Democracia, Igualdad y justicia social, Sociedad civil

Soplan vientos favorables desde España

Ene 7 2020

Los vientos que soplan desde España son favorables. Por primera vez
desde la transición democrática de 1978, los dos principales partidos de
izquierda se unen para formar gobierno. La articulación de izquierda de la
que Portugal fue pionera en Europa a partir de 2016 desempeñó un papel
importante, si bien indirecto, en la solución española. Señaló que el sentido
común podía formar parte de la política, a pesar de que durante mucho
tiempo parecía impensable. Demostró que, más allá de lo mucho que divide
a los diferentes partidos de izquierda, lo que los une es lo suficientemente
sustantivo como para construir un programa de gobierno compartido. Dado
que era un camino poco transitado, hubo que ponerlo por escrito y detallar
los términos del acuerdo. Se sabía que las desconfianzas mutuas eran muchas
y persistían. Se sabía que las fuerzas (políticas, económicas y mediáticas) de
derecha harían todo lo posible para demonizar al nuevo gobierno y que el
camino sería más fácil cuanto más vaga fuese la convergencia. También
demostró que las políticas de la Unión Europea, pese a ser muy
conservadoras, permitían cierta capacidad de maniobra y lo permitían aún
más siempre que la burocracia de Bruselas no se sintiese amenazada o
cuestionada (lo que había sucedido con Grecia). Demostró, por último, que
tras la devastación neoliberal de los años anteriores (con el empobrecimiento
general de los portugueses), no aumentar demasiado las expectativas era
importante (dadas las condiciones del país) y era políticamente aceptable en
la medida en que lo poco sabría a mucho. La solución resultó ser exitosa y
los resultados de las elecciones legislativas de 2019 fueron una prueba de
ello.

A lo largo de los últimos cuatro años los contactos peninsulares sobre
este tema han sido muchos. Históricamente, las condiciones sociales,
políticas y culturales de España fueron muy diferentes. Portugal tuvo una
revolución en 1974, mientras que España realizó una transición pactada con
la dictadura anterior y con quienes más se beneficiaron de ella,
particularmente las élites económicas y la Iglesia católica. Por ejemplo, a
pesar de las continuidades con la dictadura (especialmente en las Fuerzas
Armadas y en el sistema judicial), en Portugal, como antes en Italia y
Alemania, hubo consenso para eliminar de las calles, las plazas y los puentes
los nombres más destacados de la dictadura, mientras que en España este
tema continuó incendiando los debates prácticamente hasta el día de hoy. A
diferencia de Portugal, España tenía dos grandes fuentes potenciales de
fracturas: la cuestión del régimen, dado el desgaste de la monarquía en los
últimos tiempos, y la cuestión de las nacionalidades. Verdaderamente, solo
después de 1808 los habitantes del Estado español manifestaron cierto
sentido político de pertenencia respecto al hecho de ser todos españoles.
Por estas y otras razones, la voluntad política de convergencia entre
las izquierdas tuvo altibajos en una secuencia simultáneamente turbulenta
(tres elecciones generales entre 2016 y 2019) y paralizante (sucesión de
gobiernos de gestión ordinaria). Fue ganando consenso la idea de que en
España, la mejor solución para una coalición de izquierda no sería el mero
apoyo parlamentario (la solución portuguesa), sino la participación en el
gobierno con responsabilidades políticas sustantivas. Sería una solución más
arriesgada, pero la considerada más eficaz para enfrentar la oposición de la
derecha, que se preveía feroz. Y la solución está ahí y todos los demócratas
del mundo deberían saludarla. En este momento me gustaría simplemente
señalar algunos puntos.  Más allá del acuerdo específico, y por encima de todo, lo más
importante ahora es poner en valor el significado de la escala estatal de
este ejercicio inédito de articulación política en la izquierda española. No
hay precedentes de coalición a escala estatal, excepto el breve gobierno
de Juan Negrín, en 1937, en coalición con el Partido Comunista. Hasta
ahora solo había habido coaliciones progresistas a nivel autonómico. La
articulación entre el PSOE y Unidas Podemos (UP) rompe con una larga
tradición de gobiernos monocolor y en solitario que en España se viene
fraguando desde la Transición. Así, el nuevo gobierno estará formado por
dos partidos cuyo acuerdo progresista representa un intento dialogado de
entendimiento mutuo entre las dos grandes culturas políticas actuales de
la izquierda española: la de 1978 y una izquierda reciente pos15M.

Además de una estrecha colaboración entre ambas culturaspolíticas, también va a tener que darse una estrecha colaboración (enforma de apoyo parlamentario) con partidos independentistas/nacionalistas/soberanistas,como el PNV, ERC, el BNG o Bildu. Lo que está en juego, en este aspecto, es la consolidación de una nueva mayoría, un bloque que integraría al PSOE y UP y se abriría a fuerzas nacionalistas (nacionalismos vascos, valenciano, gallego y parte

Además de una estrecha colaboración entre ambas culturas
políticas, también va a tener que darse una estrecha colaboración (en
forma de apoyo parlamentario) con partidos independentistas/nacionalistas/soberanistas,

como el PNV, ERC, el BNG o Bildu. Lo que está en juego, en este aspecto, es la consolidación

de una nueva mayoría, un bloque que integraría al PSOE y UP y se abriría a
fuerzas nacionalistas (nacionalismos vascos, valenciano, gallego y parte
del catalán) con capacidad para condicionar el rumbo de la política
española. A este respecto, hay que lamentar la oposición al acuerdo de cierta
extrema izquierda catalana, hija de una tradición fatal de cierta izquierda
europea, que, con su maximalismo y sectarismo, allana el camino a
gobiernos de derecha o incluso de extrema derecha, tal y como sucedió en Alemania.

 El acuerdo es más global y ambicioso que el acuerdo de 2015 entre
las izquierdas portuguesas. A lo largo de sus 50 páginas, el texto del
acuerdo incluye compromisos y medidas progresistas que abarcan, en
líneas generales, los programas políticos con los que el PSOE y UP
concurrieron a las elecciones generales. Hay compromisos firmes en materia
de educación, de memoria histórica, pensiones y de igualdad de género (las
“políticas feministas” se destacan como uno de los once capítulos del
acuerdo). Hay menos concreción en materia de vivienda, migraciones,
política exterior, defensa y seguridad. Apunta a un programa
socialdemócrata que tiene como objetivo principal restaurar los derechos
sociales y económicos que habían sido debilitados o eliminados por los
gobiernos de derecha. Contrariamente a lo que el PSOE defendió en su
último programa electoral, se prevé la subida de impuestos para las rentas
más altas (probablemente en torno al 0,8% de los españoles). Evita los temas
que pueden generar más fractura. En política territorial subyace al acuerdo
una tendencia federal. En el caso de Cataluña, propone la única solución de
sentido común: abrir el diálogo y crear las condiciones para una solución
política.


 La investidura de este gobierno tiene una importancia estratégica
para Europa. La violencia casi golpista con la que la ultraderecha (la derecha
más tradicional aliada a la nueva extrema derecha) ha tratado de bloquear la
investidura no tiene precedentes en Europa, pero puede indicar el camino
que el neofascismo europeo pretende seguir. Este camino consiste en no
reconocer los resultados electorales siempre que sean desfavorables para las
fuerzas de derecha y seguir una estrategia de desestabilización que tenga
como objetivo llevar a cabo golpes suaves contra cualquier gobierno de
izquierda, por moderado que sea. Esta estrategia tiene los siguientes
componentes generales: deslegitimar mediáticamente las políticas del
gobierno con el recurso, siempre que sea necesario, a las noticias falsas;
ampliar simbólicamente cualquier medida relativa a las ideas preconcebidas
de la clase media para convertirlas en presagios del apocalipsis; “calentar”
las calles, utilizando el mínimo descontento para provocar actos de represión
legítima convertidos inmediatamente en amenazas totalitarias; recorrer al
órgano del Estado más conservador y menos sujeto a presiones democráticas,
el sistema judicial, para lanzar una guerra jurídica (lawfare) contra las
políticas del Gobierno (la judicialización de la política utilizada de manera
particularmente grosera en Brasil). Para llevar a cabo esta desestabilización,
los agentes internos cuentan ahora con el apoyo de extrema derecha
estadounidense (capitaneada por el predicador del eurofascismo, Steve
Bannon), centrada en la destrucción de la Unión Europea. En el caso de
España, es lamentable que la ultraconservadora Conferencia Episcopal se
muestre preocupada y pida a los españoles que recen, a pesar de que el
programa de gobierno no toca los Acuerdos Iglesia-Estado y solo elimina la
financiación de las escuelas concertadas que segregan por sexo, eliminación
derivada de un mandato constitucional.

El gobierno progresista español necesitará el apoyo de todos los
demócratas del mundo, en particular, de sus vecinos, nosotros, los
portugueses. El Gobierno portugués se propone continuar con la política que
inspiró a los españoles. Desafortunadamente, el Partido Socialista (PS)
portugués consideró prescindible poner por escrito el compromiso con el
Bloco de Esquerda. Todos sabemos que la enfermedad infantil de los
partidos socialistas europeos es tener más miedo de los partidos a su
izquierda que de los partidos a su derecha. Ojalá que los próximos cuatro
años muestren que el PS está curado. Sería otra novedad esperanzadora para
Europa y para quienes luchan contra el avance de la extrema derecha.

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*Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial.Artículo enviado a O)ther News por el autor.Traducción de Antoni Aguiló

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