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Los 100 días de Bolsonaro, el poder militar, EEUU y el retorno al parlamentarismo

Abr 9 2019

Juraima Almedia * – CLAE

Se dice que los primeros cien días de gobierno de un presidente son de luna de miel. Pero el primer centenar de días de Jair Bolsonaro, al frente del Ejecutivo brasileño, sirvieron para que su popularidad y credibilidad descendieran en la misma medida que se afianza una administración paralela en manos de los militares de su gabinete, mientras  el poder fáctico trata de imponer una especie de parlamentarismo.

Su estilo inflexible, misógino, homofóbico, racista y defensor de la dictadura militar de 1964-1985,  junto al uso y abuso de la red digital Twitter (similar al de Trump) no le están funcionando en el Congreso, donde carece de mayoría propia, lo que hace fracasar el plan para reformar el régimen previsional adelantado por su ultraliberal ministro de Economía Paulo Guedes, pero con guión del Fondo Monetario  Internacional.

Quizá porque  los primeros 100 días fueron decepcionantes para sus seguidores y financistas, su tono se ha vuelto un poco más conciliador, tratando de transar con los líderes de las bancadas parlamentarias. El jueves último, recibió a seis líderes de la “vieja política” como Gerardo Alckmin  (PSDB, adversario electoral) Romero Jucá   (MDB) Gilberto Kassab  (PSD) Ciro Nogueira (PP, dispuesto a negociar), Marcos Pereira (PRB) y  ACM Neto (DEM, a quien atacó en la campaña electoral).

Su Partido Social Liberal controla apenas 54 de los 513 escaños, lo que obliga a Bolsonaro a concluir alianzas con legisladores de varios partidos que forman parte de las bancadas de “las 3 B”: Biblia, Bala y Buey, es decir los evangélicos, el lobby de las armas y los defensores del agronegocio.

Para André Singer (Folha de Sao Paulo), fue el primer episodio de la serie “la vuelta al parlamentarismo”. Allí tuvo que fingir la defensa de un proyecto previsional al que, en el fondo, no adhiere. El viernes, confrontado con la propuesta de capitalización, cereza ultraliberal del pastel previsional,  fue claro. “Si hay una gran reacción, retiro la propuesta”, afirmó Bolsonaro.

El analista señala que esta situación se explica en la visita del vicepresidente (general) Hamilton Mourão el 26 de marzo a la poderosa Federación de las Industrias del Estado de São Paulo (Fiesp), donde fue aplaudido seis veces por 700 industriales y agasajado en casa del presidente de la entidad, Paulo Skaf.

El núcleo duro del bolsonarismo percibió que mientras perdía poder ante su gabinete militar, estaba siendo usado para hacer el servicio impopular de quitar ingresos a los trabajadores con la reforma previsional, para luego ser dejado a un lado.

Una dura declaración de Steve Bannon (exasesor de seguridad de Trump) diciendo que Mourão debe renunciar y pasar a la oposición, refleja la verdadera sensación del nivel de las presiones alrededor del Palacio del Planalto y la preferencia de Washington por un manejable Bolsonaro.

La hipótesis de la adopción del parlamentarismo habría sido bastante comentada, y es por eso que el poder fáctico y los viejos líderes del Congreso movieron sus piezas para el avance la reforma previsional y la expansión de la perspectiva parlamentarista.

La articulación de los grandes empresarios está a favor de “un parlamentarismo informal”.  David Alcolumbre, presidente del Senado, así como los senadores Simone Tebet (MDB-MS) y Tasso Jereissati (PSDB-CE) pasaron a animar al senador José Serra (PSDB) -SP), excanciller del dictador Michel Temer,  para que presente un proyecto de adopción del parlamentarismo.

Bolsonaro, cuya popularidad bajó  del 67 al 45%  en tres meses, es, además, presa de la lucha de facciones que comprenden a los militares, a los ideólogos ultraconservadores y a los hijos del presidente. Todos compiten por tener mayor influencia política y se aprovechan de sus constantes dislates, errores y provocaciones.

Su iniciativa reciente de conmemorar el golpe militar de 1964 provocó indignación y protestas. Su afirmación de que los nazis eran de izquierda fue ridiculizada y una serie de escándalos como las denuncias de transacciones financieras ilegales que involucran a uno de sus hijos, deshicieron su imagen de paladín anticorrupción.

Muchos tiburones, con uniforme o con galera, que alentaron el golpe contra Dilma Rousseff en 2016, rondan el Palacio, en busca de rodearlo y dejarlo en la presidencia pero sólo como jarrón chino constitucional. Él, solito, es capaz de lograr irse del Planalto antes de que finalice su período presidencial, que recién comienza…

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* Investigadora brasileña, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)., En SURySUR, 8.04.19

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Anexos:

I – Cambiando seis por media docena

Opinión de Eric Nepomuceno – Página12

Río de Janeiro – A las diez de la mañana de ayer, en su 98º día de gobierno, Jair Bolsonaro fulminó a su ministro de Educación, el colombiano naturalizado brasileño Ricardo Vélez Rodríguez.

Con ese acto, el país perdió un personaje que se hizo notable desde que fue confirmado para el que debería ser el ministerio más importante de cualquier país. Hasta su nombramiento nadie sabía quién era.

Bueno, casi nadie: el astrólogo autointitulado filósofo, Olavo de Carvalho, un ultraderechista que luego de eludir el fisco brasileño por años se instaló hace ya un largo rato en Estados Unidos, lo conocía. Gurú del clan Bolsonaro, lo señaló para la cartera.

¿Por qué el colombiano ese se hizo notable? Por haber demostrado desde el primer minuto un talento especial para trabar un durísimo combate junto a dos de sus colegas, la ministra Damares Alves, de la cartera de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, y el de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, por el título de figura más bizarra y patética del gobierno.

Sin embargo, sus esfuerzos para provocar un drástico retroceso en la educación brasileña fracasaron: perdió todo el tiempo en disputas internas que no llegaron a ningún lado. Bueno, él si llegó, pero de vuelta a la calle.

Para reemplazarlo Bolsonaro nombró a Abraham Weintraub, un hombre del mercado financiero de quien no se conoce un único antecedente en temas vinculados a la educación. Y que, claro, contó con el beneplácito del astrólogo gurú.

Es un radical de derecha, que defiende ardorosamente la necesidad de librar a las universidades brasileñas del dominio comunista. Dice que hay que esforzarse sin tregua para evitar que Brasil vuelva a caer bajo la maléfica influencia de Cuba y se transforme en una nueva Venezuela.

Sobran evidencias de que se trata de alguien tan obscurantista y retrógrado como la aberración que lo antecedió, pero bastante menos bruto.

La defenestración de Vélez Rodríguez no significa, por sí sola, el final de la disputa interna que, sumada a su incompetencia olímpica, paralizó virtualmente el ministerio de Educación.

Bajo su gestión dos grupos trabaron lucha para dominar la cartera: los discípulos del gurú, y los militares, más técnicos.

Durante la etapa de transición entre el gobierno cleptómano de Michel Temer y su sucesor, Weintraub trabajó bajo las órdenes del coordinador del programa de Bolsonaro, el general Augusto Heleno. Pero es mucho más cercano a las posiciones del astrólogo-gurú que a las de los técnicos, lo que preocupa a los uniformados del gobierno.

Los militares, a propósito, presionaron mucho a Bolsonaro para que nombrase a alguien del sector, respetable y con fuerte reconocimiento en los medios académicos.

La voz del gurú sonó más fuerte. Nada más natural: los trogloditas hablan el mismo idioma. 09.04.19

 

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II- Cayó el ministro brasileño negacionista del golpe

 

Por Dario Pignotti – Página12

 

–Bolsonaro echó a Vélez Rodríguez, titular de Educación

–Ricardo Vélez Rodríguez será recordado por su efímera gestión y por haber propuesto que los libros escolares enseñen que en 1964 no hubo un golpe de Estado en Brasil.

 

Brasilia– Cayó el ministro de Educación Ricardo Vélez Rodríguez, a quien se recordará por su efímera gestión y haber propuesto que los libros escolares enseñen que en 1964 no hubo un golpe de Estado perpetrado por los militares sino la “decisión soberana de la sociedad brasileña” que depuso a un presidente constitucional para establecer “un régimen democrático de fuerza”.

Jair Bolsonaro lo despidió en la mañana de ayer luego de una reunión fuera de agenda en el Palacio del Planalto. La crisis se agravó tanto que ese ministerio ya estaba “desagrándose”, reconoció el mandatario. Esta fue la segunda baja en el gabinete cuando faltan dos días para cumplirse los primeros cien de un gobierno tempranamente desgastado: con la más baja popularidad en los tres meses iniciales de la gestión.

“Comunico a todos la indicación del profesor Abraham Weintraub para el cargo de ministro de Educación, aprovecho para agradecer al profesor Vélez por los servicios prestados”, informó vía Twitter el capitán retirado. Weintraub es un economista que se de- sempeñaba como viceministro de la Casa Civil.

La caída de Vélez Rodríguez no sorprendió dado que el propio Bolsonaro la había dado como inminente el viernes cuando aceptó que el ahora ex ministro carecía de habilidad política. Y poco después reconoció sentirse él mismo algo perdido en el Planalto ya que “no nací para ser presidente, nací para ser militar”.

Nacido en Colombia, naturalizado brasileño, Vélez Rodríguez era un simpatizante del ex presidente Alvaro Uribe además de ser un seguidor del escritor ultraderechista Olavo de Carvalho, radicado en Virginia, Estados Unidos, desde donde imparte cursos de filosofía “pocket” por Internet.

Bolsonaro piensa lo mismo que Vélez Rodríguez sobre el golpe de 1964 y la dictadura que gobernó hasta 1985: no lo echó por razones ideológicas sino para calmar la presión de los militares. Sucede que el generalato, posiblemente la facción más poderosa del Planalto, está en guerra contra el filósofo Carvalho y sus apadrinados.

Esa contienda se hizo más feroz conforme Bolsonaro demostró su falta de autoridad ante los generales, quienes paulatinamente fueron conquistando zonas neurálgicas de la administración.

La cabeza de Vélez Rodríguez también fue exigida por la oposición durante una audiencia parlamentaria realizada el 28 de marzo. Los diputados le enrostraron algunos hitos de su gestión como haber ordenado que en las escuelas los chicos reciten el lema “Brasil encima de todo, Dios encima de todos”, que fue el eslogan de campaña bolsonarista para disputar las elecciones de 2018.

Con la dimisión de ayer posiblemente no habrá cambios de fondo en los lineamientos del Ministerio de Educación, ya que el entrante Abraham Weintraub es igual de fundamentalista que Vélez Rodríguez, Olavo de Carvalho y Jair Bolsonaro.

Su designación fue conmemorada por el diputado federal Eduardo Bolsonaro, que además de ser hijo del presidente mantiene un diálogo fluido con el ideólogo Carvalho. Ese pronunciamiento y las críticas reservadas manifestadas ayer en el ámbito militar indican que al funcionario entrante le aguardan nuevas tormentas.

Bolsonaro concedió amplios poderes a Weintrab para que designe a su staff de colaboradores y, según trascendió, buena parte de ellos son “olavistas” (Olavo de Carvalho).

El flamante jefe de Educación es un economista neoliberal con experiencia en el mercado financiero y sin currículum en gestión educativa.

En una entrevista reciente declaró que Brasil, durante los gobiernos del PT, estuvo al borde de quedar bajo el control de “grupos totalitarios socialistas y se definió como un “humanista, demócrata, liberal (que) lee la Biblia y la tengo como referencia”. Expresó su repulsa al “marxismo cultural” que habría tomado cuenta de las universidades y aseguró estar  dispuesto a “luchar por el país donde uno vive” para que no suceda como en Venezuela que “hoy es una colonia de los dictadores que controlan Cuba”.09.04.19

 

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