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La rebelión cibernética que viene

Abr 23 2019

Víctor M. Toledo – La Jornada

La “arquitectura de la opresión global”. Con esta frase, Edward Snowden calificó el 9 de junio de 2013 a todo el aparato del monstruo en cuyas entrañas trabajó como experto en inteligencia: la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. Con sólo 29 años de edad, Snowden y su compañera desafiaron el más formidable de los poderes que han existido en toda la historia. Su rol de héroe planetario será recordado para siempre.

A quien lo dude lo invito a ver en Netflix la película que sobre Snowden realizó Oliver Stone, dando lugar a una obra maestra del cine político y documental. En el filme quedan revelados numerosos detalles sobre lo que las nuevas tecnologías de la información pueden lograr, para bien y para mal en el mundo actual. El recuerdo de Snowden se conecta seis años después con la captura de Julian Assange, el periodista creador de WikiLeaks, la agencia que ha difundido buena parte de la información secreta del gobierno estadunidense. Su detención atenta contra la libertad de expresión y los derechos humanos. También se enlaza con otras revelaciones como los Papeles de Panamá, que puso al descubierto la lista de personajes que lavan sus fortunas en los paraísos fiscales, eludiendo el pago de impuestos en sus propios países. Igualmente se relaciona con el escándalo informático de la compañía inglesa Cambridge Analytica (hoy desaparecida), empresa de datos dedicada a detectar el comportamiento de los consumidores o de los votantes, utilizando herramientas como la sicología conductual o la tecnología publicitaria. Acusada de captar información que viola el derecho a la privacidad con el objeto de orientar las elecciones de una docena de países, Cambridge Analytica fue sancionada cuando se descubrió que utilizó los datos de Facebook de casi 30 millones de ciudadanos estadunidenses para favorecer a Donald Trump.

Todas estas historias en realidad nos llevan a reconocer la existencia de una nueva guerra de carácter digital. De los sistemas informáticos dependen hoy las comunicaciones, la energía, el transporte, la ciencia, la tecnología, las finanzas y la educación, es decir, el entramado básico de una sociedad. Los servicios de defensa e inteligencia de los países son ya intrincadas telarañas de supercomputadoras que almacenan y manejan millones y millones de datos. Lo mismo puede decirse de las corporaciones de todo tipo. Previa a una guerra convencional existe ya la guerra cibernética. Usted quedará atónito al enterarse, por lo revelado por Snowden, de que, por ejemplo, la NSA disponía de tal cantidad de información que podría sabotear en minutos y desde el Pentágono toda la economía de Japón, fundiendo sistemas nucleares y eléctricos, o que tenía almacenados datos de los celulares de todos los ciudadanos de Estados Unidos. Si a lo anterior agregamos la información de la que disponen las principales empresas de las redes sociales para fines comerciales (Google, Facebook, Amazon, etcétera), llegará a la conclusión de que estamos inmersos de manera irremediable en una nueva clase de dictadura de escala global, de la que es necesario salir.

También debemos aceptar que cada vez estamos más cerca de lo que Marx llamó el cerebro social, que es lo que hoy denominamos la realidad virtual, el big data (gigantescas bases de datos) o, más correctamente, la realidad encriptada por los poderes que la controlan, manejan y usan (ver el interesante ensayo de Gabriel Méndez Hincapíe). Se trata sin lugar a dudas de una poderosa herramienta de control, cuyo uso se disputan el poder político (el Estado), el poder económico (el capital) y el poder social (nosotros, la sociedad civil). Aquí conviene aclarar que este encriptamiento de la información significa un ocultamiento que sólo permite el uso exclusivo de las élites que la manejan para su beneficio, sean estatales o privadas. Ello supone el uso de lenguajes altamente sofisticados. La pregunta que surge de manera diáfana es ¿qué sucedería si las sociedades demandan leyes para mantener una vigilancia ciudadana de esa información? Y aún más, ¿qué pasaría si creamos un sistema encriptado de información de carácter civil, para protegernos y defendernos de esos poderes? Imagine el lector redes digitales de vecinos, barrios, comunidades o municipios disponiendo de sus propios sistemas de información, lo cual supone como primer paso la alfabetización digital del mayor número de ciudadanos. Estaríamos, pues ante el advenimiento de una rebelión o emancipación digital, de nuevos hackeractivistas antisistémicos, en plena batalla contra la estatización o la privatización de la información. ¡Habría que comenzarla ya!

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Persecución internacional

Editorial de La Jornada

En entrevista con este diario, el ex canciller ecuatoriano Ricardo Patiño señaló que es víctima de una persecución política por parte del gobierno de su país, encabezado por Lenín Moreno. En efecto, en días recientes las autoridades de Quito emitieron una orden de detención y solicitaron una ficha roja a la Interpol con el pretexto de un delito de instigación a la violencia. En realidad, el político sudamericano, quien en los periodos presidenciales del ex presidente Rafael Correa ocupó también las carteras de Finanzas, Litoral, Política y Defensa, ha participado en exhortos a la resistencia pacífica y a una revocación de mandato para poner fin al de Moreno, quien ha dado un giro de 180 grados con respecto a los lineamientos sociales, populares y soberanistas de Correa y ha alineado al Ecuador a la política exterior estadunidense.

En un escenario distinto, en Washington, una corte se negó a conceder la libertad bajo fianza a la ex analista militar Chelsea Manning, detenida desde el pasado 8 de marzo, a pesar de que el ex presidente Barack Obama le otorgó el indulto tras permanecer siete años detenida por divulgar, a través de Wikileaks, cientos de miles de documentos gubernamentales secretos que evidenciaron crímenes de lesa humanidad, así como actos de injerencia y de corrupción cometidos por el gobierno de Estados Unidos a lo largo y ancho del mundo.

El vínculo entre ambas situaciones es el portal de filtraciones fundado por Julian Assange, quien se encuentra prisionero del gobierno británico y enfrenta un pedido de extradición de Estados Unidos. Como se recordará, el informador australiano permaneció casi siete años refugiado en la embajada de Ecuador en Londres para impedir que se concretara su entrega a Washington, y el artífice de su asilo fue, precisamente, Ricardo Patiño, quien dirigía la política exterior ecuatoriana.

Ciertamente, el acoso judicial al ex canciller no se relaciona única ni principalmente con su papel en la protección diplomática otorgada a Assange; tal hostigamiento es sólo un capítulo de la virulenta persecución emprendida por Lenín Moreno en contra de todos los ex colaboradores de Correa, empezando por quien fuera su vicepresidente, Jorge Glas, quien se encuentra encarcelado sin pruebas ni argumentos verosímiles. Pero la causa más relevante de los montajes judiciales en contra de Patiño es la serie de denuncias en torno a la apertura de cuentas secretas en paraísos fiscales abiertas por Edwin Moreno, hermano del actual gobernante, para ocultar fondos que éste recibió como comisiones de empresas extranjeras.

Por lo que puede verse, la corrupción de Moreno no fue considerada un obstáculo por Washington para acordar con él la apertura de créditos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial a cambio de que Quito se alineara en la alianza continental en contra de Venezuela, que boicoteara el proceso de integración regional que tuvo lugar en Sudamérica cuando los gobiernos progresistas dominaban la región y que entregara a Julian Assange.

Lo cierto es que la venganza estadunidense en contra de Assange, la restauración de la hegemonía de la superpotencia en el subcontinente y la trágica regresión política, económica y social que sufre el Ecuador se conjuntan en un escenario nefasto, caracterizado por la criminalización de la objetora de conciencia Manning, el informador Assange y el dirigente Patiño. En esa cacería humana, orquestada desde la Casa Blanca, Londres y Quito participan como aliados menores. Se asiste, en suma, a un ejemplo esclarecedor y terrible de lo que significa el avance de las derechas autoritarias, antidemocráticas y opacas en el mundo.

 

 

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