Infancia, Información y comunicación, Mujeres

PACTO DE LA COMUNIDAD ACADÉMICA

Mar 13 2019

Propuesta de Acuerdo de las Comunidades Académica, Científica, Artística, Literaria, Intelectual en suma, para liderar la movilización ciudadana y llevar a cabo, antes de que sea demasiado tarde, los cambios radicales que son exigibles.

“Cada ser humano único, capaz  de crear, nuestra esperanza”.

Hasta hace tan sólo tres décadas, la gran mayoría de la humanidad nacía, vivía y moría en unos pocos kilómetros cuadrados, sujeta a un poder absoluto masculino.

Ahora, por primera vez en la historia, los seres humanos podemos disponer de una información global y de unas capacidades tecnológicas para convertirnos en ciudadanos del mundo, conscientes de la naturaleza de las amenazas y de la necesidad de una respuesta adecuada y oportuna. La tecnología digital ha facilitado la circulación de la información y, lo que es más importante todavía, la capacidad de expresarse. En esta nueva era, lo más sobresaliente es la cada vez mayor participación de la mujer. Frente al maléfico proverbio “si vis pacem, para bellum“ (si quieres la paz, prepara la guerra), que ha sido seguido indefectiblemente por el poder masculino, podemos ahora imaginar la transición de una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, diálogo, conciliación, alianza y paz.  Transición histórica de la fuerza a la palabra a medida que la mujer participe como le corresponde en la toma de decisiones. Ya son, por fortuna, las mujeres  las que, presencialmente y en el ciberespacio, manifiestan colectivamente su apoyo a las inaplazables transformaciones necesarias para reconducir las presentes tendencias.

También la juventud está movilizándose, consciente de que su destino no puede confiarse al destino de la gobernanza neoliberal.

Las presentes generaciones, mirando a los ojos de sus descendientes y de todos los niños del mundo, deben cumplir plenamente sus responsabilidades intergeneracionales.

Los cambios fundamentales para generalizar una vida digna requieren  que sean los “pueblos” los que tomen en sus manos las riendas del destino común.

Ahora ya tenemos la certeza de que, desde hace algunos años, la demografía y la actividad propia de la especie humana afectan la calidad de la vida en Tierra y de que existen medidas que deben adoptarse sin demora. En el estricto cumplimiento de los Acuerdos de París y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) “para transformar el mundo”, no caben aplazamientos, ni disculpas.

De las tres principales emergencias -la pobreza extrema unida a la desigualdad social creciente, el deterioro ecológico y la amenaza nuclear- la que representa el cambio climático nos puede abocar al fracaso histórico de la humanidad que representaría alcanzar puntos de no retorno en la propia habitabilidad del planeta.

La insolidaridad se ha acrecentado. Es manifiesta la reducción de las ayudas al desarrollo  y las subvenciones para acoger como corresponde a refugiados y emigrantes. La impunidad a escala internacional y, por ende, la carencia de estabilidad y seguridad; la transferencia de responsabilidades públicas desde los gobernantes al “mercado”; el extremismo nacionalista y religioso; el fanatismo étnico y el supremaciscmo… han conocido una lamentable reactivación en las últimas décadas y, como respuesta colectiva, la enfermedad de nuestro tiempo: la indiferencia.

La marginación del Sistema de las Naciones Unidas y del multilateralismo democrático es cada vez mayor, con la creación de grupos autocráticos y favoreciendo  que se deje de pertenecer a instituciones del Sistema, como ha sido el caso reincidente del Partido Republicano de  los Estados Unidos en instituciones tan críticas como la UNESCO, la Convención de los Derechos Humanos de la Infancia, la ausencia en la Corte Penal Internacional o la creación de la Organización Mundial del Comercio directamente fuera del Sistema de las Naciones Unidas…

La Carta de la Tierra, uno de los documentos más lúcidos de la última década, afirma: “Nos encontramos en un momento crítico en la historia de la Tierra, un momento en que la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro conlleva un gran peligro y una gran promesa. Para avanzar, debemos reconocer que en medio de una magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una familia humana y una comunidad de la Tierra con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible basada en el respeto por la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz …”

Impotentes asistimos a la sustitución de los principios éticos –justicia, libertad, igualdad y solidaridad, tan bien enunciados en la Constitución de la UNESCO- por las normas mercantiles. Tendríamos que haber resguardado los valores, los ideales éticos comunes, empezando por la igual dignidad de todos los seres humanos. No se supo defender lo que era indispensable defender, y nos hemos ido quedando sin democracias eficientes, sin cooperación (sustituida por la explotación) y sin muchas industrias debido a la deslocalización productiva… y con ciudadanos escépticos y desconcertados en lugar de personas dispuestas a seguir los principios democráticos que, aplicados con urgencia, podrían todavía enderezar muchos de los torcidos derroteros actuales.

Estamos ante un inmenso poder mediático que reduce a la mayor parte de la ciudadanía a la condición de espectador impasible y obcecado. La educación está más orientada a tener y obedecer que para ser “libre y responsable” … Los seres humanos se caracterizan por su inverosímil facultad creadora, por poder anticiparse y prevenir, por diseñar deliberadamente su futuro. El por-venir está por-hacer.“Todo está por hacer y todo es posible… pero, ¿quién si no todos?”, según el verso de Miquel Martí i Pol. Todos frente a los pocos que pretenden seguir llevando las riendas del destino común en sus manos.

Ha llegado el momento de poner en práctica un nuevo concepto de seguridad que, además de los territorios, tenga en cuenta a quienes los habitan (alimentación, agua potable, servicio de educación y de salud de calidad, cuidado del medio ambiente).

Es tiempo de acción. Contamos con muchos diagnósticos. Hay que aplicar los tratamientos efectivos antes de que sea demasiado tarde.

ACUERDO

Las comunidades académicas, científicas, artísticas, literarias, intelectuales en suma, deben liderar hoy las  respuestas adecuadas a las amenazas que se ciernen sobre la humanidad a escala mundial. Sólo con una gran movilización que permita a todos los seres humanos ser conscientes de la situación presente y, en consecuencia, ser actores comprometidos a actuar sin demora con un comportamiento cotidiano apropiado será posible hacer frente a procesos potencialmente irreversibles.

Los  profundos y apremiantes cambios que son ineludibles, necesitan que sean los “pueblos” los que tomen en sus manos las riendas del destino común. Son ahora urgentes grandes clamores populares presenciales y en el ciberespacio para el establecimiento de un multilateralismo eficiente dotado de los medios personales, técnicos, de defensa y financieros apropiados.  La Asamblea General debería hallarse integrada a partes iguales por representantes de Estados y de instituciones de la sociedad civil. Además del Consejo de Seguridad Territorial, el Consejo de Seguridad Socioeconómica y el de Seguridad Medioambiental.

El cumplimiento adecuado y en tiempo oportuno de la Agenda 2030, decidida por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la Resolución A/RES/70/1 (octubre 2015) titulada “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, en la cual se fijan los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible más relevantes para reconducir el actual Sistema, así como los Acuerdos de París sobre Cambio Climático (diciembre 2015), únicamente podrá tener lugar en el contexto  de una cooperación global eficiente y rápida, coordinada con gran autoridad por las Naciones Unidas.

Los ODS representan el firme compromiso de todos los  países del mundo, en el marco multilateral de las Naciones Unidas, para orientar debidamente el comportamiento personal, asegurando la igual dignidad y unas estrategias basadas en el conocimiento que proporcionan a todos un desarrollo sostenible y humano (alimentación, agua potable, salud y educación de calidad, cuidado del medio ambiente). Aprender a expresarse, a participar, a escuchar, a compartir, a vivir juntos.

Frente a amenazas globales son precisas reacciones así mismo globales de una ciudadanía mundial plenamente alerta y capacitada para evitar o mitigar las lamentables consecuencias que, en otro caso, se derivarían de las tendencias presentes.

Se trata de una ineludible responsabilidad intergeneracional que se presenta por primera vez en la historia en la era del antropoceno. Si no se consiguieran detener los efectos de la actividad humana sobre la habitabilidad de la Tierra, el legado de las presentes generaciones a las siguientes representaría un irremediable retroceso en el progreso de la humanidad.

Unamos todas la voces de forma que alcancen la magnitud apropiada para ser escuchadas, y hacer posible la interacción que favorezca  la presencia del “sentido más humano” en la acción educativa, social, cultural, política y económica a escala mundial, logrando un diálogo  favorable con  todos los actores  de tal modo  que pueda lograrse un verdadero desarrollo humano  a nivel global, que garantice la armonía con la naturaleza y la diversidad cultural.——————————

Las instituciones abajo firmantes le proponen que  realice su adhesión personal o institucional y solicitan a los medios de comunicación la difusión de este “Acuerdo” para la acción que a todos, sin excepción, compete.

AEAC (Asociación Española para el Avance de la Ciencia)

Federico Mayor Zaragoza (Presidente)

Emilio Muñoz (Miembro del Consejo Consultivo)

Borja Sánchez (Secretario General)

Carlos Giménez (Director de

DEMOSPAZ (Instituto de Derechos Humanos, Democracia, Cultura de Paz y No Violencia)

Manuela Mesa (Co-Directora de DEMOSPAZ)

 

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