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El suicidio demográfico de Europa

May 16 2019

Milagros Pérez Oliva – El País

Para mantener el dinamismo económico, la UE necesita flujos migratorios importantes pero el auge de la extrema derecha lo dificulta

El miedo a la pérdida de identidad y la aversión a los inmigrantes ha sido el combustible que ha hecho crecer a la extrema derecha en toda Europa. Sus líderes quieren convertirla en una fortaleza inexpugnable frente a quienes ahora la asedian con frágiles pateras. Ignoran que el destino de esa fortaleza dependerá de los que vengan de fuera. Hace tiempo que Europa entró en fase de suicidio demográfico. La UE tiene ahora 511 millones de habitantes, pero desde 2015 muere más gente de la que nace y si no ha perdido aún población es porque cada año recibe 1,3 millones de inmigrantes.

En 1900, Europa representaba el 20% de la población mundial. En 1960, el 13,5%. En 2015 había bajado ya al 6,9% y se estima que en 2040 caerá por debajo del 5% si el Brexit se consuma. Pero lo determinante no es solo la pérdida de peso relativo, sino la forma en que impactará en la vitalidad productiva del continente. La crisis demográfica combina dos factores que son consecuencia del propio progreso civilizatorio: el aumento de la esperanza de vida, que ha alcanzado ya los 81 años de media, y una grave crisis de natalidad. La caída de la fecundidad ha reducido el número de nacimientos por debajo de la tasa de reposición necesaria para mantener la población, que es de 2,1 hijos por mujer. La media de la UE es de 1,5. España combina el peor escenario: la mayor esperanza de vida y la menor tasa de fecundidad: 1,2 hijos por mujer.

De seguir esta tendencia y mantener las puertas de inmigración cerradas, en 2050 la UE tendrá 49 millones de habitantes menos, 11 de ellos en Alemania y 7 en España. La reducción de los efectivos en edades productivas tendrá un impacto enorme sobre el dinamismo económico. El Instituto Nacional de Estadística calcula que dentro de cuatro décadas España puede tener 8,7 millones menos de personas en edad de trabajar y 8 millones más de jubilados. ¿Quién sostendrá entonces a los 17 millones de pensionistas que habrá, entre los que sin duda se encontrarán muchos de quienes ahora votan a partidos xenófobos?

La situación es endemoniada. Para sostener el crecimiento necesitamos flujos migratorios importantes, pero  cuanto mayores son, más rechazo provocan. La acción de la extrema derecha impide que se den las condiciones políticas y culturales para aceptarlos e integrarlos. El próximo día 26 veremos qué horizonte se dibuja.

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Anexo:

Elecciones EU: la principal preocupación de los europeos, la inmigración

Por Oleksandra Vakulina & Guillaume Desjardins – Euronews

En colaboración con la Comisión Europea

Pocas veces se ha prestado tanta atención a las elecciones al Parlamento Europeo: la votación coincide con un momento difícil para Europa con el Reino Unido dejando la UE y los partidos euroescépticos, en alza. ¿Pero cuáles son sus inquietudes a nivel de la Unión y en sus respectivos países? Tour de Europa con el equipo de Real Economy.

El 51 por ciento de los ciudadanos europeos declara estar interesado en estos elecciones. ¿Cuáles son las prioridades de la campaña para ellos? Según una reciente encuesta del Eurobarómetro la inmigración encabeza esta lista citada por el 50% de los encuestados, seguida de la economía (47%) y el desempleo juvenil (47%).

El interes por la economía y el crecimiento es creciente en once estados miembros: Portugal, Polonia, Eslovaquia, Suecia, Irlanda, Austria, Bélgica, Alemania, Lituania, Hungría e Italia.

La situación es diferente, a nivel nacional. Cuando se les pregunta cuál es su mayor preocupación actual, un cuarto de los ciudadanos de la UE responde que el desempleo. La salud y la seguridad social llegan en segundo lugar. La inmigración ocupa el tercero. En sexto puesto aparece la situación económica, con el 15% de respuestas, situándose en su nivel más bajo desde la primavera de 2007.

Las diferencias entre los Estados miembros de la UE siguen siendo espectaculares: hay un porcentaje del 91% entre los Países Bajos y Luxemburgo, en donde el 93% de los encuestados dice que la situación de la economía nacional es buena, frente a tan sólo un 2%, que responde lo mismo, en Grecia.

Pese a haber salido del programa de rescate financiero, los griegos no confían en la economía

En sus peores momentos, en 2011, la economía griega se contrajo en un 9’1 %. Después de años de crisis, austeridad y planes de ayuda financiera, Grecia salió del programa de rescate financiero en agosto de 2018. Sin embargo, este dato no parece afectar positivamente a los ciudadanos de a pie, ya que sólo el 2% considera que la economía va bien.

Entre las relaciones recogidas por nuestro equipo en las calles de Atenas, un hombre confesaba que para él «todo va de mar en peor. No notamos la diferencia». Otro viandante aseguraba que «la clase media ha estado en una posición extremadamente dificil, ha desaparecido. Y no creo que las elecciones europeas vayan a tener impacto alguno en nuestro día a día.» Un tercero, alegaba que, aún sin estar «satisfecho al cien por cien»; reconocía que «hasta ahora se han ido dado algunos pasos». Una mujer comentaba por su parte que aunque su día a día siga siendo difícil, no pierde la esperanza de que la cosa cambie.

Panos Tsakloglou, profesor del departamento de estudios económicos internacionales y europeos por la Universidad de Economía de Atenas, comenta que «no es de extrañar que la gente piense en la economía en estos términos. Hay que tener en cuenta que la consolidación fiscal se llevó a cabo, en una medida muy considerable, mediante aumentos de impuestos. Como resultado, la renta disponible disminuyó en más de un 40%. Las cifras son realmente asombrosas. Ahora bien, también hay que tener en cuenta que, a pesar de que la economía empezó a crecer de nuevo, el desempleo sigue superando el 18% y el nivel de vida es sustancialmente inferior al que había, antes de la crisis.»

En enero, la tasa de desempleo en Grecia se situaba en el 18’5%, casi tres veces por encima de la media europea (6,5%). Pero la recuperación económica esta en marcha: en 2019, se espera que el Producto Interior Bruto se situe en torno al 2’2 %.

A la pregunta de qué cambiará tras las elecciones europeas, Nikos Vettas, director general de la Fundación pora la investigación económica e industrial aduce que «en cierta manera, es la primera vez durante todos estos programas y en estos diez años de recesión, que no se muestra una oposición que amenace con deshacer la estabilización de la economía. De hecho, existe la esperanza de que cuando se produzca este cambio político, aumentará la tasa de crecimiento, debido a las reformas que se lleven a cabo y que serán más favorables en términos de mercado.»

Los holandeses, satisfechos, la economía para ellos va viento en popa

A diferencia de Grecia, en Holanda la situación económica se vive sin inquietud y con optimismo. De hecho, los holandeses son, junto a los luxemburgueses, los europeos más satisfechos con la situación económica de sus respectivos países. Y tienen motivos. Una viandante comenta ante nuestras cámaras que «los servicios publicos siguen estando bien mantenidos. Las infraestructuras están bien cuidadas, y las personas reciben, en general, la atención que merecen». Un hombre confiesa que él tiene «una buena jubilación» y puede «ir de vacaciones tres o cuatro veces al año». Se declara abiertamente feliz, al igual que una joven que tiene su «propia empresa. Gano mucho dinero con lo que hago. Asi que estoy muy feliz», declara. Otro hombre, también satisfecho comenta que «se están creando muchos puestos de trabajo y no sólo para holandeses, también para muchos expatriados.»

Aquí, la tasa de desempleo es baja, la balanza comercial, positiva y los ingresos disponibles por hogar, están aumentando, a raiz de una reducción del impuesto sobre la renta, aplicada recientemente. Pero también, gracias a un diálogo social eficaz y a una coyuntura internacional, favorable. ¿Pero es esto suficiente para asegurar un crecimiento duradero?

La empresa de Pieter van der Marel forma parte del millón cien mil pequeñas y medianas empresas holandesas que representan un tercio del volumen de negocios y de los puestos de trabajo totales del país. Fabrica bicicletas personalizadas desde hace seis años. Empezó mano a mano con un amigo y ahora tiene cinco empleados. Ahora bien, con las nuevas tasas aduaneras sobre los productos chinos, ha tenido que adapatarse. Explica que trabajan «con una fábrica china produce monturas de titanio, así que el conocimiento lo tienen, las habilidades que se requieren, también. Son personas realmente cualificadas, algo difícil de encontrar en Europa. Concretamente, los técnicos escasean, y como hay pocos, cada vez son más caros.»

Los economistas se incquietan asimismo por el número de trabajadores independientes, menos protegidos que los asalariados, y prevéen un aumento de la inflación y un ligero ascenso del desempleo durante este año. Aún así, los holandeses se sienten más satisfechos con su economía, que los alemanes, los suecos, los polacos, y a decir verdad, que todos los demás europeos. Según el economista Philip Bokeloh, de ABN Amro, esto se explica porque «el nivel de vida es bastante alto, y también es bueno a nivel personal. Si comparamos la cantidad de horas que trabajamos aquí con este mismo baremo en Grecia, en Holanda se trabajan muchas menos horas y por lo tanto, tenemos más tiempo libre, lo cual repercute en el bienestar de la gente».

A la pregunta de si esta sensación de satisfacción podría prolongarse en el tiempo, Bokeloh se muestra, no obstante, más reservado: «Todavía veo que los ánimos pueden decaer si el Brexit no se resuelve bien, si los conflictos internacionales se agudizán aún más, ¿sequirán siento tan felices? Es difícil de decir pero es más probable que los ánimos bajen, que que suban.»

Las preocupaciones de los votantes de los diferentes países de la Unión Europea tendrán que ser tenidas en cuenta, tras las elecciones por el Parlamento Europeo y la nueva Comisión Europea.

 

 

 

 

 

 

 

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