Economía y Finanzas, Política

Theresa May, en un callejón sin salida

Ene 16 2019

Editorial – La Jornada

El gobierno de la primera ministra británica, Theresa May, parece haber llegado a un callejón sin salida tras el rechazo social y parlamentario al plan de salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) que la gobernante consiguió tras año y medio de arduas negociaciones con las autoridades de la Europa comunitaria.

El documento fue reprobado en el parlamento por 432 votos contra 202, y repudiado en las calles por manifestantes de ambos bandos: tanto los adversarios del Brexit como los partidarios de romper con la UE salieron a las calles de Londres para oponerse al plan; los primeros, porque consideran que éste conlleva demasiadas concesiones del reino; los segundos, porque defienden la permanencia del país en el bloque europeo.

Por su parte, el líder de la oposición laborista en el Parlamento, Jeremy Corbyn, anunció que presentará una moción de censura contra el gobierno de May, cuya excepcional torpeza política ha colocado a Gran Bretaña en una situación insostenible e incierta, toda vez que Bruselas ha advertido que no hay margen para renegociar el acuerdo de divorcio, por lo cual la única manera de consumar la salida británica de la UE es mediante decisiones de facto en innumerables ámbitos económicos, financieros, comerciales, políticos y sociales, lo que conlleva el riesgo de generar un desorden mayúsculo en ambos lados del Canal de la Mancha.

De esta manera, el margen de maniobra del actual gobierno británico se ha reducido prácticamente a cero y el curso más probable de acontecimientos parece conducir a la caída de May y a una convocatoria a elecciones anticipadas.

Sin embargo, la realización de comicios legislativos y la conformación de un nuevo gabinete no resuelven por sí mismos la grave crisis a la que ha sido conducido el Reino Unido: está por verse cómo se gestionará la disyuntiva entre cumplir el mandato popular del 23 de junio de 2016, cuando se realizó el referendo en el que los ciudadanos británicos decidieron por estrecho margen (51.9 frente a 48.1 por ciento) que el país se desafiliara de la Unión Europea, o encontrar una manera política y legalmente presentable de desactivar ese problemático resultado.

Es probable que en los dos años y medio transcurridos desde entonces, cuando ha quedado de manifiesto lo tremendamente perjudicial y complicado que resulta la consumación del Brexit, la mayoría de los británicos se decantaría actualmente por permanecer en la UE. Pero está por verse si un nuevo gobierno podría ser capaz de encontrar una vía institucional para celebrar una nueva consulta electoral.

Lo cierto es que el empantanamiento político de Gran Bretaña constituye un peligro mayúsculo de inestabilidad financiera y económica para el propio Reino Unido, para Europa en su conjunto y, por extensión, para el mundo.

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Anexo:

Las claves del acuerdo de May con la Unión Europea

Lo que rechazó el Parlamento

Por Marcelo Justo – Página12

La Cámara de los Comunes votó en contra el acuerdo de Retirada del Reino Unido de la Unión Europea. Este acuerdo, alcanzado el 25 de noviembre luego de casi dos años de negociaciones, es una suerte de divorcio luego de más de cuatro décadas de matrimonio británico-europeo.

El acuerdo establece un período de transición a partir de la fecha de salida – el 29 de marzo – que se extenderá en principio hasta diciembre de 2020, aunque podría ampliarse hasta 2022. En este período, mientras las partes negocian el futuro de la relación entre el Reino Unido y la UE, los británicos seguirán formando parte de la Unión Aduanera y el Mercado Unico, las dos columnas económico-sociales de la UE, aunque no serán miembros del bloque. Esto significa que habrá libre circulación de personas (inmigración), bienes, capitales y servicios entre ambos. El tema inmigratorio fue uno de los grandes catalizadores del Brexit.

El punto más álgido del acuerdo es el de la frontera entre Irlanda del Norte (parte del Reino Unido) y la República de Irlanda (parte de la UE). Para evitar que se vuelva a los controles fronterizos para el paso de mercancías y personas (algo que podría reiniciar el conflicto en Irlanda del Norte), el acuerdo propone que, si no se alcanzó un tratado de libre comercio una vez terminado el período de transición, se active una suerte de póliza de seguro llamada “Backstop”: hasta que se alcance una solución al problema fronterizo, el Reino Unido permanecerá en la Unión Aduanera e Irlanda del Norte seguirá las reglas del mercado único europeo. Según los críticos, esto eternizaría la permanencia del Reino Unido en la EU y constituiría una grave amenaza a la Unidad del Reino ya que Irlanda del Norte estaría económicamente mucho más cerca de la UE que de Gran Bretaña.

Como todo divorcio, la separación contiene un acuerdo financiero. El Reino Unido deberá pagar unas 39 mil millones de libras a la EU por todos los compromisos realizados cuando era miembro del bloque y por los que restan hasta que finalice el período de transición. Otro tema espinoso es el del derecho de los británicos que viven en la UE (un millón y medio de personas) y los europeos en el Reino Unido (unos tres millones). Ambas partes respetarán el derecho a residencia y trabajo de los ciudadanos de la EU y el Reino Unido que lleguen antes de que finalice el período de transición.

El acuerdo incluye una Declaración Política sobre la negociación  para determinar qué tipo de relación futura tendrán a largo plazo. El objetivo es un tratado de libre comercio que, en el caso de la UE, suele requerir un mínimo de siete años de negociación. Dadas las pasiones que Europa parece encender en los normalmente impasibles británicos, las distintas variantes de Tratado que se negociarán, prometen un horizonte tan tormentoso como el que suele cubrir el cielo británico todos los inviernos.

 

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