Economía y Finanzas, Neoliberalismo, Política, Populismo

El desastre Johnson

Ago 1 2019

Editorial – El País

Las iniciativas del nuevo primer ministro británico ya tienen consecuencias económicas negativas

La llegada de Boris Johnson al Gobierno británico ya está generando los primeros dividendos. Además del desplome de la libra esterlina y de las cotizaciones bursátiles, se extienden los temores a una posible recesión. La presunción generalizada es que el nuevo primer ministro mantendrá su disposición a forzar un abandono definitivo de la UE sin acuerdo el próximo 31 de octubre, a cualquier precio. Y ese precio será elevado, lo anticipan los mercados financieros.

Como han mostrado tras la emergencia de la guerra comercial entre EE UU y China, a los inversores en activos financieros no les gustan las confrontaciones. Tampoco a los empresarios del sector real que tratan de anticipar el horizonte por el que discurrirán sus empresas. Si no cambia la actitud del primer ministro británico, la economía de su país seguirá sufriendo. Las evoluciones declinantes de los precios de los activos inmobiliarios también dan cuenta de esto. Únicamente las empresas con una proyección internacional de sus ingresos podrán seguir capeando el temporal, siempre que la frágil economía mundial no se deteriore más. Pero esas no serán la mayoría de las empresas, como refleja la persistencia del abultado déficit de la balanza de pagos británica.

Es precisamente esa conjunción del aterrizaje de Johnson, dispuesto a no facilitar una salida ventajosa para su país, con las señales adversas que se suceden en otras economías y con la actitud de su amigo Donald Trump, las que pueden precipitar un debilitamiento adicional del crecimiento de las economías europeas.

Frente al desastre que puede desencadenarse el 1 de noviembre, de poco servirá la disposición del primer ministro y de su ministro de Hacienda, Sajid Javid, de llevar a cabo una política fiscal manifiestamente expansiva, rompiendo con la prudencia de su antecesor en esa cartera. En el caso en que su magra mayoría parlamentaria le permita hacer de su capa un sayo, con reducciones de impuestos y aumentos indiscriminados del gasto público, no favorecerán una inmediata recuperación del crecimiento, ni mucho menos, el mantenimiento bajo control de las tensiones inflacionistas ya estimuladas por la intensa depreciación de la libra.

Tampoco cabe confiar en ningún acuerdo comercial aceptable con Estados Unidos, como compensador del elevado comercio en bienes y servicios que hoy mantiene la economía británica con el resto de la UE. De no mediar alteraciones en las intenciones con que llegó a las elecciones y está dando estos primeros pasos, Johnson podrá ser el primer ministro más dañino para su país y para el conjunto de Europa.1 AGO 2019

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Anexo, Página12: Cae la libra por los planes de Boris Johnson con el Brexit

 

Frente al complejo panorama abierto en Irlanda y Escocia, la libra esterlina cayó a sus valores mínimos en dos años, frente al dólar estadounidense

El primer ministro británico, Boris Johnson, informó a su par irlandés Leo Varadkar que su gobierno «nunca» restablecerá controles físicos en la frontera con Irlanda tras el Brexit, luego de prometer a Escocia, territorio mayoritariamente contrario a una salida de la Unión Europea (UE), inversiones por un total de 300 millones de libras (unos 329 millones de euros. Tras los anuncios, la libra esterlina cayó a sus niveles mínimos en dos años, frente al dólar estadounidense.

Johnson declaró este martes que su gobierno se compromete a no establecer «nunca controles físicos o infraestructuras físicas en la frontera» entre los territorios de Irlanda del Norte e Irlanda, incluso ante la posibilidad de una salida sin acuerdo del Reino Unido de la comunidad europea, el próximo 31 de octubre.

En conversación telefónica con el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, el líder británico insistió con su propuesta de un acuerdo de salida de la UE, pero sin contemplar la red de seguridad irlandesa («backstop»), un último recurso destinado a evitar el regreso a una frontera física en la isla de Irlanda, donde los 500 km que separan al Norte de la República de Irlanda se convertirían en el último límite terrestre entre la UE y el Reino Unido.

Varadkar sostuvo que el backstop es «necesario y consecuencia de la decisión tomada por el Reino Unido» de abandonar la UE. El líder irlandés subrayó que la comunidad europea está «unida en su rechazo a revisar el Acuerdo de Retirada» concluido con la ex primera ministra británica, Theresa May, en noviembre del año pasado.

«Algunas soluciones alternativas podrían reemplazar al backstop en el futuro, pero resta aún identificarlas y demostrar que son satisfactorias», añadió. Según el Acuerdo de Retirada, el recurso entraría en vigor tras un periodo de transición, si no se encuentra ninguna otra solución viable antes de mediados de 2020, entre Londres y Bruselas.

El mecanismo, propuesto a finales de 2018 por decisión de Theresa May, consiste en crear un «territorio aduanero único», que comprenda a la UE y al Reino Unido, y permita eliminar cuotas y aranceles aduaneros para bienes industriales y agrícolas. Irlanda del Norte, además, se mantendría alineada con un número limitado de reglas del mercado único europeo.

Definida por algunos como una suerte de «póliza de seguro», es básicamente un dispositivo que busca garantizar que no habrá una frontera «dura» entre las dos Irlandas, incluso si no se llegara a un acuerdo formal en temas comerciales y de seguridad. Básicamente, implicaría, como último recurso y en condiciones específicas, mantener temporalmente a Irlanda del Norte dentro de la unión aduanera y del mercado único, mientras el resto de Reino Unido los abandona.

Esta iniciativa sólo debería entrar en vigor si para diciembre de 2020 no hay un acuerdo comercial entre la comunidad europea y Reino Unido. Pero, como no se establece una fecha límite para esa situación, y como se requeriría el visto bueno de los europeos para que se le ponga fin, hay diputados que temen que se extienda como una situación permanente.

Visita a Escocia y promesa de inversiones

En su primera visita al territorio escocés como primer ministro británico, Boris Johnson afirmó: «El Reino Unido es la unión política y económica más exitosa de la historia, somos una marca global». El nuevo líder intenta contrarrestar las demandas del gobierno escocés (que exige la celebración de un nuevo referéndum) con el anuncio de un plan de inversiones de 300 millones de libras, dirigido a Escocia, pero también a Gales e Irlanda del Norte.

Escocia, que votó en contra del Brexit en el referéndum celebrado tres años atrás, teme consecuencias económicas catastróficas de confirmarse tal escenario, lo que opera como incentivo para la propuesta de realizar una nueva consulta sobre la independencia, rechazada por los electores en 2014. Las encuestas, de hecho, indican que el independentismo volvería a estar en alza.

Ya en su primer día de mandato, Johnson recibió una carta en la que la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, le exigía la convocatoria de una nueva consulta popular sobre la soberanía de Escocia antes de 2021. En el encuentro celebrado el lunes, la funcionaria reconoció haberle «dejado claro» a Johnson que se opone al abandono de la comunidad europea, y le exigió dejar a los escoceses «escoger su propio futuro».

Caída récord de la libra esterlina

Frente al complejo panorama abierto en Irlanda y Escocia, la libra esterlina cayó este martes a sus valores mínimos en dos años, frente al dólar estadounidense. La divisa británica cotizó por la tarde a 1,2258 dólares, un 1% menos que en la última sesión, situándose por debajo de los 1,23 dólares por primera vez desde marzo de 2017. Se depreció, también, un 1,02 % frente al euro.

La moneda del Reino Unido se cambiaba por 1,50 dólares el 23 de junio de 2016, cuando se celebró el referéndum en el que un 52% de los británicos decidió abandonar la UE. Todos los analistas coinciden en que esta baja de la libra se debe a la decisión inamovible de Boris Johnson de abandonar el bloque europeo en la fecha prevista, haya o no acuerdo con Bruselas.

 

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