Corrupción, Derechos Humanos, Extremismo radical, Neoliberalismo, Populismo, Salud

El descrédito populista

Mar 19 2020

Por Jorge Galindo – El País

Las últimas semanas prueban que los fantasmas que conjura se desvanecen fácilmente

El populismo se presenta a sí mismo como salvador de mayorías ante situaciones extremas. Vive de proporcionar soluciones simples a problemas complejos. Muchas veces, ni siquiera eso: su único sostén es la equivalencia de enfados, la búsqueda de enemigos del pueblo o de la nación, de los que esta puede librarse mediante su acción unilateral soberana. Pero las últimas semanas prueban que los fantasmas que conjura se desvanecen fácilmente: cuando llega el momento de la verdad, cuando un desafío realmente global e inabarcable llama a las puertas de la humanidad, los populismos se quedan sin recursos, añorando la vuelta de sus fantasmas manejables.

Una pandemia global asociada a un parón severo de la actividad económica cumple precisamente con estas características: es un problema complejo tanto técnica como moralmente, de obvio alcance global. No admite alternativas obvias, y crecerá alimentándose de divisiones internas artificiosas, de fronteras entre grupos, pueblos o naciones.

Sucede además que científicos y médicos mantienen una credibilidad considerable, a diferencia de políticos, periodistas, opinólogos y otras voces más habituales en el coro que rodea la toma pública de decisiones. En la medida en que estos últimos hagan caso a los primeros, prestando atención, amplificando las voces de la epidemiología, la virología y el manejo especializado de crisis sanitarias, podrán navegar la crisis con mayor acierto. También, en el camino, les recaerá algo del beneplácito con el que cuenta la comunidad médico-científica. Los economistas, por cierto, no deben quedar fuera de escena: esta será una buena oportunidad para aportar al bien común, recuperando el prestigio perdido en la década pasada.

Pero si cedemos ante la tentación simplista, si nos sobrepasa el miedo, entonces el círculo se cerrará devolviéndonos al punto en el que entramos tras la Gran Recesión: una debacle ofrecerá un nuevo escenario para que los populismos recuperen su menú de agravios, enemigos, soluciones obtusas. La catástrofe puede venir tanto del frente sanitario de esta crisis como del económico y social. Este es el estrecho, trágico filo por el que transitaremos los próximos meses, tratando de no caer en ninguno de los dos abismos. No podemos, ni debemos, hacerlo sin escuchar a las personas que tienen alguna luz que arrojar sobre el incierto camino. 19 MAR 2020

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Para controlar la pandemia hay que parar a Bolsonaro

Por Eliane Brum

 Brasil ha descubierto que su presidente no es solo un golpista, también un maníaco

La pandemia del Covid-19 muestra que hay que detener a quienes corrompen la verdad y falsifican la realidad, porque ponen en peligro la supervivencia de la población. Ningún caso global es más notorio que el de Jair Bolsonaro, el antidemócrata que gobierna Brasil. Ya horrorizó a una parte de la humanidad con sus declaraciones racistas y la destrucción de la Amazonia. El domingo, demostró que es un demente al romper la cuarentena, poner en riesgo a los brasileños y no respetar las reglas de protección establecidas por su propio Ministerio de Sanidad. Bolsonaro unió golpismo, negacionismo y amenaza a la vida en un solo acto.

Notorio negacionista climático, Bolsonaro calificó la pandemia de “fantasía” de los medios durante una visita a su ídolo Donald Trump. Estando en cuarentena por haber tenido contacto con 14 personas que dieron positivo, el ultraderechista hizo una transmisión por Facebook con mascarilla. Pidió a los extremistas de derecha que lo apoyan que, debido a la pandemia, suspendieran la manifestación contra el Congreso y el Supremo Tribunal Federal programada para el domingo pasado. Antes, Bolsonaro había estimulado y difundido la protesta. La mayoría creyó que finalmente había tenido un encuentro inesperado con la realidad y había entendido que la epidemia es real. Nada. El domingo, Bolsonaro asistió a la manifestación, en un acto explícito de golpismo, y violó las reglas de su propio ministro de Sanidad al estimular la aglomeración de personas en plena pandemia, sacarse selfies, manipular móviles de seguidores y estrechar sus manos.

Además de enfrentar a los poderes democráticos, puso en riesgo a su propia población y dio el peor ejemplo que un jefe de Estado podría dar en este momento gravísimo. Y más: llamó “extremismo” e “histeria” a las medidas tomadas por su propio Gobierno para controlar el virus. “Este virus no es todo lo que dicen”, siguió insistiendo el lunes.

Brasil ha descubierto, en plena pandemia, que no solo tiene a un golpista en el poder, sino también a un maníaco. ¿Y ahora qué? La reacción de las instituciones y la sociedad a la amenaza que representa el déspota elegido determinará el futuro inmediato del país. Sin embargo, en un mundo globalizado, este problema no es solo de Brasil. Es un problema del planeta. La misma irresponsabilidad criminal que está acabando con la Amazonia ahora pone en riesgo el control global de la pandemia.

El Covid-19 ha mostrado el nivel de perversión que pueden alcanzar los negacionistas para mantener su proyecto de poder. Los que negaron el riesgo de la pandemia son los mismos que niegan la crisis climática. El virus posiblemente pasará, dejando un rastro de muerte. La catástrofe climática solo está empezando.

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*Eliane Brum (Río Grande do Sul, 23 de mayo de 1966) es una periodista, escritora y documentalista brasileña. Se formó en la Pontificia Universidad Católica de Río Grande do  Sul (PUCRS) en 1988 y ganó más de 40 premios nacionales e internacionales de reportaje.Columna publicada el 18.03.20 en  El País. Traducción de Meritxell Almarza.

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Bolsonaro, el presidente sordo

Por Dario Pignotti – Página12, Argentina

Demuestra no haber tomado nota del avance del coronavirus en su país, donde este martes se registró la primera víctima fatal.

Desde Brasilia. En su (otro) mundo. Por las actitues y declaraciones realizadas en los últimos días Jair Bolsonaro demuestra no haber tomado nota del modo como el coronavirus está avanzando en Brasil, donde este martes se registró la primera víctima fatal: un hombre de 62 años, que no estuvo en el exterior y falleció en San Pablo a raíz de un contagio interno. En los últimos cuatro días los infectados pasaron de 121 a 290, conforme los números del Ministerio de Salud que suelen pasar por alto o reportar con atraso las informaciones de varios estados. Las personas con síntomas que todavía no tienen un diagnóstico firme saltaron de 1913 a 8.819 entre el sábado y el martes.

Una empleada doméstica, cuya patrona regresó recientemente de Europa, falleció en el interior Rio de Janeiro con síntomas del virus pero aún no se confirmó el motivo de su deceso.

Todo el arco político, desde el opositor Partido de los Trabajadores hasta dirigentes derechista Partido de la Socialdemocracia Brasileña se manifestaron con alarma , mientras el presidente reiteró hoy su desinterés sobre los datos de la enfermedad y atribuyó a grupos malintencionados un plan para sembrar «histeria» colectiva para afectar la economía de su país. Piensa igual que su socio político y espiritual, el obispo Edir Macedo, propietario de la cadena de TV Record y la Iglesia Universal del Reino de Dios, para quien el coronavirus es inofensivo y la alarma es fruto de Satanás.

Sin tomar nota del primer muerto por el virus, al que se podrían sumar otros cuatro pacientes que estuvieron internados en el mismo hospital paulistano, el jefe de Estado anunció que va a organizar una «fiestita» para conmemorar su 65 cumpleaños el próximo 21 de marzo.

Lo anunció desafiando a sus médicos que le recomendaron permanecer aislado hasta que se sepa si contrajo o no el Covid-19. El primer examen dio negativo pero no fue conclusivo. Se realizó el test el jueves a poco de retornar de Estados Unidos donde lo recibió Donald Trump. Catorce personas integrantes de la comitiva presidencial están infectados, entre ellos el designado embajador en Washington, Nestor Froster y el secretario de Comunicaciones del Palacio del Planalto, Fabio Wajngarten.

Trump dijo a colaboradores estar «preocupado» por el contacto físico que tuvo con Wajngarten, junto al cual se tomó una foto en su resort de Palm Beach, Florida, y de quien recibió una gorra con el lema «Take Brazil Great Again», una frase de la campaña electoral republicana de 2016 que los bolsonaristas reciclaron para su propia publicidad. Brazil con «z», a la americana.

Wajngarten estuvo unos diez minutos cerca de Trump y permaneció mucho más tiempo cerca del mandatario brasileño, para quien trabajó durante los cuatro días de la visita norteamericana. Otro que abrazó a Bolsonaro fue el alcalde de Miami, Francis Suárez, que dio positivo en un test cuyo resultado se conoció el viernes. Hay más: los ventiún motociclistas de la Policía de Miami que lo escoltaron durante parte de esos cuatro días están en cuarentena .

Emulo de Donald Trump, Bolsonaro no imita a su colega en lo que refiere a la pandemia. Mientras el magnate cerró las fronteras aéreas y adoptó otras medidas de emergencia el caapitán retirado permanece en su negacionismo.

Declaró que no piensa cerrar las fronteras ni imponer restricciones a los vuelos llegados del exterior y criticó, sin nombrarlo, al gobernador de Rio de Janeiro, Wilson Witzel, por haber decretado el cierre de escuelas y recomendaciones que el público evite espacios públicos y abarrote las playas.

El lunes estuvo ausente de la videoconferencia en la que participaron Alberto Fernández y otros mandatarios sudamericanos en la que se intercambiaron informaciones sobre la dolencia.

Ha evitado estar en las reuniones ministeriales sobre el Covid-19 y recién el lunes creó un gabinete de crisis al frente del cual designó al general Walter Souza Braga Netto, en cuyo currículum sobresale la represión sangrienta de las favelas de Rio de Janeiro durante la intervención militar de 2018, pero no aparece ningún antecedente relevante en materia de salud pública.

El domingo Bolsonaro participó en un acto de ultraderecha convocado para atacar al Congreso y el Poder Judicial, e incitar con poco disimulo a una suerte de autogolpe. La marcha se realizó pese a que la Gobernación de Brasilia recomendó que no se hiciera para reducir los focos de contagio.

En ese mítin volvió a desafiar a los médicos al transgredir su cuarentena y tomar contacto 272 veces con sus seguidores (los palmeó, dio la mano, tomó selfies y usó gorras), según el conteo realizado por el diario O Estado de San Pablo.

Ese mismo periódico conservador que apoyó el ascenso del bolsonarismo escribió en su editorial del martes, «El mundo está en guerra con el coronavirus, mientras Bolsonaro mira a sus enemigos particulares».

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