Corrupción, Democracia, Derechos Humanos, Extremismo radical, Justicia, Populismo

Escándalo en Brasil

Jun 12 2019

Editorial – El País

Las revelaciones sobre irregularidades en el proceso contra Lula amenazan con una nueva crisis política en el país sudamericano 

Las revelaciones periodísticas publicadas en Brasil, que cuestionan la limpieza del proceso judicial que ha llevado a prisión al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva —encarcelado en la prisión de Curitiba desde abril de 2018—, arrojan una preocupante sombra sobre la dirección que ha tomado la lucha contra la corrupción en el país sudamericano y sobre la misma limpieza del proceso de elección presidencial vivido el año pasado.

En el centro de la polémica se encuentran los mensajes publicados por el diario The Intercept que reflejan unas conversaciones entre el juez encargado del caso, Sérgio Moro, y el fiscal, Deltan Dallagnol. En ellas, se observa cómo el magistrado se dirige de forma sesgada al fiscal y hace comentarios políticos contra Lula y el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) a la presidencia del país, Fernando Haddad, algo taxativamente prohibido por la ley.

No se trata de un detalle procedimental que solo afecte a este caso. A causa de este proceso, Lula fue inhabilitado para concurrir a la jefatura del Estado cuando era el favorito en las encuestas. Esta prohibición además sufrió por cuestiones de procedimiento varios retrasos, debido a lo cual el PT eligió tarde a su candidato definitivo, Haddad. Las elecciones presidenciales fueron ganadas finalmente por el ultraderechista Jair Bolsonaro. Y este eligió como ministro de Justicia al juez Moro.

Es posible que las grabaciones de las conversaciones entre el entonces juez y el fiscal no sean admitidas como prueba para reabrir el caso porque han sido obtenidas de manera ilegal, aunque algunos miembros del Tribunal Supremo ya se han expresado individualmente a favor de ello. Pero lo que nadie ha puesto en duda es su veracidad, que arroja un nuevo elemento de escándalo político en un país que ha vivido un verdadero terremoto institucional causado precisamente por las investigaciones judiciales sobre la conexión de corrupción entre grandes empresas y partidos políticos.

Precisamente el juez Sérgio Moro se convirtió en una figura muy popular como el magistrado capaz de desentrañar una gigantesca maraña de sobornos, tráfico de influencias y otros delitos que afectaba a grupos a los que la mayoría de la población consideraba intocables. Sin embargo, basta echar un vistazo a su trayectoria para comprobar que las investigaciones se centraban principalmente en las formaciones de izquierda, y en especial en el gobernante PT.

Brasil necesita estabilidad que le permita recuperar la senda del crecimiento y la redistribución de riqueza, pero también, como toda democracia, salvaguardar las condiciones que permiten a cualquier ciudadano, incluido Lula, ser juzgado de manera justa.

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Dos artículos relacionados:

El exjuez derechista Sergio Moro, mil veces más corrupto que el peor de los políticos ladrones

Por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo) *– elclarin.cl

A mi modo de ver, la judicialización de la política en todos los casos conocidos hasta ahora lleva directamente a debilitar la democracia, además del surgimiento de líderes aún más corruptos que los mismos implicados.

En Italia, por ejemplo, el caso “manos limpias” destruyó a políticos corruptos, tanto del Partido Socialista como de la Democracia Cristiana; es evidente que Bettino Craxi y Giulio Andreotti no eran más corruptos que Silvio Berlusconi, elegido como parlamentario europeo en las recientes elecciones. Es cierto que los socialistas y democratacristianos eran partidos corruptos, (por ejemplo, los democratacristianos nominaban a los líderes de la mafia como candidatos a alcaldes, en las ciudades y pueblos de Sicilia), sin embargo, los dirigentes de la Liga del Norte y Cinco Estrellas son igualmente corruptos.

Según Max Weber, “el político debe pactar con el diablo para ejercer el poder”; por otra parte, el gran aporte de Maquiavelo es haber liberado a la política de la moral cristiana acercándola a la virtud romana. Quien busque la salvación en la política está condenado al fracaso, pues las cualidades del político son la antípoda de las del buen padre de familia.

Es también cierto que la democracia funciona sobre la base de pesos y contrapesos y, para que exista, es necesaria la división y el equilibrio de poderes, pero desgraciadamente los ideales democráticos están muy distantes de la realidad. En el fondo, en el presidencialismo monárquico se tiende a aniquilar los otros poderes, el legislativo y el judicial.

En las democracias imperfectas – como las latinoamericanas – la independencia del poder judicial es sólo un ritual, es el caso de algunos políticos que dicen que “los fallos judiciales se acatan, no se comentan”. A su vez, el poder judicial en los distintos países está tan corrupto como los delincuentes que penaliza.

En Perú, la totalidad de últimos ex Presidentes han pasado por los tribunales de justicia, sin embargo, los mismos jueces incluido el ex presidente de la Corte Suprema, aparece implicado junto a varios jueces, en el caso de corrupción llamado “LavaJuez”; por consiguiente, cabría preguntarse qué Organismo controla a la magistratura.

La judicialización de la política en ninguno de los casos conocidos ha limpiado los sistemas democráticos: una vez enviados los políticos a prisión, (o inducidos al suicidio, como en el caso de Alán García), vienen líderes demagogos  y puritanos – Savonarola – que, para dar gusto al vengativo populacho, asesinan y roban más que los mismos políticos.

En los casos de corrupción política surgen a menudo jueces y fiscales que pretenden demostrar una severidad en la aplicación de la ley, pero el poder, la codicia y la ambición hacen presa segura de estos personajes que, al final, terminan involucrados en política, como ocurrió con el juez Sergio Moro, nombrado ministro de Justicia por el fascista Jair Bolsonaro.

Sergio Moro se sacó la careta de un juez fascista, cuyo único objetivo era complotar con el procurador para sacar de en medio la candidatura de Inàcio Lula da Silva que, de no mediar su prisión, hubiera ganado las elecciones presidenciales.

El juez derechista, Sergio Moro, es mil veces más corrupto que el peor de los políticos ladrones: a sabiendas de que la causa de la propiedad del departamento en un balneario exclusivo de Sao Paulo  era imposible de probar en cuanto la pertenencia correspondía a Lula da Silva. Moro embobinó la causa sosteniendo que si bien carecía de pruebas, se basaba en presunciones personales.

El corrupto y ambicioso juez, para su mala suerte, fue grabado en una conversación con el procurador, en la cual manifiesta su terror de que pudiera ganar el Partido de los Trabajadores, y anima y conduce a fiscales y procuradores para que preparen una buena presentación judicial en contra del candidato Lula da Silva, que permita condenarlo a prisión. Incluso, cuando Lula  ya estaba en la cárcel, se le impidió una entrevista con el diario  La Hoja de San Pablo que, seguramente, hubiera aumentado la adhesión al candidato del Partido de los Trabajadores.

La intervención del corrupto juez, Sergio Moro, comienza a desnudar la estrategia judicial y mediática para colocar en el poder a representantes de la ultraderecha.

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*Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo) ha sido Profesor de Historia en la Universidad Católica de Valparaíso, Chile y en la Universidad Bolivariana (entelequia de Chávez), Venezuela. Ha sido Diplomático. Colabora en diferentes Medios aportando artículos sobre temas de actualidad.

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“Moro se corrompió” –Pagina12, Argentina

El ex juez y actual ministro de Justicia brasileño, Sergio Moro, se corrompió. Así declaró Alfredo Attie, camarista del Tribunal de Justicia de San Pablo y presidente de la Academia Paulista de Derecho, al sitio web brasileño Universa. “El sistema jurídico se corrompe cuando el principio del juez natural se quiebra”, afirmó Attie, quien aseguró que vistas las informaciones reveladas el domingo por el sitio The Intercept de conversaciones entre fiscales de la Operación Lava Jato y el entonces juez Moro, éste habría cometido ese ilícito.

El camarista indicó, asimismo, que se puede declarar la nulidad de los procesos juzgados por Moro. “La principal razón para lograr la nulidad de cualquier proceso, sobre todo penal, deriva de la suspensión del juez o jueza que profiere una decisión. En Teoría del Derecho, eso se llama ‘principio del juez natural’.

El juez debe ser imparcial, no puede tomar una decisión si tuviese interés en el resultado del proceso o si se hubiera corrompido, por ejemplo”, dijo Attie. “Lo peor que puede suceder en una sociedad es que el juez se vuelva parcial. Él no juzga más. Pasa a participar del proceso, se vuelve parte”, continuó. A la pregunta de la periodista sobre si este sería el caso de los mensajes intercambiados entre Moro y el fiscal Deltan Dallagnol, el juez contestó afirmativamente. “Esto quiere decir que cualquier tribunal, al tomar conocimiento de esa ilegalidad debe declarar la nulidad del proceso”, sentenció.

 

 

 

 

 

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