Derechos Humanos, Extremismo radical, Política, Populismo, Racismo&discriminación, Violencia

Plan Trump, la legitimación de un robo

Feb 11 2020

Por Saeb Erekat*

Los dirigentes palestinos piden que se asegure que un orden mundial basado en reglas sea el único camino a seguir para todos

Un proyecto de paz nunca podrá conllevar la legitimación de la violación del derecho internacional. Sin embargo, es lo que ha hecho el llamado plan Paz por Prosperidad, elaborado por la Casa Blanca. Es una iniciativa anexionista que define bien su ceguera política, arrogancia e ignorancia. Mientras, tanto Israel como la Administración Trump están tratando de engañar al mundo con promesas de un «futuro mejor», queda el hecho de que la sinergia ideológica entre dos líderes populistas de derecha les está llevando a compartir una sola visión: el apartheid.

Este plan de anexión es una recopilación de posiciones israelíes, muchas de las cuales fueron presentadas textualmente por representantes israelíes en negociaciones anteriores. Es un plan negociado entre colonos y representantes de Estados Unidos, ambos partidarios de la política ilegal de colonización de los territorios palestinos. Tal y como aparece en el mapa presentado por EE UU, el plan responde a una lógica de apartheid que nada tiene que ver con una solución de «dos Estados». Aaron David Miller, uno de los exfuncionarios estadounidenses con más experiencia en el proceso de paz, explicó que le dijo al asesor y yerno del presidente, Jared Kushner, que no actuara como «abogado de Israel» si quería tener éxito. Evidentemente, Kushner fue más allá al convertirse en el abogado de las políticas de anexión y colonización de Israel.

Argumentar que la anexión y la colonización, manifiestamente ilegales en el ámbito internacional, deben normalizarse como resultado de su plan está sentando un peligroso precedente para que cualquier país poderoso imponga cualquier realidad que considere necesaria, incluso violando el derecho internacional. Cualquiera que acepte firmar el plan de Trump, o los pocos que sugieren que este documento podría tomarse como base para cualquier compromiso, le están diciendo claramente al pueblo palestino que acepte un crimen de guerra como base para cualquier conversación. Claramente, no se trata de rechazar una propuesta de paz sino de decir no a un intento de legitimar el robo, cuando menos, como una herramienta en las relaciones internacionales.

La lógica distorsionada del equipo de Trump sugiere que lograr la paz implica acomodar todos los deseos de los extremistas israelíes. El plan indica claramente la perpetuación de la ocupación colonial de Palestina por parte de Israel y la fragmentación de su tierra. Otorga a Israel el control total de Jerusalén y «legaliza» sus asentamientos, transfiere su población al territorio palestino ocupado y niega los derechos de los refugiados palestinos. Además, el equipo de Trump espera que el pueblo de Palestina se tome esto como un regalo sin precedentes. De hecho, y en más de una ocasión, Kushner ha seguido repitiendo que estaba seguro de que los palestinos estarían sin duda «sorprendidos» de lo «bueno» que es el plan para los ellos. ¿Qué muestra esto? Una combinación de ignorancia, complicidad y falta de respeto.

El presidente Mahmud Abbas se dirigirá este martes al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el órgano encargado de preservar la paz y la seguridad mundial, con un mensaje de urgencia para dar una oportunidad a la paz, no al apartheid. Nuestra visión de la paz se basa en poner fin a la ocupación de Israel para lograr crear un Estado de Palestina independiente y soberano en la frontera de 1967 con Jerusalén Oriental, su capital. Esta es nuestra histórica concesión para la paz hecha en 1988, dando a Israel alrededor del 78% de la Palestina histórica. Una Palestina libre que coexista en paz, seguridad y prosperidad con el resto de la región. Todas las cuestiones del estatuto permanente deben ser resueltas de una manera justa que respete el derecho internacional y las resoluciones pertinentes de Naciones Unidas. En el marco de la iniciativa de paz árabe, este será el punto de entrada para nuevas relaciones diplomáticas y comerciales entre las partes.

No basta con que la comunidad internacional sepa lo que hacen tanto Israel como la Administración Trump. Salvar las perspectivas de paz requiere un compromiso, poner fin a la impunidad para prevenir eficazmente las posibilidades de anexión y crear las condiciones para la celebración de conversaciones significativas basadas en el mandato acordado internacionalmente para el proceso de paz de Oriente Próximo. Nuestra propuesta incluye el establecimiento de un equipo países para facilitar un proceso de paz significativo. Un proceso que trabaje en la aplicación del derecho internacional en lugar de uno de anexión hecho para violarlo.

Aunque apoyan las negociaciones directas basadas en el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas, la Liga Árabe y la Organización de la Cooperación Islámica (OCI) ya han dicho que no a un plan que ni apoya un Estado soberano de Palestina, con Jerusalén Oriental como su capital ni respeta el histórico acuerdo de statu quo de nuestros santos lugares en la ciudad. La Unión Africana y la Unión Europea ya han declarado que el plan Trump contradice el derecho internacional. Palestina está ofreciendo al mundo una propuesta seria para lograr una paz justa y duradera. Estamos pidiendo que se asegure que un orden mundial basado en reglas sea el único camino a seguir para todos. En lo que respecta a la aplicación de los principios fundamentales, incluida la responsabilidad de terceros, Palestina no debe ser la excepción.

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*Saeb Erekat es secretario general de la OLP y jefe del Departamento de Asuntos de las Negociaciones. En sección Tribuna de El País de Madrid, 11.02.20

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Anexo:

Trump, l’état c’est moi

Por Luis Moreno*

Lo decía Luis XIV, al referirse a los poderes de la monarquía absoluta: “El Estado soy yo”. La frase habría sido pronunciada ante el parlamento de París gala a mediados del siglo XVII. Hace unos días hemos asistido a una alocución y actuación similar por parte de Donald Trump ante representantes y senadores de las dos cámaras legislativas estadounidenses, con motivo del discurso sobre el estado de la nación. Así lo confirmó al día siguiente el abogado del presidente tras la negativa de los senadores a proceder con el proceso de su destitución (impeachment).

El abogado, Alan Dershowitz, profesor emérito de Harvard y a quien alguno de los lectores quizá le recuerden como el personificado letrado en la película, El Misterio von Bulow (Reversal of Fortune) los manifestó sin rodeos. En respuesta a una interpelación en la sesiones previas a las votaciones del impeachment, Dershowitz aseveraba, según la información aparecida en The New Yorker, que Trump tenía el poder de hacer todo aquello que quisiese, y que no había nada que el senado norteamericano pudiera hacer para evitarlo. El propio Trump ya había validado semejante aseveración, considerando que el artículo II de la Constitución USA le empoderaba para, “… hacer lo que quiera”.

Los senadores rechazaron por 52 votos a favor y 48 el primer cargo, motivado por sus maniobras para conseguir que los servicios de inteligencia ucranianos investigaran a sus rivales demócratas, entre ellos el ex vicepresidente y ahora candidato demócrata a las presidencial, Joe Biden; y por 53 votos a favor y 47 en contra, el segundo, relacionado con sus acciones para obstaculizar la investigación de los hechos. En el primer debate en la Cámara de Representantes, los miembros de la Cámara Baja estadounidense votaron a favor del cargo de abuso de poder 230 representantes frente a 197 en contra, y respecto al de obstrucción al Congreso fueron 229 a favor y 198 en contra.

Como se sabe, la elección de los dos senadores representantes de cada estado de la unión estadunidense se realiza mediante votación mayoritaria (mitad más uno) de manera homogénea y sin tener en cuenta la población. Los mismos dos senadores son electos por los ciudadanos de Wyoming (600.000 habitantes) o California (40 millones). No debe causar tanta extrañeza semejante disparidad que suele ser una característica de las cámaras altas de sistemas federales frente a las más proporcionales de las cámaras bajas. Más allá de las peculiaridades institucionales antedichas, y aún admitiendo que Trump goce ahora de una alto apoyo para ejercer el mando de POTUS (según las últimas encuestas el 49% de los estadounidenses aprueba su gestión), son legión los analistas que vaticinan un segundo mandato del multimillonario neoyorquino. Algunos jocosamente proponen una estancia vitalicia en la Casa Blanca, como sucede con los miembros del Tribunal Supremo.

Más inquietante para el futuro de la democracia digital es la interiorización de los ganadores en las contiendas electorales. Buena parte de ellos se ven capacitados a ejercer todo el poder del Estado, pese a ser electos por una escasa diferencia de votos en elecciones cada vez ajustadas en los sistemas de votación mayoritaria. Recuérdese, al respecto, cómo Boris Johnson aun sigue pretendiendo entablar una guerra con la Unión Europea estableciendo barreras comerciales y medidas proteccionistas, pese a que un 48% de los británicos expresaron su deseo de permanente en la UE.

En USA, y en general en los países de tradición liberal anglosajona, se ha reforzado en los últimos tiempos la política del ganador todo se lleva (winner-takes-all politics), según adelantaron en su estudio Jacob Hacker y Paul Pierson. Ello ha posibilitado la mayor divergencia en la distribución de las rentas y el reparto desigual de las cargas fiscales.

En España hemos comenzado a caminar políticamente por una senda inexplorada, cual es la del gobierno en coalición. Tal opción se diferencia de la personificación del poder en un líder incontestable. Ha costado mucho, y seguramente se ha pagado el precio de la apatía y el hartazgo de no pocos electores, tras meses de negociaciones y esperas. Ahora aparece en el horizonte una negociación y aprobación presupuestaria clave para la propia pervivencia del gobierno de coalición. Para conseguir tal fin, se necesitarán apoyos parlamentarios extra, además de los partidos involucrados en el gobierno de coalición.

Para hacérselo más difícil al gobierno, los partidos de la oposición no sólo llevan a cabo declaraciones tendentes al desgaste políticos del ejecutivo, sino que apuntan a revertir la propia lógica de la coalición. Es mejor para la oposición tener a un solo partido en el gobierno. Está en juego, por tanto, una innovación parlamentaria de la que dependerá la política española en un futuro no muy lejano.

Ya se sabe, “si te afliges, te aflojan y si te aflojas, te afligen”, El chascarrillo hace referencia a la capacidad de aguante en política para evitar darse por vencido en situaciones difíciles como la presente, pero respecto a la cual aún se disponen de medios para solventarla. También podría decirse aquello de “si rajas, te rajan”. Para los acaparadores del poder como el inefable Trump, el poder de la fuerza absoluta no es sólo para conservarlo sino para ejercerlo. Como ya lo pretendiera hace cuatro siglos el denominado rey Sol.

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*Profesor de Investigación en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC). En Público.es, Feb. 2020

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