Historia, Literatura, Salud, Sociedad civil

Mucha muerte por delante

Abr 3 2020

Por Jorge M. Reverte*

Nunca seremos capaces de comprenderla, o sea, de asir mínimamente lo que significa y, quizá por ello, nos resistimos a su llamada casi sin excepción

Siempre ha estado ahí. Y, si se mira alrededor con algo de serenidad, lo que ahora es difícil, siempre se ha dedicado a la misma gente. Cuanto más débil es un colectivo, más fácil le es penetrarlo, claro. Y se vuelca, sobre todo, en lo que ahora se conoce por “grupos de riesgo”, que traducido al español vulgar, significa algo así como “mayor de 70 años con alguna patología previa, sobre todo si es respiratoria”.

Por supuesto, estoy hablando de la muerte, asunto que da mucho de sí. Creo que era el padre de los Fraguas el que decía con mucha razón eso de que “nos queda mucha muerte por delante”. La frase es buena, pero el contenido da vértigo.

Nos queda tanta muerte por delante que nunca seremos capaces de comprenderla, o sea, de asir mínimamente lo que significa y, quizá por ello, nos resistimos a su llamada casi sin excepción.

Siempre ha estado ahí. Esperando a que nuestras acciones o nuestras omisiones nos lleven con ella. Porque irse solo puede ser fruto de un error o de que se ha entrado, sin darse uno cuenta, en un “grupo de riesgo”. Pues malditos sean. Formar parte de alguno quiere decir que, de una u otra manera, está uno desahuciado. No vale demasiado la pena luchar por ese pedazo de carne, porque, tarde o temprano, la lucha tendrá su fin y ya sabemos cuál será el resultado.

La vida es un pequeño paréntesis en el gran lapso de tiempo que tenemos por delante. Qué salvaje, qué inmisericorde, qué exacto, el inventor de la frase.

En cierta manera, lo que conseguimos con tanta lucha, y lo sabemos desde siempre, es hacer un poco mayor el margen que gobierna ella. No es más grande que eso el premio. Es una miseria.

Hay que hacer, entonces, un esfuerzo para conseguir entrar más tarde en los “grupos de riesgo”. Un poco más tarde. Con eso nos conformamos. Qué poco. Nos queda aún mucho que vivir, que es algo sobre lo que, con un poco de suerte, podremos pensar. ¿Vamos a poder hacerlo? Tampoco está muy claro.

Dejemos para más tarde, cuanto más tarde mejor, lo de entrar en los dichosos grupos. A la muerte no es preciso darle pistas, sabe ir a donde quiere. Lo único que pasa es que ahora viene más veces que antes.

Sea como sea, tenemos mucha muerte por delante.

—————–

*Jorge Martínez Reverte, que firma sus obras como Jorge M. Reverte (Madrid, 1948), es un escritor, periodista e historiador español. Es hermano del también escritor y periodista Javier Reverte. Columna publicada en El País, 03.04.2020

———————————-

Anexo:

La pandemia del Covid-19 desmiente el racismo. Los humanos somos muy parecidos

Por Joseba Achotegui*

Para los defensores de las razas humanas, la pandemia del Covid 19 supone un fuerte desmentido, es un hecho que supone una nítida falsación del racismo en el lenguaje de Popper. 

Ante esa pandemia, ante este virus que en apenas tres meses se ha extendido por el mundo, podemos ver cómo en todos los rincones del planeta, todos los humanos estamos padeciendo la misma enfermedad, y viviendo los mismos temores, las mismas pesadillas. ¿No será que no somos tan diferentes como se suele plantear? 

Otras especies próximas a la nuestra, como los chimpancés se diferencian mucho  más entre ellos.  Así, si miramos las diferencias entre nucleótidos en una región del ADN, entre los chimpancés del este, centro y oeste de África las diferencias genéticas llegan el 13%, mientras que entre los humanos, las diferencias no llegan al 0,35%, aunque hay investigaciones que lo reducen incluso  a un 0,1%. Dicho de otra manera:  de cada 1000 letras del ADN toda la diferencia entre humanos  es de una sola letra.  Hay que emplearse a fondo para encontrarla¡

 De suyo, si los humanos del planeta nos parecemos tanto, tal como estamos comprobando en este momento al ver cómo nos afecta el ataque del Covid 19, es porque  la gran mayoría de los humanos descendemos de un tronco común, de una migración común, de un exitoso  «Out of África» de nuestros antepasados, al parecer  tras numerosos intentos fallidos.  Finalmente surgió un grupo con mayor capacidad de adaptación  ( o que  quizás también  tuvo más suerte) que logró una  migración exitosa que ha  logrado llegar a todos los rincones del planeta, desde los tórridos desiertos hasta las heladas tundras.  Un fascinante viaje que ha durado decenas de miles de años y que nuestra especie culminó hace apenas unos mil años cuando nuestros antepasados lograron llegar al lugar más recóndito del planeta:  la isla de Pascua, en la mitad de océano Pacífico.  Como escribe, utilizando un lenguaje discutible,  el biólogo Edward Wilson » Con esta hazaña de los intrépidos viajeros polinesios, la conquista humana de la tierra era ya completa» 

Nuestra gran uniformidad genética refleja el denominado efecto fundador. Descendemos en origen de un único grupo humano que se fue diseminando y reproduciendo por todo el planeta.  El que hayamos sido una especie poco numerosa hasta la llegada de la agricultura, hace relativamente escasas  generaciones, explica también nuestra gran homogeneidad genética

 Curiosamente donde hay más diversidad genética es entre algunos grupos de africanos del sur del Sahara, pero no entre los europeos, los  asiáticos, los americanos o  los africanos. La diversidad genética humana además disminuye cuanto mayor es la distancia de África: cuanto más lejos de nuestra tierra de origen, más parecidos somos los humanos. Dentro de este gran parecido, los que más se parecen entre ellos son  los nativoamericanos de todo el continente americano y los habitantes de Oceanía, Polinesia y Japón  (en estas zonas del mundo, utilizando 678 STR autosómicos,  mientras la media de diferenciación genética entre individuos  es de 1042, en el sur de es Sahara de 2260)

 Esta es nuestra historia. Pero lamentablemente es de temer que el fuerte shock que está suponiendo el Covid-19 dé lugar a un incremento del racismo. 3 abril, 2020

————————-

*Profesor Titular de Técnicas de psicoterapia en la Universidad de Barcelona y médico psiquiatra. Especialista en psicoterapia, salud mental y migración, salud mental comunitaria y psicología evolucionista. Ha sido secretario de la Sección Transcultural de la Asociación Mundial de Psiquiatría. Describió el Síndrome de Ulises en 2002. En  Público.es, 3 abril, 2020  

——————————————

admin