Derechos Humanos, Extremismo radical, Migraciones y refugiados, Populismo, Racismo&discriminación, Violencia

Balancines en el muro USA-México y aquellas cruces en Chile.

Ago 6 2019

Comentario de Fernando Reyes Matta*

Es posible que Donald Trump diga: “y a mí que me importa, que se sigan balanceando en la frontera y jueguen a lo que quieran; yo sigo con mi muro”. Pero esas son las miopías de los obcecados.  Lo hecho por el profesor de arquitectura Ronald Rael al instalar esos tres balancines rosados en medio del muro que divide a México y Estados Unidos tiene la fuerza del acto simple que se convierte en ícono. Es la escena de ternura humana capaz de llegar a todo el mundo y ser vista por millones en todas las redes y países.

¿Por qué ocurre aquello? Porque esos tres balancines, donde jugaron y rieron niños y adultos, es una burla directa como si subieran y bajaran sobre el escritorio de Trump en la Casa Blanca. Porque frente a la prepotencia y el autoritarismo – o la demencia – aquellas escenas se convierten en una acción de arte que, desde la ironía, hacen denuncias. Escenas que dicen: no es con el muro que construiremos la convivencia, es con la vida y la alegría compartida que sembraremos futuro. Sí, a veces a mí me toca subir y otras bajar. Y para ti será lo mismo. Pero estamos en la misma aventura y compartiendo el mismo balancín. A un lado los de Ciudad Juárez, al otro los de Sunland Park.

El profesor Rael, de la Universidad de Berkeley, junto a la profesora de diseño de la Universidad de San José, Virginia San Fratello, llevaban tiempo pensando en ejecutar esta acción. Pero nunca tan oportuna como ahora. Niños  en prisión separados de sus padres, migrantes retenidos por meses sin solución legal, todo ello está allí, mientras la respuesta es el muro, la separación. El académico manifestó que “el muro lo convertimos, literalmente, en un punto de apoyo para las relaciones entre niños y adultos de EEUU y México; ellos se vieron conectados de forma simbólica al reconocer que las acciones que tienen lugar en un lado, tienen una consecuencia directa en el otro”.

Los significados de los videos y fotos tomadas en ese lugar seguirán vigentes por largo tiempo. Es la fuerza de ciertas acciones cuando interpretan sentimientos profundos y latentes en el sentir de hombres y mujeres en determinadas circunstancias.

Es la misma fuerza de lo hecho por Lotty Rosenfeld  allá por 1979, en plena dictadura en Chile. Y es válido el paralelo. Lo suyo fue algo poético, simbólico que dejaría huellas para siempre en la memoria colectiva de una generación. En diciembre de ese año, la artista intervino la avenida Manquehue en el barrio alto de la capital, agregando líneas blancas horizontales sobre las verticales que dividen las pistas de los autos.

Lo registró en video y fotos bajo el título “Una milla de cruces sobre el pavimento”, la cual se convirtió en su obra ícono. Y ha sido llamada a reeditarlo en lugares llenos de historia: frente a la Casa Blanca, en Washington; en el Allied Checkpoint  en el Muro de Berlín o frente a la Puerta de Alcalá, en Madrid. Lotty señala con fuerza lo hecho y sus alcances hasta hoy:

“Estaba buscando una señal en el espacio público que me permitiera trabajar con la obediencia irreflexiva frente al orden establecido, intervenir el signo me permitió evidenciar una de las formas cotidianas en que opera el poder. Lo que menos se ve es lo que está más presente. He insistido en mi trabajo sobre la circulación de los discursos con que se ordena a los cuerpos individuales, haciéndolos políticamente sumisos. No solo me he inclinado en las calles para marcarlas con el signo +, sino que también mi producción de video, que ha sido intensa, ha incorporado los conflictos de la obediencia”, señala en una entrevista.

Puede que gente como Trump crean que tres balancines sobre un muro o las cruces blancas sobre un pavimento no dicen mucho. Pero son esos, exactamente, los  fundamentos sobre los cuales encuentran inspiración los que luchan por más libertades para el ser humano. Es por eso que hoy se considera seriamente el nombre de Lotty Rosenfeld para el próximo Premio Nacional de Artes Plástica en Chile.

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*Comunicólogo, periodista  y diplomático chileno. Asesor Internacional Presidente Ricardo Lagos (2000 a 2006). Ex embajador en China y en Nueva Zelanda. Director del Centro de Estudios sobre China, Universidad  Andrés Bello.  Profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica de Chile. Texto enviado a Other News por el autor.

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Donald Trump es un hombre peligroso

Por Roberto Pizarro*

En un centro comercial de El Paso, Texas, la metralla de Patrick Crusius asesinó a 20 personas y dejó a otras tantas heridas. Previamente había publicado en internet un manifiesto racista, dónde hablaba de matar hispanos para detener una supuesta invasión de mexicanos en Estados Unidos. Se identificaba así con los supremacistas blancos y se inspiraba en el presidente, Donald Trump, quien ha calificado a los mexicanos de violadores y criminales.

Para cumplir con su propósito racista, el asesino eligió El Paso, ciudad fronteriza con México, con un 85% de población hispana. Además, el manifiesto de Crusius expresaba admiración hacia Brenton Harrison, el hombre acusado de asesinar a 51 personas en dos mezquitas de Nueva Zelanda, en marzo de este año. Harrison también se había inspirado en Trump a quien reconocía como “símbolo renovado de la identidad blanca”.

El presidente Trump ha colocado en el centro de sus políticas el tema migratorio. Ha atacado persistentemente la caravana de migrantes centroamericanos que intenta llegar a los Estados Unidos, militarizando incluso la frontera con México. Además, durante todo su mandato ha perseverado en la construcción de una muralla que impida el tránsito entre los dos países de América del norte.

El ataque de Crusius fue tan brutal que el presidente Trump por primera vez se vio obligado a condenar el racismo, aunque ha sido un especialista en promoverlo. En efecto, en mayo del año pasado decía, “Tenemos gente que llega al país que ustedes no creerían lo malos que son. Estas no son personas, son animales, pero los estamos sacando del país a un ritmo nunca visto”. Y, luego en julio de este año declaraba que las congresistas de color, Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib Omar deberían regresar a las naciones “estropeadas e infestadas de delincuencia” de donde vinieron, ignorando el hecho de que todas son estadounidenses.

Según la organización Southern Poverty Law Center (SPLC), ha sido precisamente durante la presidencia de Trump que los crímenes de odio han aumentado considerablemente en Estados Unidos. El número de grupos radicales batió un récord en 2018 y los mensajes de Trump han dado fuerza a los supremacistas blancos y a la xenofobia contra los extranjeros provenientes de Centroamérica y México.

Trump se han convertido en el principal referente de la ultraderecha. Le disgusta la diversidad sexual y cultural, exalta el militarismo y es enemigo de los inmigrantes. Cuestiona el desarme nuclear, no cree en el cambio climático y ha sido categórico en la necesidad de aplastar las ideas progresistas. Sus políticas unilaterales no ayudan a pacificar el mundo y añaden fuego a los conflictos internacionales.

En esos temas, como en varios otros, el presidente de Estados Unidos recibe el aplauso del neofascismo europeo y también de Jair Bolsonaro. Donald Trump es un hombre peligroso que está provocando una creciente inestabilidad económica y política en el mundo, y su discurso xenófobo favorece el odio y la violencia.

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*Economista, con estudios de posgrado en la Universidad de Sussex (Reino Unido). Investigador Grupo Nueva Economía. Fue decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, ministro de Planificación, embajador en Ecuador y rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.  Columnista de diversos medios. Artículo enviado a Other News por el autor y publicado en elDesconcierto.cl, el 06.08.2019

 

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