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Fenomenología de la mentira

Jun 17 2019

POR JUAN ÍÑIGO IBÁÑEZ – EL UNIVERSAL / MEXICO

El filósofo italiano Franco Berardi, referente de la izquierda europea, evalúa las causas que llevaron al fortalecimiento de la ultraderecha, los cismas del feminismo y cómo la conexión tecnológica amenaza con cancelar la ironía del lenguaje y la seducción

En entrevista, y a la luz de su libro Fenomenología del fin (Caja Negra, 2017), el filósofo italiano aborda la crisis migratoria europea, la revolución feminista en marcha y el auge de la extrema derecha a nivel mundial.

A principios de agosto de 2017, todo estaba listo para que Franco “Bifo” Berardi presentara su performance “Auschwitz on the Beach” en la feria de arte alemana documenta 14. De último minuto, los curadores de la exposición decidieron cancelar la propuesta del académico boloñés: varias organizaciones se quejaron de que la situación de los inmigrantes era incomparable a la atravesada por los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Finalmente, el performance fue remplazado por una lectura pública del poema de “Bifo” que inspiró el trabajo original, además de una discusión abierta sobre la crisis de los migrantes en Europa.

Pese a ello, Berardi ha seguido insistiendo –y férreamente– en el paralelismo entre las condiciones que enfrentan los refugiados que día a día llegan a las costas europeas, con la de los 6 millones de judíos asesinados durante el nazismo. Incluso fue más lejos: ha equiparado el contexto político actual –marcado por el auge de la extrema derecha– con el que hizo posible el ascenso del nacionalsocialismo en Alemania.

En las pasadas elecciones al Parlamento Europeo, los resultados para la ultraderecha estuvieron lejos de los significativos triunfos que algunos le auguraban y, finalmente, los grandes vencedores fueron los partidos ecologistas. No obstante, 21 coaliciones ultraconservadoras obtuvieron plazas y aumentaron en un 10% sus representantes en el Parlamento Europeo. Y mientras los tradicionales partidos socialistas y demócratas perdieron la mayoría absoluta –por lo que ya no podrán formar una “gran coalición”– las propuestas de Marine Le Pen, Matteo Salvini y Nigel Farage –líder del partido del Brexit– lograron imponerse en Francia, Italia y Reino Unido. De igual forma, en Hungría, Polonia y Suecia también se consolidaron fuerzas de extrema derecha y antieuropeas.

Pese al aparentemente modesto avance electoral, para muchos analistas el discurso de los populismos xenófobos gozaría hoy de mejor salud que nunca, llegando incluso a “permear” dentro de las socialdemocracias nórdicas: en Dinamarca, la centro-izquierda liderada por Mette Frederiksen acaba de recuperar el poder con base en la promesa de implantar una férrea política antiinmigrante en el país.

¿Por qué considera que la derrota de Hitler no ha sido el fin del nazismo en la historia de Europa ni del mundo?
Antes que nada –dice tajante– la dinámica social que ha hecho posible la ola neorreaccionaria contemporánea (desde el Brexit a Trump, desde Duterte a Bolsonaro) es la misma que llevó a la victoria de Hitler en 1933. Hitler gana porque convence a los trabajadores empobrecidos y humillados de Alemania de que no son trabajadores derrotados, sino guerreros blancos arios.

El nazismo reemplaza el devenir social por la identidad nacional. Es lo que está pasando en la época de Trump; es lo que pasa hoy en Europa: los trabajadores, empobrecidos por la maquinaria financiera y humillados por la izquierda neoliberal, se rebelan en el nombre de la identidad, de la raza, de la nación. Los humillados como clase social se reafirman como clase guerrera.

Respecto a lo que está pasando en el área mediterránea:  es un verdadero holocausto que se desarrolla frente a los ojos de la población europea. Cada día estamos matando a hombres y mujeres que vienen desde Siria, de Afganistán, de África. Cada día deportamos a personas que están huyendo de las guerras que los europeos y norteamericanos provocaron a los torturadores de Libia y Turquía.

Alguien dice que esto no se puede comparar a los 6 millones de judíos asesinados por los nazis. 30 mil muertos parecen no ser suficientes… ¿esperamos entonces que sean 6 millones?

El nazismo de hoy tiene una dimensión planetaria: los “judíos de hoy” son los millones de personas que el colonialismo ha humillado, y que intentan escapar de sus campos de exterminio.

Usted ha señalado que el auge de la extrema derecha se da en consonancia con la obsesión por la “identidad”. ¿Por qué esto es problemático en política?

La política se funda sobre la elección entre alternativas, se funda sobre el pensamiento, la estrategia racional. La identidad es lo contrario de la libertad, es lo contrario de la elección. Soy blanco, soy negro, soy musulmán, soy cristiano… La política no tiene nada que ver con el “ser”, sino con el devenir.

Cuando la política se piensa en términos de “ser”, la guerra se hace inevitable. El fascismo siempre se funda sobre el malentendido de que la política es la expresión de una identidad.

Pese a que muchos tildan a los partidos y gobiernos de extrema derecha de “fascistas”, usted ha dicho que esa categoría no es suficiente. ¿Por qué?

El fascismo histórico del siglo XX fue una expresión de jóvenes que luchaban por la supremacía nacional y racial, pero basados en una visión futurista, expansiva y eufórica. No se puede entender el fascismo italiano, pero tampoco el alemán y el japonés, sin referencia a ese futurismo, a la afirmación agresiva de un futuro glorioso. Hoy, nada de eso existe. No hay exuberancia juvenil futurista en la ola neorreaccionaria actual.

La ola neorreaccionaria de hoy es un fenómeno de senescencia (envejecimiento biológico). No importa que muchos jóvenes voten a la derecha: son jóvenes sin futuro, sin euforia, sin esperanza y sin gloria. El horizonte contemporáneo es de impotencia; y la impotencia es el origen de la venganza.

En 2018 intelectuales y artistas francesas firmaron una misiva en la que acusaron al feminismo anglosajón, concretamente al movimiento #MeToo, de desatar una “caza de brujas” que conduciría a un nuevo “puritanismo” sexual. ¿Qué opinión tiene de esta suerte de “cisma” dentro del feminismo?

El movimiento #MeToo ha sido un acontecimiento importante de denuncia del poder (masculino) implícito en la sexualidad contemporánea. De acuerdo. Pero la dinámica cultural que el #MeToo desencadena coincide con una visión puritana que juega un papel importante en la historia del movimiento feminista mundial, pero sobre todo en el marco del feminismo norteamericano. La visión puritana se manifiesta en el rechazo de lo que es ambiguo e impuro en la comunicación erótica, en la comunicación en general.

Naturalmente, en las condiciones actuales de violencia y de agresividad masculina, la ola de denuncias femeninas es necesaria y legítima, pero hay un peligro cultural enorme: la criminalización de la ambigüedad, de la seducción como juego lingüístico.

El #MeToo es la expresión de una cultura donde la sexualidad ha perdido toda relación con la ironía del lenguaje, donde el lenguaje tiene que ser “sí-sí, no-no”, donde el miedo recíproco es la única manera para evitar la violencia. Es un mundo infernal que corresponde perfectamente al infierno del país donde el humano ha sido cancelado porque el lenguaje ha sido sometido a un código binario. La binarización de la sensibilidad implica una identificación del erotismo con la pornografía.

Las denuncias contra el productor Harvey Weinstein que han desencadenado la ola de crítica feminista en los Estados Unidos tienen que ser contextualizadas dentro de la crisis política de la democracia norteamericana, en la crisis de la clase política democrática, en el sistema de complicidad “clintoniana”. Quién era Weinstein lo sabían todos, pero el poder liberal democrático, y el poder de los media ha sido cómplice de su violencia, que no era sólo sexual, sino que también social, económico y profesional.

¿Existe hoy algún colectivo feminista que trascienda esta visión puritana?
El movimiento “Ni una menos” de Argentina tiene un carácter cultural profundamente diferente, porque se funda sobre la acción colectiva de las mujeres, no sobre la abstracta afirmación de una verdad y de una pureza que no existe, sino en la palabra de la ley.

En los últimos años han surgido bloggers y youtubers de extrema derecha. ¿A qué atribuye su proliferación y cómo lo relaciona con el ascenso de gobiernos de extrema derecha?

La impotencia es el carácter fundamental de la identificación de la raza blanca. La cultura declinante de los dominadores es amenazada por la globalización, por la migración y, al mismo tiempo, por el súper poder de la técnica y de las finanzas.

Impotencia es una palabra que se refiere a la potencia política perdida, pero también a la potencia sexual. La depresión masiva, la precariedad y la ansiedad contemporánea han producido un efecto de impotencia psíquica y sexual masiva que se manifiesta como agresividad antifemenina.

La guerra civil global contemporánea es, antes que nada, una guerra contra las mujeres. En su libro Muerte a los normies (Orciny Press, 2018), Angela Nagle explica muy bien el papel que la cultura de los “hombres beta” (varones poco asertivos con las mujeres y que han sido relegados involuntariamente del mercado sexual) está desarrollando en la ola neorreaccionaria.

En los años que antecedieron el triunfo de Trump, muchas subculturas web vinculadas a la alt right utilizaron memes como “Pepe la Rana”, que en clave irónico cínica, lograron convocar a miles de hombres jóvenes, “trolls” de raza blanca y de sensibilidad política indefinida. ¿Qué implicaciones éticas y cognitivas tiene la estética del meme?

En condiciones de aceleración e intensificación de la infoesfera, el tiempo de elaboración cognitiva se hace cada vez más breve y constreñido. Por eso, la facultad crítica como capacidad de discriminación entre verdadero y falso, se confunde, se oscurece. No tenemos tiempo para analizar intelectualmente, ni para elaborar emocionalmente, las estimulaciones que llegan a nuestra mente. Consecuentemente, las formas de comunicación más eficaces son las que substituyen a la razón crítica con la velocidad de la síntesis memética.

En su libro Comprender los Medios de Comunicación (1964), Marshall McLuhan escribió que cuando la simultaneidad electrónica remplaza a la secuencialidad alfabética, la facultad mitológica remplaza en la cultura social a la razón crítica. El meme es la expresión mediática del pensamiento mitológico, que –como el inconsciente freudiano– no conoce el principio de no contradicción, no conoce la irreversibilidad temporal, no conoce la crítica ni la temporalidad histórica.

Usted se ha mostrado incrédulo frente a las fake news y ha declarado que no constituyen un fenómeno nuevo. ¿A qué atribuye la creciente tendencia a creer y a difundir noticias e información falsa?

Las noticias falsas no son, naturalmente, un fenómeno nuevo; siempre ha habido información mal intencionada en la historia de los medios. El volumen de noticias falsas aumenta hoy porque aumenta, en general, la cantidad de información que circula en la infoesfera digital.

La aceleración e intensificación de la infosesfera es la causa de un pánico comunicacional que se manifiesta como una incapacidad de distinción consciente. Y las estrategias del pensamiento crítico son inefectivas en el contexto de esta, “tempestad de mierda”, en palabras del filósofo surcoreano Byung-Chul Han.

En La segunda venida (Polity Books, 2019), su más reciente libro aún no traducido al español, usted se sumerge en el vocabulario teológico para intentar desentrañar los motivos tras el descontento social actual. ¿Qué propuesta ofrece para sortear el caos que nos rodea? ¿Y a qué potencial “venida” se refiere?

Creo que hemos ingresado en una época apocalíptica en el doble sentido; una época de catástrofe y una época de revelación. No se puede evitar el apocalipsis, porque las tendencias apocalípticas ya se están manifestando. Sólo podemos preparar la segunda venida. Y no me refiero a la segunda venida de Jesucristo, porque no soy creyente. Me refiero a la segunda venida del comunismo, pero no en la forma totalitaria en la que se manifestó durante el siglo pasado.

 

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