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La división sobre Venezuela, cada vez mayor

Ene 29 2019

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Manteniendo nuestra anunciada línea editorial sobre Venezuela, publicamos dos columnas de opinión contrapuestas, «Confucio y Maduro», de Víctor Lapuente, El País de Madrid y «Gesticulaciones y cañonazos»,  de Luis Casado, franco-chileno, editor de Politika de Santiago.

El editor, 29 de enero de 2019


Confucio y Maduro

Víctor Lapuente* – El País

Las democracias del mundo debemos enviar un mensaje inequívoco: Guaidó es nuestro presidente

Hace 2.500 años un discípulo le preguntó a Confucio qué cosas necesitaba un Gobierno para sobrevivir. Confucio respondió que armas, comida y confianza de la población. Pero ¿qué ocurre si un gobernante no puede tener las tres cosas?, insistió el discípulo. Entonces, contestó Confucio, el gobernante deberá renunciar a las armas primero y a la comida después. La confianza de los súbditos es imprescindible.

La legitimidad de un régimen se refuerza con el poder militar y la prosperidad económica, pero, en el fondo, es una ficción colectiva. Un cuento que los ciudadanos nos creemos. Un sistema político no depende del control jerárquico del Ejército y las fuerzas policiales. Cuando se extiende la percepción de que el gobernante es un tirano, la disciplina militar más majestuosa se desvanece. Si le pasó al rey de Francia, al zar de Rusia y a los dictadores comunistas de la Europa del Este, ¿por qué no va a suceder en Venezuela?

La satrapía de Nicolás Maduro tampoco se sustenta en la comida. Pocos gobernantes han arruinado tanto una economía en tan poco tiempo. Desde 2013, el PIB venezolano se ha hundido a la mitad y el año pasado la inflación sobrepasó el millón por ciento. El socialismo bolivariano ha sido devastador. Los sueldos de los venezolanos han perdido más del 90% del poder de compra que tenían en 1998. La población está desnutrida y desabastecida, y más del 10% ha abandonado el país.

Al principio, los dirigentes bolivarianos podían ser tildados de ineptos bienintencionados. Pero, ahora, el empobrecimiento de la población es tal que, como señalan algunos analistas, es fruto de una estrategia deliberada. Si las clases medias de un país ven deteriorada su calidad de vida, se movilizan contra el régimen. Si son sometidas a condiciones infrahumanas, sus esfuerzos se concentran en sobrevivir o huir del país.

Pero, en su macabro cálculo, los ingenieros de las tinieblas que asesoran a Maduro no computaron el tesón de unos opositores que han resistido miseria y torturas con una entereza abrumadora. Ahora, dos legalidades, la del dictador y la de la Asamblea Nacional, penden del delicado hilo de la legitimidad popular. Compiten por los corazones de unos venezolanos, incluyendo los miembros de las Fuerzas Armadas, que esperan señales del exterior.

Por eso, las democracias del mundo debemos enviar un mensaje inequívoco: Guaidó es nuestro presidente

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*Víctor Lapuente es doctor por la Universidad de Oxford y actualmente es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Gotemburgo, Suecia. Escribe semanalmente en la sección ‘Claves’de  El País.

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Gesticulaciones y cañonazos

Por Luis Casado*

La técnica de los golpes de Estado evoluciona con el tiempo, pero mantiene en vigor técnicas ancestrales cuya probada eficacia garantiza espléndidos resultados.

En un mundo saturado de comunicaciones diversas y variadas, –de las redes sociales a la prensa digital pasando por una TV que tiene de farandulera lo que le falta de profundidad, diarios cuyo papel recupera una utilidad que creíamos olvidada al paso que pierde la de la lectura, y radios que hacen ruido de fondo hasta con la música–, conviene gesticular, agitarse, dar la impresión de movimiento, tanto más cuanto que el “Yo me proclamo” no mueve nada o no mucho.

Así, un periodista de C24 TV, canal francés, improvisado experto de una América del Sur de la que no podría ni siquiera señalar el lugar en el mapamundi, repetía religiosamente esta mañana –patética cacatúa– las declaraciones de la Casa Blanca. “Maduro teme la defección del agregado militar venezolano en Washington”, “el presidente encargado Juan Guaidó le ofrece amnistía a los militares”, “la oposición intenta alejar a los militares de Maduro”, etc. etc. etc.

Lo que nos aclara lo que ya sabíamos: que las fuerzas armadas constituyen una pieza esencial del rompecabezas, y que de lo que se trata es de pasar de la agitación al cañonazo.

Pedro Sánchez, presidente del gobierno español por narices, no elegido por nadie, mal parido en una moción de censura en el Parlamento, –moción asistida luego por abstenciones piadosas guiadas mucho más por el cabreo hacia Rajoy que seducidas por la ausencia de su programa–, Pedro Sánchez digo, que se niega rotundamente a convocar en España elecciones parlamentarias que perdería, conmina a Maduro a convocar elecciones en Venezuela antes de ocho días, no cumplido lo cual reconocería al agitado del colédoco Juan Guaidó. Si los militares venezolanos no tiemblan…

Roberto Ampuero, canciller chilensis del género aficionado, no osa –de la mano de Tatán– romper relaciones con Caracas y, para hacer como sí, explica que el embajador chileno en Caracas actuará frente a Juan Guaidó que hasta el momento en que esto escribo no controla ni los esfínteres. Si para retirar su personal diplomático “no indispensable” de Caracas los EEUU se dirigieron a la policía bolivariana (esa que obedece al gobierno que los EEUU no reconocen) con el fin de garantizar su seguridad como establecen los protocolos internacionales, Roberto Ampuero no mueve pieza, juega al un-dos-tres-momia con el propósito inconfeso de no tener que comerse los mocos sin sal ni pimienta. Concentrado, absorto, meditabundo, discurre en lo que le queda de neuronas activas a propósito de qué hacer con el embajador venezolano en Santiago. Visto que ni le puede pedir que se vaya, ni aceptar que se quede, Ampuero vive una situación perfectamente esquizofrénica. Otro agitado del colédoco.

De Trump a Macron, pasando por Macri y el ectoplasma de Lima, un tal Martin Vizcarra, otro “presidente encargado” no elegido por nadie, la agitación cunde. Donald no tiene muro, Macron confronta el tercer mes de manifestaciones que piden su dimisión, Macri sigue hundiendo Argentina sin agresiones del Imperio ni sanciones de la UE, mientras Vizcarra se hace el cucho, intenta pasar piola, como el buen hijo putativo de la corrupción que es.

Aquí es donde adquiere toda su cardinal importancia el cañonazo como método de ganar partidarios para un golpe de Estado. El cañonazo, en la obra de Gabriel García Márquez, es un obús cuya unidad de cuenta es el millón de dólares. Convenientemente dirigido hacia generales que se supone venales, oportunistas y muy conscientes de la brevedad de su paso por el infierno terrenal, apuntado como corresponde a oficiales de artillería con “dos pulgadas a la derecha y dedo y medio de corrección”, se supone que no hay general que resista.

Los generales de Napoleón, contrariamente a la leyenda, adoraban ser el objeto de tales bombardeos y el propio Emperador sabía que unos y otros eran –como afirma Louis Madelin, eminente historiador de l’Académie Française en su obra De Brumaire à Marengo– tan partidarios del pillaje como el primero.

De modo que encontraron un pendejo a la venta en Washington, y esta vez no era un senador americano sino un boludito que fungía de “agregado militar”, denominación que siempre logra recordarme eso de la “Carne mechada con agregado”. Los “agregados” constituyen desde tiempos inmemoriales la carnada que cada embajada se debe de poner al alcance de los servicios de “inteligencia”del país de destino. Todos hacen lo mismo, y es de agradecer, visto que los servicios de “inteligencia” pueden justificar la pasta que gastan –pasta confidencial de la cual no rinden cuentas– con cargo a la masa de “agregados” comprables.

He ahí, al día de hoy, el principal triunfo militar del Imperio. Su rehén de lujo. Caído en el campo del deshonor en virtud no de un cañonazo, sino de una simple descarga de fusilería. Frente a los billones de dólares que robarán en petróleo venezolano si entran en Caracas, el “agregado militar” no costó ni la propina.

La amnistía de Guaidó presupone que todos los militares venezolanos son culpables de respeto por la Constitución y las leyes, algo así como nuestros Generales Schneider y Prat, y aun muchos otros oficiales dignos. Tales uniformados deben tomar consciencia de la perversidad de su crimen, consciencia que de cara al Imperio es como en El Otoño del Patriarca: “¿Qué coños de hora es?” gritaba Su Excelencia. “La que Ud. diga mi General”, respondía el sirviente.

¿Que coños de Constitución nos vale? La que diga Donald Trump antes de tirarse un pedo.

No te pierdas la II Temporada… este culebrón no ha terminado.

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*Editor de POLITIKA. . Ingeniero del Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor del Banco Mundial. Su vida profesional, ligada a las nuevas tecnologías destinadas a los Transportes Públicos, le llevó a trabajar en más de 40 países de los cinco continentes. Ha publicado varios libros  en los que aborda temas económicos, lingüísticos y políticos

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Anexo de  Romain Migus – periodista francés residente en Venezuela

El presidente francés, Emmanuel Macron, ordenó a Nicolás Maduro de no reprimir a la oposición PERO SE OLVIDÓ de las 3.300 detenciones, de los 2.000 heridos y de los 12 muertos vinculados a la represión de los chalecos amarillos.

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, da ocho días a Nicolás Maduro para convocar elecciones PERO OLVIDÓ que está en su puesto solo por una mención de censura y no por elecciones libres.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, acusa a Nicolás Maduro de no ser legítimo por haber sido electo con tan solo 30,45% de los electores inscritos PERO OLVIDÓ que solamente 27,20% de los electores estadounidenses votaron por él.

El presidente colombiano, Ivan Duque, vocifera contra la “narco-dictadura venezolana” PERO OLVIDÓ que 65% de la cocaína en el mundo está siendo fabricada en Colombia, bajo los auspicios complacientes de las autoridades de este país.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, está preocupado por los derechos humanos en Venezuela PERO OLVIDÓ su declaración donde califica como organizaciones terroristas a los movimientos sociales que se oponen a su política.

El presidente argentino, Mauricio Macri, culpa a Nicolás Maduro de corrupto PERO OLVIDÓ que solo su nombre, y no el de su homólogo venezolano, aparece en la lista escandalosa de los Panamá papers.

Portugal deplora la crisis venezolana que empujó, según la ONU, al 7,2% de los venezolanos a migrar PERO OLVIDÓ que 21% de los portugueses tuvo que abandonar a su país para vivir en el extranjero, según las mismas fuentes.

El presidente peruano, Martin Vizcarra, habla de dictadura en Venezuela PERO OLVIDÓ que fue nombrado presidente sin ningún voto popular, sino para reemplazar al precedente presidente destituido por corrupción.

En Reino Unido, los dirigentes denuncian amenazas a la libertad de expresión en Venezuela PERO OLVIDARON que contribuyen a mantener recluido al periodista Julian Assange en reclusión, sin ningún motivo jurídico.

Bélgica se preocupa de la situación económica en Venezuela PERO OLVIDÓ que, en Bruselas, la empresa Euroclear retiene 1.250 mil millones de dólares pertenecientes al Estado venezolano, afectando seriamente la disponibilidad financiera del país.

En boca de los propagandistas, Venezuela se convirtió en esta “escuela del mundo al revés”, descrita por Eduardo Galeano. Las falsas acusaciones, repetidas hasta la saciedad por columnas del ejército mediático, buscan legitimar en la opinión publica internacional cualquier acto guerrerista contra la República Bolivariana de Venezuela.

Ya la bombas mediáticas empezaron a caer.

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