Extremismo radical, Migraciones y refugiados, Racismo&discriminación

Para el atacante de Nueva Zelanda, los inmigrantes son invasores

Mar 18 2019

Por Eduardo Febbro – Página12, Argentina

El asesino, obsesionado por la realidad francesa

Brenton Tarrant se inspiró en las ideas de Renaud Camus para redactar su manifiesto racista. Evocó “lo indigno de la invasión de Francia” por los no blancos

Desde París – Las ideas todavía matan. “Que empiece la fiesta”, dijo Brenton Tarrant antes de asesinar, al cabo de 17 minutos, a 41 personas en la mezquita Al-Noor, en la localidad neozelandesa de Christchurch.

Le hizo falta menos tiempo para ultimar más tarde a ocho personas más en otra mezquita de los suburbios de la ciudad. Brenton Tarrant salió de la nada en un país como Nueva Zelanda poco citado por sus extremismos contra los musulmanes tan comunes en el Viejo Continente. Sin embargo, este terrorista racial viajó a través de Europa para buscar su inspiración y, según lo explicó él mismo a través de varios canales, sus estancias en capitales como París o los atentados perpetrados en Suecia lo marcaron para siempre. En 2016, Tarrant viajó por los Balcanes. Recorrió en micro Serbia, Croacia, Montenegro y Bosnia Herzegovina. También transitó por España y sobre todo Francia. Su trayectoria intelectual, es decir, el alimento de sus ideas, está retratada en el manifiesto de 74 páginas que dejó escrito bajo un título que tomó prestado a un ensayista francés muy de moda entre los ultraderechistas, Renaud Camus: El gran reemplazo. Camus promueve en esa obra la idea de que las sociedades europeas blancas están siendo objeto de un “reemplazo” por parte de poblaciones de inmigrantes no europeos. El libro de Renaud Camus y la situación francesa parecen ser un desencadenante de sus crímenes posteriores.

La versión del Gran Reemplazo de Brenton Tarrant fue distribuida en el portal Scrib antes de que fuera suprimido. El manifiesto racista no esconde detalles sobre la ideología de quien más tarde se convertiría en un asesino en masa. Tarrant explica en esas páginas que él representa a “millones de europeos y de etno-nacionalistas que anhelan vivir en paz en el seno de sus propios pueblos”. Motivado con esa identidad, Tarrant describe su futura misión: se trata de “combatir a los invasores” que sólo quieren “ocupar las tierras que no son suyas y reemplazar éticamente a sus pueblos”. Tarrant se refiere en largos pasajes a Francia. El terrorista evoca “lo indigno de la invasión de Francia” así como la situación en las “ciudades y los suburbios franceses”. Tarrant anota que durante su viaje descubrió que “las historias sobre la invasión de Francia por los no blancos eran no sólo ciertas sino, también, ampliamente subestimadas”. “En cada ciudad francesa los invasores estaban ahí”, escribe. El extremista neozelandés compara con cierta lástima a los “inmigrantes jóvenes, llenos de energía, con familias numerosas y muchos hijos” con un “pueblo francés solo, sin hijos y de edad avanzada”. Es ese panorama el que, admite en el texto, lo “volvió furioso, ahogado de desesperanza” y lo indujo a “llevar a cabo algo”. Tarrant afirma: “es ahí donde decidí pasar a la acción, recurrir a la fuerza, ser violento y combatir a los invasores”. Su obsesión por los “invasores” es tal que, para él, no hay lugar en la tierra donde se pueda estar a salvo. “No encontrarás jamás respiro, ni en Islandia, ni en Polonia, ni en Nueva Zelanda, ni en la Argentina, ni en Ucrania, ni en ningún otro lugar del mundo. Lo sé, porque he estado allí”, escribió Tarrant.

Las elecciones presidenciales en Francia y la victoria de Emmanuel Macron frente a la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen, derivó también en un factor sobre el cual el asesino neozelandés se apoya. Tarrant sostiene que el triunfo de Macron cambió su forma de ver las cosas y, en el futuro, de actuar. La elección de Macron en 2017 le hizo “perder toda esperanza en una solución democrática”. El “internacionalista, globalizador, anti blancos y ex banquero” ganó. Ni siquiera fue por un margen estrecho. De repente, la verdad de la situación política fue imposible de aceptar. La desesperanza me ganó y mi creencia en una solución democrática desapareció”, narra en su texto. Esa derrota indujo al extremista a enfocarse aún más en un acto violento. Su juicio sobre el Frente Nacional de Marine Le Pen (hoy llamado Reagrupamiento Nacional) aparece como muy negativo. Tarrant argumenta que la ultraderecha francesa es un “partido con cifras bajas” (…) incapaz de crear un cambio y sin ningún plan tangible para salvar a la nación”.

En un párrafo de su testamento ideológico Tarrant suena con una suerte de internacional de la pureza, donde menciona a la Argentina: “En cuanto los europeos de todos los países y continentes intervengan para respaldar a sus hermanos, no podrán ser atacados por ningún otro grupo. Este movimiento puede comenzar en Polonia, Austria, Francia, la Argentina, Australia, Canadá o mismo Venezuela. Lo cierto es que el movimiento comenzará y cuando esto ocurra, hay que prepararse para apoyar a sus respectivos pueblos, con toda la fuerza”.

La cuenta que el atacante tenía en Twitter también se conecta con la actualidad francesa. A través de esa red social compartió una foto donde aparecía con ropa de combate mientras que la franja que atravesaba la foto correspondía a una foto de una niña que murió en el atentado de Niza cometido el 14 de julio de 2016 en esa ciudad Mediterránea por el terrorista Mohamed Lahouaiej Bouhlel. No obstante, el hilo conductor del pensamiento que Tarrant fue forjando es el libro El gran reemplazo, de Renaud Camus. Esa obra tiene, de hecho, dos ejes que surgen también en el manifiesto de 74 páginas que dejó Tarrant. Por un lado, el libro de Camus arguye que el creciente peso demográfico de las poblaciones inmigrantes no europeas conduce al substitución de uno por otros y, por consiguiente, a la substitución de la cultura y la región del mundo blanco. Por el otro, el autor francés intenta demostrar que esto es posible gracias a la existencia de una suerte de “complot” asumido y orquestado por un poder que colabora con los “reemplazantes”. Ese poder, dice, organiza la inmigración de masa con la meta de que los países europeos se “despojen de toda especificidad nacional, ética y cultural”. En Francia, la teoría de Camus irrigó mucho el debate político. La extrema derecha, desde luego, hizo suya la argumentación e incluso la derecha tradicional juzgó que ese “gran reemplazo” era “una realidad”. Sin embargo, la teoría no es una exclusividad de Camus sino del padre del nacionalismo francés, Maurice Barrés, para quien el otro como influencia tóxica “reemplazante” era el judío. Poco a poco, las extremas derechas cambiaron al judío por los musulmanes y ahora se sigue matando en nombre de la misma idea pero con otras víctimas como objetivo. efebbro@pagina12.com.ar

 

 

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