusiones. Sin negar la confrontación que ha planteado Washington, Stoltenberg ha tratado de buscar el ángulo positivo: “Esta discusión abierta, y el mensaje tan claro de Trump, están teniendo un impacto”. El ex primer ministro noruego se refería al aumento del gasto militar que han aplicado los países europeos en los últimos años para aproximarse al 2%.

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Atila americano

Lluís Bassets*

A Donald Trump no le importa Europa. Solo quiere hacer con ella lo que hace con todos

Atila esta vez no viene de Oriente sino que acaba de cruzar el Atlántico. A Donald Trump no le importa Europa. Solo quiere hacer con ella lo que hace con todos: explotar sus debilidades, dividirla, acosarla y al final obligarla a negociar en inferioridad de condiciones o quién sabe si entregarla a Vladímir Putin.

Su viaje de siete días, que empezó ayer en Bruselas y culminará en Helsinki el 16 de julio, tras su encuentro cara a cara y sin testigos con el presidente ruso, ha empezado como no podía ser de otra forma: con una desabrida muestra de mala educación y peor diplomacia dirigida a humillar a Alemania y a su canciller, Angela Merkel.

Cuando la metáfora es un patio de colegio, estamos ante un abusón; si es un barrio de Queens, un gánster inmobiliario. Trump no tiene principios, solo fines, idénticos a su provecho personal. Si señala una debilidad es porque quiere sacar partido de ella. Todas sus observaciones responden a esa técnica acosadora.

Lo que Trump no soporta de Alemania, según sus palabras, es su superávit comercial, su hegemonía reticente en Europa y su contención del gasto militar. De ahí su guerra comercial, su exigencia de mayor presupuesto en defensa y sobre todo de mayores inversiones en armamento de fabricación estadounidense.

No dice, sin embargo, lo que sus colaboradores militares y diplomáticos no le dejan decir, como es su desinterés por la seguridad de los europeos, sus ansias por desactivar la Alianza Atlántica y su propensión a negociar directamente con Putin de los asuntos continentales. De poder a poder, de igual a igual, en un buen trato meramente circunstancial entre abusadores.

Estados Unidos no ha desconectado de Europa. Ni su comunidad militar, ni la diplomática, ni la de inteligencia han dejado de sentirse comprometidas con la alianza más longeva y exitosa de la historia, que ha fabricado paz y estabilidad en ambos lados del Atlántico en los últimos 70 años. Pero sí ha desconectado su presidente, que nada comparte de los valores, los intereses de seguridad, el sentido histórico y los usos y costumbres de la Alianza.

No está en el diccionario trumpista la palabra solidaridad, fundamental en el ideario de la Alianza e inscrita en el artículo cinco sobre la obligación de defensa mutua. Tampoco está la palabra historia, tan seria e incluso trágica tratándose de Europa, a pesar de los 70 años de relaciones transatlánticas, en quien solo entiende de la dominación del presente y no siente responsabilidad alguna respecto al futuro.

Trump solo entiende de relaciones de fuerza, que despliega en un trato bilateral entre naciones, en el que cuenta con la ventaja de la primera superpotencia. No hay multilateralismo ni alianzas estables. Entregar la seguridad del vecino si este no admite el trato comercial que le propone le parece lo más natural del mundo.

Lo peor no es cómo ha empezado el periplo europeo del Atila americano, sino que termine en Helsinki haciendo la paz aparte con Putin.

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* Director adjunto de El País al cargo de la edición de Cataluña.

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