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Donald Trump: política exterior, mirada interior

May 13 2019

PABLO GUIMÓN – El País 

Los frentes internacionales de Donald Trump apelan a sectores específicos de votantes que pueden ser determinantes para su reelección el año que viene

Aliados y enemigos tradicionales de Estados Unidos asisten igualmente atónitos a una escalada en los frentes internacionales de la Administración Trump, sin comprender bien el hilo conductor de la narrativa.

No están solos. Un reciente estudio del Center for American Progress, una organización de investigación política, concluye que los votantes estadounidenses, de uno y otro partido, comparten la perplejidad ante la agenda exterior del 45º presidente. “La investigación cualitativa revela importantes lagunas en la comprensión básica entre los votantes de los objetivos en política exterior de Estados Unidos y una generalizada confusión sobre lo que la nación intenta conseguir en el mundo”, dicen los autores.

Pero el propio estudio proporciona también algunas pistas. “Grandes porcentajes de votantes quieren que el Gobierno se concentre en ‘nuestros propios problemas”, concluye. “Quieren que Estados Unidos se ocupe de sus propias necesidades económicas y de seguridad antes de abordar problemas globales que no puede controlar”.

Trump supo escuchar ese deseo de repliegue que se instalaba en los votantes tras la Gran Recesión. El presidente prometió poner fin al “ciclo destructivo de intervención y caos” y no lanzarse a “derribar regímenes de los que no sabemos nada”. Pero dos años y medio después, su Administración maniobra indisimuladamente para acabar con tres regímenes, en Venezuela, en Cuba y en Irán, al tiempo que se enfanga en una inquietante guerra comercial con China.

A primera vista parecería un alejamiento, inexplicable a 18 meses de las elecciones, de su mensaje ganador del America first. Pero ese foco en la política doméstica que reclaman los votantes sigue existiendo, si acaso matizado por el desgaste de dos años y medio en el poder: de “América primero”, a “Trump y el partido primero”.

“Su discurso, que no se caracteriza por la firmeza en los principios, tuvo dos ideas claras desde la campaña. Una, que los aliados tradicionales se han aprovechado de Estados Unidos. Y dos, que el país necesita más empleos en el sector industrial y que debe proteger sus fábricas. La primera entronca con su rechazo al multilateralismo y a la OTAN, y la segunda explica la guerra comercial con China”, sostiene Mark Cancian, consejero del programa de seguridad internacional del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos, con sede en Washington.

La firmeza con China apela al rust belt, el «cinturón de óxido» que llenó de industria pesada una franja del noreste del país, desde la costa atlántica hasta Wisconsin oriental. El voto de esos trabajadores, dejados atrás por la globalización, fue clave en la victoria de Trump en 2016 y lo será para sus opciones de reelección en 2020. Su retórica de proteger los empleos industriales sedujo al desencantado rust belt. Ahora, entre golpes como la reciente decisión de General Motors de cerrar su gran fábrica en Lordstown (Ohio), crece la presión sobre Trump para cumplir sus promesas.

Este viernes, al defender su última ronda de aranceles a Pekín, el presidente parecía tener en mente su campaña política para 2020. “La razón de la retirada de China y el intento de renegociación el acuerdo comercial es su sincera esperanza de que podrán renegociar con Joe Biden o alguno de los muy débiles demócratas”, tuiteó Trump, en referencia a sus posibles rivales el año que viene. No es solo Estados Unidos contra China: es Trump contra el exvicepresidente y ahora aspirante a candidato demócrata, a quien llamó en otro tuit algo así como “asqueroso y adormilado Joe”.

Su reciente ofensiva en Venezuela y en Cuba, con sanciones, maniobras diplomáticas y un endurecimiento del embargo (en el caso cubano), también permite una lectura electoralista. “Hay un cálculo claro de que esto ayudará a galvanizar a sus bases en Florida”, explica Ric Herrero, director ejecutivo del Grupo de Estudios de Cuba en Washington. “Son votantes que podrían estar alienados por la retahíla de escándalos en la Casa Blanca, y la presión a Cuba y Venezuela ayuda a mantenerlos activados. La idea es que la actuación en los dos países ofrece un tres por uno: las sanciones acabarían con Maduro, dañarían al régimen cubano y procurarían ganancias electorales en Florida. La principal preocupación de Trump es su reelección: que los votos que obtuvo en 2016 sigan en 2020. Y sus asesores le vendieron esta campaña como un retorno político seguro”.

Hay alrededor de un millón de exiliados cubanos y 250.000 venezolanos en Florida. Y se trata de un Estado clave para la reelección de Trump. En las elecciones del pasado noviembre, el gobernador republicano ganó por 32.000 votos y el senador Rick Scott, por apenas 10.000, después de varios recuentos. “En Florida, cada voto cuenta”, advierte Herrero.

Respecto a la escalada casi bélica con Irán, hay quien ha querido ver una estrategia de desviar la atención de los problemas internos. Pero Cancian no cree que sea el caso: “Trump tiene controversias en casa desde el primer día”, recuerda. Sí coincide con otros analistas en que el apoyo incondicional al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que afianza el respaldo a Trump del electorado más conservador, “sí ha podido ser un factor”. “Los republicanos nunca apoyaron el acuerdo con Irán y están contentos con la postura dura de la Administración Trump”, señala Cancian.

Todos los presidentes han tenido periodos en que los problemas de política internacional se han intensificado, desviando la atención y los recursos de la agenda doméstica, que suele ser la determinante para la reelección. En el caso de Trump, las crisis suceden a 18 meses de las presidenciales, y ambas agendas están muy relacionadas. 13 MAY 2019 –

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La guerra que planean los halcones de EEUU e Irán

Por Nazanín Armanian – Público.es

“Me gustaría que los iraníes me llamaran“, repitió hasta tres veces Donald Trump el día 9 de mayo, horas después de anunciar la imposición de sanciones sobre la industria de acero, cobre y aluminio iraní, y cuando meditaba multar también sus exportaciones de los productos petroquímicos, -que son la segunda fuente de ingresos del país después del petróleo-, así como las transacciones con los metales preciosos, y limitar su acceso al dólar en los mercados asiáticos.

Quiere “hacer un trato justo”, con Irán afirma Trump y “que [los iraníes] sean fuertes y grandes y que tengan una gran economía“, contaba con emoción, mientras el mentrómetro de derretía: había superado la barrera de 10.000 mentiras desde que es presidente, señala Fact Checker database.

“La ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cambios cualitativos” ha seguido su curso durante los últimos casi 40 años para convertir las guerras políticas, económicas, psicológicas y cibernética de EEUU contra Irán a un choque bélico.

Medidas que propician la guerra

Designar a los Guardianes de la Revolución Islámica (GRI) como organización terrorista por parte de EEUU, con el objetivo de poder atacarlos en Siria, Irak, Líbano y en el estrecho de Ormuz. Mientras el Pentágono y el Departamento de Estado se habían opuesto a la medida por su extrema gravedad, Benjamín Netanyahu confiesa que Trump ha cumplido lo que fue su petición: “Israel First”.

Washington también impondrá sanciones a las empresas extranjeras que trabajen con los GRI, que además del poder militar representan el cartel económico más poderoso de Irán, controlando los negocios de petróleo, telecomunicaciones, ladrillo, etc. Las actuales amenazas bélicas de Trump otorgan la posibilidad a los GRI de dejar de ser “el estado paralelo” para asaltar al poder político para “salvar el islam” del gobierno “débil” del presidente Hasan Rohani, prohibiéndole dialogar con Occidente para rebajar la tensión. Por lo que, los comandantes islamistas (que recuerdan a sus homólogos pakistaníes), han declarado terrorista al Mando Central de los EEUU (CENTCOM), con sede en Qatar, cuyas operaciones cubren Oriente Próximo y Asia Central. ¿Quieren mandar sobre un Irán siriaziado? ¿Por qué el enviado especial de Trump para Irán, Brian Hook menosprecia al ministro de exteriores de Irán Javad Zarif, afirmando que “el verdadero ministro de exteriores de Irán es Ghasem Soleimani”, el jefe de la facción exterior de los GRI, el rostro del “estado profundo “ de Irán? La extremaderecha (y encima religiosa) de ambos países se retroalimentan.

Las investigaciones sobre Rusiagate, los escándalos sexuales del presidente, el fracaso de sus planes para Venezuela y del “desarme” de Corea del Norte podrán llevarle a Trump a una guerra contra Irán: se acercan las elecciones presidenciales del 2020, y le urge un triunfo en algún lugar del planeta.

“Cualquier ataque a los intereses” de EEUU o a sus aliados” regionales se enfrentará con “una fuerza implacable”, declara el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton, tras enviar el portaviones nuclear USS Lincoln a Oriente Próximo y a cuatro bombarderos B-52 a Qatar. El Secretario de Estado Mike Pompeo considerará cualquier acción de Hizbolá libanés, las milicias chiitas iraquíes (¡que muchas son anti-iraníes!), o los hutíes yemenís contra los aliados de EEUU, como “ataques iraníes”, dando luz verde a Israel para atacar a Hizbolá, por ejemplo.

El eje Bolton- Pompeo desmiente a Trump de querer un “nuevo acuerdo” con Irán: ellos buscan un “Regime change”, aunque en realidad pretenden destruir y desintegrar a Irán. Con sus medidas pretenden provocar a la República Islámica (RI) y conseguir una “causa belli” (el cierre del Estrecho de Ormuz, por ejemplo), y empezar la guerra; en caso de no conseguirlo, no dudarán montar un atentado de bandera falsa. Es obvio que Irán -la primera reserva mundial de gas y la cuarta de petróleo-, cuyo presupuesto de defensa en 2018 fue 6.300 millones de dólares no representa ninguna amenaza militar para un Israel con 20.000 millones de dólares de gasto militar (y poseer al menos 80 cabezas nucleares), Arabia Saudí con 76.7 mil millones y el Pentágono con 716 mil millones de dólares. Ahora sumen la fuerza militar de estos tres enemigos de Irán.

Los candidatos demócratas a las elecciones del 2020 – Bernie Sanders, Joe Biden, o Elizabeth Warren-, se han comprometido recuperar el acuerdo nuclear con Irán, llamado Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), destruido por Trump. Lo cual empuja a Israel, el principal patrocinador de la guerra contra Irán, a aumentará la presión sobre el Madman de la Casa Blanca, para que acelere la ejecución de los planes contra Irán, ante la posibilidad de que pierda los comicios. Israel así interfiere en las elecciones de EEUU: su Embajador en Washington, Ron Dermer, considera “inaceptable” la petición del Comité Nacional Demócrata en renovar el PIAC con Irán. En 2012, Netanyahu apoyó la compaña del republicano Mitt Romney contra Obama. La influencia que ejercen los billonarios judíos y los evangélicos cristianos sobre Trump y su equipo es de dominio público.

La suspensión de algunas disposiciones del PIAC por Irán, como un aviso de su posible salida de del acuerdo, dando un ultimátum a Europa de 60 días para que después de un año de demora ponga en marcha los instrumentos financieros acordadas para salvar las exportaciones iraníes. ¡Error! Es contraproducente obligar a Europaa elegir entre Washington y Teherán, además, los europeos no pueden neutralizar las sanciones de Trump. Irán, tras la firma del PIAC en 2015 desmanteló gran parte de la capacidad de sus instalaciones y no podrá reanudar su programa nuclear. Con este anuncio sólo conseguirá empujar a Europa, China y Rusia hacia las posiciones de EEUU.

Los GRI y el clérigo ultraderechista que al igual que Trump-Bolton siempre se han opuesto al PIAC, buscan una guerra con EEUU, Arabia Saudí o Israel (¡pensando que sería de baja intensidad!) con el fin de convertirla en una cortina de humo, y así poder llevar a cabo dos de sus planes: tomar el poder político con un golpe de estado contra Rohani, y aumentar la represión político-religiosa sobre la población, y así aplastar el amplio y profundo descontento de la clase trabajadora que anuncia una nueva ronda de protestas sociales contra la corrupción y un sin precedente empobrecimiento de cerca de la mitad de la población a beneficio de unos cuantos “soldados de Dios”. Esta misma táctica fue utilizada durante la guerra con Irak (1980-1988): en 1982 Jomeini rechazó la propuesta de paz de Sadam Husein, afirmando que “la guerra es una bendición divina”: los seis siguientes años se dedicó a imponer su teocracia totalitaria (una especie de nacional-islamismo), ejecutando a decenas de miles de presos políticos -desde los comunistas hasta los musulmanes moderados-, encubriéndolo con el escándalo de la fatwa contra Salman Rushdie cuyo libro ni había leído. Sólo cuando se quedó sin armas y sin jóvenes que enviar a inmolarse, dijo que “tomaría el veneno”, como calificó la firma de fin de la guerra. Murieron medio millón de iraníes y millones se quedaron mutilados. Aquella guerra fue parte de la doctrina de Henry Kissinger de “Doble Contención” «dualcontainment» en la que EEUU vendía armas a Irak y también a Irán ¡a través de Israel¡ (como fue revelado con el escándalo “Iran-Contra”): obstaculizaron el desarrollo económico, militar, político y social de ambos países mientras los animaban a una destrucción mutua a beneficio de Israel, el único ganador de todas las guerras de la región. Tras convertir a Irak en una subdesarrollada colonia, ahora va a por Irán. Después, les tocará a Turquía y Arabia saudí: de hecho, Trump advirtió al rey Saud que si no le obedecía “No duraría ni dos semanas en el poder”, y Obama intentó acabar con Erdogan con un golpe de estado en 2016.

La peligrosa dependencia del país de la renta del petróleo. La RI ha tenido 40 años para industrializar el país y diversificado la economía. Pero, los islamistas (clérigos y militares) que representan a la burguesía comercial tradicional (“bazar”, término persa que significa «lugar de transacciones»), se han dedicado a acumular fortuna con la especulación y acaparamiento de los productos básicos y divisas extranjeras; gracias a la “economía islámica neoliberal” se han hecho multimillonarios, privatizando las principales compañías del país y destruyendo millones de puestos de trabajo.

El error de Teherán en creer que puede aplicar el “Ojo por ojo” a EEUU, país que goza de un estatus autoasignado de Excepcionalidad y el mundo se lo ha admitido. Si Irán incumple el PIAC, su expediente será enviado al Consejo de Seguridad, y recibirá aún más sanciones.

El aumento sin precedente (desde el 2001) de la presencia militar de ambos países en los dos lados del Golfo Pérsico. Aun sin una intención de guerra, un accidente puede prender el fuego a la región.

Motivos para no apretar el gatillo

Irán ya es un tema central en las elecciones del 2020 de EEUU. A Trump, en principio, le interesa aplazar la “decisión final” sobre Irán, ya que ahora tiene medio garantizada ganarlas, puesto que los electores suelen reelegir a su mandatario. Por lo que, continuaría con la política de la “máxima presión” sobre Teherán.

Una guerra hará disparar los precios de petróleo hasta 150 dólares el barril, algo que no les gusta a los electores-consumidores de combustible fósil.

Las hemerotecas atestiguan las críticas de Trump a sus antecesores por haber puesto en peligro la seguridad nacional del país con sus guerras en Oriente Próximo, además de hacerle perder una cantidad ingente de dinero.

Las profundas brechas en el “mundo musulmán” que le impedirá a Trump conseguir apoyo para su aventura militar. A Omán, Kuwait, Qatar o Irak no les convenie que se rompa el actual equilibrio en la región en favor de una desatada Arabia Saudí, a pesar de sus quejan a la injerencia de los ayatolás chiitas en sus asuntos interno. EEUU tampoco puede contar con Argelia, Sudán o Libia, sumidos en sus propios problemas, y Marruecos se ha distanciado de Riad por el asesinato de Jamal Khashoggi: Lo que significa además que, EEUU y los saudíes no podrán conseguir el consentimiento de los árabes para su “acuerdo de siglo” con Israel contra Palestina: un gol a Netanyahu.

China, Rusia y Europa tampoco respaldarán una agresión caprichosa de EEUU contra Irán. O sea, salvo Israel, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, nadie más, por el momento, ha mostrado entusiasmo para acompañar a Trump-Bolton a provocar mar de sangre.

La amenaza de Irán de dejar de cooperar con Occidente en la lucha contra el terrorismo y narcotráfico (procedente de Afganistán), y sobre todo de inundar a Europa de refugiados, expulsando a cerca de millón y medio afganos que viven en Irán desde 1980. “Es posible que pidamos a nuestros hermanos y hermanas afganos que se vayan de Irán“, lo dice nadie menos que el viceministro de Relaciones Exteriores de RI, Abbas Araghchi, cuyo apellido le delata: ¡él mismo es uno de los cerca de 2-3 millones de iraquíes refugiados en Irán!

La RI ya ha expulsado a cerca de un millón de afganos, y otros 700.000 regresaron a su tierra el año pasado “por voluntad propia”. La amenaza de Teherán convertirá a miles de niños afganos en nuevos Aylán Kurdi: en moneda de cambio de infames intereses de ambas partes. 

Irán tiene capacidad de crear serios problemas a las tropas de EEUU en Irak, Siria, Líbano y Afganistán.

Un sector de la RI aboga por mantener la paciencia hasta el 2020 por si Trump pierde la reelección. ¿No fue la “demócrata” Hilary Clinton que en 2008 prometió destruir Irán?

Trump ha cerrado todas las puertas a Irán, imposibilitándole una rendición con honor. Su propuesta de “mejor trato” resumida en los 12 mandamientos apocalípticos es el perfecto pretexto para acusar a Irán de haber rechazado su “plan de paz”. Aunque la RI firme esos puntos, mañana la diplomacia militarizada de EEUU sacará otras excusas de su manga: “pisotear los derechos humanos”, o “oprimir a las mujeres”, y si bien son ciertos, Trump y compañía carecen de la autoridad moralpara llevar estas banderas. ¿No cumplió  Gadafi todas las exigencias de EEUU?

La RI en vez de amenazas, debe lanzar una ofensiva diplomática, insistir en su voluntad de “paz y diálogo”, llamando directamente a Trump; hacerle saber al mundo punto por punto lo que significaría una guerra contra un país como Irán; denunciar a EEUU y sus cómplices ante el Tribunal de la Haya y convocar urgentemente la reunión de los No Alineados.

Se gesta una guerra entre la extremaderecha evangélica y la islamista de magnitudes inimaginables, con 81 millones de iraníes como víctimas de sus disputas. ¿Para cuándo un movimiento mundial por la paz?

 

 

 

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