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La mayoría de la población en Europa del Este teme por el futuro de la democracia

Nov 5 2019

Jon Henley – The Guardian /eldiario.es (*)

–Una encuesta en siete países europeos refleja que en seis de ellos una mayoría de entre el 51% y el 61% siente que la democracia está amenazada

–En los siete países, menos del 25% de los encuestados con más de 40 años piensa que el mundo es más seguro hoy que en 1989

–«Nuestros resultados demuestran que donde el establishment le falla a los ciudadanos, la sociedad civil es percibida como una contraparte fiable», dicen los autores del informe

30 años después de la caída del Muro de Berlín, los ciudadanos de Europa del Este temen por el futuro de la democracia, ven al Gobierno y a los principales partidos políticos con escepticismo y desconfían de los medios. Según los autores de una encuesta reciente, desarrollada por la empresa británica de sondeos de opinión YouGov, la desconfianza en el sistema democrático y en los medios de comunicación está en «niveles alarmantes». La otra cara del informe es que muchos de los consultados se sienten capaces de influir en la política y mejorar la sociedad, con las personas más jóvenes, especialmente mujeres, comprometidas en lograr un cambio positivo con una actividad cívica y optimista.

La encuesta de YouGov, publicada por la Open Society Foundations de George Soros, abarca una muestra de 12.500 personas en Bulgaria, República Checa, Alemania, Hungría, Polonia, Rumanía y Eslovaquia. En seis de los siete países, (Alemania, entre ellos) una mayoría de entre el 51% y el 61% siente que la democracia está amenazada.

Las respuestas sobre la confianza en el sistema electoral también son llamativas: tres cuartas partes de los consultados en Bulgaria, más de la mitad de la muestra de Hungría y Rumanía, un tercio de los polacos y una quinta parte de los alemanes encuestados consideran que las elecciones de su país no fueron libres ni justas. En los siete países, menos del 25% de los encuestados con más de 40 años piensa que el mundo es más seguro hoy que en 1989.

La fiabilidad de la información proporcionada por los principales medios de comunicación, así como por los gobiernos, no aparece bien valorada. En casi todos los países, una clara mayoría de encuestados dice no creer que los medios tradicionales den las noticias de manera justa o sincera. Tampoco creen que los gobiernos difundan información de manera imparcial y precisa.

En casi todos los países, una mayoría siente que el Estado de derecho, la libertad de expresión y el derecho a la protesta están en peligro. En Hungría, Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia y Polonia, una mayoría piensa que si critica al Gobierno sufrirá personalmente las consecuencias. En todos los países, más del 60% dice que la justicia está en peligro.

Un gran número de personas (el grupo mayoritario en Bulgaria, Rumanía y Hungría; y una minoría amplia en Eslovaquia, Polonia, Alemania y República Checa) también cree que se ha vuelto difícil vivir la vida que cada uno desee independientemente del origen, orientación sexual o grupo étnico. Pero junto a esta «profunda crisis de confianza, con falta de fe en las grandes instituciones y un populismo en auge amenazando los valores liberales que derrotaron al comunismo», los autores del informe también han encontrado un persistente y «robusto espíritu de disidencia, así como la disposición a enfrentarse a los que ocupan el poder».

«Nuestros resultados demuestran que donde el establishment le falla a los ciudadanos, la sociedad civil es percibida como una contraparte en la que se puede confiar», dicen los autores en referencia a las recientes y masivas protestas contra la corrupción de Eslovaquia, República Checa y Rumanía; a las gigantescas manifestaciones contra el gobierno ultraconservador del partido Ley y Justicia (PiS) en Polonia; y a la inesperada pérdida del ayuntamiento de Budapest, que hasta las elecciones locales de octubre era gobernado por el partido intolerante Fidesz.

En varios países de Europa del Este, los gobiernos autoritarios han cargado contra las organizaciones de la sociedad civil, entre ellas la Open Society Foundations. Pese a ello, en los siete países una mayoría de encuestados dice estar a favor de que haya organizaciones públicas, como ONG y universidades, criticando al Gobierno. Sólo un 17% del total de encuestados se opone a la labor de las ONG.

Según los autores del informe, hay un compromiso cívico generalizado, especialmente entre las personas de 18 a 22 años (comúnmente conocidas como Generación Z), y las personas de entre 23 y 37 años (denominadas ‘millennials’). También han encontrado una actitud optimista en relación a su capacidad para mejorar las cosas.

La Generación Z representa «una vanguardia muy especial», señalan los autores. «Han alcanzado la mayoría de edad después de la recesión y demuestran una capacidad notable para convocar movilizaciones eficazmente y manejarse por el panorama informativo. Tienen confianza, sienten que pueden influir en los cambios a gran escala y están generalmente a favor de la justicia social».

Especialmente las mujeres jóvenes son «impulsoras de un cambio positivo», indican los autores: notablemente más tolerantes, compasivas, optimistas sobre el progreso y abiertas a la diversidad que los hombres jóvenes.

Por ejemplo, más de la mitad de las mujeres de entre 18 y 22 años responde que los grupos LGTB deberían tener más protección, frente a sólo el 31% de los hombres. Del mismo modo, la proporción de mujeres jóvenes que piensa que migrantes y refugiados deben recibir más protección es significativamente mayor que la de hombres jóvenes.

Las mujeres de la Generación Z también son significativamente más propensas que los hombres de la misma edad a sentir que tienen más oportunidades que las jóvenes de 1990. Consideran que la posibilidad de que personas como ellas hagan carrera política o influyan en cambios a gran escala es mayor hoy que hace 30 años.

En todos los países de la muestra, los encuestados dicen que quieren más esfuerzos por parte de los gobiernos para apoyar a las mujeres, a los jóvenes, a los ancianos, a las personas con diversidad funcional y a las que perciben bajos ingresos.

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*Traducido por Francisco de Zárate.

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