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Alarma y miedo: así es como la extrema derecha europea explota el coronavirus

Abr 1 2020

Carles Planas Bou – El Periódico, Barcelona

Las fuerzas reaccionarias del continente utilizan el temor a la propagación de la epidemia para culpabilizar a los migrantes y pedir el cierre de las fronteras

Los vendedores de gel y mascarillas no son los únicos que hacen negocio con la irrupción del coronavirus en Europa. Mientras gobiernos y científicos estudian cómo atajar la epidemia, la extrema derecha del continente rebusca en la histeria social que ha generado una oportunidad para derribar el espacio de libre circulación Schengen y relanzar su agenda política de fronteras.

En 2016, uno de los bulos más difundidos en Internet sobre la llegada de refugiados era que consigo traerían enfermedades a Europa. Ahora, la carta racista reflota y los líderes de la ola reaccionaria buscan sacar rédito político de un patógeno, el prejuicio, que se propaga más veloz y menos visible que el coronavirus.

«Las personas migrantes, de distintas razas y religiones, siempre han sido acusadas de propagar gérmenes», apunta Miquel Ramos, periodista experto en movimientos neofascistas. «La gasolina de la extrema derecha es externalizar los males de la sociedad». Conscientes de las oportunidades que les brinda el caos, ahora empiezan a trazar su estrategia para instrumentalizar la salud pública de la misma manera que han hecho con la seguridad.

ALINEACIÓN REACCIONARIA

En Italia, un Matteo Salvini en campaña permanente ha llamado al cierre de fronteras, pidiendo la dimisión del gobierno que este pasado verano le relegó a la oposición en un gesto sorpresivo. El jefe de La Liga ha ido más allá al señalar que la irrupción del virus es culpa de «la entrada en inmigrantes de África». En el continente madre solo se han detectado tres casos: Egipto, Algeria y Nigeria. En un nuevo arrebato nacionalista, además, ha apelado a sus seguidores a comprar solo productos italianos. Su hombre fuerte en el norte y presidente de Lombardía, Attilio Fontana, se ha impuesto una «auto-cuarentena» a pesar de no estar contagiado, espectacularizando su imagen con mascarilla. Hace dos años aseguró que la inmigración amenaza la «raza blanca».

En su único año como ministro del Interior, Salvini impulsó una polémica política de puertos cerrados. En ese período de tiempo murieron al menos 1.151 personas intentando cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa, según Médicos Sin Fronteras y SOS Mediterranée, y más de 10.000 fueron expulsadas forzosamente a Libia, país convertido en un violento polvorín.

En Francia, Marine Le Pen, la otra gran cabeza de la hidra reaccionaria, ha utilizado el pánico generado por el coronavirus para cargar contra sus dos principales enemigos: los inmigrantes y la Unión Europea. Cuando solo había un caso detectado en Lyon, la hija del filonazi Jean-Marie Le Pen pidió suspender los vuelos a China y controlar las fronteras. 

DOMINÓ ULTRA

Aunque ningún país ha optado aún por un cierre total de fronteras, los líderes de la UE temen que la psicosis mediática genere un efecto dominó que debilite un espacio de libre circulación ya herido por los controles impuestos desde hace cuatro años por Alemania, Francia, Suecia, Dinamarca, Austria y Noruega. «Desde el punto de vista científico, cerrar las fronteras y aislar un país no tiene ninguna utilidad, no se basa en ninguna evidencia», explica Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic. Más allá de Schengen, lo que ya es una realidad es que en Francia, Italia y los Países Bajos se ha reportado un incremento de las agresiones racistas contra la comunidad asiática.

En otros países de Europa, el impacto del coronavirus es inferior, algo que no ha evitado que el populismo autoritario lo utilice para atizar las conspiraciones. En Alemania, AfD pide el cierre de fronteras y endurecer los controles a la inmigración ante el «miedo europeo a la infección». El Gobierno de Angela Merkel anunció ayer que pedirá a los ‘länder’ realizar pruebas médicas a los solicitantes de asilo.

En Austria, el gobierno de Sebastian Kurz ha reforzado los controles en la frontera italiana mientras que, con la llegada del virus al país, sus exsocios del FPÖ (antes encabezados por un neonazi) han pedido poner en cuarentena a todos los inmigrantes indocumentados y solicitantes de asilo.

En Grecia, el gobierno de la nacionalista Nueva Democracia ha utilizado los casos de coronavirus detectados para militarizar aún más las fronteras y para relanzar su plan de construir campos de detención para los migrantes.

Incluso en Suiza, que participa en Schengen a pesar de no formar parte de la UE, el ultraconservador Partido Popular Suizo presiona al Gobierno para que deniegue la entrada a los que aspiran a ser aceptados en el país.

En España, esa estrategia empieza a asomar la cabeza. Mientras que la dirección de Vox ha pedido controles a los extranjeros que vengan de China e Italia, perfiles de menor talla como Fernando Martínez Vidal, concejal del Ayuntamiento de Madrid, se han encargado de señalar a los turistas chinos de ser los «transmisores de la enfermedad». «Si aún no han explotado el caso es porque no saben cómo sacarle rédito político», señala Ramos.

Con el incendio como modelo de negocio, la extrema derecha europea y el sensacionalismo mediático se retroalimentan para colar en el ‘mainstream’ ideas sobre el coronavirus que dibujan un estado de amenaza constante, la explotación del miedo a lo diferente y la obsesión por los culpables externos. Tres características que amagan con ir ganando peso; tres de los síntomas con los que Umberto Eco identificó una pandemia mucha más extendida: el neofascismo.

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El coronavirus también afecta a los migrantes

Jara Esbert-Pérez* -El País

Ahora, más que nunca, es realmente importante estar al lado de quienes más lo necesitan. Los inmigrantes, especialmente aquellos en situación administrativa irregular, son un colectivo vulnerable

No nos podíamos imaginar la situación en la que estamos. Parece un sueño, más bien una pesadilla. Los estados de ánimo van cambiando y se van entremezclando con el paso de los días: shock, negación, tristeza, incertidumbre, aceptación. Y el miedo como constante, en muchos casos.

Jueves 12 de marzo. La prensa empieza a publicar noticias sobre las importantes afectaciones del coronavirus en España. Un virus que muchos comparan con una gripe y del que se intenta, en un primer momento, minimizar las consecuencias de su contagio. Rápido, un contagio muy rápido, como ya se pudo ver en los dos países que estaban a la cabeza en el número de casos, China e Italia.

Sábado 14 de marzo. El Gobierno central decreta el estado de alarma, recogido en el artículo 116 de la Constitución Española, mediante el Real Decreto 463/2020.

Martes 24 de marzo. El Gobierno solicita la autorización de la prórroga de las medidas adoptadas 15 días más de lo previsto inicialmente.

Los medios de comunicación van anunciando cada día el estado de los contagios, de las altas, y de las muertes. Entre tanto, las redes se van llenando de bulos y rumores. Surgen miles de argumentos de profesionales de la sanidad y consejos que al poco tiempo se desmienten. Por su parte, el humor ha sido uno de los protagonistas de esta crisis: videos, memes y carteles ingeniosos dibujan unas risas que alivian la tensión por momentos, pero que en ocasiones producen incluso una sensación de culpabilidad, por la seriedad del tema.

Y es que la Covid19 es un virus que nos ha sobrepasado a todos, que nos ha hecho entender la necesidad de cuidarnos los unos a los otros, preservando siempre la propia salud para poder atender a los demás, para no contagiarnos entre nosotros, para no colapsar el sistema sanitario y que puedan ser atendidas aquellas personas que más lo necesitan.

Pero las víctimas de este virus no son solo aquellas que dan positivo en los tan demandados test: todos y todas estamos siendo víctimas de una situación de confinamiento, de una limitación de la libertad de movimiento, que, según la situación de cada persona, puede tener unas consecuencias u otras. Los profesionales de la psicología hablan de cómo las diferentes personalidades hacen frente al mismo problema. Una misma casuística, un mismo virus al que combatir, pero con situaciones muy diversas en cada casa, algunas de ellas muy duras.

El coronavirus (o “el bicho”, como lo han bautizado algunos) ha puesto de relieve la necesidad de cuidar a los más vulnerables. Y aquí se ha hecho necesario re pensar quiénes son esas personas débiles e indefensas, aparte de los mayores, a quienes priorizamos. Recordamos a las personas sin techo, a las personas que trabajan en el mercado informal, a aquellas que padecen una diversidad funcional (física y/o psicológica), a los niños sin padres, a las víctimas de violencia de género, a los presos, a los refugiados, a los ancianos sin familias, a las personas enfermas.

Y los migrantes, especialmente aquellos en situación de irregularidad administrativa. Una parte de este colectivo ha sentido miedo a ser detenido por las fuerzas de seguridad debido a su situación jurídica de ilegalidad y, por ello, han decidido quedarse en casa, sin salir siquiera a hacer la compra para cubrir las necesidades básicas.

El miércoles 18 de marzo, España cierra sus fronteras permitiendo la entrada únicamente a nacionales y residentes. En consecuencia, en Barcelona se cierra el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), al no poder deportar a los internos.

Por otro lado, los trámites administrativos se paralizan en general, también aquellos que tienen que ver con la gestión de la documentación de migrantes y solicitantes de asilo. Solicitudes de arraigo, renovaciones, reagrupaciones familiares, nacionalizaciones, solicitudes de asilo, entre otros tantos.

Una parte de este colectivo ha sentido miedo a ser detenido por las fuerzas de seguridad debido a su situación jurídica de ilegalidad

Empiezan a correr por las redes ofertas de trabajo para personas extranjeras. Para quienes están en situación irregular —sin autorización de residencia ni trabajo— que al poco se desmienten. Para los sanitarios extranjeros que sí están en situación regular, el Gobierno anuncia la concesión de un permiso de trabajo “exprés”. Entre tanto, los trabajadores ambulantes, comúnmente conocidos como manteros, se organizan en Cataluña para producir mascarillas y batas, iniciativa solidaria que se suma al «banco de alimentos manteros» que ha entregado ya alimentos y productos de primera necesidad a más de 150 familias vulnerables.

Especial interés tiene la situación de aquellas personas extranjeras con experiencia en el ámbito sanitario que no han podido homologar su título y no pueden ejercer en un momento como el actual, en el que hay tanta falta de personal sanitario. No obstante, al menos 200 médicos de este colectivo ahora saben que sí podrán ejercer y apoyar la lucha contra la infección, tal y como anunció Sanidad el pasado 25 de marzo.

Respecto a los menores que han migrado solos, siguen en los centros, supliendo las dinámicas que habitualmente hacen en el exterior con actividades varias que les ofrecen sus educadores, sus referentes, sus puntos de apoyo. A estos jóvenes se les añade la carga de gestionar la ansiedad de sus familiares, que desde los países de origen sufren por la salud de sus hijos.

Aparecen quejas de cuidadoras migrantes que relatan estar siendo explotadas en esta situación de confinamiento por quienes las tienen contratadas, de manera ilegal en muchas ocasiones.

Y en medio del huracán, llega el Día contra el Racismo, el 21 de marzo. Una de las primeras reacciones que supuso la llegada de este virus fue, justamente, un recelo contra cualquier persona asiática, posible portadora del virus. Pánico en las escuelas con niños de origen asiático, rechazo disimulado en el transporte público al ver a una persona con los rasgos marcados, alejamiento en las calles frente a vecinos provenientes del continente asiático. Frente a estas y otras actitudes xenófobas que se han venido manifestado (el pueblo gitano también las ha sufrido) entidades y personas a título individual han celebrado por todo lo alto el Día contra el Racismo, haciendo uso de las tecnologías para hacer llegar mensajes antirracistas a todos los rincones del planeta.

También han surgido reacciones de quienes han puesto en el punto de mira la diversidad de nuestra sociedad: se han lanzado mensajes en una gran cantidad de diferentes idiomas —tanto en texto como en audio— dirigidos a nuestros vecinos africanos, pakistaníes, hindús, portugueses, poloneses, rumanos, filipinos, chinos…

Si algo nos puede enseñar este virus, que no entiende de idiomas ni de pasaportes, es que ahora es más importante que nunca permanecer unidos y darnos apoyo mutuo, pensar en las personas más vulnerables, y que nuestra sociedad salga de esta crisis fortalecida, más cohesionada, más sensibilizada de la necesidad de cuidarnos los unos a los otros, sin distinciones ni de clase social, ni de colores políticos, ni, por supuesto, de procedencia. Ahora, más que nunca, es realmente importante entender la ciudadanía en su sentido más amplio, y estar al lado de quienes más lo necesitan.

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*Jara Esbert-Pérez (@JaraEsbertPerez) es experta en migraciones.

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El País :

Portugal regulariza a todos los inmigrantes pendientes de autorización de residencia

La medida urgente permitirá acceder a los servicios de salud y al subsidio de paro en caso de despido por la epidemia

El Gobierno de Portugal ha decidido la regularización exprés de todos los inmigrantes que tenían pendiente la autorización de residencia. La decisión fue tomada en el último Consejo de Ministros y acompaña a otras medidas sociales y económicas para paliar las consecuencias de la epidemia del coronavirus, que ha obligado a la declaración del estado de emergencia en el país. Los inmigrantes pasan a tener los mismos derechos que todos los ciudadanos portugueses si ya habían iniciado los trámites para solicitar la residencia.

Al comienzo de la epidemia, en la primera semana de marzo, el contagio de un trabajador nepalí en los invernaderos del Algarve, al sur de Portugal, levantó la alarma. De la noche a la mañana, un grupo de 79 nepalíes fue confinado en una escuela ante el desconcierto de los trabajadores. Algunos salieron huyendo creyendo que estaban detenidos o que los iban a devolver a su país, pero finalmente se les explicó que el motivo era sanitario. La situación de estos inmigrantes creaba un problema administrativo, en plena ola de devolución de extranjeros a sus respectivos países. Dos semanas después, apenas 18 de ellos siguen confinados en una escuela de Faro —aprovechando la suspensión escolar—, pues fueron los únicos que dieron positivo en el test de la Covid-19. Sus compañeros han vuelto a los invernaderos, ya que si no trabajan, no cobran. Las ayudas extraordinarias decretadas no se les podían aplicar.

El permiso de residencia no es general, sino solo para aquellos extranjeros que ya la hubieran solicitado, y trata de resolver un problema burocrático creado por el mismo estado de emergencia, como es el cierre de muchos servicios públicos, entre ellos los servicios de Extranjería. Algunos inmigrantes que tenían cita para estos días se han encontrado con la imposibilidad de resolver sus trámites. La medida entra en vigor con carácter retroactivo, desde el 18 de marzo, cuando se declaró el estado de emergencia en el país. También se renuevan automáticamente todas las autorizaciones que caducaban en este periodo.

El simple comprobante de solicitud sirve para acogerse al Servicio Nacional de Salud, para firmar contratos de trabajo, abrir cuentas corrientes o solicitar el subsidio extraordinario aprobado para los trabajadores que tienen que quedarse en casa para cuidar a hijos, padres o abuelos, o la prestación por suspensión del contrato laboral.

La medida favorece principalmente a la abundante comunidad brasileña —150.000 de un total de medio millón—, al sector de la construcción y al agrícola, con mucha mano de obra asiática en el sur del país. El Gobierno no ha dado datos sobre cuántos extranjeros van a verse beneficiados por esta medida.

“En estos momentos resulta más importante garantizar los derechos de los más débiles, como es el caso de los inmigrantes. Asegurar el acceso de los ciudadanos migrantes a la salud, a la Seguridad Social, a la estabilidad en el empleo y la vivienda es un deber de una sociedad solidaria en tiempos de crisis», ha declarado al diario Público el ministro de Administración Interna, Eduardo Cabrita.

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La Voz de Galicia:

Portugal dará permisos de residencia, trabajo y acceso a la sanidad a los inmigrantes

Garantizará las coberturas a todos los que solicitaron los papeles antes del 18 de marzo

Mientras en España Vox plantea que los sin papeles paguen por la atención sanitaria mientras dure la pandemia del coronavirus, en Portugal el gobierno del socialista Antonio Costa ha anunciado que dará permisos de residencia, trabajo y acceso a la sanidad a todos los inmigrantes que se encuentren en proceso de regularización. 

Fue el ministro de Administración Interna del país luso, Eduardo Babrita, el que anunció ayer las autorizaciones provisionales de residencia y el acceso a los servicios públicos de las personas inmigrantes que estén intentando regularizar su situación en el país. En declaraciones al diario «Público», aseguró que la medida era un «deber» de una «sociedad solidaria en tiempos de crisis». De ahí que los inmigrantes que hayan solicitado la residencia o el asilo antes del 18 de marzo, tendrán acceso al sistema. 

La orden ministerial, como recogen agencias, se publicó ayer por la noche y prevé que cualquier documento de solicitud de residencia o permiso de trabajo «sea considerado válido ante todos los servicios públicos». El objetivo es «garantizar inequívocamente los derechos de todos los ciudadanos extranjeros con procesos pendientes». «En estado de emergencia la prioridad es la defensa de la salud y la seguridad colectiva. En estos momentos es aún más importante garantizar los derechos de los más frágiles como es el caso de los migrantes», dijo Cabrita. 

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