Conflictos armados, Diplomacia, Fuerzas Armadas, Historia, Política

La OTAN a hostias

Dic 5 2019

David Torres*

Con la OTAN pasa un poco lo mismo que con las películas de James Bond, que desde que se derrumbó el Muro de Berlín entraron en franca decadencia, como esos boxeadores que se quedan sin adversarios y sólo se dedican a engordar y a echar tripa. Bond y la OTAN tuvieron que buscarse nuevos enemigos y claro, no tiene el mismo porte pelearse contra la KGB que contra un consorcio deseoso de expropiar el agua en Bolivia o contra un vendedor de periódicos que quiere empezar la Tercera Guerra Mundial sólo para remontar la crisis de los quioscos. De los espías soviéticos el agente James Bond echaba de menos lo mismo que la OTAN del Pacto de Varsovia: un enemigo a su altura. Ahora todo son moros con chilaba y chinos indescifrables de ésos que ni siquiera saben lo que están pensando, con el peligro, además, de que al bombardear un campamento del ISIS lo mismo acabas tirando bombas contra tu propio tejado.

De momento, para no perder comba, los miembros de la OTAN han decidido pelearse entre ellos, aunque sea lanzándose pullazos verbales, que es una forma elegante de seguir practicando la violencia sin que se oxiden los reflejos. Hace unos días, Erdogan dijo que Macron debería “examinar el estado de su cerebro” y Francia respondió llamando al embajador turco para tirarle un poco de la oreja. La cosa no pasó a mayores. Macron tampoco se lleva muy bien con Merkel, haciendo honor a la antigua rivalidad franco-germana, un clásico de la historia bélica europea que nos ha dejado hitos como Sedán, Verdún, y la línea Maginot. Tras la caída de Berlín, ambos contendientes recurrieron a otra clase de estrategias y Francia abandonó el armamento tradicional para desarrollar la guerra psicológica con el Noveau Roman, la Nouvelle Vague y Amélie, mientras que Alemania contraatacaba con Stockhausen, Rainer Werner Fassbinder y Nina Hagen. Con los rusos no se atreven porque tienen el Trololo.

La frase de Erdogan hacía referencia a otra de Macron, quien dijo al comienzo de la cumbre que la OTAN se encontraba “en estado de muerte cerebral”, un comentario quizá demasiado halagador teniendo en cuenta quién está al mando. Inmediatamente, Trump se dio por aludido y empezó a repartir cachetes y pescozones por doquier, lo mismo que esos luchadores de wrestling a quienes embarga un ataque de furia vikinga y arramblan con sus propios aliados. No en vano, Trump protagonizó años atrás una preve pantomima en un combate de wrestling, pero ahora no tiene fuerzas más que para alzar el belfo y hacer como que se peina. Los costalazos y el piquete de ojos han sido reemplazados por los desplantes y los insultos, como si la OTAN fuese un episodio de Dallas o de Aquí no hay quien viva. Probablemente no sea otra cosa.

Al final está circulando un video donde se ve a varios líderes mundiales -Macron, Justin Trudeau, Boris Johnson, la reina Ana de Holanda, Mark Rutte- mofándose de Trump por la longitud de sus ruedas de prensa y Trump se lo ha tomado en serio, ha arrugado el belfo más aun y se ha enfurruñado del todo. Aparte de escasa cintura y mandíbula de cristal, el mandamás estadounidense también peca de otro defecto capital: entiende un poco de inglés, el idioma en que se ofende en estas cumbres internacionales. Anda que no se habrán reído veces de Mariano y de Zapatero en las reuniones europeas y ellos se lo tomaban fenomenal, sin enterarse ni del NODO mientras los intérpretes les silbaban La Marsellesa. En cuanto a Boris Johnson, basta verlo de lejos para comprender por qué James Bond se parece cada vez más a Putin.

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*Escritor español. Columnista habitual del diario Público.es. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid, ganó su primer premio en 1999 (con Nanga Parbat) tras publicar diversos relatos y poemas en las revistas Cartographica, Poeta de Cabra y Ariadna, el título más traducido de Ediciones Desnivel, con versiones en francés, polaco e italiano. En Público.es , diciembre 5, 2019

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Anexo:

Aniversario deslucido

Editorial – El País

Las discrepancias marcan el 70º aniversario de la OTAN

Las grandes diferencias de criterio entre los aliados han marcado la cumbre extraordinaria de la OTAN, celebrada en el Reino Unido para conmemorar el 70º aniversario de la fundación de la Alianza Atlántica. Una escenificación que muestra la desorientación política en una organización que resultó clave para la defensa de Europa durante la Guerra Fría, pero que desde el hundimiento de la Unión Soviética en 1991 sigue buscando su redefinición tanto sobre su objetivo general como en cuanto al papel y aportación de cada uno de los Estados miembros.

El choque entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el de Francia, Emmanuel Macron —producido en los días previos al encuentro y en un cara a cara entre ambos en Londres—, es tal vez el máximo exponente de esta división. El mandatario francés opinó que la OTAN estaba “en muerte cerebral”, símil seguramente exagerado —la Alianza no solo sigue plenamente operativa, sino que se encarga de la defensa activa de los países bálticos— pero que expresa la necesidad de buscar una redefinición para una estructura política y militar necesaria pero cuestionada desde diversos frentes en este primer tramo del siglo XXI. Cuestionada en primer lugar por el propio Trump, quien tanto como candidato a presidente y más tarde como inquilino de la Casa Blanca no ha dudado en calificar a la OTAN como “obsoleta”. Sin embargo, ahora al mandatario de EE UU, las palabras de su homólogo francés le parecen un “insulto” a los socios de la Alianza. Lejos de retractarse, Macron se ha reafirmado.

Trump siempre ha dado muestras de considerar la OTAN más en términos económicos y de influencia de EE UU que estratégicos en cuanto a la defensa de Europa y su papel —si debe haberlo— global. De hecho, la principal crítica del presidente de EE UU es que de los 29 Estados miembros, hay 20 —entre ellos España— que no cumplen con el compromiso de gastar al menos el 2% de su PIB en Defensa. Es cierto que este umbral de gasto fue aprobado por todos los socios, pero también es verdad que un compromiso presupuestario de ese calibre llevaría un enorme esfuerzo tanto financiero como social en las democracias que deben implementarlo. Y esto es muy difícil de hacer mientras la OTAN se encuentre inmersa en una discusión abierta sobre su propia esencia.

Las diferencias también han aflorado en cuanto a lo que sucede en otros escenarios globales donde hay miembros de la OTAN implicados. La amenaza turca a vetar un comunicado final si los demás socios no aceptaban su exigencia de calificar a las milicias kurdas del YPG como grupo terrorista finalmente no ha cristalizado, pero la simple posibilidad del veto muestra también la nula concepción de conjunto que tiene el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Turquía está combatiendo a grupos kurdos que han resultado decisivos en la victoria contra el ISIS y a los que Trump dejó desamparados al ordenar la retirada de los efectivos de EE UU en la guerra siria.

El comunicado final identifica al menos dos amenazas potenciales: el comportamiento agresivo de Rusia y el desarrollo militar chino. Queda aún lo más importante: una estrategia política común para hacerles frente. 5 DIC 2019

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