Derechos Humanos, Extremismo radical, Migraciones y refugiados, Populismo

Indiferencia europea atrapa migrantes en alta mar

Ago 13 2019

Editoriales de La Jornada y El País, Anexo BBC

Europa, cerrada para los náufragos – La Jornada, México

Más de 500 personas procedentes de África y de Medio Oriente se encuentran en situación de emergencia en las costas mediterráneas de Europa, a bordo de embarcaciones de organizaciones humanitarias –los buques Open Arms, del colectivo del mismo nombre, y Ocean Viking, de Médicos Sin Fronteras y SOS Mediterranée– que las han rescatado de lanchas precarias y buscan depositarlas a salvo en algún puerto del viejo continente. Pero los gobiernos de España e Italia, los países en cuyas proximidades se encuentran los navíos de los grupos asistenciales, no han otorgado la autorización para el desembarque de los migrantes, con las excepciones de una mujer con neumonía, otra con un tumor cerebral y un hombre con tuberculosis, quienes tras muchos regateos fueron aceptados el domingo pasado por las autoridades de Malta.

Desde hace días la situación es desesperante en ambos barcos humanitarios, lo que podría obligar a sus respectivas tripulaciones a actuar como lo hizo a finales de junio pasado la capitana del barco Sea Watch 3, de la organización no gubernamental del mismo nombre, la alemana Carola Rackete, quien atracó en el puerto italiano de Lampedusa sin autorización de la autoridad portuaria y fue puesta de inmediato bajo arresto. Había permanecido 17 días en el mar con 40 migrantes rescatados a bordo y las circunstancias en el navío se volvieron insostenibles. Más allá de lo que ocurra en esta ocasión con el Ocean Viking, el Open Arms y sus pasajeros y tripulantes, es claro que los gobiernos de la Unión Europea están ante la obligación de dar un giro radical en sus políticas antimigrantes, que en el fondo no se diferencian de las puestas en práctica por Donald Trump: dejar a los integrantes de los flujos humanos que viajan de sur a norte sin más alternativa que la de ahogarse en el río Bravo o en el Mediterráneo, equivale a aceptar una caída en la barbarie y no puede ser admisible desde ningún punto de vista.

El deber de los estados europeos y del estadunidense ante la migración no es, por lo demás, de orden meramente humanitario. Debe considerarse que los flujos migratorios se originan por asimetrías económicas, conflictos bélicos, fenómenos de violencia desbordada o consecuencias del cambio climático, y en todas esas causas los países industrializados de Occidente tienen una responsabilidad principal e ineludible, y sus injerencias colonialistas y la expansión de sus economías por medio de la devastación de las ajenas, han generado las condiciones que obligan a millones de personas a emprender el viaje, ya sea para escapar del hambre, de la violencia o de ambas.

Se trata, pues, de náufragos de la economía y de procesos de disolución institucional y nacional provocados por los intereses geoestratégicos de Estados Unidos y Europa occidental, por el comercio de armas y drogas, por la sobrexplotación agrícola y extractiva depredadora, que afrontan los peligros mortales de naufragios menos metafóricos, de caer en manos de traficantes de personas y, los que logran llegar a destino, de padecer la violencia policial, la discriminación social y la explotación. Aunque organizaciones no gubernamentales como las referidas realizan una labor encomiable y valiosa salvando vidas y auxiliando de múltiples formas a los viajeros, es claro que su trabajo no es suficiente para contrarrestar la enorme irresponsabilidad de los gobiernos.

Con estos elementos en mente, es claro que los países del Occidente desarrollado deben reformular sus actitudes ante la migración y los gobiernos de todo el mundo deben ponerse de acuerdo en un nuevo paradigma para hacer frente a una expresión de movilidad humana que no va a menguar en los próximos años, pero puede ser asumida desde una perspectiva de derechos humanos efectivos y sustanciales y no, como se hace ahora, con políticas policiales y fronterizas que causan miles de muertes.

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Europa al rescate – El País de Madrid

La Comisión busca una salida a los náufragos recogidos por el ‘Open Arms’

Los Gobiernos de Malta y de Italia han aceptado acoger en su territorio, por razones de salud, a cuatro mujeres y un hombre embarcados en el Open Arms. El gesto es equívoco en la medida en que pretende esconder detrás de una concesión humanitaria una abstención política: no solicitar de la Comisión la activación del mecanismo europeo para hacer frente a estos casos, manteniendo a la Unión en situación de parálisis e intentando zafarse por esta vía de cualquier atisbo de solución que incluya un reparto de los náufragos entre los países miembros. Lejos de conseguir este propósito, el gesto de Italia y Malta ha revelado la verdadera debilidad de los Gobiernos, que han querido convertir la política migratoria en combustible para radicalizar al electorado. Por duro que sea el lenguaje al que recurren, saben que no pueden permanecer indefinidamente impasibles ante lo que sucede frente a sus costas sin desacreditarse, ni tampoco prolongar las disputas entre socios de la Unión tomando como rehenes a un centenar y medio de seres humanos en situación de absoluto desvalimiento.

Las organizaciones que han salido en su socorro han recordado que no se puede ignorar una realidad que, antes de involucrar conceptos como el efecto llamada, la identidad o, incluso, la seguridad, siempre asociados con los turbios cálculos electorales del populismo, exige ser contemplada en sus rasgos más elementales. El Mediterráneo sigue marcando una de las divisorias políticas y económicas más profundas del mundo, con guerra y miseria a un lado y estabilidad y prosperidad al otro. Y es esta divisoria la que hace que miles de personas se echen al mar en embarcaciones precarias, bien como refugiados que huyen de un conflicto abierto o bien para probar una suerte más benévola que la que les ofrecen sus países de origen. Acusar de buenismo a quienes recuerdan la insoslayable necesidad de tomar en consideración esta realidad y sus consecuencias es solo un intento de convertir un insulto denigrante en un conjuro pueril, con el que se pretende la salida mágica de hacer que desaparezca el problema por la vía de negarle cualquier solución, que sea a la vez políticamente factible y moralmente obligada.

La Comisión asumió ayer la tarea de conciliar este doble imperativo al iniciar contactos discretos con varios Estados miembros para buscar una salida a los náufragos recogidos por el Open Arms. Es claro que, una vez más, Europa se propone dar respuesta a un caso específico y no afianzar un mecanismo reglado dentro de una política migratoria común. Pero esta circunstancia no disminuye el valor de la decisión en la que pueda desembocar el movimiento de Bruselas, sino que lo acrecienta: los objetivos más ambiciosos no pueden servir de coartada para posponer las decisiones que urgen. Sobre todo, cuando lo que propone un creciente populismo es que esos objetivos no se asuman y que esas decisiones no se adopten. Al salir al rescate de los náufragos, Europa ha colocado a los Gobiernos de la Unión ante sus propias responsabilidades. ¿No habrá ninguno que, solo o en compañía de otros, permita que la Comisión medie para salvaguardar la seguridad y la dignidad de niños, mujeres y hombres hacinados sobre la cubierta de un buque?

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Anexo

«Es infame el silencio de Europa»: Open Arms y Ocean Viking, los barcos que deambulan por el Mediterráneo llenos de migrantes (y la respuesta de los países involucrados)

Redacción BBC News Mundo

El primero es un barco de bandera española que lleva doce días solicitando infructuosamente permiso para atracar con 151 migrantes rescatados en aguas del Mediterráneo.

El otro, de bandera Noruega pero fletado por las ONGs SOS Mediterranée y Médicos Sin Fronteras, rescató a otros 105 el lunes, para sumar 356 a bordo en poco más de una semana.

Y el Ocean Viking, al igual que el Open Arms, tampoco ha podido conseguir un puerto seguro en el que depositar toda su polémica carga.

«Cada día que pasa es más difícil», alertó la ONG española Proactiva Open Arms, la dueña del barco del mismo nombre dedicado al rescate de migrantes que tratan de llegar a Europa a través del Mediterráneo.

Según la organización, los migrantes -entre los que hay 31 niños- están hacinados en la cubierta de la embarcación, en medio de un mar cada vez más picado, mientras Europa mira a otro lado.

«Es infame el silencio de Europa. La falta de humanidad y empatía les hace más culpables», dijo la ONG en declaraciones recogidas por la agencia Efe, sobre la falta de respuesta a sus llamados y los del Ocean Viking.

Si algo se está moviendo en las instituciones europeas, lo hace muy lentamente.

El nuevo presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, le envió la semana pasada una carta al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, exigiéndole involucrarse en la búsqueda de una «respuesta inmediata» a la situación del Open Arms, así como «una distribución equitativa de los migrantes».

Y, según Efe, la Comisión asegura estar en contacto con los Estados miembros de la Unión Europea «para explorar soluciones».

Pero la institución también reconoció que «no ha iniciado todavía una coordinación puesto que ningún país se lo ha solicitado».

«Saboteado y obstaculizado»

La situación recuerda el caso del Aquarius, la embarcación que en junio del año pasado rescató a más de 600 migrantes en aguas del Mediterráneo pero se vio negar el ingreso a Italia y Malta, los dos países europeos más cercanos.

Eventualmente, y después de mucha polémica, los migrantes fueron recibidos por España.

A finales de 2018, sin embargo, el Aquarius se vio obligado a suspender las operaciones de búsqueda que realizaba por cuenta de SOS Mediterranée y Médicos Sin Fronteras (MSF).

Y la directora de esta última organización, Nelke Manders, también acusó a Europa de haberlos «saboteado y obstaculizado».

«El fin del Aquarius significa más muertes en el mar y más muertes innecesarias de las que nadie será testigo», denunció en esa oportunidad Manders.

Y el alto número de migrantes rescatados desde el reinicio de las operaciones de rescate de MSF y SOS Mediterranée el lunes pasado, ahora con el Ocean Viking, parece demostrar que el problema está lejos de haber terminado.

La mayoría de los migrantes rescatados por la embarcación noruega, entre los que también hay 29 menores, son de origen sudanés y fueron rescatados cerca de las costas de Libia.

De ahí también zarparon la mayoría de los rescatados por el Open Arms, llevando consigo «signos inequívocos de la violencia sufrida» en el país africano, dijeron sus tripulantes.

Por eso mismo es que los barcos no consideran a Libia, que ya se ha ofrecido a recibir a los migrantes, como un puerto seguro, e insisten en atracar en Italia o Malta, los países europeos más cercanos.

«A España o Noruega»

Por lo pronto, en el caso del Open Arms, dos mujeres enfermas pudieron ser evacuadas el lunes a Malta, junto a sus familiares, un día después de que un hombre también fuera trasladado a un hospital de la ciudad italiana de Lampedusa.

Pero Italia se niega tajantemente a dejar atracar a esa embarcación y al Ocean Viking, los que según una ley aprobada la semana pasada ambas embarcaciones podrían ser incautadas y multadas con hasta un millón de euros en caso de intentarlo.

«Italia no es un campamento de refugiados de Europa. Que vayan a España o Noruega», dijo, tajante, el vice primer ministro italiano, Matteo Salvini, en declaraciones a la televisora estatal, RAI, el pasado fin de semana.

«Trabajando desde esta mañana para evitar el desembarco de 500 inmigrantes», se reafirmó en un mensaje publicado este lunes por la mañana en sus redes sociales.

El también ministro del Interior quiere que el resto de países de la UE asuman una mayor responsabilidad en la acogida de migrantes y ha hecho todo lo posible para cerrarles las puertas.

Y en el caso del Open Arms ha insistido que la responsabilidad de los migrantes es de Madrid, por tratarse de un barco de bandera española.

Malta, por su parte, se ha dicho dispuesta a recibir únicamente a los 39 pasajeros del Open Arms rescatados dentro de su área de búsqueda y rescate.

«Malta solo puede asumir su propia responsabilidad, ya que no se han ofrecido otras soluciones «, aseguraron las autoridades maltesas en un comunicado.

Y, según SOS Mediterranée, el pequeño país insular también le negó al Sea Viking el permiso para ingresar siquiera a sus aguas territoriales para repostar, sin ofrecer ninguna explicación para la negativa.

La posición de España

El gobierno español, por su parte, ha dicho que el Open Arms todavía no ha pedido permiso para dirigirse a un puerto español pero también insistió en que era Italia quien tenía que recibir a los migrantes.

«Lo más sensato es que se dirija al puerto cercano más seguro, que se encuentra en las costas italianas», declaró este lunes la ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

Y Montero también descartó la noción de que los migrantes puedan ser considerados responsabilidad exclusiva de España, abogando porque sea la Unión Europa la que «distribuya después a estas personas».

En la misma línea, el ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, descalificó la solicitud de asilo en España para los 31 menores a bordo de la embarcación, hecha por su capitán, aduciendo que este no tenía las competencias legales para hacerlo.

Y en declaraciones a la cadena Telecinco, Ábalos dijo que esas acciones probablemente tenían como objetivo «presionar al Gobierno de Italia», coincidiendo así, inadvertidamente, con algo dicho por Salvini.

«Quizá estos señores solo quieren hacer una provocación política: evidentemente la vida de las personas a bordo no es su verdadera prioridad, sino que quieren a toda costa trasferir a los clandestinos en nuestro país», dijo el vice primer ministro italiano cuando el Open Arms llevaba seis días en el Mediterráneo.

«Le habría dado tiempo a alcanzar España, el país de esta ONG, que ha dado bandera a su nave y donde algunos alcaldes están dispuestos a la acogida», apuntó entonces.

En declaraciones al diario español El Mundo, sin embargo, Proactiva Open Arms explicó que «no piden un puerto español, pues implica cuatro días de travesía y de llegar a España, el barco sería inmovilizado, probablemente».

Y, mientras la situación se resuelve, dos barcos europeos cargados con migrantes siguen deambulando sin puerto por las aguas del Mediterráneo.

 

 

 

 

 

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