Diplomacia, Economía y Finanzas, Extremismo radical, Migraciones y refugiados, Populismo

Trump contra Londres

Jun 4 2019

Editorial – El País

El presidente de EEUU convierte una visita de Estado a un aliado estratégico en una sucesión de injerencias e insultos

Las visitas de Estado son normalmente la representación formal de la buena sintonía entre países lograda mediante la diplomacia. Ocasiones en las que ambas partes evitan cuidadosamente cualquier gesto o alusión que pueda enturbiar ese ambiente de cordialidad, o al menos de relaciones educadas. En esto pone especial cuidado el anfitrión y, desde luego, el invitado.

A nadie se le ocurre insultar a quien le brinda su hospitalidad. Sin embargo, no parece que el presidente de Estados Unidos tenga la misma concepción de lo que es una visita de Estado ni de cómo debe comportarse el visitante con quien le recibe.

Ya antes de iniciar ayer su visita oficial al Reino Unido, Donald Trump se permitió indicarle al Gobierno británico cómo debe afrontar la estrategia del Brexit. El presidente criticó duramente a la primera ministra británica, Theresa May, por la marcha de las negociaciones, apoyó como sucesor de May al euroescéptico Boris Johnson y añadió que Londres debía incorporar a las conversaciones con Bruselas al eurófobo Nigel Farage, así como optar por un Brexit drástico. No es necesario recordar la grave crisis política que vive el Reino Unido por el fracaso del proceso, que incluso ha llevado a anunciar la dimisión de la propia May. Por no mencionar la incertidumbre en la que se encuentra el principal proyecto económico y político de los países de Europa. Todos ellos —el Reino Unido y los socios de la UE—, aliados estratégicos de EE UU. Resulta inimaginable que, por ejemplo, horas antes de ser recibida con todos los honores en la Casa Blanca, May hubiera desdeñado el modo en que Trump está llevando la guerra comercial con China. De hecho, que una cosa así sucediera era inimaginable con cualquier otro presidente de EE UU hasta la llegada del millonario neoyorquino al cargo.

Pero si las críticas a sus anfitriones por el Brexit ya van más allá de la descortesía, los insultos proferidos contra el alcalde de Londres, Sadiq Khan, momentos antes de aterrizar en territorio británico resultan intolerables y desmerecen la dignidad que debe recordar quien ostenta la presidencia de la democracia más poderosa del planeta. Trump, a través de las redes sociales, calificó al alcalde de la capital británica de “perdedor irrecuperable”. Cierto es que Khan ha criticado duramente la visita, pero quien tiene la presidencia de EE UU ha logrado bajar aún más el nivel. Las relaciones diplomáticas no pueden convertirse en una pelea en Twitter. La alianza entre Londres y Washington es fundamental no solo para ambos países sino para el mundo democrático. Y esa importancia se escenifica en las visitas oficiales, algo que Trump haría bien en recordar.

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Otra agresión de EU

José Murat – La Jornada

La amenaza del presidente Donald Trump de imponer, a partir del 10 de junio, un arancel extraordinario de 5 por ciento a todas las importaciones provenientes de México hasta llegar a un ominoso 25 por ciento en octubre es más que una medida fiscal lesiva al libre comercio, es una agresión a México en una escalada que inició desde el primer día de una administración hostil, y que lejos de cesar se intensifica.

La artera medida se enunció cuando los congresos de los tres países se aprestan a discutir y aprobar la ratificación del T-MEC, luego de prolongadas y extenuantes negociaciones entre los equipos comerciales de los gobiernos. En el caso de México, el mismo día en que el titular del Poder Ejecutivo envió el instrumento comercial al Senado para su análisis y aprobación.

El pretexto aducido, y hecho público intempestivamente el jueves 30, es la presunta omisión del gobierno mexicano en la aplicación de medidas que frenen el flujo irregular de inmigrantes centroamericanos a Estados Unidos, como si fuera deber de un Estado soberano hacer el trabajo sucio correspondiente a otro equivalente de la comunidad internacional.

Con independencia de que la advertencia se cumpla o no, la medida anunciada ya generó efectos negativos en la economía mexicana, comenzando por sus indicadores financieros. La amenaza es un hecho concreto, más allá de su implementación práctica, si nos atenemos al teorema del sociólogo estadunidense William Thomas planteado en su libro Los niños en América: problemas conductuales y programas: si los individuos definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias. Los mercados asumieron el riesgo, las consecuencias son tangibles.

En efecto, al siguiente día de la emisión del tuit, el dólar alcanzó una paridad de 20 pesos en operaciones al menudeo, y al mayoreo, la divisa estadunidense subió 53.85 centavos, para situarse a 19.70 a la compra y 19.71 pesos a la venta.

En los mercados accionarios, el S&P BMV/IPC disminuyó 1.72 por ciento para descender a 42 mil 602.00 puntos. En Nueva York, el Nasdaq retrocedió 1.37 por ciento, el Standard & Poor’s 1.25 por ciento y el Dow Jones 1.22 por ciento.

Pero los efectos serán más graves de consumarse la amenaza: para los expertos en lo individual y agencias calificadoras de proyectos de inversión, de implementarse el arancel, se reducirá la probabilidad de que México crezca durante el año por arriba de uno por ciento, lo que también pone en riesgo la estabilidad de los ingresos tributarios y la calificación crediticia de la deuda soberana.

Huelga señalar en este espacio de reflexión que la advertencia del gobierno estadunidense contraviene flagrantemente el espíritu y las reglas del comercio global; de manera específica, se estaría actuando en contra del TLC, todavía vigente y de las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), algo que otorgaría derechos a México para implementar represalias, pero que podría desatar una guerra comercial entre los dos países, con consecuencias negativas para ambas partes.

Para la agencia calificadora Goldman Sachs: “Con 352 mil millones de dólares en importaciones mexicanas registradas en 2018, un arancel de 5 por ciento implicaría entonces un costo de 18 mil millones de dólares.

Aunque creemos que el arancel sea altamente disruptivo, esto sería menos que hubiera sido el cerrar por completo la frontera además que también ha sido propues-ta de una forma mucho más específica.

Es la primera ocasión que el presidente Trump anuncia un arancel en contra de un país con el que tiene un acuerdo comercial con fines distintos a redefinir las reglas del juego del comercio, sino como represalia en contra de un país por una agenda totalmente ajena a lo comercial, como lo es el fenómeno migratorio.

Las repercusiones de la me-dida, además, irían mucho más allá de la relación comercial con México y arrojarían men-sajes de incertidumbre y tensión en los mercados financie-ros, por las implicaciones que tendría en la actividad económica mundial, en una tormenta perfecta, pues se da justo cuando Estados Unidos libra una guerra comercial con la ascendente China, la segunda economía más grande del orbe.

Pero en lo que a nuestro país atañe, se precisa una posición firme y enérgica por parte no sólo del gobierno en funciones, sino del Estado mexicano, es decir, las instituciones representativas de la democracia, a partir de una defensa de los principios cardinales de nuestra política exterior, igualdad jurídica de los Estados, cooperación internacional para el desarrollo, solución pacífica de las controversias, y también respeto a los instrumentos comerciales vigentes, seriamente vulnerados hoy por decisiones arbitrarias y unilaterales.

Frente a la artera agresión, unidad y dignidad nacional.

 

 

 

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