Diplomacia, Extremismo radical, Fuerzas Armadas, Populismo

En Israel, Bolsonaro sigue los pasos de Trump

Abr 2 2019

Por Dario Pignotti – Página12, Argentina

Brasil rompe con su diplomacia equidistante en Medio Oriente

El presidente de Brasil anunció la instalación de una oficina de promoción de negocios en la ciudad sagrada de Jerusalén. Netanyahu, en campaña, le agradeció.

“Yo amo a Israel”. Al desembarcar en el Aeropuerto Ben Gurión, de Tel Aviv,  el presidente Jair Bolsonaro pronunció esa frase en hebreo para poner de manifiesto su empeño en establecer una relación preferencial con el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu, un capítulo más del alineamiento automático con Donald Trump.

Tomando como referencia a Trump que abrió la embajada en Jerusalén, ayer Bolsonaro anunció la instalación de una “oficina de promoción de negocios” en esa ciudad sagrada para judíos, musulmanes y cristianos.

La decisión de crear una representación, a pesar de la reprobación de la comunidad internacional y especialmente de los países árabes, había sido anticipada por el mandatario sudamericano hace dos semanas en la Casa Blanca.

“Israelíes y brasileños comparten valores y tradiciones culturales como el aprecio a la libertad y la democracia, juntas nuestras naciones pueden alcanzar grandes logros”, destacó Bolsonaro a poco de iniciar su visita.

“Obrigado”, respondió Netanyahu en portugués. “Voy a contar un secreto, espero que este sea el primer paso para que algún día llegue la embajada de Brasil a Jerusalén (…) estamos haciendo historia”.

El líder del derechista partido Likud, que dentro de ocho días buscará su reelección, aseguró que “esta es la más grande delegación” brasileña que ha visitado su país.

En la misión están el canciller Ernesto Araújo, el general Augusto Heleno, ministro de Gabinete de Seguridad Institucional, el almirante Bento Albuquerque titular de Minas Y Energía y el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, brigadier Raúl Botelho.

Luego del primer encuentro en el aeropuerto de Tel Aviv los líderes mantuvieron otros en Jerusalén donde firmaron varios convenios con acento en las áreas de defensa y seguridad cibernética. Israel informó que la petrolera estatal Petrobras participará en licitaciones para explotar gas y petróleo. Al final del día estaba prevista una cena ofrecida por Netanyahu y su esposa.

“Mi amigo Netanyahu y yo queremos aproximar nuestros pueblos, nuestros militares”, señaló el capitán retirado del Ejército que asumió la presidencia en enero último. En la ceremonia de toma de posesión estuvieron Netanyahu y el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo.

Establecer un vínculo tan tempranamente, y de tal intensidad, con Israel significa arrojar al canasto una tradición diplomática forjada por varios gobiernos. Durante décadas el Palacio Itamaraty (Cancillería) estableció una delicada equidistancia entre israelíes y árabes. Hace nueve años, en el último de sus dos mandatos particularmente activos en Medio Oriente, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva reconoció formalmente el estado de Palestina y antes de ello había dado estatus de embajada a su oficina en Brasilia.

“Apreciado hermano Netanyahu es una honra volver a Israel, tuvimos un breve momento de distanciamiento pero Dios sabe lo que hace”, dijo Bolsonaro en probable alusión a la tensión diplomática ocurrida 2014 cuando la ex presidenta Dilma Rousseff convocó al embajador en Tel Aviv en protesta por los bombardeos en la Franja de Gaza.

La semana pasada Bolsonaro no respondió el convite del embajador en Brasilia, Ibrahim Alzebem, para que durante su estancia en Israel se reúna con miembros de la Autoridad Nacional Palestina en Ramalá.

Ayer Anna Ashrawi, miembro de la dirección de la Organización para la Liberación de Palestina, consideró “inaceptable” que el jefe de Estado brasileño visite hoy “Jerusalén Oriental” dado que se trata de un “territorio palestino ocupado” por Israel.

Establecer una oficina con la bandera verde-amarilla en Jerusalén, aunque no sea la de una embajada, es una decisión que carece del respaldo de algunos miembros de la coalición cívico militar que llegó al poder en Brasil hace exactamente tres meses.

La pata castrense desaprueba ese paso temerario como lo afirmaron recientemente los generales Hamilton Mourao, que es el vicepresidente, y Augusto Heleno, ministro de Seguridad Institucional. Optar por Israel como socio excluyente en Medio Oriente, dicen los generales junto a algunos diplomáticos –éstos hablando desde el anonimato– tiene potenciales consecuencias en materia de seguridad y causará perjuicios económicos ya que los países árabes boicotearán las importaciones de alimentos brasileños. Igual de alarmados están los empresarios del agronegocio y la ministra de Agricultura Tereza Cristina da Costa Dias.

Ayer, a poco de aterrizar en Tel Aviv el general retirado Heleno dijo a periodistas que aún no estaba confirmado el anuncio de la mentada oficina en Jerusalén, pero minutos después Bolsonaro lo desmintió. Ese comentario informal es otro indicio de las divergencias que hay sobre la relación con Israel y también con Estados Unidos, entre la cúpula castrense y el “bolsonarismo” intenso.

Dentro de ese grupo de extrema derecha político-confesional están el mandatario, sus hijos, algunos ministros y el escritor brasileño Olavo de Carvalho, radicado en el estado norteamericano de Virgina.

Posiblemente el principal enlace en Estados Unidos sea Steve Bannon quien ve a Trump y Bolsonaro como la vanguardia de un “populismo de derecha” de proyección global. Otro de los fiadores sería el secretario de Estado Mike Pompeo ligado a los cristianos sionistas. Pompeo fue una de las primeras personalidades extranjeras que telefoneó a Bolsonaro tras su victoria en el ballottage del 28 de ocubre del año pasado. Junto a los anuncios sobre acuerdos bilaterales, Bolsonaro citó, en uno de sus discursos de ayer, haber sido bautizado en 2016 por un pastor evangélico en el río Jordan. El recuerdo pudo haber sido un gesto hacia el sionismo evangélico estadounidense tanto como hacia a su electorado neo-pentecostal, al cual le debe buena parte de la victoria en las elecciones de octubre del año pasado frente al candidato Fernando Haddad, del PT.

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Página12, Argentina

Visitó el Muro de los Lamentos junto a Netanyahu

El mandatario de Brasil se convirtió en el primer jefe de Estado extranjero en aparecer en el Muro de los Lamentos acompañado por el premier israelí.

La visita de Bolsonaro es un gesto simbólico ocho días antes de las elecciones en Israel. 

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, se convirtió ayer en el primer jefe de Estado extranjero en visitar el Muro de los Lamentos junto a un primer ministro israelí, rompiendo una tradición diplomática.

Bolsonaro visitó junto a Benjamin Netanyahu este lugar sagrado del judaísmo, situado en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Bajo la lluvia, el mandatario brasileño, con kipá, colocó sus dos manos sobre la antiguas piedras, mientras Netanyahu hacía lo mismo inmediatamente a su izquierda, y luego inclinó la cabeza durante varios segundos.

Este gesto simbólico, ocho días antes de las elecciones parlamentarias israelíes, se ha considerado como un apoyo para la campaña del primer ministro saliente. Durante décadas, los dirigentes extranjeros han evitado aparecer junto a un mandatario israelí ante el Muro de los Lamentos para no posicionarse sobre cuestiones de soberanía.

Un portavoz del ministerio israelí de Relaciones Exteriores afirmó que era la primera vez que un jefe de Estado visitaba el lugar junto a un primer ministro.

El estatuto de Jerusalén es una de las cuestiones más espinosas del conflicto israelo-palestino.

Aunque el presidente estadounidense Donald Trump visitó el lugar en mayo de 2017, en esa ocasión estaba acompañado por el rabino del Muro, Shmuel Rabinovitz, y no por un dirigente israelí. Trump ya rompió sin embargo con décadas de consenso internacional y de diplomacia estadounidense al reconocer a Jerusalén como capital de Israel en diciembre 2017.

El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, abrió el camino a Bolsonaro, cuando el 21 de marzo se convirtió en el responsable estadounidense de mayor rango en visitar el Muro junto a un primer ministro israelí. Fue el último episodio de una serie de iniciativas proisraelíes de la administración Trump, que ha multiplicado en paralelo medidas desfavorables para los palestinos.

Bolsonaro, llamado el “Trump de los Trópicos”, se ha alineado totalmente con la administración republicana desde que llegó al cargo el 1 de enero.

El Muro de los Lamentos está ubicado en Jerusalén Este, ocupado por Israel en la Guerra de los Seis Días en 1967 y anexado en 1980, en una decisión que no ha sido reconocida por la comunidad internacional.

Israel considera Jerusalén, su sector Este incluido, como su capital “indivisible”. Para los israelíes, la soberanía del Muro nunca se ha puesto en duda e incluso su conquista en 1967 se celebra como una liberación.

Los palestinos, en cambio, quieren que Jerusalén Este sea la capital del Estado al que aspira. Desde diciembre de 2017, suspendieron las relaciones con la administración Trump.

En otra iniciativa que sigue los pasos de Estados Unidos, Bolsonaro anunció durante su campaña su intención de trasladar la embajada de Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. Con esta medida, el mandatario ultraderechista quiere complacer a la influyente bancada evangélica, muy vinculada a Israel y que contribuyó en gran parte a su victoria. Pero, por otra parte, no quiere perder mercados en los países árabes, causando indignación a sus también poderosos aliados del mundo del agronegocio. Brasil es el primer exportador mundial de carne sacrificada según el rito musulmán.

Por eso, a su llegada a Israel el domingo, anunció la apertura en Jerusalén de una oficina dedicada a los asuntos económicos, pero evitó mencionar el traslado de la embajada. Esto fue sin embargo suficiente para alertar a los palestinos. Amar Hijazi, ministro adjunto de Relaciones Exteriores, indicó que los palestinos llamaron a consultas a su embajador en Brasil “para evaluar las nuevas bases de las relaciones entre los dos países”. Denuncia asimismo una “violación” del derecho internacional, resultado, según él, de las presiones de Estados Unidos y sus aliados.

“No queremos ofender a nadie”, replicó Bolsonaro a la prensa brasileña, “solo queremos que ellos, los palestinos, respeten nuestra autonomía” de decisión. La gira de Bolsonaro por Israel no incluye inicialmente visitas a los territorios palestinos, algo que le había ofrecido el embajador palestino en Brasilia, Ibrahim Mohame Khalil Alzeben, pero según el gobierno comenzó a evaluarse en las últimas horas. Según informó la cancillería palestina en un comunicado, el embajador fue llamado a consultas a Ramalá porque la apertura de una oficina en Jerusalén “es una violación a los derechos del pueblo palestino, así como una aceptación de las presiones estadounidenses e israelíes”.

Bolsonaro iba a seguir a Trump y mudar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, pero por recomendación de militares y diplomáticos, para evitar reacciones de la Liga Árabe, abrió una oficina de negocios.

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