Extremismo radical, Migraciones y refugiados, Populismo, Racismo&discriminación, Violencia

Inmigración y ultraderecha

Nov 8 2019

Redacción – La Vanguardia de Barcelona

Las migraciones –también sus causas en las sociedades de origen y los desajustes que provocan en las de acogida– son uno de los grandes temas del debate contemporáneo. Siempre hubo migraciones, pero la creciente desigualdad, las guerras, persecuciones, miserias y hambrunas que las propician, así como la movilidad, las han multiplicado. De ahí a convertirse en uno de los asuntos prioritarios en las agendas de los partidos medió un paso. Y de ahí a su manipulación política, a veces con propósitos más electoralistas que juiciosos, medió otro. Esto es algo que puede verificarse en buena parte de los países desarrollados, desde EE.UU. hasta los de la Unión Europea.

Por ejemplo, en Francia, donde la actualidad política está marcada por la inmigración. Con las presidenciales del 2022 a la vista, y con unos sondeos que le vaticinan resultados parecidos a los de la ultraderechista Marine Le Pen, el presidente Emmanuel Macron ha decidido restringir el acceso de los inmigrantes a la sanidad pública. Tal decisión acaso contenga en alguna medida a Le Pen. Eso está por ver. Pero es probable que reste apoyos a Macron entre quienes creen que los inmigrantes, además de extranjeros y desplazados, son seres humanos como los nativos de Francia, y por tanto gozan de similares derechos. En otra prueba del viraje de Macron a la derecha en materia migratoria, la policía empezó a desmantelar ayer de madrugada el gran campamento de inmigrantes plantado en Porte de la Chapelle, en el norte de París.

Se oyen ya en España manifestaciones xenófobas similares a las oídas en EE.UU. o Francia

Es un hecho que en Europa hay ya millones y millones de inmigrantes, que la inmigración ilegal va al alza y que todo ello propicia problemas de gestión a las administraciones de los países comunitarios, incapaces, además, de consensuar sus políticas. También lo es que las autoridades occidentales tienen la obligación de controlar este fenómeno y de evitar que dificulte todavía más el gobierno de sus respectivos países. Todo eso es cierto. Pero lo es, asimismo, que las formaciones políticas, y de manera muy particular las ultraderechistas, que no disimulan ya su aliento populista, han hecho de estas políticas restrictivas e insolidarias un caballo de batalla que cabalgan con lesa humanidad y sin escrúpulos a la hora de exagerar o falsear los datos que manejan para justificarse.

España ha sido durante muchos años un país en el que la ultraderecha carecía de una representación explícita en el Congreso de los Diputados. Ya no es así. Vox cuenta ahora con 24 escaños. Y los últimos sondeos le vaticinan en las elecciones del próximo domingo un espectacular incremento, que podría llevarle a disponer de 50 escaños o más y convertirse en la tercera fuerza política española. Ante esta eventualidad, es oportuno recordar alguna de las últimas afirmaciones de los dirigentes de Vox, que han sugerido que los inmigrantes son delincuentes o culpables de la mayoría de las violaciones, y que merecen deportaciones masivas.

Estas manifestaciones coinciden, en su aspereza, su intencionalidad política o su inexactitud con las que han formulado previamente formaciones xenófobas de Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Hungría, Brasil u otros países. Aquí o allá, la ultraderecha no duda en discriminar a los inmigrantes, suele dar por hecha la “islamización de Europa” y criminaliza a quienes defienden los derechos humanos de los perseguidos. Lo prioritario para estas formaciones reaccionarias es oponer la suerte de los nativos con la de los recién llegados, dando a entender que cualquier consideración con los segundos será forzosamente lesiva para los primeros, una falacia que a veces hace mella en las capas menos afortunadas o instruidas de la sociedad. No es esta, ciertamente, una conducta que honre los principios morales que dicen respetar tantos ultraconservadores. Ni acorde, desde luego, con los fundamentos éticos de la Unión Europea. Ni, a menudo, apoyada en la verdad. 08/11/2019

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Anexo:

Odio en Alemania

Editorial – El País

El Gobierno toma medidas tras una oleada de ataques y amenazas xenófobas propiciadas por un clima de odio

Alemania se enfrenta a un repunte de la violencia ultraderechista y xenófoba, que se ha traducido en el asesinato de un político cristianodemócrata en junio, el atentado contra una sinagoga en octubre y en que decenas de representantes públicos han sido amenazados por neonazis. Estos ataques se enmarcan dentro de un fenómeno global, que va más allá de Alemania, en el que los discursos del racismo, difundidos por algunos políticos y medios de comunicación, acaban por convertirse en violencia. Esta oleada de odio se ha vuelto una de las mayores amenazas para la convivencia en Europa y para sus valores democráticos. Y ningún país se encuentra a salvo de que este clima de xenofobia se transforme en actos criminales. Ha ocurrido en EE UU, en Bélgica, en Nueva Zelanda y ahora en Alemania.

El atentado contra la sinagoga de Halle, el 10 de octubre, se saldó con dos muertos después de que un neonazi intentase entrar en el recinto religioso al grito de “Los judíos son responsables de todo”. Además, numerosos políticos han recibido reiteradas amenazas de muerte, que las fuerzas de seguridad consideran especialmente creíbles tras el asesinato en junio del democristiano Walter Lübcke, defensor de la integración de los refugiados. Son amenazas que alcanzan a políticos de todo el espectro ideológico y que se dirigen contra las instituciones democráticas que Alemania construyó en la posguerra precisamente para desterrar para siempre el nazismo.

El ataque antisemita en el país que organizó el Holocausto abrió un debate público sobre el origen de la violencia y obligó al Gobierno a tomar medidas concretas, que van desde la obligación de identificar a los que difunden la xenofobia en las redes sociales hasta imponer duras limitaciones a la venta de armas. Pese a que el partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) condenó los hechos, muchos comentaristas y políticos consideran que esta formación es responsable de fomentar un clima tóxico por sus mensajes xenófobos. La radicalización de AfD quedó demostrada la semana pasada en Turingia con el excelente resultado obtenido por el ala más extrema de este partido ya de por sí ultra.

La policía ha reaccionado ante lo que considera una emergencia: calcula que actualmente campan por Alemania casi 13.000 ultraderechistas que pueden realizar actos violentos. Combatir el terrorismo requiere medidas policiales y legales y una vigilancia constante de los grupos supremacistas. Pero no resulta suficiente. Es necesario también atajar el problema desde que empieza a crecer, no legitimar los discursos del odio, ni permitir que proliferen sin respuesta, porque si algo enseña la historia de Alemania (y de Europa) en el siglo XX es que al final del camino del odio la violencia siempre aparece. 08/11/19

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