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El día después… y Houston… tenemos un problema

Mar 30 2020

Dos textos de Luis Casado*

El día después…

Hay muchos modos de evitar hablar de lo que verdaderamente importa. Una consiste en saturar los noticieros con el coronavirus. No es que a mí el bicho me valga madre. Pasa que todo esto fue debidamente anunciado, entre otros durante la última campaña presidencial francesa.

En el 2017 Jean-Luc Mélenchon decía literalmente:

“Entre los bienes comunes hay uno que merece una atención muy particular (…) se trata de la Salud (…) Estamos amenazados de un verdadero crack sanitario. Un crack es un hundimiento. Sería el producto de tres factores. El primero, desafíos sanitarios totalmente nuevos. El segundo, un sistema de cuidados médicos en vías de dislocación. Y el tercero, el más grave, el más importante, el más decisivo: lo que hay en la cabeza de quienes deciden. Una visión absolutamente absurda, mercantil, ‘empresarial’ como dicen para gargarizarse con palabras de las cuales no saben muy bien lo que quieren decir (…) Esta visión de la Salud nos hace incapaces de responder a lo que vemos levantarse ante nosotros. Primeramente, el desencadenamiento de nuevas epidemias… ¿Cómo vamos a soportar ese choque?”

La respuesta del mundo político, de la prensa y de la TV fue la burla. Los mismos que hoy “están en guerra” – ¡Ah… el lenguaje marcial!– contra un virus que les sorprendió con los calzoncillos abajo.

Francia solía tener un stock de mascarillas sanitarias: 950 millones. Cuando llegó el coronavirus –razones de economía y ahorro en plan Andrés Velasco– solo había 150 millones. El consumo semanal de mascarillas es de 25 millones: saca la cuenta. No hay mascarillas ni para los enfermeros ni para los médicos que están en primera línea. Ahora Macron le pasó un pedido de mil millones de mascarillas a… China: el país de Airbus y Ariane, de Renault y el TGV, no sabe fabricar textiles.

La masacre que tiene lugar en España le debe mucho a la privatización de los servicios médicos (hospitales, consultorios…) y de las ‘casas de reposo’ en las que aparcan a los viejos.

Los viejos: una variable de ajuste.

Dan Patrick, vicegobernador de Texas, declaró literalmente: «Los abuelos deberían sacrificarse y dejarse morir para salvar la economía en bien de sus nietos y no paralizar el país.”

Danny, – ¿puedo llamarle Danny?–, no precisó si comenzaría dando el ejemplo, él, que ya tiene 69 años de edad.

Lo cierto es que el Covid-19 está siendo y será una masacre, una gigantesca eutanasia de personas de la tercera edad. Las AFP deben estar frotándose las manos. En Francia –perdón que insista con esta ‘gran’ potencia, conozco esta realidad mejor que otras– los EHPAD (establecimiento-hogar de personas adultas dependientes) son “la quinta rueda del coche”. Las prioridades van por otro lado, justificadas por el déficit de material, equipamiento, personal y elementos consumibles (delantales, mascarillas, guantes, etc.) provocado por las medidas de ahorro del gasto público. Todo ello previsible… para nuestros grandes previsores que se pasan lo mejor del día previendo la economía de mañana. Los muy “proactivos”…

Jean-Luc Mélenchon tenía razón: la vida de nuestros conciudadanos importa un cuesco.

La organización patronal francesa protestó cuando el muy neoliberal gobierno de Macron aconsejó no distribuir dividendos para utilizar esos ingentes recursos en mantener la capacidad productiva y pagarle a los asalariados. La respuesta de los patrones fue de antología:

“¡¿Qué?! Los accionistas son los que corren todos los riesgos, ¿cómo podrían no recibir la justa remuneración del inmenso riesgo que corren?” (sic)

No pudiendo impedirse ir hasta el fondo de la pinche teoría neoliberal, agregaron:

“No es el caso de los (cobardes) asalariados, que siempre tienen segura su remuneración…” (1)

Nótese que Francia es el país de la UE que más dividendos distribuye: el año pasado más de 42 mil millones de euros fueron a parar a las faltriqueras de los ‘inversionistas’ por esa vía. Y no se conforman: son insaciables. La pandemia es una oportunidad de negocio… ¿porqué desaprovecharla?

En el medio de este mambo, –como dice Eladia Blázquez en el tango Primer Mundo–, algunas almas sensibles ya comenzaron a pensar en El día después, en el mundo que viene, ‘que desde luego será muy diferente, algo aprenderemos de esta crisis, las cosas no quedarán así como están…’.

Lo que indudablemente me llena de pavor, vista la abundancia de referencias del pasado que nos ofrecieron el inimitable espectáculo de desastres aun mayores en plazos extraordinariamente breves.

Cada crisis, dice el dogma neoliberal, es una oportunidad de negocio. Esta vez no será la excepción, ni siquiera la que confirma la regla. Países en los cuales –declaradamente– no había dinero ni para la Salud, ni para la Educación, ni para los servicios públicos… acaban de emitir dos billones de dólares (EEUU) y un billón de euros (UE) para salvar… al empresariado. Adivina quien va a pagar la cuenta…

En Chile –el modelo del modelo– la Dirección del Trabajo emitió una circular (esta gente es redonda…) que dice:

“…en el caso c) respecto de los trabajadores que, con ocasión de dicha orden de autoridad o toque de queda, no ingresaron a prestar servicios, corresponde concluir que no habiendo estado a disposición del empleador, éste no se encuentra obligado al pago de las respectivas remuneraciones, por cuanto la circunstancia de la fuerza mayor ha impedido los efectos normales del contrato de trabajo, según lo expresado precedentemente, lo que no obsta a que las partes pacten, de común acuerdo, la recuperación del turno o tiempo no laborado.”

Firma: Camila Jordán Lapostol – Directora del Trabajo (S) 26 de marzo 2020.

Esta magnífica obra digna de la literatura orwelliana provocó una declaración, –que amerita ditirámbicos elogios y apologéticos panegíricos–, de la parte de la vocera de gobierno, la inenarrable Karla Rubilar, de marmóreo rostro:

“En algunas empresas existe una relación simétrica, de cariño, entre trabajadores y empleador”.(2)

Esto no se inventa, o bien habría que tener la imaginación de un Jules Verne o de un Isaac Asimov, con la penosa diferencia de que se trata de la realidad, no de ficción literaria. Entre esta lumbrera y Mañalich, el tipo que espera que el virus se ponga “buena gente”, para no hablar del patético tatán, la tenemos clara.

Horacio apunta, –a mi modo de ver muy justamente–, que el coronavirus de los cojones pasará, pero que lamentablemente la boludez es inmortal.

Yo agrego a la larga lista de las plagas inmortales las ansias de lucro. Esa convicción es la que me lleva a pensar que, aun muriéndose sentados en cómodos sillones instalados en sus lujosos palacios, los grandes empresarios apostarán a darle más vueltas de tuerca al garrote vil de la explotación del ser humano y a la tragedia de la extinción de la Naturaleza como la conocimos alguna vez.

Dueños de un mundo inviable, morirán repletos de oro como un pijotero Creso contemporáneo, llevándose la Humanidad por delante.

Esa plaga, –las ansias de lucro–, al lado de la cual el pinche coronavirus es un simple catarro de pacotilla, trajo guerras mundiales que aun no terminan. Y traerá otras guerras al salir de esta ‘crisis’, y no pocas insurrecciones contra el hambre, la desigualdad y la precariedad erigidas en una condena digna de un moderno Sísifo.

Mientras tanto, salvar el capitalismo –modo de producción que nos trajo a esta situación– tomará lo que deba tomar: Whatever it takes, como dice mi ‘experto financiero’ preferido, el cada vez más Cassandrico John Mauldin (pido excusas por el barbarismo).

Johnny escribe –se ve que está pasablemente acojonado, aislado en su lujosa mansión de Puerto Rico–, lo que sigue:

“Con su actividad reciente, el Balance de la Reserva Federal (FED) explotó a más de US$ 5 billones (te recuerdo que el PIB yanqui es de unos US$ 20 billones). Mi amigo Peter Boockvar piensa que los activos (que la FED compra en los mercados para aliviar a las multinacionales) podrían llegar fácilmente a US$ 10 billones, y los problemas comenzarán cuando la FED intente deshacerse de ellos. Personalmente no estoy seguro de que siquiera lo intente. Pienso que esta vez retomará una lección de la Gran Depresión y simplemente ni siquiera se preocupará de deshacerse de ellos.

Déjenme ir más lejos. Los años 2020 serán la década de “Whatever it takes”. Ya dije que antes de que termine la década, el Balance de la FED será de US$ 20 billones y alcance probablemente incluso los US$ 30 billones. Y sigo pensando lo mismo.

Siendo números abrumadores, no son mayores a los del Japón de hoy. Tenemos que pensar más tarde qué hacer con el valor del dólar. Ya escucho a los economistas de la Escuela austríaca chillando que tendrá que ser devaluado. Pero ese no es el caso de Japón, y solo muy ligeramente el de Europa por razones diferentes. Cada país tiene sus propias características cuando se trata de expandir su base monetaria.”

Dicho en cristiano… esto quiere decir que los EEUU no pagarán un maravedí de su deuda, y que emitirán los dólares que haga falta para comprar lo que necesiten. Moneda de Monopoly. Mientras el resto del mundo acepte challa como moneda…

La cuenta –sé que me estoy repitiendo– la pagaremos los pringaos.

Esos cuyos fondos de pensiones fundirán como nieve al sol, los que no recibiremos salarios por no llegar a trabajar en tiempos de toque de queda, los muertos anticipadamente que no cobrarán nunca más sus pensiones (la vieja no pasó: la palmó…), aquellos que trabajaremos 60 horas semanales (en Francia el gobierno de Macron propone instaurar ese horario laboral, primero como medida extraordinaria, luego como norma…), en fin… los asalariados del mundo que nunca se unieron como soñaba un tal Karl Marx en el siglo XIX.

El coronavirus es una suerte de poderosa lupa que muestra el sistema tal cual es, hasta en sus detalles más ínfimos. En estos días el sistema se pasea desnudo.

Y el día después, definitivamente empelotas.

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(1): Véase el libro “No hay vacantes”, de este pechito, donde describo las alucinantes teorías neoliberales del desempleo, paro o cesantía según se prefiera.

El ocio del currante la teoría económica lo denomina “utilidad”. Como queda dicho, la “utilidad” más apreciada por el currante consiste en el ejercicio recurrente de friccionarse el escroto. Para arrancarlo –a duras penas– del morbo que en lingua franca pudiésemos llamar Gaudium ipsius scroti (la alegría del escroto), el esforzado empresario le ofrece un salario.

De ese modo, arbitrando entre su “utilidad” preferida y lo que pudiese procurarse con el salario, el ocioso se resigna a cambiar algunas horas de su pasatiempo favorito por el generoso estipendio que recibe a cambio de algunas horas de cómoda y edificante labor. Muy a pesar suyo, el empresario hace la felicidad del currante. (LC. Gaudium ipsius scroti)

(2): Se ve que Karla no asistió al curso de teorías del desempleo que imparte la Adolfo Ibáñez, ni leyó mi obra maestra “No hay vacantes”, capítulo del trabajador infiel…

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Houston… tenemos un problema

Si Alain Peyrefitte despertara de su sueño eterno, podría legitimamente estar orgulloso no solo de su cercanía con el General de Gaulle, a quien le aportó su larga trayectoria política y diplomática, sino también de su prodigiosa perspicacia que le llevó a escribir un clásico de la literatura política: su ensayo “Cuando China despierte… el mundo temblará”, que solo en Francia vendió 885 mil ejemplares el año de su publicación (1973).

En el año 1971 Alain Peyrefitte, a la sazón presidente de la Comisión de Asuntos Culturales y Sociales de la Asamblea Nacional de Francia, encabezó una misión parlamentaria que efectuó una visita a China en plena “revolución cultural”.

Peyrefitte cuenta que en esa época en China había solo un aeropuerto internacional, que recibía apenas un vuelo por semana. Mao había lanzado la consigna nacional de “Contar con sus propias fuerzas” por la sencilla razón que Beijing no tenía nada que aportar y, aun teniéndolo, no había ni carreteras ni ferrocarriles para transportarlo.

Chile, por esos años, ya tenía ferrocarriles eléctricos, y abandonaba gradualmente los vagones de madera y las locomotoras diesel.

El gran logro chino, –donde había triunfado la Revolución socialista el 1º de octubre de 1949–, era que por la primera vez en su milenaria historia nadie se acostaba con hambre, aun cuando la variedad de los alimentos se reducía a poca cosa más que el arroz.

Sin embargo…

La historia que sigue es conocida, incluyendo el episodio de la “Banda de los cuatro”, así como el triunfo, la prisión y el posterior renacimiento de Deng Tsiao Ping, quien le dio a China el impulso capitalista que necesitaba para transformarse en la potencia que es hoy en día. Deng pronunció entonces una frase que se hizo célebre. Olvidando el rojo de la bandera de la República Popular China, sentenció: “Poco importa que el gato sea negro o blanco, lo importante es que cace ratones”.

Cuando apareció el coronavirus en Wuhan, megalópolis China de la provincia de Hubei –menuda provincia que tiene casi 60 millones de habitantes–, el gobierno chino dispuso todas las medidas para contener su propagación, comenzando por el confinamiento de toda la población, el cierre de las escuelas, colegios y universidades, así como la de todas las industrias y comercios.

Las almas bien pensantes de occidente juzgaron que eso era posible solo porque “China es una dictadura”. Mientras esto escribo me entero que no solo China es una “dictadura”, sino también California, el Estado de New York, New Jersey, Illinois, Pensilvania y Nevada, amén de las tres principales ciudades de los EEUU: Los Ángeles, New York y Chicago.

Italia, España y Francia no esperaron tanto, tal vez porque, obedeciendo las instrucciones de la UE de reducir los déficits presupuestarios y el gasto público, habían dejado sus hospitales públicos llorando miserias desde hace una década.

En fin, más de dos mil millones de personas se encuentran confinadas en el mundo, a pesar de la renuencia de Donald Trump, Sebastián Piñera, Andrés Manuel López Obrador y Jair Messias Bolsonaro que le hace honor a su segundo nombre.

Boris Johnson, que rehusó al principio la cuarentena para los británicos, terminó por contagiarse y ahora –dejando de dar el coñazo– se muestra menos fiero y menos arrogante. Y con algo de fiebre.

China, según se ve, logró controlar la epidemia con menos contagiados y menos muertos que Italia y España. Francia –embalando en papel de diario el conocido orgullo del ‘genio galo’– organiza ahora un puente aéreo para ir a buscar en China los equipamientos y materiales que tanta falta hicieron y hacen.

Hasta ahí… la cosa daría para chistes y memes si no fuese que la situación es grave e incluso desesperada. El Imperio, sí, sí, el Imperio… ya no contraataca. Darth Vador no es lo que era. La prensa de New York provoca escalofríos y tiritones en la espalda, mira ver.

El Washington Post de hoy, domingo 29 de marzo, trae una sabrosa noticia. Hela aquí:

El 5 de febrero, con menos de una docena de casos de coronavirus confirmados en los EEUU, pero decenas de miles en el mundo, una pelea a gritos estalló en la Sala de Crisis de la Casa Blanca entre el Secretario de la Salud (HSS) Alex Azar, y un alto cargo del Bureau del Presupuesto (OMB), según tres personas al tanto del incidente.

Esa mañana Azar le pidió al OMB 2 mil millones de dólares para comprar equipos de ventilación y otros materiales destinados a los agotados stocks de equipamiento médico de urgencia, según testigos familiarizados con la demanda que hablaron bajo condición de anonimato.

El Secretario de Salud estaba preocupado por el estado del Strategic National Stockpile, –almacén federal que mantiene un stock estratégico de material médico–, practicamente vacío.

Los 2 mil millones que solicitó esa mañana fueron reducidos a US$ 500 millones, e incluidos en una solicitud de presupuestos suplementarios enviada al Congreso… Y ahí está el Secretario de Salud: esperando.

Otra nota del mismo diario contrasta brutalmente con el tonito triunfante que suele describir la ‘primera economía del mundo’:

La caída de la economía de los EEUU expone taras preexistentes…

El mes pasado, la economía de los EEUU que alcanza los US$ 21 billones, sufrió un extraordinario y desorientador revés, hundiendose desde la prosperidad en un congelamiento sin precedentes.

¿Tengo que agregar que en una semana el número de desempleados aumentó en 3,3 millones de personas?

Por su parte, el New York Times de hoy ofrece una escalofriante descripción del “liderazgo” yanqui:

“Al principio, la docena de altos cargos federales encargados de la defensa de los EEUU contra el coronavirus se reunía día tras día en la Sala de Crisis de la Casa Blanca, llenos de crisis. Se disputaban acerca de cómo evacuar el Consulado de los EEUU en Wuhan (China), proscribir los turistas chinos y exfiltrar los ciudadanos estadounidenses del Diamond Princess y otros cruceros.

Los miembros del grupo de lucha contra el coronavirus, típicamente, le consagraban apenas 5 a 10 minutos, a menudo al final de polémicas reuniones, a hablar de los tests (de diagnóstico) recuerdan varios participantes. Los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades, se aseguraban unos a otros, había desarrollado un modelo de diagnóstico que sería generalizado rápidamente, como un primer paso.

Pero a medida que el letal virus se extendió con ferocidad a través de los EEUU, entre fines de enero y principios de marzo, el diagnóstico en amplia escala de la gente que podía estar infectada no se hizo en razón de problemas técnicos, barreras regulatorias, flojera burocrática y falta de conducción en muchos niveles, según entrevistas con más de 50 altos cargos de la Salud en funciones o retirados, funcionarios de Gobierno, científicos y gerentes de empresas.

El resultado fue la pérdida de un mes, durante el cual el país más rico del mundo, que dispone de los más experimentados científicos y especialistas de las enfermedades infecciosas, despilfarró su mejor oportunidad de contener la difusion del virus. A cambio de lo cual los estadounidenses fueron dejados en la ceguera más completa acerca de la escala de una inminente catástrofe de salud pública.”

Uno cree recordar las angustiadas palabras que Jim Lovell, comandante de la misión Apollo XIII, le dirigió al centro de operaciones: “Houston… tenemos un problema”.

Los hospitales de New York ya están colapsados. El número de contagiados progresa exponencialmente. La falta de equipamiento, de materiales sanitarios, de lechos y de personal ofrece pesimistas augurios sobre el futuro inmediato.

Los dos billones de dólares emitidos –por cojones– por la Reserva Federal están destinados a ayudar a la comunidad financiera. El yanqui de a pie sigue peatón.

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*Editor de POLITIKA. . Ingeniero del Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor del Banco Mundial. Su vida profesional, ligada a las nuevas tecnologías destinadas a los Transportes Públicos, le llevó a trabajar en más de 40 países de los cinco continentes. Ha publicado varios libros  en los que aborda temas económicos, lingüísticos y políticos.

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