General

Con el papa Francisco

Ago 29 2018

Jorge Bezares* – Público.es 

No soy creyente, pero creo en el papa Francisco.  De entrada, su llegada a Roma supuso una inyección de aire fresco a toda presión en la cara de una Iglesia putrefacta y condenada por miles y miles de casos de pedofilia.

Desde que llegó al puesto de San Pedro, Francisco condenó por activa y por pasiva los numerosísimos casos de pederastia que han afectado a eclesiásticos y a algunos altos jerarcas de la Iglesia. Para muchos cristianos protagonizó desde el principio una auténtica cruzada contra la inmundicia que corroía los cimientos de su cofradía.

Sin embargo, ahora le acusan de haber ocultado durante demasiados años esas violaciones sistemáticas. La jerarquía más conservadora, que ha sido la que más ha tapado y participado en esos casos de máxima degradación humana, ha pedido de inmediato su dimisión.

La acusación partió del arzobispo Carlo Maria Vigano, exembajador del Vaticano en Estados Unidos, que imputó el sábado 25 de agosto del 2018 en una carta dirigida directamente al Papa de haber anulado las sanciones contra el cardenal estadounidense Theodore McCarrick, pese a las acusaciones de “comportamiento gravemente inmoral” contra él.

Curiosamente, la misiva, de 11 páginas, fue expuesta de manera simultánea el sábado en varias publicaciones católicas estadounidenses de tendencia tradicionalista o ultraconservadora, así como por un diario italiano de derecha recalcitrante.

Juan Arias, veterano periodista experto en asuntos del Vaticano, recordaba hace unos días en un artículo en El País que los cardenales de la curia sólo habían pedido antes la dimisión de Juan XXIII, a quien tacharon de loco cuando anunció el Concilio Vaticano II. 

¿Qué tenían en común Roncalli y Bergoglio?

Pues que eran más sacerdotes que Papas. El italiano no se cansó de reivindicarse como cura de pueblo, y el argentino, en un gesto que le honra, renunció al lujoso Apartamento Pontificio y se hospedó en el hotel Domus de Santa Marta, un guiño a la Iglesia de los pobres y a las bases eclesiásticas.

Pero sobre todo eran reformistas. Juan XXIII impulsó Vaticano II, -completado por Pablo VI-, una auténtica revolución de una Iglesia anclada en Trento, y Francisco I, fiel seguidor de aquellas reformas de Rocalli y Montini, tiene ahora la responsabilidad histórica de acometer una especie de Vaticano III, que, tal como dice Arias, remueva los cimientos de la Iglesia y quiebre las piernas de la curia más conservadora.

Para ello, propone un ambicioso menú reformista: “la abolición del celibato obligatorio, la apertura de la mujer al poder de la Iglesia, así como a los laicos”. Y todo lo que sirva para deshacerse y romper el esquema rancio de la curia, que añora a un Papa purpurado y bajo palio.

Yo me conformaría con algo más sencillo y simple, con una medida higiénica de salud pública, que el Papa recomendara (incluso que impusiera como un nuevo mandamiento) el uso de los preservativos y que el Vaticano los regalara a millones por los países más pobres.

Nada más que con eso la Iglesia conseguiría el perdón divino después de tantos y tantos pecados y dejaría de parecerse al Infierno en la Tierra que los pedófilos con alzacuellos crearon para vergüenza de los descendientes de Adán y Eva.

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*Periodista político y presidente de la Junta Rectora del Parque Natural Los Alcornocales.

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Por qué los ultracatólicos arremeten contra el papa Francisco ¿un intento de golpe? 

Ricardo Carnevali * 

Los ultracatólicos aprovechan los casos de pederastia en la Iglesia para arremeter contra el Papa Francisco:  la carta del ex nuncio ven aticano en Estados Unidos, el conservador arzobispo Carlo Maria Viganò, quien lo acusa de encubrir abusos sexuales cometidos por un cardenal estadounidense, se convirtió en una bomba contra el Pontífice y su mandato.

Es un ataque orquestado y coordinado contra el papa Francisco, señaló un editorial en el National Catholic Reporter (NCR), semanario católico estadunidense. Un golpe está en marcha y si los obispos estadounidenses no defienden en bloque al Papa en las próximas 24 horas, hay riesgo de un cisma, advierte el editorialista, Michael Sean Winters. Los enemigos de Francisco le han declarado la guerra.

Esta acusación de encubrimiento de abusos sexuales viene acompañada de un movimiento organizado y poderoso en los sectores más conservadores de Estados Unidos, que ven en este Papa la fuente de todos los males para la Iglesia y una pérdida de las esencias del Cristianismo. Por ello, no es de extrañar que buena parte de los 11 folios de la carta de Viganò se dediquen a la denuncia de un ‘lobby gay’ en el Vaticano, que estaría detrás de las supuestas aperturas de la Iglesia a los gays, los divorciados vueltos a casar, los distintos tipos de familia o la acogida a los refugiados.

La operación fue montada por el ex embajador del Vaticano en Washington, una figura oscura, un mentiroso, ambicioso e intrigante, acusó, al recordar que no recibió el título cardenalicio y ha perdido su elegante residencia dentro del Vaticano. Un amargo ex empleado que no logró la carrera soñada, recuerda NCR, que suele elogiar las posiciones progresistas del Papa en temas como divorcio y homosexualidad.

Es una dura andanada al centro del poder vaticano en un momento especialmente delicado, tras las revelaciones de los escalofriantes casos de Pensilvania, durante la visita papal a Irlanda y justo antes de que tuviera lugar la tradicional rueda de prensa en el vuelo de vuelta. “No diré una sola palabra; la carta habla por sí misma”, se limitó a decir Bergoglio a las preguntas concretas de los periodistas.

Las acusaciones –o las fake news- de Viganò, que tienen detrás al mismo lobby ultracatólico que financió buena parte de la campaña electoral de Donald Trump, y que en Italia defiende las políticas antiinmigración del italiano Salvini, se van desinflando sin necesidad de que Francisco, como anunció en el vuelo papal, tenga necesidad de decir una sola palabra.

Detrás de la carta de Viganò están los grupos ultraconservadores que achacan a Bergoglio haber sacado del debate central el aborto, la eutanasia o las relaciones sexuales, obsesiones durante las últimas décadas, especialmente entre los católicos estadounidenses y el Opus Dei, con un paralelismo evidente a lo que sucede entre los grupos tradicionalistas italianos y españoles.

Desde entonces, Viganò forma parte del selecto grupo de cardenales y obispos de la Curia (junto a  Carlo Cafarra, Joaquin Meisner, Walter Bradmüller y Raymond Burke, y el exprefecto de Doctrina de la Fe, el cardenal Müller) que han pasado de la crítica silenciosa a la oposición abierta a Francisco.

Además de Daniel N. DiNardo, arzobispo de Galveston-Houston y presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, varios cardenales estadounidenses han desmentido tajantemente el contenido del ‘Yo acuso’ de Viganò. Uno de los principales afectados es el cardenal de Washington, Donald Wuerl, de quien el ex nuncio asegura que informó en persona de las sanciones que Benedicto XVI habría impuesto sobre McCarrick y de las que nadie tiene constancia. Lo cierto es que el excardenal siguió celebrando misas en público, incluso con el propio Ratzinger.

En un comunicado, la Archidiócesis de Washington desmiente con rotundidad a Viganò, afirmando que éste “nunca proporcionó al cardenal Wuerl ninguna información sobre el alegado documento del papa Benedicto XVI [predecesor del actual] acerca de unas directivas de Roma sobre el (ex)arzobispo McCarrick”. La diócesis también subrayó que Viganò no tiene “ninguna prueba verificable” contra él. Asimismo explicó que nadie se ha presentado nunca ante el arzobispo como víctima de los abusos de McCarrick.

La Iglesia latinoamericana, reunida el último fin de semana en Medellín para celebrar los 50 años de un congreso que proclamó la Teología de la Liberación en el continente, mostró su apoyo al Papa “por su servicio abnegado a la Iglesia y por su testimonio”, lamentando que Bergoglio está siendo atacado “de una manera vergonzosa”.

“El pontificado de Francisco está cargado de espinas y sacrificios fortalecido con el bálsamo de la gracia”, destacó el cardenal de Bogotá y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano, Rubén Salazar, quien denunció que los ultracatólicos “si en el pasado atacaban a la institución, hoy atacan a la persona”.

Para Nicolas Senèze, del diario católico francés La Croix, se ha pasado a un nivel más alto. Para algunos Francisco es peligroso para la misma Iglesia, comentó. En Italia, el sitio especializado Il Sismografo, que hace reseñas de prensa mundial sobre las noticias de la Iglesia, sostiene que se trata más bien de una venganza personal.

Por su parte, el Vaticano retiró la referencia a recurrir a la siquiatría cuando un padre confirme tendencias  homosexuales en un hijo, de las declaraciones hechas por el papa Francisco la víspera, en el avión que lo llevaba a Roma tras visitar Irlanda. La palabra fue retirada de la versión oficial de la conferencia de prensa dada a bordo del avión para no alterar el pensamiento del Papa, explicó un portavoz del Vaticano.

Debido a esas declaraciones, asociaciones lésbico-gay, bisexuales y transexuales (LGTB) francesas denunciaron este lunes que se trataba de palabras irresponsables del pontífice al tratar la homosexualidad como si fuera una enfermedad.

Los medios hegemónicos y las fuerzas ultraconservadoras y oscurantistas de la Iglesia Católica arremeten contra el papado de Francisco. Y para no quedar atrás en este mundo de la posverdad, lo hacen con falsedades, o las fake news . En le historia de los papados, hay numerosos casos de pontífices asesinados, y en todos queda el recuerdo de Juan Pablo I, cuya repentina muerte en 1979, apenas un mes después de ser elegido, consolidó las teorías conspirativas del sector ultraconservador.

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 *Doctorando en Comunicación Estratégica, Investigador del Observatorio en Comunicación y Democracia, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la). En POLITIKA, Chile, 28.08.18

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