Derechos Humanos, Migraciones y refugiados, Política

Trump, en su castillo

Editorial – El País

El presidente de EE UU ha hecho de su obsesión por construir un muro en la frontera con México el centro de la discusión política

Lo que comenzó siendo la disparatada ocurrencia de campaña electoral del equipo de un candidato poco disciplinado y enemigo de los argumentos complejos se ha convertido en el eje de la política interna de la democracia más poderosa del mundo y en un problema que ha colocado al país ante una crisis inédita.

El presidente de EE UU, Donald Trump, ha hecho de su obsesión por construir un muro a lo largo de toda la frontera entre su país y México un nudo gordiano de la discusión política que ha tenido importantes consecuencias tanto en el interior como en el exterior.

La oposición demócrata se niega tajantemente y con toda lógica a asignar una partida presupuestaria que financie esta obra faraónica e ineficaz. Un proyecto que sobre todo es símbolo de una manera de entender lo que significa EE UU contraria su tradición de país donde cualquier persona del mundo puede llegar y realizar sus proyectos. Lejos de dialogar, la reacción del mandatario ha sido proceder al cierre parcial de la Administración, una medida que conforme pasan los días perjudica a los ciudadanos y a los empleados públicos —que se quedan sin salario durante este periodo— y que ha provocado malestar entre las mismas filas republicanas.

Trump insiste en que la necesidad de construir el muro responde a “una crisis humanitaria y de seguridad”. Conviene subrayar dos aspectos que desmontan esta falacia. Una crisis humana se resuelve, en primer lugar, adoptando medidas urgentes que alivien la situación material inmediata de las víctimas de esa circunstancia. Nunca construyendo una barrera física que tiene como efecto precisamente el contrario. En segundo lugar, ni siquiera el sector más duro del Partido Republicano, el más contrario a la inmigración, considera que el muro sea una prioridad.

Mientras Trump sigue encastillado en un proyecto que paraliza a su país, en la frontera con México se complica una solución para la que hace falta imaginación, diálogo y cooperación internacional. Tres conceptos ajenos al actual inquilino de la Casa Blanca.    11 ENE 2019

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El impacto del cierre de EEUU en el Ártico

Camino del mes de cierre parcial del gobierno federal de EEUU, los efectos negativos de esta situación trascienden las fronteras del país. Una de las consecuencias de este paro ha sido el cierre total o parcial de diversas agencias estadounidenses que operan en el Ártico. Ello ha motivado la suspensión de importantes investigaciones científicas, así como la elaboración de nuevas políticas o la exploración de recursos naturales. Sencillamente y mientras las negociaciones no prosperen, no hay presupuesto para más. Todos los proyectos de conservación y los esfuerzos de investigación en los ecosistemas árticos se han paralizado.

Las personas que trabajan en la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, la NASA, la Agencia de Protección Ambiental, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre, el Servicio de Parques Nacionales, el Servicio Geológico o la Oficina de Gestión de Energía del Océano son sólo algunas de las muchas que han sido suspendidas si remuneración alguna. De hecho, desde el cierre del gobierno, no se tienen noticias de la Comisión de Investigación del Ártico.

Para la Administración Trump, el personal de investigación y ciencia civil no es esencial. Así las cosas y con las investigaciones paradas, los retrasos en la ciencia climática federal no sólo no se harán esperar, sino que están en peligro, dado que Trump está desviando buena parte del presupuesto del país a reforzar la frontera Sur en su cruzada contra la migración.

Dado que el Servicio de Parques Nacionales también está cerrado, las cinco unidades con que cuenta el Ártico en Alaska (la Reserva Nacional del Puente de la Tierra de Bering, el Monumento Nacional del Cabo Krusenstern, el Parque Nacional y Reserva de las Puertas del Ártico, el Parque Nacional del Valle de Kobuk y la Reserva Nacional de Noatak) continúa recibiendo visitantes, pero con servicios mínimos. Afortunadamente y a diferencia de lo que sucede en otros Parques del país, su acceso remoto contribuye a que la acumulación de basura no resulte preocupante.

El cierre del Gobierno afecta, incluso, a la Guardia Costera, cuyo personal no recibe un dólar desde el 1 de enero. Obligados, aún sin sueldo, a continuar sus labores de seguridad nacional y protección de la vida y la propiedad, lo cierto es que los recursos con los que cuentan son escasos y todas sus actividades han sido suspendidas, salvo la patrulla de fronteras o la búsqueda y rescate.

Entre la escasez de recursos de la Guardia Costera destaca su rompehielos que, al borde de su vida útil, no tiene recambio; ni siquiera hay presupuesto para comenzar a cortar el acero para la construcción de uno nuevo y es posible que cuando se abra el gobierno federal la partida para ello no se incluya, a pesar de que se trata también de un elemento esencial para muchas de las investigaciones científicas que se realizan en el Ártico. (David Bollero, Público.es)

 

 

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