Corrupción, Derechos Humanos, Fuerzas Armadas, Igualdad y justicia social, Neoliberalismo, Política, Populismo, Violencia

Chile: una nueva Constitución para superar la crisis

Oct 30 2019

Roberto Pizarro*

El presidente Piñera declaró la guerra al pueblo chileno. Se olvidó que vivimos un régimen democrático. Impuso la zona de emergencia y envió a los militares a las calles para reprimir la rebeldía contra los abusos, las desigualdades y la corrupción. La guardia pretoriana de los dueños del poder y la riqueza intento debilitar las protestas, acumulando muertos, torturados, heridos y detenidos.

El gobierno fracasó en su apuesta represiva. A lo largo de todo el país se multiplicó el descontento, contra el régimen de injusticias. El viernes 25 de octubre se conoció la manifestación más grandiosa de nuestra historia: casi dos millones de personas en Santiago y decenas de miles en otras ciudades del país.

El alza de treinta pesos de la tarifa del Metro colmó la indignación ciudadana. Pero, en realidad, la protesta ciudadana apuntaba a algo más profundo: el rechazo a treinta años de un capitalismo desenfrenado y depredador, que explota sin compasión al 99% de los chilenos, para favorecer al 1% más rico de la población.

La economía de las desigualdades, la política del abuso y la instalación de la corrupción no se sostienen más. El derrame del crecimiento y la focalización de la pobreza, rostro vergonzante del modelo económico, han dado por resultado la universalización de la desesperanza.

Los economistas de Chicago, con el apoyo de las armas de Pinochet, privatizaron la salud, la educación y la previsión social, y además cerraron las puertas a la organización sindical. Así, ampliaron los espacios de ganancia a los empresarios, encarecieron la vida de las capas medias y condenaron a la miseria a los sectores bajos ingresos.

Los privatizadores de la vida pública bajaron los impuestos a los ricos, destinando escuálidos recursos para viviendas sociales, hospitales, escuelas públicas y algún modesto subsidio para los más desamparados. La focalización acorraló territorialmente a los pobres en poblaciones alejadas de sus centros de trabajo y de los espacios físicos ocupados por los sectores de altos ingresos. Así se construyó la muralla que divide a los chilenos según su origen social y cultural.

Los políticos y economistas de la Concertación, que desde la oposición a la dictadura habían cuestionado el neoliberalismo, le dieron continuidad al modelo instalado por el régimen de Pinochet. Las desigualdades, abusos y corrupción continuaron en democracia.

La ciudanía no quiere más los abusos de las AFP y las ISAPRES; denuncia las tarjetas de crédito que imponen tasas de interés usureras; rechaza los peajes de las carreteras que aumentan periódicamente al gusto de los concesionarios; y, cuestiona a las empresas de “utilidad pública” que modifican a su arbitrio las tarifas.

También la ciudadanía protesta contra los bienes de consumo que se elevan con la colusión de empresarios inescrupulosos. Son manifiestos los casos de las farmacias, el papel higiénico, los pañales y pollos. Y, la impunidad los protege. Los empresarios no reciben sanciones o sólo multas menores.

La ciudadanía reclama también contra un Estado que es complaciente con los abusadores porque el empresariado tiene en el mundo político a sus protectores. Pagan campañas políticas y coimean a parlamentarios, a los partidos políticos y a gobiernos de distinto signo. La corrupción se ha generalizado en el país. Penta, Corpesca y Ponce Lerou, entre otros grandes empresarios, pagan a políticos para ampliar sus ganancias.

La protesta es también contra las desigualdades. Porque el 1% más rico de la población chilena se lleva el 33% de todos los ingresos que se generan en el país, mientras el 50% de los trabajadores chilenos gana menos de CL$400.000. Y ese 1% recibe la mejor educación y salud, mientras crece el deterioro de los servicios públicos para la mayoría.

Los pobres y sectores medios exigen viviendas, salarios, pensiones, salud y educación que les permitan vivir dignamente.

Para enfrentar estructuralmente los abusos, desigualdades y corrupción se precisa un Estado protector de toda la sociedad y no para favorecer a ricos y poderosos. Ello exige terminar con el Estado subsidiario, contenido en la Constitución tramposa de 1980.

Chile necesita un Estado activo, para enfrentar los abusos y la corrupción. Un Estado no subsidiario para desafiar las desigualdades, regular las arbitrariedades de los mercados,  atender las demandas sociales, proteger el medio ambiente y construir una economía diversificada, que supere el rentismo depredador.

La lucha ciudadana para terminar con los abusos, desigualdades y corrupción exige un nuevo contrato social. El derrame del crecimiento y de la focalización social son hoy día rechazadas por el 99% de la población. Por ello las dádivas que hoy ofrece el presidente Piñera no terminarán con las protestas. Se precisa una nueva Constitución que asegure cambios sustantivos y garantice una vida digna a todas las familias chilenas.

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*Economista, con estudios de posgrado en la Universidad de Sussex (Reino Unido). Investigador Grupo Nueva Economía. Fue decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, ministro de Planificación, embajador en Ecuador y rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.  Columnista de diversos medios. Artículo enviado a OtherNews por el autor y publicado en AméricaEconomía , el 29.08.2019

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Chile: las razones evidentes del estallido

Por Jorge Heine* – El Clarín de Buenos Aires

El país se encuentra entre las diez naciones del mundo con mayor desigualdad de ingresos.

Hace unas semanas, el Presidente Sebastián Piñera declaraba al Financial Times que Chile​ era un oasis en una región plagada de inestabilidad y economías estancadas, o en recesión. A poco andar, el país estalló de una forma como no lo había hecho desde el retorno de la democracia. Ello obligó al gobierno a declarar estado de emergencia y a movilizar a 10.000 militares en las calles.

¿Qué ocurrió ?

La violencia y magnitud de los desmanes, particularmente en contra de esa joyita que es el Metro de Santiago, ha sorprendido. El estallido mismo, sin embargo, es crónica de una crisis anunciada. Desde 1990, Chile ha tenido enormes avances, y es, de acuerdo al Indice de Desarrollo Humano (IDH) y su ingreso per capita , el país mas desarrollado de la región, junto a Uruguay. La pobreza se ha reducido de 39% en 1990, a un 10.7% hoy.

Chile hoy es otro país. Dicho eso, la desigualdad es rampante. Con un coeficiente Gini de 0.47, Chile se encuentra entre los diez países con mayor desigualdad de ingresos. Según un estudio de Branko Milanovic, en 2013-2014, el 5% de ingresos mas bajos en Chile está al mismo nivel que su equivalente en Mongolia y en Moldova, mientras que el 2% de ingresos mas altos tiene el mismo nivel que en Alemania.

El alza de pasajes del Metro fue el detonante que encendió la explosión social. Pero fue solo la gota que colmó el vaso. Los servicios de utilidad pública son los más caros de la región, y suben sin cesar. La luz subió un 10% en junio, y se anunciaba otro 9% a fines de año. El agua también es carísima, pero la ciudad de Osorno estuvo diez días sin agua por la incompetencia de Essar, la sanitaria transnacional.

Nada refleja mejor el drama de los chilenos que la situación de sus jubilados. El sistema de capitalización individual establecido en dictadura ha sido un engaño. Prometió jubilaciones a sueldo completo. ¿El resultado? En 2018, la pensión promedio pagada a varones (para mujeres es muy inferior) por las AFPs fue de 150,000 pesos mensuales ( poco más de 200 dólares). La noción que adultos mayores que han trabajado una vida entera puedan subsistir con estas pensiones de hambre en uno de los países mas caros de las Américas es incomprensible.

Nada de esto es inevitable. La extracción tributaria en Chile es apenas un 20%, en línea con el promedio de la región, aunque por su nivel de ingreso Chile debería estar en un tramo mucho más alto, al menos en un 25%. Como si esto fuese poco, la mitad de la recaudación tributaria en Chile proviene del IVA, el más regresivo de los impuestos. El sistema tributario, junto a numerosos otros mecanismos de la economía chilena, está diseñado para perpetuar la desigualdad, no para aminorarla. Y el gran proyecto legislativo del actual gobierno es precisamente una reforma tributaria destinada a disminuir aún más los impuestos a los sectores más pudientes.

Las medidas anunciadas por Piñera en su discurso del martes van en la dirección correcta. Pero son solo un pequeño paso en el largo camino que Chile debe recorrer para darle una vida digna y justa a sus ciudadanos, cansados del abuso y los privilegios de unos pocos.

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*Jorge Heine es profesor de relaciones internacionales en la Escuela Pardee de Estudios Globales en la Universidad de Boston. Ha sido embajador de Chile en China, India y Sudáfrica.

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CARTA ABIERTA A SALVADOR ALLENDE 

Por Miguel Lawner* 

Querido compañero: 

En medio del estruendo y el fuego generado por los rokets que destruían el palacio de La Moneda, tu mantuviste la serenidad para decirle a todos los chilenos: 

“Sigan ustedes sabiendo que, 

mucho más temprano que tarde, 

de nuevo se abrirán las grandes alamedas 

por donde pase el hombre libre.” 

Fueron tus últimas palabras. Nunca las olvidamos. Transcurrieron 46 años en los cuales, tal como nos advertiste, debimos luchar sin cesar, contra “la felonía, la cobardía y la traición”. 

Ayer, finalmente, se abrieron las anchas alamedas….., Es imposible que puedas imaginarlo, pero las colmamos de ira, por tantos años de crímenes, de venta de nuestro patrimonio, de inicua explotación de los trabajadores, de despojarnos del agua, de los mares, de las montañas, de los glaciares, de los bosques, del derecho a una vivienda digna, de nuestros trenes y nuestras góndolas, por escamotearnos las pensiones de nuestros abuelos, por acabar con el prestigio y la calidad de nuestra educación pública y nuestros hospitales. 

Pero también marchamos con alegría, con guitarras y matracas, con saltimbanquis y raperos, con los de abajo y la barra brava, con nuestros hijos, nietos y también, con nuestros abuelos. Éramos millones dispuestos a no dejarnos engatusar por los enemigos de siempre y por los gatos pardos, que ya están maniobrando en Palacio, de espaldas al pueblo, para que nada cambie de verdad. 

Estamos atentos, querido Chicho. Tu ejemplo nos ilumina: tu consecuencia nos guía. No vamos a cejar. No permitiremos que se escamoteen nuestras demandas. Chile no podrá continuar regido por la Constitución del tirano. Impondremos una Asamblea Constituyente para restituir nuestros derechos. Acabaremos con la institución más ignominiosa concebida por el hermano de Piñera: las AFP, que condenan a nuestros abuelos a recibir un mendrugo de pensión. Vamos a restituir el agua a los campesinos de Petorca, el aire puro a los habitantes de Quintero y Puchuncaví. Vamos a devolver las tierras escamoteadas a nuestros hermanos mapuches. Vamos a devolverle su dignidad al Instituto Nacional, nuestro primer foco de luz de la nación y al resto de los colegios públicos.

Vamos a castigar como manda la ley, los delitos, colusiones y fraudes cometidos por algunos magnates, por las farmacias, supermercados o por miembros de las Fuerzas Armadas y las así llamadas de Orden. 

En fin, verás que no nos faltan tareas por cumplir. Las asumiremos con la misma energía, con la misma consecuencia y voluntad con que tú nos enseñaste a cumplir nuestras responsabilidades. 

Nos demoramos, pero más vale tarde que nunca. 

Con el afecto y el respeto de siempre, te abraza 

Miguel Lawner. 

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*Arquitecto chileno, Fue director ejecutivo de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU) durante el gobierno de  Salvador Allende, hasta el Golpe de Estado de 1973 liderado por Augusto Pinochet,  tras el cual fue detenido y apresado en diversos campos de concentración, hasta su liberación y exilio en Dinamarca.

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