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Reducir la pobreza en Argentina, el mayor desafío de Alberto Fernández

Dic 10 2019

Por Mar Centenera – El País

Mauricio Macri entrega un país en el que cuatro de cada diez personas tienen ingresos insuficientes

Mauricio Macri se condenó solo. Prometió pobreza cero y pidió ser juzgado por la capacidad de su Gobierno para reducirla. No lo logró. Tres de cada diez argentinos eran pobres cuando asumió como presidente y se despide con cifras aún más altas: a mitad de 2019, el 35,4% de la población tenía ingresos insuficientes, según el último dato oficial. Hay consenso en que la pobreza ha seguido en auge desde entonces, empujada por una inflación récord en 28 años, y supera el 40% en la Argentina que Macri le deja a su sucesor, el peronista Alberto Fernández, a partir de este 10 de diciembre.

El jueves pasado, horas antes de que Macri transmitiese por cadena nacional un vídeo en el que hacía balance de los éxitos de su gestión, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) difundió los peores datos de la situación social desde la crisis económica de 2001-2002. Según sus mediciones, el 40,8% de la población de Argentina vive por debajo del umbral de la pobreza y casi el 9% lo hace en una situación extrema: sus ingresos no llegan ni siquiera para alimentar a la familia.

La peor parte se la lleva la infancia. Seis de cada diez niños y adolescentes en Argentina son pobres, lo que tiene un impacto directo en su alimentación, en su desarrollo y en la calidad de la educación que reciben. «Los más afectados son los chicos y son la inversión del futuro», advirtió Agustín Salvia, director del Observatorio, al presentar el informe. «Hay que invertir en seguridad alimentaria, en seguridad sanitaria y en educación», continuó.

«Entre los indicadores sociales se percibe que los jóvenes son los que más desempleo tienen. Eso pasa en toda América Latina, pero no deja de ser llamativo en Argentina que las mujeres jóvenes tienen más del 25% de desempleo en distritos grandes como Buenos Aires, por ejemplo. Esto explica que seis de cada 10 niños viven en un hogar pobre. Tiene que ver con que las madres no tienen trabajo, y mucho peor si son jefas de hogar y están desempleadas», destaca Mercedes D’Alessandro, fundadora de Economía Feminista.

Macri recuperó las estadísticas oficiales de pobreza, que habían sido manipuladas por el kirchnerismo, primero, y eliminadas después, con el argumento de que eran estigmatizantes. El que fuera jefe de Gabinete de Cristina Fernández de Kirchner, Aníbal Fernández, llegó a declarar que Argentina tenía menos pobres que Alemania, una afirmación refutada por los datos de la UCA, que reflejaban un país con un 29% de pobres a finales de 2015.

Entre las causas del aumento de la pobreza bajo el mandato de Macri están la destrucción y precarización del empleo y la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores frente a una inflación que, excepto en 2017, estuvo por encima de la de los 12 años de kirchnerismo.

Salvia pidió al Gobierno de Fernández que aplique «políticas serias, osadas e innovadoras» para combatir un problema que se agudiza con cada crisis económica. Para este sociólogo, la salida pasa por estabilizar la economía y firmar un pacto redistributivo que permita reducir la brecha de desigualdad y generar «empleo genuino y productivo en la economía social y popular». La propuesta del Observatorio, enviada ya a las nuevas autoridades, plantea la creación de hasta cuatro millones de puestos de trabajo en cinco años con una inversión del 2,9% del PIB.

El pasado septiembre, la oposición peronista forzó la declaración de emergencia alimentaria en Argentina, lo que supuso doblar los fondos disponibles para los comedores populares, desbordados por el aumento de demanda desde el inicio de la crisis.

Fernández ha anunciado un plan contra el hambre para el arranque de su Gobierno que estará liderado por el nuevo ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo. Entre las medidas que se preparan figura una tarjeta alimentaria subsidiada para cerca de dos millones de personas que hoy tienen dificultades para comprar alimentos, en un país que está entre los mayores agroexportadores mundiales.

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Anexo:

Asumió Alberto Fernández y se abre otro concepto de la «seguridad»

Por Horacio Cecchi – Página12, Argentina

“Debemos escapar al gatillo fácil y a la lógica de la muerte por la espalda”, dijo Alberto Fernández durante la lectura de su discurso de asunción ante la Asamblea. También dijo que “la discriminación debe volverse imperdonable”.

Hace cuatro años, el gobierno saliente que sumió en el hambre a millones de argentines, prometía la “guerra contra las drogas” y describía que “hay jóvenes que matan y mueren sin saber por qué, actuando bajo los efectos del paco y de la droga (..) vamos a trabajar con inteligencia y decisión para devolver tranquilidad y seguridad a las familias argentinas en todo el país.”

Ese modelo, basado en la persecución y los protocolos que justificaron matar a mansalva para “devolver la tranquilidad y seguridad” del gobierno saliente fue precisamente lo que acaba de anunciar como anulado, como lógica imposible, el gobierno de AF y CFK.

Seguridad no es matar por la espalda, no es habilitar con protocolos a las fuerzas de seguridad para que sientan el permiso de las armas como señal desde el poder. Seguridad no es perseguir y matar o encarcelar jóvenes “bajo los efectos del paco” y ni siquiera. No se persiguió a los grandes productores y traficantes. Se persiguió el menudeo porque en ese circuito mínimo circulan los grupos más vulnerables, les jóvenes desplazados, marginados, los que integran ese inmenso grupo de personas arrojadas a la pobreza desde que el 10 de diciembre de 2015 sometió al país.

No será fácil, porque el discurso del odio impregna con facilidad a las fuerzas de seguridad, a parte de sus integrantes, a la presencia de las armas prestas a disparar en las cartucheras, porque parecieran sostener las ansias de poder mínimo al que puede acceder un uniformado sobre la población que debe proteger.

Dar vuelta ese pensamiento, ese modo automático de aprehensión de poder mediante la aplicación de la violencia sobre el más débil no será fácil.

Es lo que se espera en línea con el discurso de AF en el Congreso. La designación de Sabina Frederic para encabezar esa tarea abre todas las expectativas porque representa un cambio profundo sobre el funcionamiento del Ministerio de Seguridad: representa dejar de lado fuerzas de seguridad dispuestas a la represión, para abrir la puerta a fuerzas para la seguridad del pueblo. Representa elegir el conocimiento y la reflexión, la participación y la inclusión, la mano firme pero no la mano dura.

La Seguridad, claro, no estará distanciada de las otras seguridades, vitales y que quedaron bajo la sombra estos cuatro años de oscuridad. No podrá ni estará distanciada de la seguridad en la Salud, Género, Vivienda, Economía.

Comienza un período en el que la seguridad como concepto pasa a tener un criterio profesional, reflexivo e inclusivo. Lejos de la espectacularidad.

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