Derechos Humanos, Extremismo radical, Mujeres, Neoliberalismo, Política, Populismo, Violencia

Cómplices de Vox

Nov 25 2019

Editorial – El País

El PP está rompiendo el consenso contra la violencia de género debido a la presión de la ultraderecha

El consenso institucional que desde hace años se mantenía frente a la violencia machista ha comenzado a resquebrajarse. Por primera vez desde 2005, el Ayuntamiento de Madrid no emitirá este año, por exigencia de Vox, una declaración institucional con motivo del día internacional contra la violencia de género que se celebra hoy. Lo mismo ocurrirá en otros Ayuntamientos y comunidades autónomas donde PP y Ciudadanos han formado gobierno con apoyo de Vox y han acabado aceptando las exigencias del partido ultraderechista. La falta de acuerdo para las declaraciones institucionales marca un punto de inflexión que puede tener nefastas consecuencias, pues rompe un consenso general que con esfuerzo de todos se había alcanzado y mantenido durante años. Fruto de ese consenso fueron la Ley Integral contra la Violencia de Género de 2004, la asunción del Convenio de Estambul en 2014 y la Ley de Igualdad Efectiva de Hombres y Mujeres de 2007. Son las leyes que amparan las políticas con las que las distintas Administraciones tratan de frenar la violencia machista, que desde 2003 ha provocado el asesinato de 1.027 mujeres, 51 de ellas en 2019.

La facilidad con la que el PP ha transigido ante el discurso de Vox hace dudar de sus convicciones sobre una realidad lacerante frente a la que no caben ni la frivolidad ni el oportunismo político. Estamos hablando de un fenómeno que exige la protección permanente, con seguimiento policial, de 57.000 mujeres, y que además de la vida de las asesinadas se lleva con frecuencia la de sus hijos. Desde 2013 han sido asesinados 25 menores y 243 han quedado huérfanos. Se trata, además, de un tipo de violencia que se esconde con frecuencia en la intimidad del hogar y utiliza el amedrentamiento para lograr el silencio de la víctima. El 70% de las mujeres asesinadas no habían presentado denuncia y el 64,9% convivía con el agresor en el momento de su muerte. Así lo constata el último informe del Consejo General del Poder Judicial, según el cual “el silencio de las víctimas es un factor de riesgo para la vida de las mujeres maltratadas”.

Ante esta realidad resulta temerario sumarse a la estrategia de Vox, cuyo propósito es silenciar el problema por el procedimiento de negarlo y de desacreditar al mismo tiempo a quien con más empeño ha sostenido la lucha contra la violencia machista, el movimiento feminista. Al pretender que se sustituya el término violencia de género por el de violencia intrafamiliar, Vox busca sacar del debate político las causas estructurales que la hacen posible. El discurso negacionista contribuye a legitimar y perpetuar la cultura machista y también la desigualdad que está en el origen de la violencia contra las mujeres. Un partido con voluntad de gobierno como el PP no puede ser cómplice de semejante estrategia.

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Anexo (La Jornada de México)

No a la violencia contra las mujeres

Editorial

En el Día Internacionalde la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se celebra hoy, se realizan en el mundo múltiples acciones y movilizaciones para hacer conciencia y combatir la atroz hostilidad que va de la discriminación laboral a la violación y del acoso al feminicidio, fenómeno que si bien se ha incrementado en tiempos recientes al menos se ha visibilizado.

En la jornada participan desde organizaciones internacionales hasta colectivos locales que luchan contra la violencia de género. Así, la titular de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, pidió a las autoridades nacionales firmar y/o ratificar los tratados internacionales que custodian los derechos de las mujeres, establezcan y cumplan leyes para acabar con la impunidad y garanticen el juicio a los culpables y la reparación para las víctimas de agresiones de género; que elaboren planes nacionales y locales de acción, que propicien la coordinación entre gobiernos, organizaciones de mujeres, medios informativos y empresas, y adopten medidas para que el acceso a la justicia sea accesible a mujeres y niñas, como servicios jurídicos especializados y gratuitos y el incremento del porcentaje de mujeres en los cuerpos policiales y judiciales.

Desde ayer, en diversas ciudades del mundo se realizaron actos y manifestaciones de protesta. En Bruselas, por ejemplo, unas 10 mil personas participaron en una marcha para recordar a las 22 víctimas de feminicidio en Bélgica en lo que va del año. En la Ciudad de México se colocó una gran cruz rosada en el Monumento a la Madre, se pintó un mural en las mamparas colocadas en el Ángel de la Independencia y se exhortó a la ciudadanía a colocar cruces de color rosa en lugares públicos y fachadas domiciliarias del país.

Con independencia de las realidades externas, es inocultable que en nuestro país el conjunto de expresiones de violencia contra las mujeres constituye un fenómeno devastador. Sin duda, su faceta más terrible y exasperante es el pavoroso número de feminicidios –se calcula que entre siete y 10 al día–, pero no debe soslayarse que en los hogares, en las calles, en los sitios de trabajo y en escuelas y universidades, niñas y mujeres enfrentan un sinnúmero de agresiones, acaso menos visibles, pero suficientes para que muchas de ellas encuentren intolerable la vida en sociedad y vean en las instituciones encargadas de procurar e impartir justicia meros mecanismos de simulación.

La violencia contra las mujeres y las niñas debe cesar, para lo cual no deben escatimarse medidas en todos los ámbitos: desde el legislativo, judicial y el ministerial hasta el educativo, pasando, desde luego, por la movilización social. Cabe esperar que en las manifestaciones previstas para hoy la contundencia de la protesta no llegue a la violencia y no dé pie, con ello, a que se desvirtúe o tergiverse su sentido y se distraiga la atención de lo central, lo principal y lo urgente, que es poner fin a las agresiones de todo nivel contra las mujeres, a la impunidad que las multiplica y a las posturas machistas y patriarcales que las propician.

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