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Apocalipsis de hoy

Mar 13 2020

Pedro Miguel – La Jornada

Se caen las bolsas de valores, los precios internacionales del crudo se derrumban en forma estrepitosa, suspenden festivales artísticos, actos electorales y partidos de futbol, los italianos están metidos en sus casas sin asomar la nariz y los españoles van por ese mismo camino, las fronteras de China están cerradas, nadie sabe qué pasa en África –nadie sabe nunca lo que pasa en África porque eso no es del interés de los medios–, la industria turística y las líneas aéreas experimentan pérdidas millonarias, hay aeropuertos más solitarios que una viudez y en varios países la gente toma por asalto los supermercados con la idea desesperada de almacenar suficientes latas y papel higiénico para sobrevivir al fin del mundo. Los medios sufren la pandemia obsesiva y monotemática del Covid-19; aún no hemos visto a presentadores de noticias separados del micrófono por un cubrebocas ni a informadores trasmitiendo desde sus casas por temor a salir a las calles emponzoñadas.

Hasta donde sabemos, este bicho de última generación mata a menos gente que la influenza o gripe común pero nadie está dispuesto a dejar pasar la oportunidad de un Juicio Final tan atractivo como el que brinda una peste que avanza a ritmo de jinete del Apocalipsis y que resulta propicia para justificar cualquier cosa, incluso el afán de hacerse notar. El presidente Trump, por ejemplo, se burlaba hace unos días de la epidemia pero súbitamente tomó la decisión de prohibir el aterrizaje en Estados Unidos de los vuelos procedentes de Europa y no será de extrañar si pasado mañana decide cerrar la frontera con México, a pesar de que el país vecino tiene muchos más casos confirmados de contagio que el nuestro. A fin de cuentas, el virus es un vector formidable para reforzar la infección de aislacionismo chovinista y fóbico que el magnate ha cultivado entre sus electores desde que era precandidato a la Presidencia y una circunstancia inmejorable para provocar uno de esos sobresaltos mundiales tan gratos a su egolatría. Por cierto, hay tres mandatarios en este continente que son candidatos a pacientes de Covid-19: el propio Trump, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, y el brasileño Jair Bolsonaro, otro de los que hasta hace unos días negaba que la epidemia fuera real.

La reacción mexicana entró en un estado de agitación febril (nunca mejor dicho) para descalificar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador por el manejo del gobierno federal ante la expansión del virus y para propalar rumores alarmistas acerca de una propagación no reconocida oficialmente. Comentócratas de la vieja y de la nueva ola, políticos panistas, influencers de la derecha y odiadores variopintos de AMLO han estado usando las redes sociales para difundir mentiras y adulteraciones. Ayer, una docena de ellos pretendieron hacer pasar una declaración presidencial de hace más de una semana como si para presentar al mandatario como desactualizado y desinformado ante el avance de la epidemia; exactamente el mismo fragmento de video, encabezado por comentarios descalificatorios y mordaces, lo mismo en cuentas de individuos reales y de ficciones digitales conocidas como bots. Imposible pensar que ese nado sincronizado carecía de coreógrafo. Y lo increíble: esos y otros voceros de la reacción depusieron momentáneamente su odio a Nicolás Maduro para ponerlo como ejemplo de lo que debía hacerse ante la pandemia –el gobierno de Caracas también canceló los vuelos provenientes de Europa– y despotricar contra AMLO. No dijeron, claro, que el sistema de salud venezolano tiene un índice de 23 puntos de eficiencia frente a los 57.6 del mexicano y que, en consecuencia, la decisión del país sudamericano obedece a condiciones radicalmente distintas a las que imperan en nuestro país.

En contraste, pocos medios dieron a conocer las medidas de prevención establecidas en el aeropuerto capitalino, o el reconocimiento formulado por el asesor de la OMS en materia de Emergencias de Salud, Jean-Marc Gabastou, quien dijo que México ha reaccionado inmediatamente de manera preventiva, o la información puntual, precisa y clara que el gobierno federal proporciona mañana tras mañana sobre la pandemia y sus consecuencias.

Es claro que en las actuales circunstancias las peores pestes son la desinformación, el pánico y el manejo inescrupuloso y faccioso de una situación que debe ser tomada con la precaución y la seriedad que merece, no sólo por el riesgo sanitario que representa sino, sobre todo, porque ha puesto la economía mundial patas arriba y las consecuencias negativas van a sentirse muy pronto en prácticamente todo el planeta. Esto no será el Juicio Final –con ese siempre hay segundas y terceras instancias– pero sí, de algún modo, el fin del mundo conocido hasta ahora en lo que a comercio, finanzas y producción se refiere. Y en tanto se dilucida si el Covid-19 nos matará a todos, a muchos o sólo a unos cuantos, hay que ponerse a imaginar qué sigue.

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Epidemia de neoliberalismo

Raúl Zibechi*

Hace siglos pudimos aprender la importancia de los entornos sociales y naturales donde los virus se arraigan y multiplican, porque convivimos con ellos y no siempre nos amenazan. La peste negra debió enseñarnos que virus prexistentes se multiplican y dispersan cuando se crean las condiciones apropiadas. En nuestro caso, esas condiciones las creó el neoliberalismo.

En Plagas y pueblos, William McNeill destaca algunas cuestiones de actualidad, cuando analiza la peste negra que barrió Europa desde 1347. Los cristianos, a diferencia de los paganos, cuidaban a los enfermos, se ayudaban entre sí en épocas de pestilencia y de ese modo contenían los efectos de la peste (Siglo XXI, p. 122). La saturación de seres humanos, sobrepoblación, fue clave en la expansión de la peste (p. 163).

La pobreza, una dieta poco variada y la no observación de las supersticiones, costumbres locales de los pueblos, por la llegada de nuevos habitantes, convirtieron las pestes en desastres (p. 155).

Braudel agrega que la peste, o hidra de mil cabezas, constituye una constante, una estructura de la vida de los hombres ( Las estructuras de lo cotidiano, p. 54). Sin embargo, qué poco hemos aprendido.

La peste negra destruyó la sociedad feudal, por la aguda escasez de mano de obra a raíz de la muerte, en pocos años, de la mitad de la población europea y, también, por la pérdida de credibilidad de las instituciones. Este es el temor que ahora lleva a los estados a encerrar a millones.

La epidemia de coronavirus en curso, tiene algunas particularidades. Me voy a centrar en las sociales, porque ignoro cuestiones científicas elementales.

La epidemia actual no tendría el impacto que tiene, si no fuera por tres largas décadas de neoliberalismo, que ha causado daños ambientales, sanitarios y sociales probablemente irreparables.

Naciones Unidas por medio del Pnuma, reconoce que la epidemia es reflejo de la degradación ambiental (https://bit.ly/2TS42fL). El reporte señala que las dolencias transmitidas de animales a seres humanos están creciendo y empeoran a medida que los hábitats salvajes son destruidos por la actividad humana, porque los patógenos se difunden más rápido hacia rebaños y seres humanos.

Para prevenir y acotar las zoonosis, es necesario atajar las múltiples amenazas a los ecosistemas y la vida salvaje, entre ellas, la reducción y fragmentación de hábitats, el comercio ilegal, la contaminación y proliferación de especies invasoras y, cada vez más, el cambio climático.

Las temperaturas a comienzos de marzo (invierno) en algunas regiones de España están hasta 10 grados por encima de lo normal (https://bit.ly/3aFvynq). Además, la evidencia científica vincula la explosión de las enfermedades virales y la deforestación (https://bit.ly/2IDBbGO).

La segunda cuestión que multiplica la epidemia son los fuertes recortes del sistema sanitario. En Italia, en los pasados 10 años se perdieron 70 mil camas hospitalarias, se cerraron 359 departamentos y numerosos hospitales pequeños fueron abandonados (https://bit.ly/39BjkMC). Entre 2009 y 2018 el gasto en salud creció 10 por ciento, frente a 37 por ciento de la OCDE. En Italia hay 3.2 camas por cada mil habitantes. En Francia 6 y en Alemania 8.

Entre enero y febrero el sector sanitario español perdió 18 mil 320 trabajadores, en plena expansión del coronavirus (https://bit.ly/2wJIR7W). Los sindicatos del sector denuncian abuso de la contratación de interinos y la precariedad en el empleo, mientras las condiciones de trabajo son cada vez más duras. Esta política neoliberal hacia el sistema sanitario, es una de las causas por las que Italia ha puesto en cuarentena a todo el país y España puede seguir el mismo camino.

El tercer asunto es la epidemia de individualismo y de desigualdad, cultivadas por los grandes medios que se dedican a meter miedo, informando de forma sesgada. Durante más de un siglo, sufrimos una potente ofensiva del capital y de los estados contra los espacios populares de socialización, mientras se bendicen las catedrales del consumo, como los shoppings.

El consumismo despolitiza, desidentifica e implica una mutación antropológica (como alertó Passolini). Hoy hay más personas que desean tener mascotas que hijos (https://bit.ly/2W8J5Qm). Este es el mundo que hemos creado y del que somos responsables.

Las medidas que se toman, a largo plazo, pueden agravar las epidemias. El Estado suspende la sociedad al aislar y confinar a la población en sus casas, prohibiendo incluso el contacto físico.

La desigualdad es igual que en la edad media (hacia el 1500), cuando los ricos corrían a sus casas de campo cuando se anunciaba la peste, en tanto los pobres se quedaban solos, prisioneros de la ciudad contaminada, donde el Estado los alimentaba, los aislaba, los bloqueaba, los vigilaba (Braudel p. 59).

El modelo del panóptico carcelario digitalizado, que suspende las relaciones humanas, parece ser el objetivo estratégico del capital para no perder el control en la actual transición sistémica.

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* Periodista uruguayo. Docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales. Artículo publicado por La Jornada de México, el 13.03.2020.

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